La dura realidad

No es razonable enfrentarse a la industria, tampoco idealizarla. La inversión actúa como la bandada de tordos que se echa sobre el olivar y levanta el vuelo cuando lo ha esquilmado. Creer otra cosa es vivir en la luna. Ahí está nuestro Polo, condición “sine qua non” hoy por hoy de una capital que casi ha triplicado su población gracias a él, pero que ha de pagar un alto coste por mantenerlo. Si se presiona a esos tordos, se irán, como acaban de anunciar que se piran los de Rhodia; si se les da carta blanca, peligraría la propia vida de la ciudad. Observen el desconcierto actual: UGT trata de pescar en río revuelto a costa de los 700 nuevos parados, CCOO dice haber sido engañada por la patronal, alguna bocaza de la oposición municipal salta como un resorte contra el alcalde, faltaría más, y el PP le devuelve el pelotazo diciendo que la competencia y responsabilidad del empleo es del Gobierno y de la Junta. ¿No será más bien de todos, nuestra, de ustedes, del vecino del sexto? Si algo queda claro es que el colapso de Rhodia debe servir de ejemplo todos.

La urna subastada

Hay un partido político en el Canadá francófono (no es coña), el “Néorhino”, que cifra su mayor compromiso en no cumplir jamás sus promesas electorales. Menos mal, porque la última consiste en una declaración de guerra a China con motivo del consumo de cuerno de rinoceronte considerado afrodisíaco, como se sabe, y convertido, en consecuencia, en objeto de un comercio exterminador, aunque entre las promesas anteriores figuran algunas tan deliciosas como la de abolir la ley de la gravedad, garantizar a todo contribuyente su orgasmo semanal y otras tan hilarantes como suprimir de un plumazo el presupuesto militar. El ejemplo de los “néorhinos” nos asalta ante el vergonzoso espectáculo en que nuestros políticos han convertido la actual precampaña pujando en ella a porfía sobre los más variados compromisos y, por supuesto, sin el menor complejo ante la evidencia de que, aunque los anuncios concretos puedan despertar aquí y allá incautas esperanzas,  la inmensa mayoría de los ciudadanos da por supuesto que esas promesas son puro camelo. No hubiera hecho falta que un cínico ejemplar como don Enrique Tierno declarara que los programas electorales están ahí para no ser cumplidos, pues eso es algo que bien sabemos en Occidente desde el amanecer democrático, y que ahora, tras el famoso “empate técnico”, acabamos de comprobar al ver dispararse la mendacidad de los candidatos hasta extremos desconocidos. Ni se ha inmutado el Gobierno cuando se le ha demostrado que, a tenor de los acuerdos financieros con Cataluña y Andalucía, el ‘sudoku’ de Solbes no tendría solución a no ser que metieran el porcentaje en la horma voluntarista en la que toda prenda adquiere la forma y el volumen deseados. Al revés, las promesas se han disparado ya sin control y por completo ajenas a las advertencias lanzadas por los expertos sobre su incontestable irrealidad. Por eso mismo no creo que deba tomarse a chacota el gesto de los “rhinos” sino como un ejercicio de cinismo positivo que resulta definitivamente debelador.
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Bien miradas las cosas, en todo caso, a mí me parece que el problema para la dignidad democrática no reside en el hecho mismo de la promesa falsa sino en el de la absoluta irresponsabilidad de quienes las perpetran. No entiendo por qué un fabricante ha de ser sancionado, al menos sobre el papel, si da gato por liebre mientras que los responsables (¿) políticos están en su “derecho de hecho” a darnos incluso rata por gato. Si estos días acaba de ser desarticulada una banda y encarcelados sus bandoleros por ofrecer por Internet mercancías inexistentes, me pregunto por qué no se considera estafa que un político no cumpla lo que ofreció a cambio del voto. Chaves mismo, que ostenta un ominoso récord de incumplimientos, acaba de decir, como si fuera lo más normal del mundo, que él no hace promesas sino que contrae compromisos, que es, justamente, lo que los demás dicen para diferenciarse de él. Pero lo grave no es el trapicheo de ofertas improvisadas sino la propia concepción de la competición democrática como una subasta oportunista en la que se puja desvergonzadamente amparados por la irresponsabilidad. Piensa uno con cierta nostalgia  en el “juicio de residencia” en que los manijeros del “antiguo régimen” debían justificar lo hecho y dejado por hacer durante sus mandatos, y comprende que no es oro ni mucho menos todo lo que en la democracia reluce, o sea, que igual hay aspectos en los que hemos retrocedido en vez de avanzar al sustituir las autocracias por el régimen de libertades. Suele decirse que en estas estafas políticas a nadie se le pone la pistola en el pecho para que suelte el voto. Cuando oigo esa razón pienso con tristeza que tampoco se le pone al cateto en cuando le dan tocomocho.

