Amazonas, pero menos

Ni una palabra se le ha oído ala potente voz del feminismo de partido con motivo de la exhibición impúdica de las “vírgenes” custodias de Gadafi. Ni a propósito de la triste muerte de la “madre de Iván y Sara” perseguida judicialmente hasta la timba por la propia consejería de Bienestar Social de la que depende el ramo, con tal de no darle la indemnización determinada por los jueces (diez sentencias había ganado, la pobre). Por la drástica supresión de las ayudas a la mujer en el Andévalo, ni mu. Lo que demuestra que el feminismo en nómina distingue entre dos clases de mujeres: ellas, merecedoras de todo lo imaginable, y las demás, todo lo más candidatas a las sobras del festín. ZP tiene más mujeres que hombres en el Gobierno, pero el PSOE no confunde a las ministrables con las necesitadas. Puntos de vista. Y punto y aparte.

El paraíso negado

He echado de menos una reacción más intensa ante el reciente artículo de Ralf Dahrendorf en torno a las causas de la inmigración. Dahrendorf fue uno de los guías indiscutidos (o poco discutidos) de mi generación, uno de los pocos talentos que consiguió el respeto sesentayochista sin perder el de los adeptos dogmáticos de Marx, cuya obra glosó y disecó con tanto tino, antes de que lo secuestraran (a Dahrendorf no a Marx) los burócratas de Bruselas como comisario de no sé qué y de que en su civilizado país le ciñeran las sienes con el laurel de los lores. Bien, pues Dahrendorf, al borde los ochenta ahora, ha dicho alto y claro, como solía, algunas verdades como puños que vienen queriendo escamotearnos entre los demagogos, los miopes y los pusilánimes. La primera de ella –que choca de plano con el argumento áureo de ZP– es que el terrorismo masivo, el internacional, ese fantasma que recorre el mundo de esta era convulsa, no es sin más una consecuencia de la pobreza, pues la pobreza, como sabe cualquiera que se haya asomado a la Historia, puede ser terreno abonado para la utilización demagógica (para las “ocasionales demostraciones”, dice el maestro) pero es poco probable que funcione como base de acciones revolucionarias serias. Recordemos nuestro propio XIX, con sus “revoluciones de verano”, esos “estallidos revolucionarios” con que los Pérez del Álamo de turno hicieron de asustaviejas del “ancien régime”para acabar inexorablemente como el rosario de la aurora. En buena medida, el llamado “socialismo científico” vino a superar esa fase inútil de la rebeldía –prima hermana si me apuran del propio bandolerismo o, al menos, de sus presupuestos ideológico/sentimentales– con un proyecto de acción basado en esa razón histórica que tantos traspiés ha propiciado. Dahrendorf, poco crédulo ya cuando entonces, sostiene hoy que la pobreza es mal caldo de cultivo para la Revolución, pero que allá donde exista está creando las condiciones de una ruptura irreversible con la tradición que apunta sin remedio a un vuelco de las actuales condiciones de vida en ambos mundos, en el miserable y en el privilegiado. Las pateras: busquen ahí a los futuros partisanos. Hoy no es imaginable una Mano Negra envenenando perros guardianes ni un Fanelli o un Salvochea predicando en las cortijadas. Hoy, digo, si Lafargue el yernísimo viniera de nuevo a predicar en este desierto el subversivo credo del “derecho a la pereza” tendría que instalarse en Barbate más o menos. Más o menos como Cervantes.

