Plan especial…

Otro asalto en La Dehesa Golf, y van once. Los vecinos anuncian movilizaciones indignadas que, aunque poco probables a mi modesto juicio, estarían del todo justificadas. Si el PSOE pilla al PP en el Ayuntamiento de Aljaraque con la que está cayendo, arde Troya por sus cuatros costados. El PP ha pillado al PSOE y ahí lo tienen, apenas una tibia reacción. La hegemonía “sociata” se funda, a ojos vista, en este dominio de las técnicas de movilización social, y simétricamente, el atasco “popular” debe mucho a esa insalvable incapacidad suya para mover a la gente. Pero once asaltos en tan poco tiempo -¡y en ese barrio!– suponen un fracaso entero y pleno de la autoridad gubernativa. Ni les cuento desde cuándo estarían las huestes de doña Petronila acosando al impotente subdelegata del Gobierno, si el subdelegata no fuera “uno de los nuestros (suyos)”. No sé por qué me da que esas movilizaciones que ahora no tienen pinta de llegar lejos hubieran sido feroces en el caso que digo. 

Villancico romano

 Al papa Ratzinger, severo teólogo, no le cuadra, por lo visto, la familiar imagen del “belén” navideño, ese “presepio” o pesebre que instituyó el santo Francisco, poco antes de morir –exactamente en la Navidad de 1223, y en el castro de Greccio, en pleno valle de Rieti, en la Umbria–, inspirado por el relato de Lucas. Por lo visto el papa se inclina por el texto de Mateos que — antes de situar taxativamente el parto en Belén, ojo– permitiría deducir tácitamente que se produjo en Nazaret, frente al mencionado de Lucas que apuesta por la misma candidatura en consonancia con el anuncio profético de Miqueas y la tradición davídica, tantas veces cuestionado por tirios y troyanos. Y desde luego, el pontífice quiere eliminar del “nacimiento” ese buey y esa mula que, ciertamente, no se mencionan en el Evangelio pero que sí que aparecen, que uno haya visto y comprobado, en autores tan canonizados como el Pseudo-Mateos, Orígenes, Gregorio Nacianceno o Ambrosio. Hace bien poco ha recordado Thomas Cahill el episodio de Greccio narrado por el maestro Buenaventura, el casi coetáneo de Francisco, en el que se recuerda que el santo, convencido de estar hablando de Belén, por supuesto, habría pedido licencia al papa de Roma antes de disponer un establo en el que aparecían ya los dos animales, para los que, incluso, mandó acarrear la imprescindible paja. El debate sobre la piadosa representación no es nuevo, desde luego, como el propio Cahill trata de sugerir ilustrándolo con el fresco que Giotto pintó en la basílica de Asís y en el que la legendaria pareja animal aparece minimizada, a lo que tengo que objetar que en su fresco de la capilla paduana de los Scrovegni, el mismo Giotto la representa en primer término junto a un patriarca meditabundo, aunque también es verdad que los hace desaparecer, un poco más adelante, en la viñeta de la adoración de los Magos. A ver qué hacemos ahora con el anuncio de Isaías, “cognovit bos possessorem suum et asinus praesepe domini sui”, que no necesita traducción, supongo, o con esa “alegría” gitana que se cantaba antiguamente en Cádiz, “Una vaca y un mulo,/ m’equivocao,/ que era un buey y una mula/ aquel ganao”. A ver, pregunto.