‘Ainda mais’

Si Chaves fue a presidirla manifestación contra el Gobierno de la nación cuando amarró el “Tyreless” en el muelle de Gibraltar y si el PSOE montó la que montó cuando el desgraciado accidente del “Prestige” no me digan que esa playa algecireña cuajada de chapapote no está reclamando un gesto siquiera de quien ha permitido indiferente que el “New Flame” haya estado meses y meses medio hundido frente a la costa. Y no sólo Chaves. ¿Dónde están los ecologistas, las agrupaciones vecinales y hasta el pueblo soberano que clamaba entonces, con razón, el famoso lema “Nunca mais”? Pues en ninguna parte, lo cual demuestra que aquella movilización tuvo más de montaje político que otra cosa y no fue sino una operación espectacular dirigida contra un Gobierno que no tenía en el suceso más responsabilidad que la que tiene en éste el Gobierno. ¿Irá Chaves a manifestarse contra su ”Gobierno amigo”, se movilizarán los conservacionistas con el mismo empeño? So simples preguntas retóricas para que ustedes me entiendan. 

Engaño en Aljaraque

Los políticos dicen lo que sean para salir del paso. Pero a veces también hacen lo que sea para borrar, como los viejos faraones,  hasta el rastro del rival. ¿Que el PP tenía en Aljaraque, un suponer, una “policía de proximidad” y planeaba ampliarla? Pues se impone borrarla del mapa y olvidarse del proyecto aunque caigan chuzos de punta como cayeron con la mayor oleada de atracos domiciliarios que se recuerda en Huelva, es decir, la padecida por los vecinos de La Dehesa. ¿Qué la presión pública deja oír su voz? Pues se eliminan incluso del presupuesto los dineros necesarios con lo que ya no podrá cumplirse la promesa dada en aquellos difíciles momentos para engatusar a los perjudicados. Y para que nada falte, hasta se va a crear la figura del “agente cívico”, algo que no se veía en Huelva desde que la impusieron los franquistas al tomar la capital. Después de todo, los ciudadanos tendrán las urnas ahí enseguida para expresar su humor democrático. En Aljaraque no tienen más que sumar y restar antes de elegir la papeleta.

