Un pésimo negocio

El emperre del presidente Chaves en amordazar a El Mundo utilizando la vía judicial está resultando un pésimo negocio para el puntilloso prócer, que no sólo ha debido encajar la cuidadosa sentencia del juez natural que desestima su pretensión, sino que ahora se ve expuesto en la picota virtual de Internet a la vergüenza pública, nada menos que por mano de dos prestigiosos organismos internacionales que velan por la libertad de prensa y el derecho de los ciudadanos a estar informados. En la web del Comité Mundial para la Libertad de Prensa (www.wpfc.org), que ya se había pronunciado contra el caso,  puede leerse, en efecto, la carta de estímulo dirigida al Juez por ese alto organismo. Y en la de Intercambio Internacional para la Libertad de Expresión (www.ifex.org) está colgada la alerta contra la acción de Chaves junto a otras referidas a Azerbeiján, Turquía o Uzbekistán, entre otros ‘paraísos democráticos’. Un pésimo negocio, ya digo, para alguien tan celoso de las cosas de su honrilla pero, sobre todo, para la imagen de una Andalucía puesta en lamentable evidencia.

Roma paga

Roma paga a quienes el venden servicios, quién dijo que no. Ahí tienen al ex-alcalde de El Cerro, Herófito Rodríguez, tránsfuga hacia el PSOE y perdedor como candidato de éste en las últimas elecciones, al que la Diputación se negó a incluir en su abarrotado camarote de “arrecogíos” y hubo que buscarle el asidero de una Mancomunidad, que para eso están ahí. En ella ha entrado el tránsfuga a saco, poniendo en medio de la calle a los ajenos para hacerle sitio a los propios, sin contemplaciones, que es como se vienen haciendo este tipo de barrabasadas cada vez más. ¡Vaya que si paga Roma! Por si alguien albergaba alguna duda todavía, ahí está el caso de este desahogado, espécimen típico de esta ‘clase’ de profesionales de la nada pagados entre todos. Pero háganse una idea de cómo será el caso para que en la Dipu no hayan querido saber nada de él. La política es el oficio más agradecido hoy día, excepción hecha del transfuguismo, su variedad imprescindible.

