Igualdad por decreto

No estoy de acuerdo con la decisión de la Onubense (UHU) de crear una unidad para fomentar la igualdad entre los sexos, es decir, para propiciar el aumento de mujeres responsables de los grupos de investigación. Y no lo estoy desde el convencimiento de que hoy por hoy nada se opone a la promoción de la mujer (hay más ministras que ministros, valga el ejemplo), aparte de que la idea de lograr esa unidad por decreto es sencillamente una aberración porque, sea cual fuere su instrumentación, ha de acabar por “primar” a un sexo sobre el otro en detrimento de la objetividad más elemental. ¿Cómo favorecer que una hembra menos capaz de que un varón salte sobre él en perjuicio del producto universitario? Tengo el convencimiento, además, de que las mujeres más capaces detestan este trampantojo académico por más que lo consagre una normativa a todas luces insensata.

La canción del verdugo

No es posible olvidarse del tema ni los progresos que indudablemente van consiguiéndose autorizan el optimismo. La pena de muerte sigue siendo un escándalo de las conciencias y un baldón para un mundo que alardea de demócrata al compararse con el que deja atrás. Si en Nueva Yersey se lograba hace poco la primera abolición de la pena de muerte registrada en los EEUU desde 1965, la Asamblea de la ONU ha estrenado el año nuevo aprobando una propuesta de moratoria de  la pena capital dirigida a todos los países que aún la aplican y requiriendo a los que ya la abolieron a no volver a las andadas reimplantándola por las bravas, como ha ocurrido ya en un buen número de casos. Pero como si se tratara de mostrar la cara oscura del progreso moral, casi al mismo tiempo cuatro hombres y una mujer eran colgados de las consabidas grúas en Irán, acusados esta vez de tráfico de estupefacientes como hace semanas las víctimas lo eran de “comportamiento inmoral”. La moratoria de la ONU, calurosamente saludada por la UE, contempla la esperanza de la abolición total pero cuenta todavía con el voto en contra un puñado de países entre los que se incluyen potencias decisivas. Un poco de estadística. En el año que acaba de irse, el 2006, fueron ejecutadas en el mundo, que sepamos oficialmente, al menos 1591 personas de las cuales una enorme mayoría, hacia el noventa por ciento, pertenece a esa China que ha popularizado la escena de las ejecuciones masivas con el tiro en la nuca pero que ahora parece que se propone generalizar el método de la inyección letal que desde hace algunos años vienen aplicando algunos de sus tribunales. Unos veinticinco mil condenados aguardan la hora fatal en todo el planeta a pesar de que, sólo en los últimos treinta años, consta que al menos ochenta y cinco inocentes fueron víctimas de irreparables errores judiciales. Que si quieres arroz: USA no parece dispuesta a renunciar a su ancestral  “justicia del pionero”, ni China a eliminar siquiera los delitos no violentos de entre los castigados con la muerte, mientras que un país minúsculo como Kuwait ostenta el tétrico récord de ejecuciones “per cápita”. Dice Europa que este  abolicionismo será probablemente imparable, algo que cuesta aceptar sabiendo que entre quienes se oponen a la medida figuran, como es lógico, los EEUU y China, aparte de Irán o Arabia Saudí. Con el barril de petróleo por encima de los 100 dólares no apostaría yo por esa baza.

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`No tienen que decirme que insistir en el tema es machacar en frío, ni apuntarme que ciertas ferocidades habituales en la vida contemporánea pesan mucho más en la conciencia pública que cualquier consideración de orden moral o, incluso, de naturaleza jurídica. La crueldad, la barbarie, el despotismo y la arbitrariedad del Mal –banalizado como quería Hannah Arendt o todo lo contrario, como sugiere cierta literatura caníbal de gran éxito que arrasa en nuestros libros o en nuestras pantallas– constituyen una barrera infranqueable en la práctica para tanto esfuerzo benemérito como se está haciendo desde el llamado ‘nuevo humanismo’, quizá porque, en el fondo, tiene sentido el apunte de Remy de Gourmont de que quienes defienden la pena de muerte están más cerca de los propios asesinos que de aquellos que la combaten. Un infeliz colgado por el cuello e izado lentamente ante una multitud expectante es una imagen que niega cualquier protesta de Justicia, pero no menos que el desdichado que soporta el suplicio atado con correas a una camilla, pues bien sabemos que el argumento humanitario con que se trató de acreditar la guillotina por su infalible eficacia no es menos repugnante, bien miradas las cosas, que la ocurrencia sádica de las SS o de los verdugos islamistas de usar cuerdas de piano para prolongar la agonía del ahorcado. Hay quien eleva la mortandad china hasta ocho mil. No está nada mal para entrar con buen pie en el “año de la rata”.

