De segunda mesa

La pelea a cara de perro ocurrida hasta antier en IU se ha cerrado con un acuerdo: el de que el hasta ahora coordinador regional, Diego Valderas, renuncie a encabezar la lista de Sevilla  y acepte a regañadientes –¡otro candidato a palos!– presentarse por Huelva, plato no ya “de segunda mesa”, sino de última y forzada, como si Huelva fuera lo que Unamuno llamara “el culo del mundo”. Ni Huelva podía llegar a menos ni Valderas a más, obviamente, sobre todo teniendo en cuenta que este “apparátchik” profesional ha perdido ya dos elecciones en nuestra circunscripción, aparte de llevar a su coalición al borde del suicidio político. Si pierde por tercera vez, lo menos que podría hacer este hombre es volverse por donde vino sin que nadie lo llamara. Después de todo, la feria no habría tan mal para él, sino mucho mejor de lo que él mismo pudiera haber soñado.

La libertad creadora

Aunque hoy creo que andan en otro aposento, durante muchos años, el Museo del Prado exhibió juntos, o mejor, emparejados, dos retratos velazqueños de excepcional categoría: el del rey Felipe IV y el de su hermano menor el infante don Carlos. Una copia del primero acaba de ser descubierta y subastada en Madrid, garantizada por una vieja fotografía, anterior a su última restauración, en la que aún podía leerse con claridad la firma del maestro –“Velázquez fecit 1628”–, es decir, poco después, probablemente, de que fuera pintado el retrato de su hermano. Lo de las fechas es asunto controvertible, como es natural, pero los expertos se han apoyado para establecer ésta en la cadena de oro que luce el infante sobre el pecho tal como era la moda cortesana que sabemos que rompe con fuerza 1626, cadena cuyo contraste impresionó tanto a Manuel Machado que en su célebre soneto a Felipe IV realza su ausencia –“Sobre su augusto pecho generoso/ ni joyeles perturban ni cadenas/ el negro terciopelo silencioso”– como seña de austeridad. Es muy curioso ese soneto porque el poeta retrata con exactitud todos los detalles, pero al llegar a la real mano derecha, no sé si se equivoca o prefiere ver en ella, no el clásico billete sostenido con los dedos, sino el objeto que llevaba, en efecto, en el cuadro vecino, el hermano del retratado: “Y en vez de cetro real sostiene apenas/ con desmayo galán un guante de ante/ la blanca mano de azuladas venas”. Es posible que el gesto distraído, casi displicente, del guante sostenido por don Carlos sugiriera al poeta una elegancia de la que, desde cualquier punto de vista, carece el motivo del papelito, pero no me digan que no es estupenda esa libertad –en el caso, insisto, en que no se trate de una transposición inconsciente– que le permite rematar el último terceto en falso pero tan bellamente. Uno de joven, por aquello del ocio creador, ha pasado más de una hora y más de tres ante esos dos cuadros repitiendo de memoria, como un mantra maravillado, el error o lo que fuera que hizo que Machado el Bueno (o el Malo, según quién lo mire) perpetrara una inexactitud tan poética y de la que, encima, casi nadie se ha percatado.