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A uno le parece, modestamente, que lo mejor que puede hacerse con los mitos sagrados es preservarlos en el formol de la religión popular, no sea que en cualquier momento salte la liebre racionalista y un Cardini cualquiera nos agüe la fiesta. El sabio Louis Réau estudia el asunto en su monumental “Iconografía” y recuerda que, en la exégesis simbólica, buey y mula podrían ser la prefiguración de los dos ladrones del Gólgota, o acaso la de judios y gentiles –como, por su parte, justifica Gregorio de Niza– pero que lo que el arte tradujo de manera literal fue el ingenuo y emotivo relato del Pseudo-Mateos. Con quien sí coincide Ratzinger es con el Concilio, pero no con el Vaticano II sino con el de Trento, cuyos padres procuraron limitar el realismo eliminando –junto a las comadronas famosas (que ya había rechazado Jerónimo con su célebre dictamen “Nulla ibi obstectrix”, esto es, allí no había ninguna partera)– esos dos animales que no sólo les parecían apócrifos sino cortitos de “nobleza”. Ratzinger va a ser un papa polémico pues se distancia lo mismo de la vieja “pietas” francisca, tan popular y crédula, como de los curas de barrio madrileños que se las traen tiesas con monseñor Rouco justo por ir derechos a un esencialismo doctrinal que nunca ha dejado de inquietar a la jerarquía. Y en cuanto a la piedad hogareña tampoco quiere bromas este pastor tudesco y doctrinario. La próxima vez que vaya a París pasaré de largo frente la portada de Nôtre Dame en cuyo tímpano se ven arrodillados buey y mula bajo el lecho de la Virgen, nostálgico del villancico rancio, “La mula le gruñe, el buey le bajea…”. Los teólogos son muy suyos. Si tragan con la religión popular de vez en cuando es porque no tienen otro remedio.

El “casi” no existe

El ex-“bellotari” Ibarra ha vuelto sobre la disputa del Guadalquivir y con razones nada desdeñables. Por ejemplo, descalificando  el argumento de Chaves de que ese río es “casi” andaluz, porque el “casi” no existe. O exigiendo que el Estado garantice la coordinación, cohesión, solidaridad y representación nacional, competencias y funciones que no deben exponerse a los intereses regionales. Ibarra dice que admitiría una decisión de Estado sobre esa cuenca pero no la de un presidente vecino que pudiera perjudicarle. Y hay que reconocer que lleva bastante razón, al margen del crédito que el personaje pueda conservar tras tantas marchas atrás como lleva perpetradas, y de los motivos internos de partido que puedan moverlo a mantener su rebeldía. A ver cómo no estar de acuerdo con él en que el fracaso progresivo de la cohesión hay que buscarlo en esas componendas estatutarias con las que Chaves tiene que ver como el que más. Lo de Agamenón y su porquero vale hoy aquí una vez más.

Cucharada y paso atrás

Se acabó lo que se daba: unanimidad búlgara, finalmente, para apoyar al mando. “El mando siempre tiene razón”, se decía en España y, por lo que se ve, sigue vigente aunque no se repita. Las listas irán tal y como las confeccionó ese mando, lo que demuestra que el rollo de las asambleas no es más que una comedia sustitutiva de las prometidas “primarias”. Y por supuesto, eso mismo confirma que unas “listas cerradas” no garantizan más que una elección limitada, entre otras cosas decisivas porque cualquiera –usted, yo y el de más allá incluidos–, saldría elegido sin duda en caso de aparecer en ellas. Otra vez la evidencia: ésta es una democracia secuestrada por los partidos, una partitocracia que no beneficia más que a los que viven de ella. Cucharada y paso atrás, pues: las asambleas rebeldes de días atrás se han limitado a cumplir ingenua o disciplinadamente su papel de legitimadores.

Plumas alquiladas

Ha resultado de los más ilustrativo seguir la información que la prensa sevillana ha ido ofreciendo a sus lectores sobre el juicio promovido por Chaves y los suyos contra el diario El Mundo. Sobre todo para los asistentes a las sesiones, que son quienes pueden dar fe, por haberlo visto, de que esos informantes asistían realmente a esas sesiones tan poco parecidas a las que ellos retrataban. Pocas veces como en esta ocasión se ha visto funcionar el mecanismo oculto del “régimen”, que es el que pudiera tener acaso algún interés todavía, pues nadie en sus cabales necesitará comprobar, a estas alturas, que la radiotelevisión pública –es decir, la que pagamos entre todos y se hace llamar cínicamente “La Nuestra”– no es imparcial, por la sencilla razón de que no puede al ser una empresa pagada y controlada por la presidencia de la Junta. ¿Cómo podría cuestionar siquiera a Chaves una tele que dirige su ex-portavoz y en la que la mera no asunción ciega de la disciplina de partido se paga en los pasillos? Impensable, claro. Ahora bien, ¿y los periódicos, algunos declaradamente órganos de partido pero otros bien acreditados, por qué los periódicos han ido desinformando a sus lectores jornada tras jornada contándoles cada día lo distinto e incluso lo opuesto a lo sucedido en la Sala? ¿Tanto le debe esta industria al Poder como para posicionarse de entrada a su favor renunciando por completo, no ya a la Verdad, que ésa es noción siempre cuestionable, sino a la realidad? Pues ha parecido que sí, a la vista del empeño demostrado en retorcer los argumentos del plenario para insistir en las tesis de la acusación chavista, justo las que han sido pulverizadas en la ejemplar sentencia conocida el viernes. No se muerde la mano de quien te da de comer, se comprende. Desde una severa dieta moral, ese adagio se revela luminoso.

