Mate a Puerto Real

La cuaresma llega a Puerto Real en pleno Carnaval, primero, con la decisión de Delphi –gran perceptora de subvenciones cienmillonarias de la Junta y del Gobierno–de cerrar su planta y dejar en la calle en miles de trabajadores entre directos e indirectos, y segundo, con el anuncio hecho en Francia de que el constructor aeronáutico europeo Airbus estudia hacer lo propio con sui instalaciones en ese castigado pueblo, como consecuencia de un plan de externalización del trabajo. Estos son los colosales proyectos de futuro que la Junta vende a los cuatro vientos y a los que engrasa con nuestro dinero, con la ingenuidad (mejor dejarlo ahí) de los sindicatos y contando, claro está, con la inocencia de un pueblo al que tan fácil resulta engatusar. Otra vez el desarme industrial de la costa, de nuevo el fantasma del paro y la amenaza del narco como recurso obligado de supervivencia. Más de un cuarto de siglo no ha bastado a la Junta para medio armar el tingladillo que permita ir tirando a esa comarca dejada de la mano de Dios, pero sí para propiciar que unos cuantos se pongan las botas.

“Chungos de papales”

Un baranda de Canal Sur se explayó un día en el mismísimo Parlamento espetándole a un diputado de la oposición que investigaba sus manejos: “Huy, señoría, perdone, pero yo vengo chungo de papeles. “Chunga de papeles” parece que está también, según denuncia Comisiones Obreras (CCOO) la Junta de Personal de la Diputación, que no dispone de actas desde abril del año 2003 mientras su manijero, el controvertido Francisco Sánchez que tanto amenaza con acciones contra el mensajero, no se digna siquiera en contestar a los requerimientos del sindicato rival. CCOO habla esta vez de “extrema degradación en el ejercicio sindical” y hay que reconocer que no le faltan motivos para la dureza del lenguaje con la que está cayendo en el ámbito de la institución provincial en materia de relaciones laborales. Que acabe reclamando esas actas en el Juzgado sería la penúltima que le quedaba a UGT en esta legislatura en que tanto ha bregado como peón de Cejudo.

