La meta del hombre

Cada vez se abre más camino la evidencia de que la idea del progreso ilimitado es pura “ideología”. Tan “ideología”, probablemente, como aquella otra que supeditaba el desarrollo de la especie y los logros de la sociedad a un plan divino expresado en el concepto de Providencia, que es la piedra miliar sobre la que, desde la Edad Media, reposa la conciencia del Occidente cristiano. Hay especies degeneradas de ese “mito del progreso”, por supuesto, la mayoría de ellas reutilizadas políticamente con notable éxito durante casi tres siglos, y que suelen aparejar el ridículo estrambote que se empeña en ilustrarlo con la mejora material de la existencia. Cuando los políticos, obviamente para capitalizar el éxito, hablan ingenua (o tramposamente, da lo mismo) de lo que ha avanzado Andalucía o la Argólida en los últimos decenios, recuerdan al padre atolondrado que se atribuye como mérito el crecimiento de su prole, al tiempo que unos y otro tienden, como por instinto, a presumir que esa progresión resulta imparable, indefinida y fatal, como si la experiencia humana no estuviera harta de probar la incertidumbre del destino. Hiroshima o los estragos del Sida demuestran que la Humanidad, sujeto de tan admirables avances,  es capaz de autodestruirse y que no hay nada inscrito en la naturaleza de las cosas que excluya el retroceso o incluso el apocalipsis. El texto clásico sobre el tema es el libro de John Bury, “La idea del progreso”, lúcida mirada sobre un tópico acaso irreversible que acompaña a la “modernidad” europea para fraguar sólidamente durante el XVIII: el de que el Hombre, aunque sea a trancas y barrancas, con independencia de los zigzags, avanza siempre hacia adelante. Bury vio con claridad que ese tópico, motor de civilizaciones y sagrario de esperanzas, no era sino la versión secularizada del mito providencialista fraguado en la Edad Media, es decir, el supuesto de que la condición del Hombre sobre la Tierra no depende de lo Alto sino del hombre mismo, de su capacidad, de sus fuerzas, y ya en la perspectiva niestzcheana, de su voluntad. Como Napoleón ante el papa, “Sapiens Sapiens” pretendía coronarse por su propia mano.
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Viene a cuento el recordatorio porque un instituto francés cree haber desarrollado un modelo matemático capaz de prever con exactitud el futuro deportivo, para concluir que la capacidad de superación atlética –aquel invento del optimismo griego– no es indefinida, como ha venido creyéndose, sino limitada de tal modo que puede anunciarse, para dentro de veinte años, el fin de las plusmarcas determinado por el agotamiento de la capacidad psicológica de los atletas y de la propia potencialidad del cuerpo humano. No será posible, pues, continuar arrancando décimas o milésimas de segundo a eso que el comentarismo cursi llama el “crono”, ni alzar más el cuerpo sobre la pértiga sin derribar el listón. De modo que resulta que el ser humano estaría tan limitado como la propia Madre Naturaleza, incapaz de producir recursos más allá de un límite discreto, de manera que igual que sabemos que las reservas naturales de petróleos tienen fecha cierta de caducidad, podemos estar seguros también de que el sueño olímpico de la superación sin fin –tan niestzcheano en el fondo, aunque se haya hablado de una “ilustración” griega– queda, al menos en teoría, a los pies de los caballos. Ni la tecnología ni la droga podrán salvar esa linde, además, por más que se esfuercen. Al fin y al cabo, hace mucho que la fe en el progreso acabó ingresando inadvertidamente en el predio de las creencias, y la razón tan bien erigida por Condorcet y los suyos, se ha canonizado tanto que la verdad es que hoy cuesta Dios y ayuda distinguirla del viejo providencialismo. Es una mala noticia para la industria del epinicio, pero me parece que un aviso interesante para las grandes soberbias de ese mono loco que hace siglos que corre por la pista como si la meta huyera delante de él

Manifiesto por la libertad de expresión

Los abajo firmantes, periodistas, comunicadores y trabajadores relacionados con la información, ante la celebración del juicio por presuntas injurias al presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, en relación con las informaciones publicadas en el diario EL MUNDO sobre el supuesto espionaje al que fue presidente de la Caja San Fernando, queremos manifestar nuestro incondicional apoyo, en lo personal y en lo profesional, a los periodistas que se enfrentan a este juicio, Francisco Rosell, director del periódico, y Javier Caraballo, redactor jefe y autor de la información, y nuestra absoluta confianza en que la Justicia reconocerá que en este caso han realizado su trabajo con el mayor rigor y la máxima diligencia, como siempre a lo largo de toda su trayectoria profesional.                       