La guerra secreta

La amenaza terrorista dictada desde los cuarteles secretos de Al Qaeda ha forzado a los organizadores del ‘rally’ Lisboa-Dakar a suspender la prueba de inmediato. Es la primera victoria lograda por el terrorismo a la primera de cambio, que yo recuerde al menos, pues si es cierto que aquí mismo ETA forzó en tiempos al Gobierno a renunciar a una central nuclear o a una autopista, no lo es menos que para lograrlo hubo de demostrar su execrable crueldad. Esta vez, no. Esta vez, en cambio, ha bastado con el anuncio de los yihadistas para que el llamado “mundo libre”, que parece haberse enterado sobradamente de lo que vale un peine, rinda sus armas sin condiciones y ceda a la pretensión del Terror. Suele decirse que el terrorismo es el arma de los débiles, de aquellos grupos humanos que carecen de capacidad para competir en campo abierto con el enemigo, admitiéndose que fueron los últimos románticos rusos y españoles sus inventores modernos, pero cada día se abre paso más holgadamente la hipótesis de que aquella técnica de conquista del poder era muy distinta a la que amenaza a una sociedad globalizada en la que, por no citar sino el ejemplo más reciente, un continente entero, Europa, acaba de eliminar sus fronteras. Cuando Francia –la implacable Francia jacobina– se rebajó a “negociar” con Irán tras los atentados de septiembre del 86 pudo argumentarse todavía, especialmente desde la “triste conscience” postcolonialista, que la seguridad colectiva bien valía un puñado de francos. Cuando Reagan bombardeó sin previo aviso Trípoli aún era posible para algunos el enfoque ‘táctico’ de las crisis provocadas por esas amenazas sin rostro o a cara descubierta. Después de lo de las Torres Gemelas, sin embargo, esa idea me parece problemática y mucho menos lógica que la que incluye planteamientos ‘estratégicos’ globales. Si algo ha quedado claro en esta turbia guerra es que las concesiones a los terroristas no producen más que nuevas y crecientes demandas, y si algo ha permitido deducir la unificación del Terror es que la respuesta ha de ser unánime y firme porque su acción es la misma en Bali que en Lizarra, en Nueva York que en Bagdad. Bin Laden ha hecho realidad la ficción de ‘Fu-Man-Chu’ o del ‘Dr. No’. Comprobamos una vez más que la Naturaleza imita al Arte.
                                                                 xxxxx
Hasta antier estábamos bajo la amenaza del terrorismo, ahora estamos a su merced. No se discute la dificultad que entraña la decisión en cada caso; simplemente se sugiere que hay coyunturas fatales y desafíos innegociables. Nunca ha encogido tanto el poder de ETA como cuando, aunque fuera con un nudo en la garganta, se decidió no ceder en el secuestro de Miguel Ángel Blanco, nunca más progresado tan exponencialmente como ante la imagen de De Juana Chao encamado con su novia. Suspendiendo el Dakar se evitan, muy probablemente, graves males, pero no es posible dudar que, ese éxito del Terror deja al mundo desarrollado más indefenso que nunca. ¿Cuánto tardarán los fanáticos en ordenarnos la suspensión de la Olimpiada o del Mundial de Fútbol? El sentido común nos dice que bien poco como hoy nos susurra, todavía perplejo, que la cesión sin condiciones que se acaba de perpetrar constituye la mayor prueba de debilidad jamás ofrecida a la barbarie. Kavafis, Buzzati y Gracq imaginaron una misma trama bien lógica en la que el mundo civilizado, enrocado en su fortaleza, se pasaba la vida pendiente de la invasión de unos bárbaros que nunca acababan de llegar. Hoy sabemos que la invasión es real, que incluso el enemigo acecha dentro del fortín, pero también que entenderse con el fantasma resulta imposible. Al Qaeda es desde antesdeayer el espectral adversario de la ONU, el fanatismo acaba de ganarse a pulso su estatuto de beligerante. Los temidos bárbaros han agarrado a la civilización por mala parte. Si todavía hay quien insiste en dialogar con ellos su victoria será completa.

La sacra dualidad

El Parlamento andaluz –esa “camarilla” más que Cámara– ha decidido por mayoría absoluta y contra la exigencia de la Oposición en pleno, impedir que Chaves explique las consecuencias de la sentencia que acaba de revolcarlo. Con un argumento sencillo, medieval, tomado quizá de Kantorovich: que el Presidente, como el Rey, constituye dos sujetos, es uno en esencia y dúo en persona, y en consecuencia, el actor de este pleito fue el ciudadano y no el cargo. ¿No argumentó Presidencia al Juzgado que “la figura del Presidente de la Junta resulta inescindible (sic) de la propia Junta”?  Pasemos por alto que ese barbarismo no pertenece al español pero no la evidencia de la doblez que supone invocar la privacidad frente a la condición obviamente pública de un Presidente, ahora que la propia Justicia lo ha dejado a los pies de los caballos. Por supuesto que uno cree que ésta no es, ni mucho menos, la cuestión más peliaguda sobre la que Chaves tendría que rendir cuentas al pueblo, pero, precisamente por esa razón, semejante blindaje resulta grotesco. Estamos en una democracia de mínimos. Un paso más abajo y ya ni siquiera estaremos.

Seguridad y partidismo

Es una barbaridad mantener el conflicto de Aljaraque, de La Dehesa más concretamente, en el ámbito de la rivalidad partidista. No venía a cuento, por ejemplo, la ironía facilona del alcalde sobre la promesa electoral del PP en materia de policía de proximidad, porque la realidad es que él no pudo convencer a nadie en esa asamblea no poco inquieta de que lo que ha ocurrido en el pueblo –once atracos en tan sólo dos meses– es algo normal. Los vecinos llevan razón en sus demandas, sobre todo teniendo en cuenta la generalizada impresión de que, a estas alturas, se sigue careciendo de datos certeros sobre esos asaltantes evidentemente organizados que se desvanecen como sombras tras cada fechoría. La seguridad del pueblo no entiende de partidos. Ni de estrategia de “verlas venir” como la que viene empleando la autoridad en este caso.