Colgados en la red

Una noticia reciente nos informa de que Bill Gates y su esposa han decidido limitar el horario de chateo en Internet a su hija predilecta: no van a permitirle a una mocosa de 10 años que se enganche a esa Red que ha convertido a papá en el millonario de referencia más de tres cuartos de hora al día. Se ve que hasta el mago del negocio ha llegado la preocupación por el llamado “Internet Adicction Disorder”, síndrome de dependencia que preocupa muy seriamente a psiquiatras y psicólogos yanquis desde que se cree saber que sólo en aquel país gigante andan colgadas de la Red unos veinte millones de criaturas, de las cuales un diez por ciento, es decir, nada menos que 200.000, podría ser adicto al ordenata de la misma manera que otros lo son respecto al consumo, al tabaco, la grifa o la pornografía. En China, la alarma ante ese riesgo ha hecho al nuevo “amado líder”, Hu Jintao, encabezar una campaña de “purificación en Internet” encomendándola a las mismísimas Juventudes Comunistas –hoy día, como puede verse, mucho más domesticadas que antaño– mientras en algún hospital militar se somete a tratamiento de electroshock a grupos de adolescentes adictos obligados, además, a seguir un régimen castrense en el que, junto al apoyo de antidepresivos y pases hipnóticos, han de soportar intensas sesiones de instrucción, lucha y, lo que sin duda es peor todavía tratándose de aquel país, pases de “películas educativas”. En esta China con brillo de ‘supernova’ que Ramón Tamames promociona estos días en un sugestivo libro, no hay acuerdo, de momento, sobre el número de internautas, pero se sostiene que al menos dos millones de adolescentes padecen ya un síndrome de adicción que, entre otros curiosos efectos, provoca el enorme trastorno que supone la adopción del horario americano. “Nada en exceso” cuentan que podía leerse en el frontispicio de Delfos y a la vista está que a Apolo y a la Pitia no les faltaba razón.
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Son muy preocupantes, desde luego, muchos de los sucesos que van descubriéndose en el ámbito cibernético. Un niño de 14 años que estafa a la Bolsa, desde su casa en New Yersey, un buen montón de millones de pesetas, otro con el bozo apuntando que se mete en el cerebro escondido del Pentágono y por poco nos mete de hoz y coz en irreversibles juegos de guerra, bandas que nos desvalijan utilizando los datos bancarios que dejamos ingenuamente en el silicio de esa memoria universal o una Internacional de miserables dedicados a abusar de los menores comerciando con su inocencia. Incautos que acuden a citas ciegas con canallas, graves profesionales que lo dejan todo por la pibita que un día conectaron en el chat, venta de fármacos espurios o de armas letales y un inacabable etcétera constituyen un más que serio aviso sobre la peligrosidad secundaria de un ingenio que, sin embargo, no tiene vuelta atrás y que, sin duda posible, le está dando la vuelta a nuestro modelo de vida cuestionando el perfil del individuo o disolviéndolo en la inquietante bruma de un anonimato indescifrable. Podemos y debemos rechazar esa inquisición China que mantiene en este momento encarcelados a medio centenar de “ciberdisidentes” pero hay que darle la razón a los Gates cuando se preocupan de limitar razonablemente el uso de esta trilita interactiva que es la comunicación instantánea y global. En el hospital chino al que me he referido antes se levanta a la basca a las 6’15 para meterle una hora de instrucción (militar, por supuesto), un frugal desayuno antes de la sesión de artes marciales, una parva colación luego y, por fin,  las sesiones de diván de las que se espera la recuperación de los “valores morales” extraviados ante el ordenador. Comprueben una vez más que el lema de Delfos no estaba allí por obvio sino por difícil. Apolo sabía mejor que nadie lo jodido que resulta siempre hallar el “justo medio” y mantenerse en él.

Corre el dinero y corre

Lo más escandaloso e inaceptable del sartenazo que la multinacional Delphi acaba de dar en Puerto Real quizá haya que atribuirlo a la Junta y al Gobierno antes que la empresa misma. Porque ¿con qué criterios se dan esos cientos de millones, qué condiciones se establecen y qué garantías se exigen cuando el “conseguidor” de turno le arranca al erario público dinero por crear trabajo o por mantenerlo? Hemos visto echar dinero por un sumidero muchas veces –en Boliden desde a Cárnicas Molina pasando por Suzuki– y otras tantas hemos visto reproducida esa tragicomedia que bien merece el título de Woody Allen porque, en efecto, todo indica que nos han tomado por el pito del sereno y la mina donde más fácil se trincan subvenciones por vender pan para hoy y hambre para mañana. No basta con que la Junta “exija” (¿) a Delphi que no cierre antes del 2010 porque lo que tiene que explicar es en qué condiciones subvencionó a esos especuladores. Ya está bien de abonar con dinero de todos proyectos sin garantías. Alguien debería responder por estas pérdidas perfectamente previsibles. 

Encima, miserias

He oído pocas miserias comparables a ésa que ha dejado caer el jefe provincial  del PSOE, Javier Barrero, sobre el “favor” que la vicepresidenta de la Diputación habría hecho al hijo del alcalde de la capital al invitarlo a una exposición colectiva onubense celebrada en Bruselas. Mejor no entrar  a fondo en viajes a Bruselas organizados por la Dipu (seguro que Cejudo lo agradece) pero esta insidia, aparte de ruin porque valora el trato político como si fuera algo patrimonial, olvida que Pedro Rodríguez hijo es uno de los pintores más destacados que han roto en Huelva en muchos años, como lo prueban sus importantes exposiciones nacionales y extranjeras. Pero, además, ¿qué tendría que ver, en todo caso, esa “generosidad” con el hecho patente de que el delegata de Educación de la Junta le haya fabricado presuntamente a la hija de la candidata una plaza docente tan ajustada a su perfil? Mal le deben ir las cosas cuando recurren a argumentos tan viles. Casi estoy por decir que quedaban mejor con la boca cómplice cerrada.