Asimismo, rechazamos con la mayor contundencia posible las acusaciones interesadas que los implican en una supuesta trama para urdir un montaje con la intención de desprestigiar al presidente de la Junta de Andalucía. El único interés que mueve a cualquier periodista es contar la realidad tal y como llega a conocerla, sea cual sea, y no modificarla. La prensa libre ejerce una labor de oposición que nada tiene que ver con las simpatías que los periodistas tengan o dejen de tener hacia los gobernantes, o a la inversa.

Estamos convencidos de que Manuel Chaves se equivoca si se siente atacado por los medios y los periodistas que ejercen su derecho a la libertad de expresión, que no es otra cosa que la única forma de garantizar a los ciudadanos el disfrute de su derecho constitucional a recibir información y denunciamos, asimismo, cualquier mordaza que desde el poder se intente poner a este derecho fundamental, cualquiera que sea la forma que adopte.

Adhesiones

Ignacio Díaz Pérez, César Vidal, Herman Tertsch, Gotzone Mora, Javier Domínguez Mariscal, Montse Ramírez Codina, Francisco Pérez Gamero, Juan Pablo Colmenarejo, Félix Machuca, Carlos del Barco Galván, Antonio Checa Godoy, Eusebio Pérez Fernández, Diego Tavero Bolaños, Carmen Elías Iglesias, Francisco Rubiales, Juan Miguel Vega Leal, Pedro de Tena, Manuel Contreras Peláez, Ramón Ramos Torres, José Carlos Villanueva, Agustín Pery Riera, Iñaki Gil Vázquez, Javier Rubio Rodríguez, Eva Díaz Pérez, Eduardo del Campo Cortés, Esther Alvarado Parra, Manuel María Becerro Pérez, Carmen Torres Palmero, Miguel Ángel Majadas Alonso, Antonio Salvador Ruiz, José Landi Grajera, Clara Fajardo Triguero, Félix Martínez Zapata, José Contreras, Javier Borrás Almenar, David Padilla, Manuel Mateo Pérez Rodríguez, Natalia Cano Gutiérrez, Carlos Crivell Charneco, Carlos Aimeur Urios, Reyes Gómez González, Francisco Justicia Ventura, Antonio Cejas Rubio, Berta González de Vega Dávila, Francisco Robles, Luis F. Rull Fernández, Benigno Camañas Sanz, Luis Miguel Fuentes, Teresa López Pavón, Agapito Maestre Sánchez, Belén Gómez del Pino, Aurelio Fernández Lozano, Javier González Fernández-Cotta, Rafael Pérez Unquiles, Francisco Javier Recio García, Roberto Pardo Salas, Andrés Marín Cejudo, Rafael Madero Cubero, Wanda Cuseo, Ángel Munárriz Fernández, Joaquín Caro Romero, Juan J. Camacho Vilches, Rafael Alcalá, Elena Lázaro Real, Andrés Moya Moya, José María Rondón León, Beatriz Novo Seco, Héctor Fernández Medrano, Joaquín Núñez Aguilera, Rafael Burgos Martínez, Raúl Navarro Guardiola, Francisco Escribano Castro, Gema Peñalosa López, Miquel González Ivars, Juan José Marcos Guillén, Sergio Sampedro Maestro, Inmaculada Lidón Navarro, Javier Ruiz Cavanilles, Pablo Álvarez Quilis, Jaime Nicolau Saiz, Guillermo Ruiz Sanz, Iván Pérez Faubell, Alberto Mas Sánchez, Vicente Martínez Useros, Héctor Sanjuán Pons, Amparo García Villaplana, Noa de la Torre Alfaro, José Martín Pérez, Daniel Borrás, Jessica Escavias Pastor, Antoni Rubio, María José Gálvez Carmona, José Carlos Aguado, José Luis Lombilla, Manuel Barrero, Daniel Martínez, Francisco Ruiz Roldán, David Yoon Sun, Javier Pons Acosta, Ignacio González Sánchez, Ignacio Álvarez Pérez, Manuel Ramos “Mágnum”, Susana Villaverde Aguilar, Leonor Cabrera Torrado, Fernando Ruso, Juan Carlos Serrano, Carmen López, Miguel Cabrera, Laura Sánchez, Raquel Pérez Rodríguez, Joseba Murga Eizagaechebarria, Cristina García Redondo, Juan Sánchez, David Cuesta, Javier Carballo, Nerea Samperio, Jordi Folqué, Ana Carolina García, Javier M. de la Horra, Luis Montoya, Remedios Serrano, Ana Galera, Mariano López, Mar Espinosa, Laura Estepa Duque, María del Mar Rodríguez Ortiz, Almudena Salinas, Juan Marfil Mateos, Santiago Salas de Vega, Antonio Félix, Francisco Javier Carrillo Sierra, María Jesús Fernández Pedreira, Antonio Muñoz Navajas, Antonio José Suárez Candilejo, Sergio Pérez Antón, Luis Javier Ezquerra, Patricia Rull, Pilar Orgaz, Inmaculada Jiménez Jiménez, Mertxe Carneiro Bello, Federico García Crespi, Miguel Ángel Agea Amador, Chelo Izquierdo, Mercedes Lora, Rafael M. Martos, Santiago Martínez-Vares Gigliotti, Eva Ávila Mayo, Carlos Crivell Reyes, Cristina Cuervas García, Antonio Moreno Osorio, Nicolás Alzaga, Sergio Robles Hernández, Margarita García Cano, Cristóbal González Montilla, Simón Onrubia Bodas, Olatz Ruiz Melero, Marta Sánchez Esparza, Estefanía Ortiz Macías, Javier Bentabol Manzanares, Emilio Palomo Herranz, Vicente Villa, Antonio Castro Caro, Luis Benages Mateu, Carlos Alarcón Sánchez, Antonio Albert Matea, Pedro Córdoba García, Julián Estrada Aguilera, David León, José Acosta Sánchez, Manuel Martín Martín, Marisa Recuero Carbonell, Rafael Ruiz Yuste, Juan J. Cienfuegos, Juan José Martínez Ortiz, Pedro Ruiz Morcillo, Narciso Simón Galindo, Luis Ferreiro Vila, Lucas López López, Lucas Soria López, Juan M. Castaño Gallego y otros.

