Discriminación relativa

Una mujer relevante de lucha por la igualdad de sexos acaba de rechazar cierta propuesta de rebaja fiscal “de género” lanzada ya en el colmo del frenesí. No se ha oído ni una voz feminista cuando en Andalucía un juez ha tenido que ordenarle a la Junta que readmita a cinco mujeres despedidas por un delegado de Educación que incluso un tipo tan poco refinado como el secretario Pizarro considera que “no ha estado a la altura de las circunstancias”. Chitón en las oficinas de la mujer, ni mu en el Instituto “de género”, nada de pedir una dimisión que se reclama por sí sola aunque el consejo de Gobierno no la haya considerado siquiera. Los/as fanáticos/as de la igualdad reservan su justa ira para aquellos casos en que el que maltrata a la mujer pertenece al otro equipo, no para los “compañeros” maltratadores o injustos. Si lo que hizo el delegado Mougán –veinte años en la covachuela– lo hubiera hecho un ‘pepero’, le había caído encima la del tigre. Tratándose de “uno de los suyos”, sin embargo, Mougán sabe de sobra que nada tiene que temer de las ménades. 

La ciberpolítica

Todos tienen ya su blog dentro del blog: Cejudo, Castillo, Jiménez. Dicen que hay que aprovechar las nuevas tecnologías y que están abiertos a cualquier comentario… sin pasarse. La concejala calañesa, a lo suyo: hombres y mujeres, vecinos y vecinas, “óptica de progreso e igualdad”, ya saben; tres horas después de colgado el tema, cero mentario. El ex-presidente de la Diputación dice que su “debilidad patológica” le permite “ver crecer la yerba bajo los pies” y avisa que en su blog cabe todo pero que “los padrinos del insulto, los que hacen de la bronca su profesión, tienen perdida la partida de antemano”. Tremendo, pero sólo tres ‘comments’ y alguno de una ironía bien divertida. Y, en fin, el autodidacta Jiménez, dice no comprender cómo “alguien pueda estar más pendiente de su ambición personal que de solucionarle los problemas a la gente”, fíjense qué cosa, viniendo de un tipo que reconoce que sus compañeros le dicen que “parece que aún llevaba los pañales cuando llegué a esto de la política”. No se pierdan la elocución: “esto de la política”. Se puede decir de muchas maneras pero más claro, ni hablar. Dos comentarios, que no se los cree ni él.

