El maestro armero

Tan extraordinario como el argumento dado por el presidente ZP de culpar a la presunta ignorancia de los padres del fracaso escolar de los hijos (¿os de Pepiño Blanco deberían andar por el “border”, en ese caso?) ha sido la razón dada por el siempre sofístico consejero Griñán de que si suben los precios de los alimentos es porque estaban muy bajos. Tomen del frasco. Según Griñán, además, la cosa no tiene remedio porque viene a ser global y, en ese sentido, no habá más solución que atenerse a las “medidas” que tato el Gobierno como la Junta estarían adoptando. Oiga, y qué “medidas” son ésas, si el propio ZP ya dijo que contra el alza de los precios no se podía hacer nada de nada? Si la citación es, sin duda grave, más preocupante si cabe es el desparpajo con que estos responsables encaran los problemas públicos. Lo0 que es bueno para el PSOE es bueno para España. El resto, o es mentira o no tiene solución.

Urge una respuesta

Huelva no puede seguir viviendo con el comején de los presuntos riesgos que el Polo Químico provocaría a los ciudadanos. Informes hay para dar y tomar, per a cualquiera se le ocurre que mientras haya un puñado de informesa favor y en contra, el ciudadano quedará fatalmente aislado, sin saber a qué atenerse. Hay médicos que hace tiempo defienden incuso la existencia de un “síndrome de Hueva”, Greenpeace sostiene que los fosfoyesos tienen efectos oncológicos sobre la población incluso en el supuesto de breves exposiciones a la radiación, el Consejo de Energía Nuclear que “el posible impacto” estaría por debajo del tope establecido por la normativa, la UGT acusa de “temerarios” a los ecologistas, CCOO calla, como e propio Ayuntamiento, y la Junta, pues ya saben, a verlas venir. Hace falta un pronunciamiento solvente y definitivo en lo posible que despeje dudas o plantee el problema en su auténtica dimensión. Habar de riesgo de cáncer y pasar lego la página sí que es una solemne temeridad.

Hacienda son ellos

La leal Oposición se han adelantado esta vez anunciando que, en el supuesto de un triunfo de sus líderes, los contribuyentes españoles más frágiles se verán liberados de pagar impuestos sobre sus rentas. La respuesta no se ha hecho esperar y desde el Gobierno mismo se ha prometido eliminar –supongo que lo suyo sería decir “a cambio”– el impuesto sobre el patrimonio. Un poco el mundo al revés, según lo ve un marxistón musteriense como el que les habla, eso de que la derecha preste su báculo a la pobrea de solemnidad mientras la sedicente izquierda guiña el ojo a las clases poseedoras –¿qué otras tienen patrimonio?–, cada cual seguramente con su cuenta y razón. El argumento de ZP se ha centrado en la idea de que el impuesto que grava la propiedad recae hoy masivamente sobre las “clases medias”, ese fantasma demográfico nunca perfilado y siempre escurridizo, de manera que apoyar a ese amplísimo y galdosiano sector del “quiero y no puedo” será o no revolucionario pero, sin duda, puede resultar rentable en las urnas. Otra cosa bien distinta piensa la izquierda residual y subvencionada, es decir IU y los llamados sindicatos “de clase”, los cuales, por vergüenza torera quizá, no han tenido más remedio que oponerse a un proyecto cuyos beneficiarios no figura en su censo previsible de votantes, calificando de “derechazo” el gesto electoralista del PSOE. ¡Ah, las clases medias, el sueño de todos los ‘voteros’ del planeta! Un periodista malagueño metido a pretendiente en Corte, don Andrés Borrego, que vivió casi todo el XIX, predicó sin éxito un evangelio mesocrático que veía en aquellas el factor equilibrante genuino de toda sociedad y, en consecuencia, el mejor antídoto para el fermento revolucionario que, en su época, no resultaba difícil sentir bajo las apariencias y ante el que temblaban anticipadamente, precisamente las clases poseedoras. Pero el éxito social aparente de las “clases medias” lo trajo la propia evolución social, los Planes de Desarrollo de Franco, la democratización de la movilidad que supuso el ‘600’ de SEAT, los pisitos berlanguianos, el Seguro Obligatorio de Enfermedad y las pensiones garantizadas. Ésa fue la auténtica base social de la dictadura y ése es hoy el sostén electoral de su heredero natural. La vida gasta estas bromas y otras aún peores.