Envía tu adhesión a la siguiente dirección de correo eletrónico: prensalibre07@hotmail.com
  

Mal de prisas

No va tampoco el AVE Málaga-Madrid. Ha acumulado retrasos de dos horas al tercer día, obligando a devolver el dinero a los usuarios, dejando por los suelos a los cortadores de cintas. Es verdad que la A92 se retrasó nada menos que diez años, pero lo de la ministra-terremoto pasa de todas las rayas imaginables, y las prisas no pueden justificar, desde luego, el descomunal fracaso sino rematar un cúmulo de imprevisiones e insolvencias. La oposición trata, como es lógico, de hacer leña de árbol por caer de la culpable teórica, pero la cuestión de fondo es otra mucho más grave: ¿cómo es posible saltarse los plazos por exigencia de la publicidad, a quién se le puede ocurrir arriesgar la seguridad de los viajeros con tal de cumplir unos plazos enteramente arbitrarios? Lo malo de estos supertrenes políticos no es que se retrasen o funcionen mal sino que, por falta de las imprescindibles comprobaciones, pudieran provocar una catástrofe. Las prisas de la ministra o de su jefe se comprenden. Su temeridad, no. 

El poeta de Moguer

Será todo lo “español universal” que quiera el eslogan, pero Juan Ramón fue siempre y ante todo un poeta que enraizado en su pueblo. Y también un ciudadano difícil de manejar y políticamente incontrolable. Lo que no impidió que su colosal figura fuera utilizada por los políticos, incluso por los de la dictadura que provocó su exilio, no pocos de  los cuales lucieron plumas negras en su famoso entierro. Ahora el PSOE onubense se ha apoderado de su figura y de su recuerdo para incluirlo en su propaganda, incluso dejando fuera de  juego al pueblo de Moguer, esto es a su Ayuntamiento, en uno de los gestos más groseros puedan imaginarse. JR se habrá revuelto en su tumba moguereña escuchando esos topicazos vulgares sobre su persona y su obra, ahora reducidas a mera mercancía electoral.