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En el arte clásico, la libertad creadora se entendía, en última instancia, de esa manera, es decir, como mejor cuadrara al creador, señor y dueño realengo de la materia poetizable ya fuera con palabras ya en términos plásticos. Se queda uno lelo si se para a contemplar los capitales historiados de nuestro devoto románico –les recomiendo los claramente apotropaicos pero desconcertantes de san Pedro de Cervatos, por poner un caso- y otro tanto de lo mismo si se detiene a descifrar las minuciosas claves de la iconografía gótica, y ya en mucho menor medida, puede entretenerse escudriñando el imaginario del arte posterior en el que, por descontado, las dobles intenciones se mantienen y aquella libertad de creación no desaparece ni mucho menos. Hoy es ya otra cosa. La imagen de Barceló embadurnado de barro para llamar la atención sobre no sé qué “performance” (que tampoco sé bien lo que es eso, la verdad) o la de un sujeto empapelando con rollos higiénicos el Pont Neuf parisino proclaman que el creador o lo que sea no se legitima hoy a solas con su creación, sino que busca esa legitimidad en la “mediatización”, es decir, en el efecto cautivador que su gesto, proyectado eficazmente sobre la opinión, pueda acabar produciendo sobre un criterio y una estimativa que ya no dependen en exclusiva de la conciencia estética del sujeto y, consiguientemente, de su libertad, sino de la capacidad influenciadora del mercado y sus agentes, que es tanto como decir de su dependencia de la moda o de su sumisión a presuntos pruritos “expertos”.¡Qué bella licencia la de Machado cambiando el guante de mano! Si estará lograda la obra que  no se han percatado ni esos “entendidos”.

Régimen concertado

Pocos logros habrá obtenido Chaves durante su satrapía perpetua como el de “concertar” a su alrededor, como hizo hace unos días, a todos los “agentes sociales” para comprometerlos en el proyecto de vivienda subvencionada, que la Junta tiene abandonado en la práctica desde los tiempos  de Montaner. Se dirá que así cualquiera, esto es, que a base de largarle unos miles de millones anuales a cada “agentes” (patronal o sindicatos) no hace falta ser un genio ni un estadista para pastorear a los segundones del Sistema y hacer q         ue arrimen el hombro a la trabajadora. Vale. Pero el logro es importante sobre todo porque contando con a un tiempo con la ayuda incondicional del dinero y de los sindicatos de clase, si no llegan a hacer esas 700.000 viviendas en 10 años será porque son unos mantas. Aparte de que no sé qué millones de andaluces cuyo único patrimonio es esa vivienda que, en teoría, habrá de devaluarse. Pero ése es ya otro tema y en absoluto empaña un proyecto tan ambicioso.

Cencerros tapados

La presidenta de la Diputación se niega en redondo a dar información sobre su propio proyecto de aeropuerto. No quiere intromisiones, no quiere testigos, no se sabe por qué y exige una discreción que contrasta agriamente con sus frecuentes exigencias de información. ¿Qué pasa, que su superior criterio no merece ser “invadido” `por el de los súbditos contribuyentes? ¿Cuándo se enterará esta tropa de que quien paga tiene todo el derecho del mundo a saber cómo, cuándo y con quién se invierte su dinero? ¿Todo (o lo que sea) para el Pueblo pero, por supuesto, sin el Pueblo? Después de toda una vida (irá para treinta años, calculo yo) de vivir de la política ya podía haberse enterado esta mujer de algo tan elemental como es que el ciudadano no es un súbdito ni el político un sátrapa. Hay, además, muchas razones para que los onubenses escamados quieran saber qué pasa con ese gran proyecto que es también, no se olvide, un gigantesco negocio.