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 Hay que hacer números, de todas formas, para que no nos embolismen los cabalistas de ZP. ¿A qué “clases medias” se propone favorecer el PSOE eliminando el impuesto del patrimonio si sabemos que las cuatro mayores fortunas españolas equivalen a la suma total de las del resto de los españolitos? Suprimir los impuestos a los contribuyentes que a duras penas alcanzan el fin de mes es, si no revolucionario, desde luego progresista en grado sumo, lo haga el PP o su porquero, mientras que eximir de cargas a los propietarios, es posible que favorezca a ese millón de votantes por el que suspira ZP, pero no cabe duda de que a quien monta en burra no es a esos “pisohabientes” que custodian el calcetín bajo el colchón, sino a los magnates que se codean con lo más granado del ‘Forbes’. Aparte de qué a ver qué incluyen en “patrimonio”, pues aunque el gentío pueda pensar de momento que se refieren a la vivienda y al coche, nadie ha dicho que no acabe descrestando al viejo impuesto de lujo y resulte que, al final, los que más se van a ahorrar vayan a ser el Pocero o las Koplowitz, cuyas mansiones, pinacotecas, fincones y yates se verán tan libres de pago como una mínima VPO o el adosado de la playa. La izquierda por los ricos, la derecha por “los de abajo”: el mundo al revés. A Stendhal le parecía de lo más divertido que los impuestos los establecieran los mismos diputados de los que acabarían pagándolos. Con el tiempo y una caña hemos descubierto que eso no era lo más paradójico, ni muchísimo menos.

Gran palo a Chaves

El Comité Mundial de a Libertad de Prensa, máxima instancia internacional del ejerció periodístico y reconocido custodio de la libertad de expresión en todo el mundo, a he dirigido una carta al presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, para pedirle que “recobre la sensatez democrática”. No entiende ese comité ético y deontológico que se pueda presionar a la libertad de expresión a base de gravosas acciones judiciales y recuerda al bipresidente que “el Poder Judicial español rechazó” su pretensión de ejercer esa querella como representante político, lo que entre otras razones permite hablar al alto organismo de “intento de silenciar a un medio de comunicación” y considerar la querella como “un atentado contra la libertad de prensa y los derechos fundamentales”. Ahí queda eso. Pero me parece a mí que no es sólo Chaves sino buena parte de su ralea mediática la que tendría que tomar nota.

Delegado vs. alcalde

A los sucesivos ‘delegatas’ de la Junta, como a los del Gobierno, no se les ha ocurrido nunca negar la evidencia de que su principal objetivo en Huelva era “marcar” al Alcalde de la capital, ese gran escollo de la proverbial hegemonía del PSOE en la provincia fidelizada a base de tantas cosas. Pero lo de Justo Mañas, aspirante a mayores glorias políticas, casi no tiene precedente en la medida en que se ha convertido en un auténtico freno cuando no valladar frente al Ayuntamiento inconquistable. Su actual renuencia a desbloquear el proyecto municipal del Ensache no respeta siquiera (obviamente autorizado y requeteautorizado) el compromiso adquirido por el propio presidente Chaves en nuestra Casa Grande. Hacer electoralismo con la labor pública es una vergüenza, pero hacerlo tan a las claras es un desafío al fuero de los onubenses que, ya que su partido lo consiente, estos harían bien en no consentir.