Precios y burbujas

Casi sin darnos cuenta, visto y no visto, hemos pasado de la confianza al temor, del temor al temblor si quieren, contemplando el paso de la burbuja a la crisis, y lo que es peor, de la reforzada confianza en la expansión sin fin a la constatación del frenazo en seco. No andaba tan descarriado, en fin de cuentas, el viejo marxismo cuando pronosticaba a la fisiología capitalista esos imprevisibles fracasos surgidos de la entraña lógica del propio sistema, aquellas crisis que serían cada vez más espaciadas pero más intensas. Toda “new age”resulta ser un sueño insensato del que se despierta agitado por la pesadilla, incluso si, previsora pero inútilmente, alguien ha tratado de despertar a tiempo al soñador, y esta vez hemos pasado con ritmo vertiginoso de la imagen ingenua del crecimiento ilimitado a la evidencia de una crisis tan inesperada como imprevisible. ¿Cómo disimular a medio plazo siquiera que los precios suben, que la renta disponible encoge, que el plan hipotecario de la familia feliz ha resultado el cuento de la lechera? Ninguno, probablemente, y el poder que nos pastorea, que no contaba con esta morcilla en el cuidado guión, ha debido pasar de vendernos el paraíso plantado por su mano a confesar tartajoso que nada puede hacer para frenar la escalada de los precios. Tema manido. Hamilton sostuvo que si pasamos del feudalismo a la modernidad preindustrial fue a causa de la “revolución de los precios” de la cesta de la compra que provocó una inflación pavorosa al no dejar se subir ni un solo año durante el XVI las cosas de comer, fenómeno que el sabio atribuía (aunque hoy sabemos que tampoco debió de ser así) a la riada de metales preciosos que llegaba de América. Y don Pedro de Valencia escribía al rey sus brillantes opúsculos sobre el precio del pan y el poder de las brujas tratando de desengañarlo tanto de aquel liberalismo “avant la lettre” como de las mañas inquisitoriales. Incluso en esta era de ayunadores e higienistas, cuando ustedes vean que sube el pan, dense por jodidos, se lo digo yo.

                                                                xxxxx

Total, que hemos pasado de la burbuja a la crisis saltando sobre la ciudad alegre y confiada del Adviento comercial. El barril de ‘brent’ ha rematado la cucaña hasta alcanzar los cien dólares, pero no se fíen de ese comecocos porque ya la otra vez, cuando la llamada “crisis del petróleo” de los 70, el sabio Ernst Mandel explicó que eso era un cuento pues el magisterio enseñaba que no había crisis con una sola causa. Tampoco se crean eso de que la estampida de los alimentos se debe al uso de los cereales en la producción de biocarburantes, dado que el porcentaje destinado a ese fin es minúsculo. Sea como fuere, lo cierto es que el Gobierno no esperaba, como quien dice, a Godot, entretenido en su estrategia evergetista pero olvidando que el evergetismo (el mecenazgo, el “reparto” publicitario del mecenas para camelarse al pueblo elector) solía hacerse con dinero ajeno y acabar casi siempre, tras el festorro, en duelos y quebrantos. Las encuestas más recientes se engallan, por primera vez, cuestionando el liderazgo en ejercicio, que hasta ayer parecía inabordable,  y sugiriendo el relevo, pero creamos o no en esa posibilidad, de lo que nadie puede seguir dudando es de que el brusco meneo de la economía ha dejado de nuevo en evidencia, por si hiciera falta, en qué medida fatal la política depende de ella. Ahora no nos llegan galeones ultramarinos con las bodegas repletas de plata pero el “todo a cien” de los chinos o el timo de los prestamistas yanquis (sin despreciar las ambiciones de los nuestros) pueden hacer con toda comodidad el papel de aquellos bajeles en un planeta globalizado donde dicen que el aleteo de una mariposa en las antípodas puede desencadenar un seísmo en nuestras latitudes. No es difícil sonreír en la bonanza. Lo que tiene mérito es hacerlo con el pollo por las nubes y la hipoteca desbocada como el quinto caballo de un apocalipsis. Ahí te quería yo ver…