‘Beautifull people’

No sería tolerable que al actor Banderas se le exigiera municipalmente más que a otro ciudadano; tampoco que se mueva Roma con Santiago y se desgañiten los ‘medios’ en busca y procura de un “indulto” en su favor ante la sentencia del TSJA que ordena la demolición, por razón de su ilegalidad, de su chalé marbellí. Es verdad que no es la primera orden de demolición del TSJA que se pasa por el arco un propietario (ahí está el caso de Montenmedio, tan vinculado al expresidente González) pero esa razón debería servir de acicate y no de lo contrario a una Justicia que, en los últimos tiempos, consiente con cierta frecuencia que no se ejecuten sus sentencias contra personajes con peso político o social. Banderas debe acatar esa orden y se acabó, aunque ciertamente bien podría alegar, aunque fuera como recurso al pataleo –y pensando en Antena 3, Blázquez, Atuxa y algún otro– la antigua exigencia de todos o ninguno.

Peligros del ocio político

El expresidente Cejudo ha roto inesperadamente en el empobrecido panorama de la crítica literaria, un poco a la manera de su compañero Ceada, cuando en su día probó suerte en la novela. Vean los peligros que encierra el ocio político, el mano sobre mano –que como senador aún tendrá más garantizado si cabe esa minerva– que ha convertido a este boticario en improvisado historiador y filólogo, a la sombra subvencionada del Iam Gibson, el mayor cazador de subvenciones de que haya memoria, “histórica” o de la otra. En fin, mientras se entretengan con sus Lorcas y sus Gibsons no han de hacer cosas peores, o sea que celebremos este estreno memorable olvidados de su hilarante contenido y de su prosa cascabulla. Este personal debe pensar que ser redimido en una lista te convierte en Churchill o en Azaña. Los ciudadanos, por su parte, pueden comprobar en esas audacias la verdadera talla de quienes viven de representarnos.

Montar en bici

Yo comprendo que ustedes no se lo crean a pie juntillas, perO en la Universidad Hispalense se creó hace poco una asignatura cuyo contenido y título resultaba del todo estupefaciente, “Montar en bicicleta”, cursada la cual los alumnos que hubieran demostrado la suficiencia debida recibirían por ella tres “créditos” útiles para la obtención, en su día, de su título superior. Hay que modernizarse, aunque a algunas personas nos resulte costoso asimilar en bruto ese término que por sí mismo nada dice, y la prueba de que es así es que, sin salir de la capital de Andalucía, ahí tienen ustedes la decisión de la IU municipal de sustituir la rancia aspiración colectivista por el “carril-bici” que ha costado un riñón, puesto en peligro cierto diariamente a millares de criaturas aunque, eso sí, confiriendo a la ciudad un inverosímil parecido emocional con el viario de Ámsterdam. Nuestros providentes modernizadores no descansan, en especial aquellos que tienen a su cargo la urgente reforma educativa que reclama el sentido común y el Informe PISA se encarga de poner en evidencia en cada entrega. No quiero, sin embargo, que la carga trivial que de manera inevitable comportan estas extravagancias se erija ante nosotros como arboleda que nos impida contemplar el bosque, pero la realidad es que, a cada rato, nos llega alguna noticia con nuevas ocurrencias que, en su conjunto, creo yo que van constituyendo ya una auténtica “contracultura” en la que, tras las huellas semiborradas de Ivan Illich y otros profetas fracasados que en su día pudieron fascinar a muchos, de lo que trata es de eliminar de la docencia –y quizá de la vida social en su funcional conjunto– la vieja cultura del esfuerzo que concernía y alcanzaba desde el destripaterrones hasta el galeno pasando por el predicador. El objetivo es diseñar un modelo de convivencia gratuita en el que el beneficio nos caiga espontáneamente en las manos, como un maná celeste, y a ser posible sin doblarla siquiera en caso de incendio, inundación o peligro de piratas, que eran las condiciones con las que el derecho viejo determinaba la emergencia.
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Ni un palo al agua, a ver si me entienden. El señuelo suicida con que la política trata de seducir a la plebe contemporánea es cabalmente ése de que para vivir bien no es preciso trabajar, como si la sociedad fuera un cuerpo taumatúrgico capaz de conseguir la felicidad, no por la estrecha senda del esfuerzo –esa herencia clásica reciclada por ascetismo cristiano–, sino por la calzada holgadísima de no se sabe que lógica improductiva. Si el ministerio que nos aflige ha consolidado el derecho del mal alumno a proseguir su “curso” como si tal cosa, la Junta de Andalucía, en vista del fracaso reiterado de su sistema público, acaba de mostrar a los profes la zanahoria de un miserabable complemento salarial que percibirían en caso de mejorar resultados, esto es, a base de rebajar la exigencia para reducir el fracaso. La universidad Pablo de  Olavide, por su parte, festejó el centenario del Sevilla F.C. creando una asignatura de libre configuración (no se pierdan el eufemismo idiota) que versaba sobre el “espíritu sevillista”. Pero antier mismo, en vista de la tragedia del tráfico, el Gobierno ha decidido eliminar la obligación de renovar el carné de conducir caducado y ablandar el examen “teórico”, naturalmente  “a demanda de los ciudadanos”. La contracultura del “no esfuerzo” será imposible, obviamente, pero no vean los votos que puede dar de sí, con independencia del efecto devastador que de modo inevitable viene provocando. Hombre, no se trata de elegir entre el esfuerzo y el suicidio, como Niestzche le hizo decir Élie Faure, ni de sacralizar al currelo, como el maestro Callois, viendo en el esfuerzo de Tántalo, al fin y a al cabo, una saludable gimnasia. El lío lo va a tener esta sociedad velocípeda el día en que tenga que dejar de pedalear.

