Engrasando la bisagra

Los transfugazos en beneficio del PSOE, que el PA criticaba enseñando los dientes trasantier, resulta que ahora ya no son más que “hechos puntuales”, lo que permite al PA de Rosal de la Frontera, y por supuesto al PSOE, pasarse por el arco los cacareados pactos antitransfuguismo y formar gobierno dejando fuera a IU. Eso se llama ir engrasando la bisagra, prepararse para la eventualidad de que, en caso de no irse definitivamente a pique, a IU le quede la oportunidad de garantizarse el chusco en la despensa del PSOE., eso sí enrolado en el “servicio” si no en algo peor. Ya saben los potenciales votantes del PA que les da lo mismo votar”andalucista” que darle la papeleta directamente al PSOE porque, de cualquier modo, en el haber del PSOE habrá de quedar. Y tres cuartos de lo mismo vale parta los de IU, uan vez que Valderas ha anunciado su sueño de “gobernar” (no se pierdan la gilipollez) tras las elecciones en caso de que el PSOE no lograra la mayoría absoluta. 

El mirón indefenso

No se puede negar la seductora acción de la tele en materia de Historia. Personas que jamás ojearon (sin hache) un simple manual, aguardan ahora anhelantes la hora del programa, normalmente de sobremesa, en que presuntos especialistas los ilustran con píldoras sobre nuestro pasado próximo o remoto, con tanta habilidad como frecuente insolvencia. Para empezar, la industria americana, que es la que lidera el sector (los “moguls” o magnates de que hablaba Umberto Eco), divide al visión pretérita en dos vastos sectores, uno de los cuales se ocupa de la antigüedad desde una perspectiva indefectiblemente espectacular (la mirada de Cecil B, De Miller, para entendernos), y el otro, de esa crónica americana para la cual se diría que la noche de los tiempos comienza en Búfalo Hill y la etopeya nacional en el general Custer. El interés por la Historia es para esa “industria de la conciencia”, como la llamó en su momento Ensenzberger, indiscernible del que la lleva a “fabricar” otros productos destinados al consumo masivo, y de hecho contribuye en gran medida a la famosa reprogramación del criterio que denunciaron primero los maestros de la Escuela de Frankfurt y luego los sociólogos de los años 60, y que obedecería –da lo mismo si de manera consciente o inconsciente por parte de los negociantes– a afirmar la lógica de un Sistema que tiene en la ignorancia su más seguro aliado y en la “mass cult” o cultura de masas que McDonnald comprendió que resultaba imprescindible a todo montaje social, su contrafuerte más firme. Nada mejor para eludir la complejidad del antiguo Egipto que atribuir las pirámides a manos extraterrestres, nada más expeditivo para explotar el misterioso entorno del cristianismo primitivo y su singular difusión por la futura Europa que repintar le ‘Cena’ de Leonardo y armar un laberinto de chorradas en torno a la figura de Magdalena y una leyenda del Grial que, de bote en rebote, va ya por los merovingios. Uno de los genios que he tenido el privilegio de conocer de cerca, Edgar Morin, vio en esa “megamáquina” nada menos que “El espíritu del tiempo”, creo yo que sobre las huellas lejanas de Paul Lazarsfeld, lo que venía a significarnos que eso era lo que había y santas pascuas. Faltaba mucho para que irrumpiera la “digital” pero la máquina funcionaba ya a todo trapo.
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El problema es que la Historia no es o, mejor dicho, no debe ser ningún entretenimiento sino, en todo caso, un sugerente motivo de reflexión para conferir sentido a nuestra Cultura, y lo que este tipo de divulgación está haciendo es más bien todo lo contrario, a saber, confundir a un espectador indefenso con hechos y razones frecuentemente arbitrarios. Aparte de que hay una estrecha relación entre esa devastadora industria y el submundo de la superchería con el que está íntimamente conectada. Y el resultado es que el ciudadano entretenido, el pobre mirón inerme que se traga sin masticar ese puré falsario, ya no es sólo alguien que ignora la lección pasado sino un infeliz en manos de un poderoso montaje manejado por los que el propio Eco llamó los “arquitectos del imaginario simbólico”. Cristo ha resultado ser el trasabuelo de Clovis, la Esfinge o los geoglifos de Nazca, obra de marcianos, Alejandro un efebo disoluto, los templarios simples arqueólogos de fortuna y custodios de secretos de tebeo. Una patraña brillante y absurda cuyos efectos, como previeran los citados maestros de Frankfurt, resultarán devastadores a corto y largo plazo, de paso que certifican la hipótesis, probablemente falsa, de que lo que de verdad vende masivamente es la fantasía y no la realidad. La cosa llega al punto de que cuando uno se topa en la pantalla con una historia real y bien contada –que algunas hay– se queda no poco desconcertado. Eso de que a la Historia sólo se accede por la imaginación lo decía un novelero como Anatole France por la cuenta que le traía.

Andalucismo a la deriva

El líder del andalucismo de recuelo que anda por ahí de mal en peor, ha debido pensar, a la hora de aliarse con ‘Liberación Andaluza’ en que lo que no mata, engorda, pero lo más probable es que, si sus potenciales electores llegan a enterarse de quienes son esos nuevos socios, de lo que reclaman y de lo que predican, cambien de papeleta y se vayan con su desconcierto a otra parte. Anda tocando fondo ese proyecto hace mucho tiempo, aunque nunca ha llegado a estos extremos de insolvencia que permiten a ese líder extravagancias como la de esta alianza, o proclamarse con tanta antelación disponible como socio del mismo PSOE al que, para seguir la corriente, descalifica cuando se tercia. El bipartismo andaluz se debe más a la decadencia del los minoritarios que a méritos de los partidos mayores. Estas inanias terminales, lo mismo en  el PA que en IU, no son más que el resultado de largos años de rutinas y ambiciones.