Amistades peligrosas

En Francia hay revuelo con motivo de la escapada navideña del presidente Sarkozy a Egipto, a Luxor concretamente, primera escala de su nueva pasión amorosa. Revuelo porque se ha sabido que Sarko y su escogido séquito (veinte amiguetes más o menos) utilizaron el ‘jet’ privado de su millonario de cámara, Vincent Bolloré, un “Falcon 900 de aquí te espero, y que, naturalmente,  le habría sido otorgado gratis total, faltaría plus. Una historia que se repite, por otra parte, porque nada más llegar al Elíseo, creo recordar que al día siguiente de su victoria electoral, el gran hombre desacomplejado ya viajó a la isla de Malta con su familia en el mismo aparato, y una vez allí embarcó en el lujoso yate que el munífico amigo le tenía preparado. Verán como enseguida, nada más llegar de vuelta, se repite la escenificación de la transparencia y el gran hombre proclama que su viaje “no le han costado un céntimo a los contribuyentes”, como ya hiciera entonces,  una ceremonia que se podría calificar de ingenua si no tentara infinitamente más calificarla de cínica. ¿Razones? Sencillas. La relación entre los poderosos políticos y los ricos poderosos es “natural” y, en cierto modo inevitable, dada la estructura relacional de nuestra vida pública, como lo prueba esa vieja sentencia castellana que afirmaba que “tener es poder” a la que cada vez más tal vez cupiera oponerle su contraria o simétrica: “poder es tener”. Los yanquis, que son tan desahogados para estas cosas, han legalizado en su laberinto congresual la actividad de los “lobbies”, grupos de presión empleados por los ricos para adaptar  tanto el trabajo legislativo como la tarea del Gobierno a sus intereses privadísimos. Y esos “lobbies”, que aquí también existen, por descontado, hace tiempo que descubrieron que –dando por supuesto que con la derecha política nunca tendrán problemas de identidad–  nada mejor para esos intereses suyos que llevarse bien con la nómina de izquierda. El ex-presidente González es el hombre del millonario Slim, el patrón mexicano que reunió secretamente hace algún tiempo en su casa, con el propósito de unificar criterios y designios, a la totalidad de los ricos del continente. Uno de ellos, Gustavo Cisneros (el amigo de González que compró Galerías Preciados saneadas para revenderlas poco después) calificó a Slim, tras aquella ocurrencia de tan vehemente sugestión mafiosa, como “un intelectual de los negocios”.
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Nada habría que objetar, en principio, a que un presidente veranee en una casa prestada por un rico o navegue en su yate, eso no se discute. El toque está en que no hay forma de creerse que semejantes cercanías no devienen en amistades peligrosas en cuanto salta la liebre, que acaba saltando, no les quepa duda. Gadafi acaba de venir a Andalucía en carne mortal para hablar de paces y ayudas, por lo visto, pero por lo oído, era también (y no sabremos nunca si prioritariamente) para desatascar un macroproyecto de urbanización suyo que colisiona, al parecer, con el “POTA flexible” que vela por nosotros y por nuestro medio ambiente, junto con Al Gore. Carrillo tenía su millonario durante la clandestinidad, por supuesto, aunque esa cosa entonces paradójica resulte naturalísima sin necesidad de hablar de Putin o de lo que se rumorea de los tardocomunistas chinos. Sólo que Carrillo nunca tuvo posibilidad, ni siquiera remota, de pagarle algún día desde el Poder los favores recibidos. Sarkozy es demasiado listo para no entender que esa proximidad contamina sin remedio y que, tarde o temprano, el amigo fastuoso te envía el cobrador del frac a tu despacho, como se lo mandaban a González los ricos que, hasta que intervino la Justicia, pasaban puntuales por la caja de Filesa. Nadie dice que al  contribuyente le cueste hoy un céntimo la romántica escapada de Sarkozy. Lo que es casi imposible es creer tampoco le va a costar mañana.

Monigotes de Pascua

Estamos quedando como auténticos monigotes (nuestros mandamases, me refiero) desde que se produjo en las aguas españolas de Gibraltar el semihundimiento del barco “New Flame”. Gibraltar dice que ahí se las den todas, el Gobierno que la Junta, la Junta que no sabe de qué le están hablando, pero el “cuasipecio”, con esas 42.000 toneladas de peligrosa chatarra que se fuga poco a poco del casco, se puede ver a simple vista sin más que asomarse a la costa. Y encima, PP e IU, piden a estas alturas, en plena orgía navideña, que comparezca Chaves y explique en el Parlamento soberano qué piensa, qué ha hecho y qué no piensa hacer en este sucio asunto. Monigotes, ya digo, puros monigotes, unos y otros, todos. Si se hubiera tratado de un parón en Caja que impidiera cobrar a esa panda, seguro que habían crucificado hace tiempo al cajero y, por supuesto, cobrado. Si gobernara el PP aquí y en Madrid, las voces se confundirían con los ecos del “Prestige”.