La pluma antigua

Vaya por delante que al broncazo dedicado al concejal Zerolo en la ‘manifa’ antietarra de Madrid no hay por donde cogerlo. La resistencia, cada día más residual, a aceptar modelos sexuales diferentes de los convencionales puede entenderse, e incluso aceptarse, pero en modo alguno habilita al resistente como censor y menos, por supuesto, como linchador, siquiera oral, del Otro, del Diferente. La grave ignorancia que sobre esta materia padecen nuestras sociedades se ve amplificada por una falsa e injusta apropiación de la axiología que hace que, al menos imaginariamente, haya miembros de ellas –muchos, demasiados, ni que decir tiene– que interpreten su condición de “convencionales” en términos de superioridad moral e incluso ética. Maricón sigue siendo una palabra arrojadiza por más que la condición de tal esté hoy reconocida por la ley tal vez hasta más allá de un límite razonable y, sin embargo, maricón le gritaron a Zerolo a coro como quien arroja con saña cantos para el descalabro. Al mismo tiempo ha dado la vuelta al planeta la reproducción de una escena presuntamente gay en la que dos egipcios, parece que peluquero y manicura respectivamente, y  anteriores a Cristo en dos milenios y medio, demuestran la antigüedad de un tipo de relación que –y este equívoco es quizá el responsable de la cerrazón tradicional– todavía hay no pocos ciudadanos, empezando por el mundo gay, que se empeñan en concebir como un signo de modernidad. El mariconeo, o como se le quiera llamar al intercambio homosexual, no es nada nuevo sino algo que, en todo caso, como decía André Gide, “se reinventa siempre”, tanto que nada menos que Georges Dumézil, aquel maestro de maestros, planteó entre bromas y veras la hipótesis de que puede que haya existido una tradición indoeuropea anterior al conocido modelo griego, añadiendo que “si fuera posible, habría que llevar el estudio comparativo a las sociedades cromañonenses o a los paraustralopitecos” pues, tal como él lo veía, “todo empezó con la liberación de las patas delanteras y la multiplicación de las neuronas”. No me atrevería yo a añadir una brizna a la parva del maestro, por supuesto, pero que conste que repudio lo de Zerolo no sólo como un gesto incívico sino como una demostración de ingenua ignorancia.

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Esa tesis inquietante de Dumézil fue desarrollada luego por Bernard Sergent en un libro memorable sobre la homosexualidad mitológica en aquella Grecia clásica que, con las prestigiosas repúblicas renacentistas, constituyó siempre el gran escollo para los partidarios de enfocar y resolver el “problema” en función de la dialéctica mayoría-minoría que está en la entraña de todo montaje social. Pero ése es otro tema ya. Lo que con las prisas cabe decir aquí no es más que la condena moral de la minoría (sexual, racial, la que sea) por parte de la mayoría “comme il faut” no se sostiene ya, no solamente en el plano legal, sino en la vida corriente y moliente. Los occidentales estamos hechos a la rígida idea de la virilidad exclusiva pero hay que empeñarse en ignorar lo que está probado para no aceptar una realidad que sin duda se remonta, como cualquier otro instinto básico, al alba de los tiempos. Muchas bromas se han hecho (allí donde se ha podido, claro) sobre los equilibrios que han debido hacer los sesudos enseñantes de griego para no perder los papeles al llegar a ciertos episodios del ‘Banquete’ platónico o ante tantas y tantas provocaciones de Catulo, de Horacio o de Marcial. Entre nosotros, Alcibíades fue siempre una piedra de escándalo hasta para los helenistas más cuajados. Por eso no me extraña que a Zerolo le digan maricón hasta aburrirlo. No se tomó Zamora en una hora ni en este armisticio braguetario está todo hecho ni mucho menos.