Majas desnudas

Cuando hace unos meses, creo que fue allá por octubre, una soldado ceutí, Pilar Pacheco, apareció como su madre la trajo al mundo en la portada de Interview, el ministerio de Defensa se dejó caer con una reacción tan moderna como probablemente estudiada, diciendo que posar en pelota o cubierta de armiños era una cosa muy personal que en nada afectaba al servicio de armas. Vean cómo hemos progresado con estas modernizaciones sucesivas impuestas por nuestros providentes gobiernos y también, qué duda cabe, por efecto de nuestra propia evolución mental como tribu post-tridentina. Tampoco en Francia, diga lo que quieran sus innúmeros adversarios, el destino político de Sarkozy parece seriamente amenazado por la audaz exhibición de la que ya es quizá “primera dama” y la reacción mediática ha sido francamente efímera en medio del revuelo provocado por la prohibición del tabaco en los bares y el benemérito proyecto de eliminar la publicidad de la tele pública. ¡Se van a escandalizar por lo que ocurra en las altas alcobas en un país donde ha sido tradición que las “favoritas” reales desplazaran a las reinas en el protocolo versallesco! Eso no ocurre ya ni en España, y eso que entre nosotros lo suyo ha venido siendo guardar el desnudo a hurtadillas, como hacía el propio Felipe II, disimulando bajo los paramentos de la real cámara lo que hoy cuelga en las paredes del museo apto para todos los públicos, cuando no mantener amantes en los conventos, entre deliquio y deliquio, pero siempre tras las rejas, como se cuenta que hacía don Felipe IV, entre otros monarcas, con sus novicias llagadas. Que no se haga ilusiones Fillon porque las encuestas dicen hoy lo contrario que mañana y, posiblemente, lo mismo que ayer. Sarko sabe de sobra que no hay mejor anestésico para el rival que la envidia cochina.
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Tienen perdida la batalla los vigías de la intimidad en las alturas. Es más, Guerra demostró que una leyenda de bigamia práctica bien aderezada y mejor difundida –a mi modo de ver, fue un error fatal del gonzalismo tratar de lastimar su imagen dando pábulo a aquellos rumores– fortalece más que otra cosa a un político contando con la tácita complicidad del androceo y la comprensión inconsciente de muchas hembras en este país sobre el que sigue gravitando, todo lo lejana que se quiera, la fantasía del serrallo. Pocas maniobras le habrán reportado a Gallardón mejor publicidad que el malicioso esfuerzo que hicieron muchos desde la acera de enfrente atribuyéndole romances lejanos con cierta moza marbellí. Lo que es nuevo, eso sí, lo que constituye todo un acontecimiento, es la divulgación del desnudo de la “première”, algo inconcebible en la campana pneumática del puritanismo yanqui, por ejemplo, pero que quizá lo será cada vez menos a medida que se vaya viendo en la liberalización de esas codiciadas curvas un alegato práctico de primera magnitud para el debate entre civilizaciones que, aunque sea con tan poco éxito, tratan de imponernos todavía algunos iluminados. ¿Por qué se va a movilizar por un desnudo un país que ha sobrellevado incluso con simpatías los amoríos de Mitterand, a quien no era raro ver en ‘Lip’ con “la Otra” zampándose un codillo con ‘choucrute’ y en cuyo entierro compitieron en música y lágrimas sus dos reconocidas viudas? Uno diría que lo suyo sería ver en esas carnes expósitas una imagen nítida de la modernidad y en la indiferencia del ‘Premier’ ante el exhibicionismo de su presunta señora, un rotundo gesto liberador y un templado mandoble a la cultura de los celos. Michel Leiris tenía clara la indefectibilidad de este proceso cuando le pedía (supongo que su amante) que no viniera mientras en el desnudo hubiera magia aún. Y los papas no le temían al infierno pero le temían al desnudo. Está visto que las revoluciones se hacen por arriba o se quedan por hacer.

La banda ancha

Ha sido dura y rápida la respuesta de los que saben de qué va, los informáticos, a la propuesta de Cabedse dotar a todos los andaluces (y andaluzas, cuidado) de una línea de Internet para que se asomen a esos mundos de Dios. Dicen, sencillamente, que eso es ojana, que no hay modo de cumplir semejante compromiso, pero que, además, una instalación semejante, con los actuales niveles desconocimiento, apenas serviría para que los eventuales usuarios gastaran su tiempo pirateando y viendo lo que nada bueno puede reportarles. De todas maneras, no hay motivos para la inquietud, toda vez que Chaves ha incumplido hasta ahora, por sistema, sus grandes promesas electorales, incluyendo las de dotar de ordenadores a los centros docentes. No habrá ADSL que valga en la próxima legislatura como no hubo en ésta ni en la anterior las camas individuales, las vacaciones gratis del ama de casa o las viviendas gratis para necesitados. Para “banda ancha”, la de la campaña. En ella cabe, llegado el caso, hasta el compromiso auténtico.

Promesas y riesgos

La casa por la ventana, el ‘no vas más’, sería la próxima legislatura (incluso sin contar con las “promesas” chavianas de vivienda gratis, Internet para todos y lo que gusten servirse) de cumplirse la mitad de la mitad de la tercera parte de cuanto están prometiendo estos políticos sin compromiso. Tomen nota: aeropuerto Cristóbal Colón, estación del AVE con torre de Babel (330 metros, calculen) incluida, conexión Sur metropolitana con la colapsada Punta, presa de la Alcolea, tres ‘Chares’ tres de una misma tacada y, en fin (más bien, ‘por fin’) le cesión y acondicionamiento del edificio de Banco de España. Ya veremos. De momento, una noticia inquietante para los fanáticos de la Torre de Calatrava: el puente veneciano de éste ha sido monitorizada 24 horas al día durante los próximos cinco años, en vista de que la estructura ha cedido casi un centímetro. Toquen madera, pero me temo que desde hoy va a haber que pensar en esa futura Torre, tan absurda como temeraria, con cierta aprensión.