Sentencia ejemplar

Aplausos  a esa sentencia que condena al triguereño agresor de un médico y al que se le aplicado la flamante calificación de delito de atentado. Lo que no tenía pase era que siguiéramos atado a una rutina que permite maltratar de palabra y obra tanto a sanitarios como a docentes, desde ahora y en adelante considerados a estos efectos, con toda razón, como funcionarios públicos. Hay que extirpar de nuestros centros docentes y sanitarios esa plaga de agresores que convierte el ejercicio de esas nobles profesiones en trabajos de alto riesgo sobre todo por venir considerando semejantes barbaridades como simples faltas. La cárcel y antecedentes penales esperan a los rufos que en el futuro decidan aplicar por su cuenta esa justicia imaginaria que es la que se toma por propia mano.

Otro Mau-Mau

Parece que se impone una cierta versión revisionista de lo ocurrido en Kenia durante el proceso de descolonización, de la que tal vez acabe saliendo beneficiada la imagen del famoso “Mau-Mau”. Ni se sabe bien qué ocurrió entonces entre bastidores, hasta qué punto la propaganda explotó el terror por un lado y por el otro, y hasta se insinúa que tal vez la implacable banda no fue para tanto. A saber. En África se suceden puntualmente las guerras desde aquella época aunque ya no es ningún secreto que tras cada una de ella hay una o varias potencias occidentales, cabalmente las mismas que jugaron con tanto éxito, en su día, el papel de “descolonizadoras”. Son campañas desordenadas y crueles, auténticas orgías de sangre, ejecutadas por los sicarios del racismo de parte de sus mandantes. No es un secreto que la larga tragedia sudanesa, con sus más de dos millones de muertos y más de cuatro de desplazados, responde a una canallesca conspiración en la que, desde la sombra, participan China, Francia, los EEUU, Irán, Canadá o Alemania, todos y cada uno en procura de su cuota en el negocio del crudo. He ahí un país desesperado y hambriento que, sin embargo, es inmensamente rico y, lo que suele saberse menos, exporta a Europa un tercio de su producción alimentaria. El petróleo está detrás o debajo de los conflictos del Chad o de Angola, ambos controlados por la democrática Francia que en su momento auspició el Imperio Centroafricano coronando a Bocassa, aquel caníbal que regalaba diamantes a Giscard, el padre de la Constitución europea, no me digan que no tiene delito el caso. El descubrimiento del coltán, ese material imprescindible para fabricar misiles y videojuegos, ha hecho de la contienda congoleña un asunto americano como el petróleo del Chad o el cacao de Costa de Marfil responden a estrategias francesas concertadas con la diplomacia yanqui. La guerra está agenciándose en ese torturado continente un estatuto de normalidad que el control riguroso de la comunicación permite dosificar según un complejo sistema de intereses para legitimar la intervención pero sin asustar demasiado. En nuestra cultura televisiva son las “etnias”, esas reliquias neolíticas, las responsables últimas de unas imágenes estremecedoras que quienes controlan la información no tienen mayor problema en administrar a conveniencia con sólo apelar a la sensibilidad del espectador. Y tira millas.
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La que estos días nos conmueve en caso de asomarnos a esos considerados reportajes es la guerra de Kenia, un país ‘turístico’ hasta ayer, convertido de la noche a la mañana en otro infierno que, según los EEUU, sería la consecuencia de una “limpieza étnica” organizada no se sabe bien por quién pero, desde luego, por alguien con poder suficiente para enfrentar nuevamente e los kikuyus del Mau-Mau con sus rivales kelenjins y luos, en torno a una oscura maniobra electoral, que otra vez ha desenterrado arcos y machetes, palos y barras de hierro, para que la mano extranjera se vea lo menos posible. Una guerra a muerte en un país en el que dos tercios de la población vive con menos de un dólar diario a pesar de que su PIB crece a un trepidante 6 por ciento, es fácil adivinar que ha de ser temible y salvaje, pero verán como el telediario va administrando sus imágenes discretamente hasta conseguir que la teleaudiencia no logre distinguir entre los machetazos hutus y los embu. Todos los linchamientos, todos los asaltos, todos los atropellos de aldeas o favelas acaban superponiéndose en nuestra memoria como estratos insignificantes de un conflicto primitivo y único que, en realidad, es múltiple y más que “civilizado” en su origen. Es un logro prodigioso del Sistema en la sociedad medial, aunque puede que un día nuestros nietos descubran en los kikuyos de hoy la misma alma blanca con que sus abuelos asaltaban de noche las granjas de los colonos.

El cuento de los debates

No acaba Canal Sur de decidirse a anunciar un debate entre Chaves y Arenas. Normal tras el revolcón que éste propinó al presidente en TVE ante los preguntones de a pie. Habrá debate a cuarto, eso sí, porque ya se las aviará la propia lógica de la confusión de neutralizar una discusión verdaderamente ilustradora. Pero de debate en directo, mucho me temo que ni por asomo. Chaves es consciente de que, fuera de su círculo de tiza, es un personaje vulnerable, como lo es de que tendrá que habérselas con uno de los políticos más listos que ha dado nuestra democracia y que, encima, no tiene nada que ocultar y no poco que exhibir. Ojalá me equivoque, pero no creo que Chaves sea tan lila como para exponerse tan peligrosamente en su propio escaparate y menos para debatir sobre el estado de una región que, tras tantísimos años en sus manos, sigue a la cola de España y de Europa. Un debate de esa naturaleza podría hacer tambalear el tinglado psicológico tan pacientemente forjado. Comprendan que concederlo sería cosa de primos.