Un pésimo negocio

El emperre del presidente Chaves en amordazar a El Mundo utilizando la vía judicial está resultando un pésimo negocio para el puntilloso prócer, que no sólo ha debido encajar la cuidadosa sentencia del juez natural que desestima su pretensión, sino que ahora se ve expuesto en la picota virtual de Internet a la vergüenza pública, nada menos que por mano de dos prestigiosos organismos internacionales que velan por la libertad de prensa y el derecho de los ciudadanos a estar informados. En la web del Comité Mundial para la Libertad de Prensa (www.wpfc.org), que ya se había pronunciado contra el caso,  puede leerse, en efecto, la carta de estímulo dirigida al Juez por ese alto organismo. Y en la de Intercambio Internacional para la Libertad de Expresión (www.ifex.org) está colgada la alerta contra la acción de Chaves junto a otras referidas a Azerbeiján, Turquía o Uzbekistán, entre otros ‘paraísos democráticos’. Un pésimo negocio, ya digo, para alguien tan celoso de las cosas de su honrilla pero, sobre todo, para la imagen de una Andalucía puesta en lamentable evidencia.

Roma paga

Roma paga a quienes el venden servicios, quién dijo que no. Ahí tienen al ex-alcalde de El Cerro, Herófito Rodríguez, tránsfuga hacia el PSOE y perdedor como candidato de éste en las últimas elecciones, al que la Diputación se negó a incluir en su abarrotado camarote de “arrecogíos” y hubo que buscarle el asidero de una Mancomunidad, que para eso están ahí. En ella ha entrado el tránsfuga a saco, poniendo en medio de la calle a los ajenos para hacerle sitio a los propios, sin contemplaciones, que es como se vienen haciendo este tipo de barrabasadas cada vez más. ¡Vaya que si paga Roma! Por si alguien albergaba alguna duda todavía, ahí está el caso de este desahogado, espécimen típico de esta ‘clase’ de profesionales de la nada pagados entre todos. Pero háganse una idea de cómo será el caso para que en la Dipu no hayan querido saber nada de él. La política es el oficio más agradecido hoy día, excepción hecha del transfuguismo, su variedad imprescindible.