El loto y el barro

No es un secreto que el título de Dalai Lama comprende una voz mongol, ‘Dalai’, que significa ‘océano’ en alusión la vastedad de su saber, y ‘lama’, palabra tibetana que designa, más o menos, al incomparable, a aquel que no resiste parangón con nada ni con nadie en este jodido mudo. Ese budismo del Tibet es una especie de reserva espiritual de la doctrina hindú, razón por la que la piedad regional, seguro que para marcar las diferencias, la alude como “el loto que permanece inmaculado en medio del barro”. Lama, por su parte, es lo mismo que en todas partes significa el término sánscrito ‘gurú’ y, en este sentido, se refiere al ‘consagrado’ que, de por vida, muestra a los demás el difícil camino de Buda. Todos los Dalai Lama se consideran por sus fieles como emanados del “Chenrezi”, la instancia suprema infinitamente misericordiosa que, precisamente por eso, suele representarse en su perfil teratológico con múltiples brazos y un loto en una mano y el rosario de cristal en la otra, aunque el actual, Tenzin Gyatso, decimocuarto (decimotercero según mis cálculos, pero pase) de esa dinastía teocrática paradójicamente creada en el siglo XVI. Mareante, no me digan que no, elevado hasta el lirismo más buido, seductor irremediable para los temperamentos místicos. ¿Cómo quieren me haya quedado el escuchar de labios de ese dios encarnado, una protesta de amistad con Carod Rovira –el de la corona de espinas en el Jordán– o cuando me he enterado de su sugerencia de que, no sólo podría introducirse en lo sucesivo la elección democrática del sucesor en cargo supremo sino de que bien pudiera recaer la misteriosa elección del reencarnado en una hembra que, según eso, bien podría ya andar por ahí sin sospechar su alto futuro. Sorber y soplar, el caldo y las tajadas: sus incontables viajes por Occidente han convencido a este profesional de la beatitud de que el “aggornamiento” no es un lujo sino una garantía de continuidad. Lo que no sé es qué pensarán en su momento esos monjes mendigos que Michaux retrataba batiendo su pequeño tambor con livianos ovillos de hilo rojo mientras los ‘lamas’ atronaban los templos con sus bajos insondables e inundaban los valles con el bramido de sus descomunales trompetas.
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Nada se ha sabido, que yo recuerde, del niño de la Alpujarra “descubierto” hace años por los ojeadores de reencarnados que recorren la tierra en busca del heredero divino, y que de ahora en adelante verán doblada su tarea al tener que escudriñar también a las niñas, pero algo elemental nos dice que las novedades de Tenzin Gyatso van a encontrar en lo más hondo de su tribu espiritual una resistencia numantina. Aunque es verdad que ya esa religión fue capaz de incorporar elementos exóticos, como el tantrismo hoy en boga, dudo seriamente que India o el mismo Tibet disputado por la dictadura china, se avengan a admitir unos cambios que revolucionan de manera drástica su concepción religiosa tanto como su estructura social. Insisto en que el budismo de estos Lamas ya hubo de adaptarse como pudo a las exigencias psíquicas de los aislados y primordiales pueblos que habitan su “País de las Nieves”, y no olvido que en su desarrollo histórico tuvieron un peso decisivo dos mujeres, las dos esposas budistas de algún rey altomedieval. Pero me da que el loto de la presente encarnación no ha salido del todo inmaculado de sus garbeos por el lodazal de la ONU, de la Academia Nobel y del Tripartito catalán. Habrá que ver cómo acepta la igualdad suprema un país como la India en el que la mujer –ya en tiempos de Michaux era así– es sencillamente invisible y víctima llegado el caso de los machos familiares, ese Tibet cuyos sacerdotes mendigan en silencio, callados humildemente si reciben la limosna pero que, como sus colegas nepaleses, maldicen al tacaño hasta la décimoquinta generación.

Luego vienen los remendones del “régimen” a quitarle hierro a los fríos datos de la estadística, los únicos, en definitiva, que a pesar de la mala fama que le ha agenciado la ignorancia, dicen la verdad posible. Cada indicador socioeconómico que ve la luz empeora las cosas, y el último es el que ha publicado Eurostat, la oficina económica de la Unión Europea, sobre cómo va el paro. Y el paro va de tal manera que Andalucía, a pesar de proclamas y cánticos optimistas, figura en el cuarto lugar del ránking de comunidades españolas, por detrás sólo de Ceuta, Melilla y Extremadura. Ya digo que es posible incluso que salga alguna voz a sueldo diciendo que ese dato no sólo no es malo sino que es estupendo, pero la realidad acaba siempre por sepultar a los pseudólogos. Andalucía partió en la cola y en lacota sigue. Esto puede alegrar a los obcecados y disgustar a sus rivales, pero  a la Junta tendría que pesarle como un fardo intolerable.