Ignorante equidad

La asociación de padres de alumno CODAPA –escudera fidelísima de la Junta que le arrima el ascua a su sardina– no se ha inmutado ante el informe PISA que sitúa a Andalucía, nuevamente, a la cola de las regiones españolas y europeas. La ruina intelectual de nuestros estudiantes es un clamor pero sus padre, o al menos, una centuria de ellos, está más que satisfecha porque dice que, si bienes cierto lo del nivel rastrero, no se ha reparado en que la misma fuente sitúa a Andalucía (la colista), junto a Finlandia (la campeona), a la cabeza en materia de “equidad”. No se pierdan el malabarismo pero. Sobre todo, reparen en el efecto narcótico que puede llegar a tener la influencia de una Junta munífica que paga a manos llena a sus fieles lo que regatea a cara de perro a sus críticos. No hay forma de entender a esos padres contentadizos ante una catástrofe de la envergadura de la que padecen sus hijos.

Guijuelo 1 – Jabugo 0

En Washington han presentado por todo lo alto, con la cúpula del Capitolio al fondo, el hasta hace poco proscrito “jamón español”. ¿Que qué jamón? Pues el salmantino, a ver, aquel que ha contado con mayor apoyo oficial y, ciertamente, también con mayor iniciativa propia. Dudo de que haya por ahí arriba más organismos y próceres dedicados a la promoción de ese jamón nuestro al que maldita la falta que le hace que lo promocionen y me pregunto, por supuesto, que hace nuestra abarrotada Diputación, impávida mientras la de Salamanca se lleva al agua ese gato que puede ser trascendental para nuestras economías comarcales. Uno a cero, en fin, al menos de momento. En Huelva no somos capaces demasiadas veces ni de vender unos productos mundialmente famosos. Otros sí lo consiguen, y es inevitable que aquí nos preguntemos por qué, con caras de panolis.

La barba de Dios

Alemania, hablando de cuestiones bíblicas, no es un país como otro cualquiera sino una auténtica potencia. Para empezar porque la decisiva traducción de la Biblia al alemán que hizo Lutero inaugura la modernidad de esa poderosa lengua, tan propicia a la reflexión, según dicen, como a la poesía, y eso ya lo sabe uno a pesar de las traducciones. No se juega con la Biblia en Alemania, fortín de una filología testam0entaria arreglada al porte de sus teólogos y antropólogos del Antiguo Testamento tanto como de los del Nuevo, razón por la que resulta de lo más peregrina la noticia de que una traducción del ‘Gran Libro’ atenida al “lenguaje inclusivo” (ese invento del tardosufragismo americano), que ha logrado un notable éxito editorial a base de ofrecer un texto no poco espectacular donde las palabras se fuerzan o retuercen hasta hacerlas decir lo que se desea, sin el menor respeto por la norma lingüística. En esa Biblia, en la que habrían trabajado durante años medio centenar de varones y hembras pertenecientes a la Iglesia Evangélica alemana, se nombra al Hijo como ‘das Kind’ en lugar de hacerlo con la voz ‘Sohn’ porque aquella –como ‘enfant’ en francés, por ejemplo– vale para los dos géneros mientras que ésta, que es la fetén, remitiría sólo al macho, y cuando se habla de ‘hermanos’ se han sustituido las corrientes por el adjetivo sustantivado ‘Lebendige’, que significaría El/La Viviente, con lo que volvemos, la verdad que un poco ásperamente, al reviejo tema de la hipotética feminidad de Dios, da la sensación de que sin saberse muy bien una plana que parece que se remonta al vago fondo cultural que intuimos antes de la cultura griega, y que sería responsable de que en la “Teogonía” hesiódica campee todavía la imagen de la Gran Madre “de ancho seno, sólida y eterna morada de todos los seres”, salida el Caos y prevenida frente a la concupiscencia de Eros. El empeño en quitarle a Dios las luengas barbas es tan antiguo como la piedad y pienso que el éxito discretísimo que ha tenido hasta ahora debería hacer reflexionar a sus adalidas.