La guerra secreta

La amenaza terrorista dictada desde los cuarteles secretos de Al Qaeda ha forzado a los organizadores del ‘rally’ Lisboa-Dakar a suspender la prueba de inmediato. Es la primera victoria lograda por el terrorismo a la primera de cambio, que yo recuerde al menos, pues si es cierto que aquí mismo ETA forzó en tiempos al Gobierno a renunciar a una central nuclear o a una autopista, no lo es menos que para lograrlo hubo de demostrar su execrable crueldad. Esta vez, no. Esta vez, en cambio, ha bastado con el anuncio de los yihadistas para que el llamado “mundo libre”, que parece haberse enterado sobradamente de lo que vale un peine, rinda sus armas sin condiciones y ceda a la pretensión del Terror. Suele decirse que el terrorismo es el arma de los débiles, de aquellos grupos humanos que carecen de capacidad para competir en campo abierto con el enemigo, admitiéndose que fueron los últimos románticos rusos y españoles sus inventores modernos, pero cada día se abre paso más holgadamente la hipótesis de que aquella técnica de conquista del poder era muy distinta a la que amenaza a una sociedad globalizada en la que, por no citar sino el ejemplo más reciente, un continente entero, Europa, acaba de eliminar sus fronteras. Cuando Francia –la implacable Francia jacobina– se rebajó a “negociar” con Irán tras los atentados de septiembre del 86 pudo argumentarse todavía, especialmente desde la “triste conscience” postcolonialista, que la seguridad colectiva bien valía un puñado de francos. Cuando Reagan bombardeó sin previo aviso Trípoli aún era posible para algunos el enfoque ‘táctico’ de las crisis provocadas por esas amenazas sin rostro o a cara descubierta. Después de lo de las Torres Gemelas, sin embargo, esa idea me parece problemática y mucho menos lógica que la que incluye planteamientos ‘estratégicos’ globales. Si algo ha quedado claro en esta turbia guerra es que las concesiones a los terroristas no producen más que nuevas y crecientes demandas, y si algo ha permitido deducir la unificación del Terror es que la respuesta ha de ser unánime y firme porque su acción es la misma en Bali que en Lizarra, en Nueva York que en Bagdad. Bin Laden ha hecho realidad la ficción de ‘Fu-Man-Chu’ o del ‘Dr. No’. Comprobamos una vez más que la Naturaleza imita al Arte.
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Hasta antier estábamos bajo la amenaza del terrorismo, ahora estamos a su merced. No se discute la dificultad que entraña la decisión en cada caso; simplemente se sugiere que hay coyunturas fatales y desafíos innegociables. Nunca ha encogido tanto el poder de ETA como cuando, aunque fuera con un nudo en la garganta, se decidió no ceder en el secuestro de Miguel Ángel Blanco, nunca más progresado tan exponencialmente como ante la imagen de De Juana Chao encamado con su novia. Suspendiendo el Dakar se evitan, muy probablemente, graves males, pero no es posible dudar que, ese éxito del Terror deja al mundo desarrollado más indefenso que nunca. ¿Cuánto tardarán los fanáticos en ordenarnos la suspensión de la Olimpiada o del Mundial de Fútbol? El sentido común nos dice que bien poco como hoy nos susurra, todavía perplejo, que la cesión sin condiciones que se acaba de perpetrar constituye la mayor prueba de debilidad jamás ofrecida a la barbarie. Kavafis, Buzzati y Gracq imaginaron una misma trama bien lógica en la que el mundo civilizado, enrocado en su fortaleza, se pasaba la vida pendiente de la invasión de unos bárbaros que nunca acababan de llegar. Hoy sabemos que la invasión es real, que incluso el enemigo acecha dentro del fortín, pero también que entenderse con el fantasma resulta imposible. Al Qaeda es desde antesdeayer el espectral adversario de la ONU, el fanatismo acaba de ganarse a pulso su estatuto de beligerante. Los temidos bárbaros han agarrado a la civilización por mala parte. Si todavía hay quien insiste en dialogar con ellos su victoria será completa.

La sacra dualidad

El Parlamento andaluz –esa “camarilla” más que Cámara– ha decidido por mayoría absoluta y contra la exigencia de la Oposición en pleno, impedir que Chaves explique las consecuencias de la sentencia que acaba de revolcarlo. Con un argumento sencillo, medieval, tomado quizá de Kantorovich: que el Presidente, como el Rey, constituye dos sujetos, es uno en esencia y dúo en persona, y en consecuencia, el actor de este pleito fue el ciudadano y no el cargo. ¿No argumentó Presidencia al Juzgado que “la figura del Presidente de la Junta resulta inescindible (sic) de la propia Junta”?  Pasemos por alto que ese barbarismo no pertenece al español pero no la evidencia de la doblez que supone invocar la privacidad frente a la condición obviamente pública de un Presidente, ahora que la propia Justicia lo ha dejado a los pies de los caballos. Por supuesto que uno cree que ésta no es, ni mucho menos, la cuestión más peliaguda sobre la que Chaves tendría que rendir cuentas al pueblo, pero, precisamente por esa razón, semejante blindaje resulta grotesco. Estamos en una democracia de mínimos. Un paso más abajo y ya ni siquiera estaremos.