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Claro que la prensa no es lo que se ve, esos chicos/as que hemos visto caracolear alrededor de los abogados acusadores para reproducir al día siguiente sus criterios como si fueran la realidad. Fíjense, hasta concedería que algunos de ellos, quién sabe si muchos, hubieran preferido jugar un papel menos desairado, por la razón sencilla de que el periodista, bueno o malo, pringadillo o de postín, siempre prefiere la noticia, y no digamos el notición, al manoseo de las consignas. Desgraciadamente, con inconveniente frecuencia, los periódicos no se hacen en la calle sino en los despachos, como ayer mismo pudimos comprobar con sólo leer los titulares (que obviamente suelen decidir los barandas) que, a más a más, volvían a tergiversar maliciosamente lo sentenciado. Uno de ellos burlaba al quiebro anunciando sólo que Chaves piensa recurrir –¡vaya novedad!–, otro contorsionaba hasta el extremo de decir que la sentencia había absuelto a los (¡compañeros!) periodistas “al no exigírseles la verdad”, grandiosa mentira como puede comprobar quien quiera leer la letra del juez, y el de más allá, simplemente callaba. Da igual, porque no se trataba de conocer la realidad comprobada y tan cumplidamente expuesta por el juzgador, sino de bailarle el agua al señorito para seguir en el colmao, y a los lectores que les fueran dando. Pero yo disculpo a los plumillas (como decía González,”animus iniurandi”), ya digo, porque comprendo que ni para esas criaturas ni para nadie debe de ser plato de gusto ejercer de palmeros en un oficio libre por definición, acaso hacer de tripas corazón bajo el ceño del “dire” o con el aliento del dueño en el cogote. En El Mundo no ocurren ese tipo de cosas y no estaría yo seguro de que esta circunstancia no haya funcionado como un incentivo adverso en alguna mente oprimida, forzada a violar sinécdoques o a construir palíndromos a la hora de escribir su crónica. Duro oficio, el periodismo apesebrado. El otro, el libre, nos sale por un ojo de la cara pero nos deja ileso el otro para que siquiera nuestros lectores puedan seguir viendo claro.

Mal por bien

Como no hay mal que por bien no venga, o eso dicen, a Chaves le ha valido el revolcón de la sentencia judicial para eclipsar al menos dos noticiones bien  incómodos. Uno, la muerte de la desdichada “madre de Iván y Sara”, perseguida hasta la tumba por la soberbia inquina una Junta que dilapida diariamente cientos de mieles de euros en propaganda, muerta sin alcanzar –a pesar de sus diez sentencias favorables y hasta del compromiso inicial de la consejera Navarro– la indemnización que le concedió la Justicia que culpaba a la burocracia de su “largo y tortuoso calvario”. Otro, que la visita de Gadafi, con sus taimas y vírgenes custodias, no era de cortesía sino interesada en conseguir que Chaves le otorgara lo que, casi al mismo tiempo, oh casualidad, acabada de concederle a la exigencia patronal-sindical, valga la virtuosa y rentable contradicción, es decir, la burla discreta de la flamante ley a base de “flexibilizar”, ya me entienden, el POTA de la discordia.