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Lo que Dahrendorf viene decir es que es que, tanto en el vasto universo de la desintegrada Unión Soviética como en el heterogéneo que en ese  planeta cerrado sobre sí mismo que llamamos mundo islámico todo pudo ir más o menos normal mientras duró el equilibrio de la rutina, pero que una vez rota esa homeostasis que tenía mucho de inercial, no va a haber forma de evitar el éxodo masivo, sin duda el gran fenómeno del siglo XXI. El Tercer Mundo nos ha visto por la tele y se ha creído la película en principio para descubrir enseguida que el viaje hasta nuestras placenteras playas era mucho más largo y proceloso de lo imaginable. Y si quizá la primera generación ha venido soliendo resignarse, hasta ahora al menos, al ruido y la furia de su “banlieue”, las siguientes, como estamos viendo en Francia o Gran Bretaña, son ya harina dentro costal. Un costal al que le estallan las costuras de la peor trilita imaginable: las ambiciones estimuladas (por las “medios”, por las mafias, por los propios Gobiernos) y finalmente rotas. Dahrendorf descarta toso simplismo, incluso el que, componiendo sus propias razones, acabo de utilizar, pero sostiene que no es la pobreza sino la frustración el motor del terrorismo. Dentro de unos años hablaremos como ahora hablan ya en Francia. Sarkozy es, en cierta medida, una respuesta de esa Historia que Fukuyama quiso enterrar viva.

Un error y un ridiculo

El juez del caso “·Chaves contra El Mundo” no ha tragado. Nada de teoría de la conspiración, cero de montajes. Lo que ha habido aquí no ha sido más que un enorme error del bicepresidente Chaves, predispuesto por su injustificada soberbia y mal aconsejado por su pretorio de pacotilla, el convencimiento, en suma, de que la sombra alargada del Presidente todopoderoso (el que tendrá prácticamente bajo su autoridad a los jueces con el nuevo Estatuto de Autonomía) iba a poderlo todo contra un periódico sin más fuerza que la que le da su libertad. Gran error y gran ridículo para el Presidente y, de paso, para todo ese servicial aparato mediático (propio y ajeno)  que ha venido engañando a los ciudadanos sobre la propia realidad de lo que sucedía en el juicio. En una democracia seria Chaves lo tendría crudo. En ésta recurrirá tal vez –seguro que inútilmente– arrastrado por su terca obcecación.

Ciudad de los milagros

Vino ayer la ministra trirreprobada a inaugurar el AVE -¡toquen madera, no sea que le salga como el de Barcelona!–, llegó en helicóptero y presentó en la Diputación su nueva arma nuclear contra el Ayuntamiento rival: el proyecto de Estación que llevará una torre de ¡trescientos metros! (tres Giraldas, aunque esté feo comparar), asombro futuro de propios y extraños. A Huelva no va a haber quien la conozca si este proyecto de Calatrava –que ayer todavía era más bien ojana sin plazos ni condiciones, como pueden imaginar– se eleva alguna vez en plan Babel para competir con ese otro prodigio prometido, los puentes de la discordia, que según el arquitecto Manterola harán a la capital más importante (“relativamente”, dijo: menos mal) que la Torre Eiffel. Huelva está rota institucionalmente y el propio Gobierno ilustra el desgarrón enviando para ahondarlo a su ministra más desprestigiada. Ayer pudo comprobarse con esos trescientos metros de pancarta imaginaria contra un alcalde con quien no pudieron en las urnas.