El bobo mitrado

Los ateos se han reunido en Toledo a finales del año recién pasado. No lo han hecho en un ‘congreso’ como si fueran filósofos, sino en un ‘concilio’, como si fueran “padres” de una oscura y rencorosa iglesia, una especie de Trento visto por el envés, que ha celebrado sus sesiones en una iglesia desacralizada, la de san Vicente, hoy bar de copas entre otras cosas, que se halla cerca de la sede vieja de la Inquisición. Pocas pasiones como la del ateísmo, del que se ha dicho que se ocupa de Dios –ese concepto inexistente, según ellos– más que la inmensa mayoría de los creyentes. ¡Qué gran verdad! Voltaire decía en su impagable ‘Diccionario’ que entre los cristianos históricos hubo muchos ateos y esa observación nos orienta en el laberinto de la paradoja que supone organizar un ‘concilio’ y deslomarse con tal de mostrar que no existe precisamente eso que se afirma que carece de existencia. Me llamó la atención leer hace la pila de años, en “El catecismo social” de Balzac,  que una sociedad que eventualmente consiguiera cerrar el círculo del ateísmo se pondría de inmediato a inventar una religión, pero todos los indicios recientes –tanto de los ocurridos en el plano intelectual como en los concelebrados por estos negadores lúdicos– reconducen a la vieja idea de que, muy probablemente, el triunfo efectivo del ateísmo  en una sociedad acabaría por arrastrarla a una religión o sistema de creencias igual o más intransigente que el superado por el esfuerzo libertario. Los de Toledo, además de probar su ingenuidad con indignas exhibiciones porno sobre escenas sagradas y extravagantes interpretaciones crípticas de la obra de El Bosco, han dirigido al papa y al resto de la jerarquía católica una instancia exigiéndoles que excomulguen a los “abajo firmantes” como reos de herejía, blasfemia y otras abominaciones, nueva ingenuidad que descubre hasta qué punto el ‘concilio’ centra su tarea en combatir a la religión católica y no, por lo visto, al resto de los credos. Se comprende: el mero intento de abrir un chiringuito semejante en Riad o Damasco les hubiera salido por un ojo y parte del otro.
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Insisto en la extravagancia que supone dedicar una vida –y hay casos eminentes entre nosotros– a pelear por demostrar que no existe lo que se afirma que no tiene entidad alguna. Pero, ojo, porque si contra ese Dios inexistente no es posible luchar por definición, entonces es que contra quien se combate es contra sus creyentes y eso sería ya harina de otro costal en la medida en que ningún ciudadano puede negar a otro su derecho a creer en lo que sea o a manifestarle su adhesión. Se ha pronunciado una frase en ese ‘concilio’ sin mitras que clama al cielo, a saber, una que dice “somos ateos y por eso amamos tanto la Naturaleza, la Vida y el Conocimiento”, que pasa con mucho de la raya de lo tolerable, porque implica una suerte de reserva de la conciencia dichosa a eso que Gustavo Bueno, ese materialista tan ilustrado y puntilloso, ha llamado “la felicidad canalla” y que en ese bar de copas ha debido resonar, sin duda, como el trallazo grosero de la dialéctica más insolvente. ¡Cuánta molestia para demostrar lo indemostrable, cuánto trabajo para cazar el propio gambuzino! Un tipo tan poco sospechoso como Klossowski, el hermano de Balthus, se saltó a Sade y a Niestzche, sus maestros, para acabar proclamando que el ateísmo, para mantenerse tras una eventual victoria, necesitaría reinstaurar todas y cada una de las prohibiciones sobre las que se habría mantenido erguidas las creencias derrotadas. No lo sé pero insisto en que si a esos ‘padres’ se les ocurre convocar su ‘concilio’ allá “in partibus infidelium” igual los lapidan o los cuelgan de una cuerda de piano. A lo peor (para ellos) no consiguen más que desmontar el mito del poder católico. No me quisiera yo ver, desde luego, gobernado por estos inquisidores invertidos.

Mujeres imparables

Ha predicado Chaves en Jerez una homilía laboral proclamando el ascenso imparable de la mujer andaluza en el trabajo, destacando que el número de ocupadas habría crecido una barbaridad. Echemos pie a tierra sin salirnos del Servicio Andaluz de Empleo: en nuestra región hay medio millón de parados, de los cuales 300.000, es decir bastante más de la mitad, serían mujeres; en Málaga, el paro de larga duración afecta el doble a las mujeres respecto de los varones; en Sevilla, de los desempleados inscritos en octubre, más de 74.000 eran hembras y sólo 42.000 machos. A estas alturas anda todavía la UGT–o sea, el “sindicato hermano”– reclamando que la maternidad deje de ser un obstáculo como lo es en la actualidad a pesar de los discursos, los institutos y los lobbies de mujeres. Ya ven que al progreso femenino le queda mucho camino que recorrer antes de que se pueda cantar victoria. Cantarla antes de tiempo, además de un camelo, es un engaño intolerable.