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Parece que nunca hubo realmente un monoteísmo femenino pues cuando esa idea superior de la divinidad fue históricamente posible (y les aconsejo los comentarios sobre el tema de un astrofísico como Fred Hoyle), ya la idea de que Dios era un ser macho estaba, por lo que parece, irreversiblemente fundida en las mentalidades. Pero en cambio, debe decirse –como escribió hace tiempo Karen Jo Torjesen en su libro “Cuado las mujeres eran sacerdotes”– que en los viejos textos bíblicos “hay un rostro femenino de Dios”, manifiesto en expresiones divinas –desde el Deuteronomio o Isaías a Lucas pasando por el psalmo que compara a Dios con la partera o la clueca– que traducirían el sentir de la hembra en fórmulas no siempre convincentes. No sé si, a fuerza de “inclusiones” lingüísticas, se conseguirá alguna vez deshacer la férrea entraña mítica de esa visión patriarcalista, pero tal vez ya irremediable, de la divinidad. Pero, ojo, porque el gran Frazer recogió de unos indígenas paraguayos un mito de la creación enteramente andrógino cuya moraleja era que ambas partes, macho y hembra, habían acabado por rogar a Dios que los liberase de tan incómoda hibridez. Lo que sea, sonará, pero a uno le sorprende toparse en un país como Alemania, que le debe su identidad a su lengua y su lengua a la versión bíblica, aventuras tan peregrinas como ésta de poner en boca de Elohim o de Sabaoth, da lo mismo, términos de la ‘basca’ como “fashion” o “cool”. Miren como será la cosa que el enigmático y fastuoso pasaje de la multiplicación de los panes y los peces aparece aquí tergiversado con Jesús, sentado en medio de la multitud, repartiendo hamburguesas. Y eso ya no es teología ni antropología que valgan, sino lo que se dice arrancarle a Dios la barba a puros tirones. Ni les cuento como queda Pablo en la versión de marras. Si el levantara la cabeza seguro que organizaba la de Dios es Cristo.

Intimidad en la almoneda

Si algo faltaba por ver en esta democracia remendona era que el partido en el poder,  sea, el PSOE, no sólo se recalificara una finca propia de tres plantas para multiplicar su valor de mercado por diez sino que se negara a entregar la documentación urbanística a la propia Oposición municipal con el absurdo argumento de que esa exhibición comprometería su “derecho a la privacidad e intimidad”. Es como si el contribuyente se negara a descubrir su contabilidad ante Hacienda para no ver descubierto su auténtico patrimonio o como si el conducto se negara a soplar en el control de alcoholemia –bueno, eso ya lo hizo un diputado y el TS sentenció que adelante con los faroles– para ocultar su estado real. Y eso es una barbaridad porque lo íntimo es lo contrario de lo público, y no hay privacidad que valga en la función pública. ¡Ahí podríamos llegar! Aunque al parecer hemos llegado ya.

La otra ventanilla

No es al Ayuntamiento al que debe reclamar la candidata frustrada, Manuela Parralo, que se atienda a los acreedores de Construcciones Moreno, ni parece que la  circunstancia navideña modifique la cuestión de fondo, que no es otra que esa empresa –que el consistorio asegura que habría cobrado más de trescientos millones en el año en curso– está en suspensión de pago y, en consecuencia, como bien saben los sindicatos, vetada por Hacienda (además de por los proveedores y por la intervención) que exigen que se levante los embargos antes de cobrar más dinero. Parralo puede pedirle a ZP que, lo mismo que le regaló un AVE inexistente y tres puentes psidodélicos en plena campaña, levante ahora esos embargos que impiden legalmente normalizar la situación que tanto le preocupa. ¿No sabe esa dama que el mayor deudor de Andalucía es la Junta que gobierna su partido? Pues que lo sepa y que recuerde que cuando es Navidad, lo es para todos, no sólo para unos cuantos.