La Junta debe informar

Los ecologistas de Greenpeace, que habían solicitado a la consejería de Medio Ambiente, a la empresa pública EGMASA y al Consejo de Energía Nuclear información sobre el plan de control aplicado en Huelva para controlar y, en su caos, neutralizar las consecuencias de la presencia en las marismas de Cesio 137, procedente del vertido provocado en Almería por la empresa Acerinox, han decidido llevar ante la Justicia a las dos primeras instituciones al no haber recibido respuesta alguna a pesar de lo dispuesto en la ley de Libre Acceso ala Información Ambiental. Más allá del incumplimiento legal, está claro que el hermetismo carece de sentido en un caso, como éste, que concierne a la salud de los onubenses en términos que, al parecer, la Junta pretende reservarse para sí. Parece obvio que el propio Ayuntamiento y la Diputación deberían hacer suya esa justa demanda que sólo trata de proteger la salud y defender el medio. 

Eva al desnudo

Una verdadera tromba de declaraciones que conciernen a la condición femenina está cayendo esta temporada sobre la opinión pública. Se debe, en buena medida, a la sugestión de Hillary Clinton (ay, el apellido) quien, tras su traspiés ante el candidato negro Obama ha dicho que “el gran cambio” no consistiría en ver a un presidente no “caucasiano” en el Despacho Oval sino en instalar en él a una mujer, o sea, a ella, pero también a otros pronunciamientos que van cayendo por ahí, en ocasiones como pétalos, otras veces como auténticos obuses. Desde la London School of Economics nada menos, la filósofa Helena Cronin ha dejado caer que las diferencias entre macho y hembra–en el plano de nuestra vida social, se entiende– no dependen tanto de capacidades, tendencias y gustos innatos como a la manera diferente que utilizan unos y otras para cifrar su idoneidad. Y en París,  motivo del centenario de la Beauvoir, se oyen voces que rebotan con dureza contra las famosas”idées reçues” o prejuicios con que solemos aviárnosla en nuestra estimativa. Otra Simona bien distinta, Simona Veil, ha hecho el elogio de aquel mito generacional contrastándolo con la actual degeneración de ciertos feminismos que no sólo provocan el conformismo de la mujer sino que consiguen que, con indeseable frecuencia, ésta, la mujer, “caiga en el riesgo de querer ser un hombre”, observación utilísima para comprender la deriva de algunos comportamientos políticos actuales. El siglo de la Beauvoir se está conmemorando en la universidad Paris Diderot con intensos debates para los que su directora, Julia Kristeva, ya ha establecido un techo y  un lema contundente: la revolución de la mujer no constituye un cambio histórico como otro cualquiera sino una auténtica revolución antropológica, pero en los que va a haber jaleo en torno al ensayo de Danièlle Sallenave que trata de desmitificar la intimidad del “couple” sartriano revelando que, bajo la ilusión de la “comunión perfecta” lo que había entre el filósofo y la ensayista era una “liaisson dangereuse” dentro de la cual él habría maniobrado hasta conseguir recluir a aquella mujer libre en una “prisión dogmática”. Vaya usted a saber, a estas alturas.
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Si lo de Obama sigue su ritmo ascendente va a resultar claro que algo decisivo ha estallado en el entraña del sistema que contempló deslumbrado Tocqueville que, por cierto, es el mismo que horrorizó a Dickens y otros viajeros, aunque esto no suela recordarse casi nunca. Un negro en la presidencia era hasta ahora una fantasía reservado a la imaginación cinematográfica y no cabe duda de que conseguiría transformaciones ideológicas y sentimentales en el país profundo sólo comparables al comprensible desconcierto del esencialismo ario aún vigente en amplios sectores de aquella sociedad.  ¿Y una mujer? Pues una mujer tanto o más, qué duda cabe, sólo que Hillary, con su apellido marital a cuestas, sugiere más que una revolución sexual verdadera un desarrollo del sentido patrimonialista que está aproximando cada vez más aquellas repúblicas electivas a nuestras monarquías hereditarias. “Caer en el riesgo de querer ser un hombre”: la dura frase de Veil –que ya anduvo trajinando por la Resistencia, no se olvide– encierra un aviso explícito para uso de los ingenuos que creen que el “gran cambio” vendría dado sólo por el sexo del dirigente, supuesto no menos ingenuo que el que lo cifra en el color de la piel. El problema reside en que uno no sabe ni bien ni mal en qué podría consistir un modelo femenino del Poder como tampoco sabe cuáles serían las ventajas objetivas de un gobernante afroamericano sobre un ario como esos superiores que postulaba Gobineau y que tanto gustan a las becarias. Es de temer que, en cualquiera de los dos casos, vayamos a asistir en USA a un relevo poco objetivo. El largo Neolítico no se liquida así como así.

Las otras rebajas

Este mes comienza a regir el plan de la Junta de pagar más a los profesores de centros públicos que logren (no se explica cómo) mejorar el rendimiento de tal forma que logremos alejarnos del abochornante 37 por ciento de fracaso escolar que nos sitúa a la cola de la nación. Se pagará más con la condición de que se mejoren los resultados, esto es, hablando en plata, de que aumenten los aprobados al disminuir los suspensos. Un auténtico chantaje moral para una sufrida y mal pagada profesión a la que, encima, se le propone que se haga trampas a sí misma para aliviarse el presupuesto. El desdén por el enseñante, tradicional en nuestra dura sociedad, culmina en este dislate que supone ofrecer dinero al docente a cambio de lavarle la cara a un sistema que hace agua por los cuatro costados. 