La chica de Qatif

Desde Arabia Saudí, el paraíso wahabí que rige el “guardián de la Kaaba”, nos llegan rumores de que el monarca, el rey Abdulá, podría haber indultado de la severísima condena a doscientos latigazos y seis meses de cárcel, a una joven conocida ya en medio mundo como la “Chica de Qatif”, reo de haber sido violada (no, no es error), digo de haber sido violada en grupo cuando se encontraba en  la inconveniente compañía de un varón que no pertenecía a su familia, imagínense. He usado el condicional porque no es seguro aún lo del indulto –a pesar de que hasta se habla de que se enmarcaría en la “Fiesta del Sacrificio´´ como un gesto magnánimo del rey para “aliviar el sufrimiento de los ciudadanos”– porque la cuestión depende, al menos en cierta medida, de que la acepten los clérigos del integrismo sunní, que son quienes actualmente cortan el bacalao y lo que no es el bacalao en la tierra del Profeta, por supuesto con la aquiescencia de los EEUU, sus grandes aliados militares. La presunta indultada cometió, además, un error suplementario y fue apelar la sentencia a una segunda instancia, que fue la que le endureció las penas al extremo que desde el mismo Washington tuvieran que cantar los amiguetes que eso era pasarse de la raya y que desde Canadá se oyeran voces proclamando que la decisión de esos jueces constituía sencillamente una demostración de barbarie. La nota curiosa y explosiva del caso es el procedimiento abierto por el Tribunal Supremo del reino contra el letrado que osó defender a semejante imputada, pero lo que de momento preocupa en Occidente, tanto a los escépticos como a los partisanos del “diálogo de civilizaciones”, es que el poder de los jueces wahabíes acabe por sobreponerse incluso al del propio Abdulá. Tampoco se especifica el orden de los tormentos pero no hay que ser un noctílope para vislumbrar que doscientos latigazos sobre la espalda de la muchacha lo más probable es que acabaran con ella librándola de las duras prisiones. A lo mejor la encierran antes y le zurran luego, quién sabe. Tratándose de un ordenamiento tan diferente del civilizado cualquier cosa es posible.
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En España hemos tenido nuestros más y nuestros menos con jueces que han condenado a una violada o absuelto a su violador con el argumento de la presumible provocación por parte de ella que, pongamos por caso real, llevaba una minifalda, háganse cargo, tan irresistible como para justificar cualquier agresión. Lo que da una idea de la distancia que –Dios sea loado– separa aún nuestra estimativa moral y nuestros códigos penales de los que dicen regirse en exclusiva por imperativo religioso, así como nuestra legislación civil de las inspiradas en la revelación. En Irán se cuelga a ciertos reos públicamente de tansas finísimas para que prolonguen la agonía, en India o Pakistán los machos de la tribu queman con ácido a la mujer que ellos deciden que ha violado sus arcaicos códigos, pero sin llegar a tanto, en Marruecos, ahí mismo como quien dice, no existe igualdad legal entre hombres y mujeres con la anuencia del propio Partido Socialista del país que se abstiene en su duma cuando llega el caso de proponerla, contando con el silencio cómplice de nuestra izquierda y de nuestro feminismo, huéspedes con frecuencia de sus machos autoritarios. No tengo ni idea sobre qué será finalmente de la “Chica de Qatif” pero pienso que no basta con celebrar su gracioso indulto sino que sería imprescindible reclamar de una vez que se anule todo tipo de fronteras y fielatos para los jodidos “derechos humanos” que, de no ser universales, no son nada. Estremece la idea de que convivamos como si tal cosa con ‘’civilizaciones’’ que aperrean a las hembras al tiempo que reclaman nuestras libertades. Porque lo de las instrucciones del imán pegón es una anécdota, bien mirado, comparado con el fondo de la cuestión. Y no les digo nada con el trasfondo.

El trampeo electoral

Tengo entendido que el alcalde de Huelva (cuatro mandatos, tres por mayoría absoluta) no asistirá a la presentación que la trirreprobada ministra de Fomento hará, ¡en la Diputación!, de la maqueta de la estación del Ave prometido por ZP en abril. Lógico: ningún alcalde con sentido de la dignidad ciudadana admitiría que se desplace al pueblo de Huelva (eso representa su alcalde, incluso si no es del PSOE) a una segunda fila y menos teniendo en cuenta el papel decisivo jugado por el Consistorio en el proyecto frente a la impropiedad que supone llevar el partidismo al extremo de reconvertir la Diputación, que nada pinta en esa bautizo, en vitrina de cualquier progreso. No tienen bastante con utilizar la prescindible y carísima institución provincial como asilo sin fondo para los “arrecogíos” del partido (hay en ella más asesores que en torno a Chaves) sino que pretenden usarla como ariete contra el Ayuntamiento. Hace bien el alcalde en no asistir. Cuanto antes desenmascaremos a estos tramposos de la política,  mejor que mejor.