Camellos buceadores

El juez Garzón cosechó uno de sus más espectaculares bastinazos cuando organizó un inmenso tiberio para localizar, detener y conducir a puerto, donde sería desmontado pieza a pieza, un mercante presuntamente dedicado al narcotráfico. Como no se halló ni una mala librita de droga en al barco, se especuló entonces –con notable enfado de juez, me consta– con la posibilidad de que el superjuez hubiera sido tangado, consciente o inconscientemente, por alguien con interés en distraer la atención de los servicios de vigilancia en un punto/cebo mientras por otros lugares se perpetraban los alijos auténticos y entraba la droga a raudales. Es difícil controlar ese tráfico, no hay duda, en especial en la inmensidad del Océano y más todavía desde que los cerebros de los ‘carteles’ dieron con la idea de hacerse con submarinos capaces de burlar la vigilancia por rádar, algo  no especialmente difícil tras el desplome de la URSS y la puesta en almoneda de su arsenal militar, incluida buena parte de su flota. Los narcos colombianos llevan años tratando de comprar esos buques o, en su caso, de construirlos artesanalmente consiguiendo en el mismo mercado negro los planos y piezas imprescindibles y dejando a cargo de sus ‘manitas’ el resto de la juliovernesca fantasía de acarrear droga a través del Atlántico navegando bajo la superficie. Estos días se celebra en Vigo el primer juicio de esa naturaleza en el que comparecerá una docena de implicados a los que se relaciona con el sumergible hallado en la ría durante el verano pasado y que habría sido abandonado por causas desconocidas, nave elemental pero efectiva con capacidad de navegar a tres metros de profundidad. A mí me ha traído a la cabeza la odisea de Cornelius Drebbel, aquel angloholandés que, en el primer cuarto del XVII, consiguió navegar bajo las aguas del Támesis, desde Westminster a Greenwich, a cinco metros de hondura y bajo la atenta mirada del mismísimo Jorge I.
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Ni el sueño del hombre-pez lo estrenó Lovecraft ni la primera idea del sumergible fue de Peral sino de el cabetista Narciso Monturiol, pero hay que reconocer que los cálculos de Verne, incluso en los términos ambiguos en que los expone el inolvidable capitán ‘Nemo’, incluido ya el motivo del motor eléctrico (Monturiol aún proyectaba navegar a vapor), nos dejan hoy estupefactos. Claro que estas versiones profanas tenían su largo antecedente mítico. El propio Apolo se hizo delfín para navegar hasta Crisa, si no recuerdo mal, y pocos cuentos tan bellos como el de los delfines salvadores de Arion que Plutarco relata hablando de los Siete Sabios, y del que tal vez procede la curiosa leyenda de que esos ingeniosos peces no son sino piratas que expían su culpa salvando náufragos inocentes. Verne no logró trenzar su gran novela, me parece a mí, mientras que no dio con la fenomenal idea de centrar la acción en un personaje, ‘Nemo’, que era la perfecta representación del hombre antisocial que abomina de la Tierra y hace del Mar su patria y su refugio. Y los narcos colombianos o los gallegos parece que tratan ahora de conciliar ambos medios, buscando en las aguas, una vez más, la libertad absoluta e incontrolable, el reino sin fronteras cuyos secretos caminos unirían, en lugar de separar, las tierras y los hombres remotos, lo mismo para el bien que para el mal. El hombre vuelve una y otra vez sobre los mismos sueños, recorre sin saberlo los caminos trillados, cree descubrir la novedad en el objeto tal vez arrumbado hace la intemerata, como si fuera cierto el aviso del ‘Eclesiastés’ de que nada nuevo es posible encontrar bajo el sol. Lo que no quiere decir que, lo mismo que el Altísimo escribe derecho con renglones torcidos, ese macaco ingenuo no sea capaz de dar en el clavo al que sus antecesores no acertaron. Verne enseñó lo suyo a los ingenieros, como Cirano a los cerebros de la NASA. En ese progreso sincopado, los narcos no han sido los primeros ni seguramente serán los últimos.