La ciencia imparable

No ha vivido para contarlo, como saben, pero si la oveja ‘Dolly’ no hubiera sido pasaportada para la otra granja por sus solícitos cuidadores, compadecidos de su envejecimiento prematuro y su enfermedad pulmonar, esta semana cumpliría 10 años cabales. Fue “The Observer” el que anunció la noticia aquel domingo 27 de febrero y “Nature”, faltaría más, la instancia encargada de acreditar el prodigio a pesar de la vehemente petición de algún científico eminente de que censurara una información de alcance impresivisible: la de que el hombre había conseguido “fabricar” un mamífero introduciendo en un óvulo despojado de su material genético propio el de una célula mamaria extraída de una oveja adulta. En estos diez años ha habido tiempo para todo, por supuesto, desde las agresivas campañas prohibicionistas sugeridas o impuestas por los poderes del fundamentalismo, hasta el desbordamiento de un optimismo seguramente injustificado en buena medida, pasando por el espectáculo siempre lamentable del circo oportunista. Pero el hecho es que, en ese periodo, entre polémicas que cruzaban como dardos mórulas y ovocitos, ese azacán terciado de aprendiz de brujo que es siempre el científico de la frontera, ha logrado reproducir, bien que mal, cerdos o ratones, perros, gatos y hasta caballos, por no hablar de la clonación fallida del primer embrión humano conseguida en el 2001 por la ACT yanqui y menos aún de las fantasías camelísticas de la secta raeliana, del esperpéntico doctor Antinori o del cuentista coreano Woo Hwang que dio trabajo largo a los científicos antes de entregar la cuchara y admitir su fraude. Un día, en una “Charla en El Mundo” onubense, alguien le preguntó por la experiencia de Antinori al biólogo Ginés Morata, reciente premio Ramón y Cajal de Biología, y Ginés respondió con esa dureza indiferente tan propia de los sabios con un revés a la medida del propio camelo: “Mire usted, eso de Antinori me lo creeré cuando lo vea. Luego habrá tiempo de meterlo en la cárcel”. Ginés, que ahora anda trajinando por los lucios de Doñana, resumió en esas dos frases toda la inútil polémica generada en torno a aquella proeza que abre un camino que va derecho desde aquí hasta cualquiera sabe dónde.

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La oveja ‘Dolly’ se ofrece hoy disecada a la curiosidad humana en el Museo Nacional de Escocia como un símbolo de alto voltaje ideológico en medio de un mundo desinformado por la propia información, pero también como hito que señala el punto de partida de una carrera imparable que, siguiendo una ley fatal de la civilización, ningún fundamentalismo podrá impedir aunque, ciertamente, pueda obstaculizarla en su desarrollo. Estos días hemos conocido la noticia de que una joven pareja tratará de tener un segundo hijo para “utilizarlo” clínicamente en beneficio de otro que padece una enfermedad irreversible y no ha faltado en el correspondiente coro alguna voz disonante elevando el treno con los consabidos argumentos ideológicos de índole creacionista que atraviesan esta temporada uno de esos frecuentes “revivals” que acaban más pronto que tarde sucumbiendo a la irresistible presión de la lógica del progreso. El día en que si difundió la noticia de la “creación” de ‘Dolly’ las acciones de “PPL Therapeutics”, la empresa promotora de la investigación, experimentaron un subidón en la Bolsa desde 0’25 hasta 3’60 libras que seguramente forró a algunos inversores optimistas pero quién sabe si también a feligreses de la otra parroquia. Y el propio Iam Wilmut, padre de la criatura, como asustado de su misma proeza, se ha lanzado luego a una dura campaña reclamando leyes que prohíban la clonación inaugurada bajo su batuta. Esta vida está llena de sorpresas y también de incongruencias, seguro, pero ni unas ni otras lograrán detener nunca el enigmático proyecto secreto de la ciencia imparable.