Igualdad por decreto

No estoy de acuerdo con la decisión de la Onubense (UHU) de crear una unidad para fomentar la igualdad entre los sexos, es decir, para propiciar el aumento de mujeres responsables de los grupos de investigación. Y no lo estoy desde el convencimiento de que hoy por hoy nada se opone a la promoción de la mujer (hay más ministras que ministros, valga el ejemplo), aparte de que la idea de lograr esa unidad por decreto es sencillamente una aberración porque, sea cual fuere su instrumentación, ha de acabar por “primar” a un sexo sobre el otro en detrimento de la objetividad más elemental. ¿Cómo favorecer que una hembra menos capaz de que un varón salte sobre él en perjuicio del producto universitario? Tengo el convencimiento, además, de que las mujeres más capaces detestan este trampantojo académico por más que lo consagre una normativa a todas luces insensata.

La canción del verdugo

No es posible olvidarse del tema ni los progresos que indudablemente van consiguiéndose autorizan el optimismo. La pena de muerte sigue siendo un escándalo de las conciencias y un baldón para un mundo que alardea de demócrata al compararse con el que deja atrás. Si en Nueva Yersey se lograba hace poco la primera abolición de la pena de muerte registrada en los EEUU desde 1965, la Asamblea de la ONU ha estrenado el año nuevo aprobando una propuesta de moratoria de  la pena capital dirigida a todos los países que aún la aplican y requiriendo a los que ya la abolieron a no volver a las andadas reimplantándola por las bravas, como ha ocurrido ya en un buen número de casos. Pero como si se tratara de mostrar la cara oscura del progreso moral, casi al mismo tiempo cuatro hombres y una mujer eran colgados de las consabidas grúas en Irán, acusados esta vez de tráfico de estupefacientes como hace semanas las víctimas lo eran de “comportamiento inmoral”. La moratoria de la ONU, calurosamente saludada por la UE, contempla la esperanza de la abolición total pero cuenta todavía con el voto en contra un puñado de países entre los que se incluyen potencias decisivas. Un poco de estadística. En el año que acaba de irse, el 2006, fueron ejecutadas en el mundo, que sepamos oficialmente, al menos 1591 personas de las cuales una enorme mayoría, hacia el noventa por ciento, pertenece a esa China que ha popularizado la escena de las ejecuciones masivas con el tiro en la nuca pero que ahora parece que se propone generalizar el método de la inyección letal que desde hace algunos años vienen aplicando algunos de sus tribunales. Unos veinticinco mil condenados aguardan la hora fatal en todo el planeta a pesar de que, sólo en los últimos treinta años, consta que al menos ochenta y cinco inocentes fueron víctimas de irreparables errores judiciales. Que si quieres arroz: USA no parece dispuesta a renunciar a su ancestral  “justicia del pionero”, ni China a eliminar siquiera los delitos no violentos de entre los castigados con la muerte, mientras que un país minúsculo como Kuwait ostenta el tétrico récord de ejecuciones “per cápita”. Dice Europa que este  abolicionismo será probablemente imparable, algo que cuesta aceptar sabiendo que entre quienes se oponen a la medida figuran, como es lógico, los EEUU y China, aparte de Irán o Arabia Saudí. Con el barril de petróleo por encima de los 100 dólares no apostaría yo por esa baza.

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`No tienen que decirme que insistir en el tema es machacar en frío, ni apuntarme que ciertas ferocidades habituales en la vida contemporánea pesan mucho más en la conciencia pública que cualquier consideración de orden moral o, incluso, de naturaleza jurídica. La crueldad, la barbarie, el despotismo y la arbitrariedad del Mal –banalizado como quería Hannah Arendt o todo lo contrario, como sugiere cierta literatura caníbal de gran éxito que arrasa en nuestros libros o en nuestras pantallas– constituyen una barrera infranqueable en la práctica para tanto esfuerzo benemérito como se está haciendo desde el llamado ‘nuevo humanismo’, quizá porque, en el fondo, tiene sentido el apunte de Remy de Gourmont de que quienes defienden la pena de muerte están más cerca de los propios asesinos que de aquellos que la combaten. Un infeliz colgado por el cuello e izado lentamente ante una multitud expectante es una imagen que niega cualquier protesta de Justicia, pero no menos que el desdichado que soporta el suplicio atado con correas a una camilla, pues bien sabemos que el argumento humanitario con que se trató de acreditar la guillotina por su infalible eficacia no es menos repugnante, bien miradas las cosas, que la ocurrencia sádica de las SS o de los verdugos islamistas de usar cuerdas de piano para prolongar la agonía del ahorcado. Hay quien eleva la mortandad china hasta ocho mil. No está nada mal para entrar con buen pie en el “año de la rata”.

Un pésimo negocio

El emperre del presidente Chaves en amordazar a El Mundo utilizando la vía judicial está resultando un pésimo negocio para el puntilloso prócer, que no sólo ha debido encajar la cuidadosa sentencia del juez natural que desestima su pretensión, sino que ahora se ve expuesto en la picota virtual de Internet a la vergüenza pública, nada menos que por mano de dos prestigiosos organismos internacionales que velan por la libertad de prensa y el derecho de los ciudadanos a estar informados. En la web del Comité Mundial para la Libertad de Prensa (www.wpfc.org), que ya se había pronunciado contra el caso,  puede leerse, en efecto, la carta de estímulo dirigida al Juez por ese alto organismo. Y en la de Intercambio Internacional para la Libertad de Expresión (www.ifex.org) está colgada la alerta contra la acción de Chaves junto a otras referidas a Azerbeiján, Turquía o Uzbekistán, entre otros ‘paraísos democráticos’. Un pésimo negocio, ya digo, para alguien tan celoso de las cosas de su honrilla pero, sobre todo, para la imagen de una Andalucía puesta en lamentable evidencia.