La sociedad senil

Va siendo ya un verdadero tópico la noticia sobre al prolongación de la vida. Aumenta la expectativa, por supuesto, y de sobra saben ya los servicios sociales que la sociedad envejece a un ritmo imparable que no hay presupuesto que consiga atender de modo medianamente decoroso. Un estudio elaborado por una prestigiosa institución austriaca y publicado por la revista ‘Nature’ acaba de echar leña al fuego, por si algo faltaba, al sugerir que la demografía debe reconsiderar su método tradicional, es decir, atenerse al criterio rígido de los años vividos por la persona, para abrirse a la consideración de las nuevas circunstancias determinadas por el avance incontenible de esa esperanza de vida así como de la evidente mejora, al menos teórica, de la existencia de esos supervivientes. Lo de menos son los números, esto es, la cifra que confirma el alargamiento de la vida humana (y por cierto, tengo entendido que también de la canina), una vez que cualquiera sabe ya que aquella expectativa es cada vez más vasta aunque nadie tenga mucha idea de qué hacer antes ese hecho revolucionario que, sin duda alguna, fuerza a replantear la convivencia de manera radical. No se trata, en cualquier caso, de volver a la organización gerontocrática ni a sentarnos en la tienda aguardando a que el jefe anciano dé la primera chupada a la pipa de la paz antes de iniciar el debate, porque ese modelo resulta incompatible, por demasiadas razones, con las exigencias de nuestra civilización. Es cuestión sólo de decidir qué hacemos con tanto gerente, cómo resolver la logística de una comunidad futurista en la que lo único que te garantiza un puesto a la lumbre es la necesidad de tu función. Vale, viviremos cada vez más años, ¿y qué? Escuchando a los demagogos proponer subidas de pensiones hasta los 700 euros no resulta improbable que más de uno de esos longevos se plantee por derecho si con esa perspectiva merece la pena vivir, o más llanamente, si a esa perspectiva se le puede llamar vida.
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Pocas paradojas del sistema social vigente como ésta de la revolución de la edad, saldada hasta ahora con un lacerante fracaso de la previsión, por un lado, y con una insensata indiferencia ante la pérdida que supone la expulsión del “mayor” de un sistema productivo fascinado por la juventud olvidando el penetrante axioma que hizo un “biologista” como Rostand cuando advirtió que mientras más envejezca la Humanidad más necesidad tendrán las sociedades de los ancianos. Hoy no habrá quien, como en su tiempo hiciera Terencio, tenga la audacia de decir que la vejez es una enfermedad, entre otras razones porque esta sociedad correcta” se sabe de coronilla el truco de hablar con veneración de los mismos ‘ancianos’ a los que luego trata como ‘viejos’, que no es lo mismo ni quien tal lo pensó. El propio Mercado ha impuesto ciertas urgencias no poco absurdas que han cristalizado en jubilaciones precoces tan perniciosas como las de los médicos o los profesores en plena sazón, cuando no han contribuido a crear un ejército ocioso que no hubiera sido capaz de imaginar ni el mismísimo Thorstein Veblen. Lo que sigue sin solución, ni completa ni parcial, es la asistencia a esos entrañables supervivientes a los que Paul Morand imaginaba en Venecia “bajo el signo menos”, es decir, cada día menos inteligentes pero también cada día menos tontos. ¡Mira que presentar como un hito unas pensiones de 700 euros! Vemos confirmada la terrible advertencia, formulada en pleno ocaso del Ilustración,  de que el anciano es el único ser de la especie que ha perdido la prerrogativa más humana de todas: la de ser juzgado por sus iguales. Un diario japonés se preguntaba hace poco si llegará el día en que la “solución final” resulte inevitable. Pues puede, peor yo creo que con enfrentarlos arruinados a su soledad, bien podrán ahorrarse las cámaras de gas.