Firmar a ciegas

Resulta de lo más desconcertante la decisión judicial que ha exculpado al ex-concejal sevillano imputado por al caso de las facturas falsas al considerar que ninguna responsabilidad hay en el hecho de haberlas firmado, toda vez que el político se limitó a “firmar lo que le ponían por delante”. Al margen del bochornoso y evidente escándalo–que la propia IU, a la que de refilón también afectaba, se esfuerza servil en minimizar– lo inaceptable es esa teoría según  la cual una firma preceptiva no es responsable, de tal manera que si, ciertamente, legaliza un pago o lo que sea, en cambio no participa de responsabilidad alguna ni siquiera en el caso –como el presente– en el que la benigna decisión incluye el procesamiento de los curritos que, efectivamente, construyeron una trama, según el fiscal, o perpetraron la estafa (el término lo utilizó en su día el propio Alcalde). El árbol de la responsabilidad no tiene copa, por lo visto. Eso es algo que, por desgracia, sabemos los españoles hace tiempo.

Huelva imparable

Tomen nota síndicos y poderosos: la provincia de Huelva es la segunda peor tratada por el desempleo según el mismísimo ministerio de Trabajo del señor Caldera, es decir, según constata la EPA del INI. 37.800 parados, nada menos que un 16’71 por ciento de la población activa mano sobre mano y viviendo de la sopa boba, es decir más del doble de la cifra nacional que es 8’6 por ciento. A más a más, resulta que la “Huelva imparable” incrementó ese paro en un 2’49 por ciento, mientras que Andalucía en conjunto –que soporta un 13’99 por ciento– sólo empeoró en un 1 por ciento, lo que quiere decir que nos ha ido dos veces y media peor que a al conjunto de los españoles y también que al de los andaluces, excluidos los gaditanos. Mala noticias, sin duda, una seria llamada al realismo y una severa descalificación de los “optimista de nómina” que cobran, como los “agradaores” de colmao, por decir lo que mejor suena y la gente quiere oír. 

El otro negocio

Vengo resistiéndome a hablar de las maravillas económicas de esta temporada porque, aunque convencido del carácter conjetural de la ciencia económica, bien sé que sus pretorianos son implacables con el lego que osa entrar en su parquet. Es un gran tema, qué duda cabe, el de los vaivenes de la Bolsa, enterarnos de que siete millones de españoles poseen en ella el equivalente al presupuesto anual del Estado o escuchar al flamante vigía del PP decir que la Bolsa es el mástil de la nave económica y, por esa razón, lo primero que desde la cofa se divisa en el horizonte en caso de crisis borrascosas. Como es un tema casi irresistible el de los matices que la Justicia ha garrapateado en la plana de la “doctrina Botín” para poder poner en su sitio al desobediente Atutxa. Pero ninguno, para mi gusto, como el del fraude de ese cachorro americano que le ha hecho a la Societé Generale de Banque francesa un agujero de casi cinco mil millones y, a pesar de hacer sido acusado formalmente de falsificación, estafa, deslealtad e intrusión informática, anda en paradero desconocido, o séase, cualquiera sabe dónde y cómo, pero presumiblemente tomando el sol a fuerza de daiquiris en cualquier isla paradisíaca. Los periódicos europeos han aprovechado para recordar casos anteriores, singularmente  los de John Rusnak, Nick Leeson y Yasuo Hamanaka, fabulosos estafadores los tres y causante de sendas catástrofes en sus bancos, y los tres recompuestos tras cumplir irrisorias condenas. Vamos a ver, ¿ustedes se creen de verdad estas leyendas bancarias, les cabe acaso en la cabeza que esas instituciones implacables con el padre de familia que falla unos plazos de la hipoteca (el sector y, especialmente las Cajas de Ahorro, son los mayores propietarios de viviendas que existen en España, vía embargo, naturalmente) traguen con que estos zorros de mayor cuantía se vayan de rositas con unas condenas de chichinabo similares a las que podría caerle al camellito de la esquina o al estafador de menor cuantía? ¿En qué cabeza cabe que a un sujeto que es capaz, en el breve espacio de dos días, de desbancar literalmente nada menos que a la popular ‘SocGen’, no se le quede entre las uñas un puñado de dólares, siquiera para olvidar olímpicamente su proeza en un retiro dorado? A Hanamaka le salió el año de cárcel a razón de  800 millones de dólares, a Rusnak a 113 millones pero de euros, a Leeson le hubiera salido la broma por 137 de dólares pero ni siquiera eso, porque fue puesto en libertad por motivos de salud. Piensen un momento y díganme si eso hay quien se lo crea.
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Todavía hemos de movernos en el terreno de las hipótesis poco menos que inverosímiles, pero es probable que el fondo de la cuestión empiece ya a escapar incluso a las lógicas menos exigentes. Entra dentro de lo posible, por supuesto, la audacia del ‘broker’ que aprovecha la condición surrealista de la virtualidad para escamotear los millones como el ilusionista hace desaparecer limpiamente al naipe inesperado aprovechando el espejuelo de la ilusión óptica. Lo que no se creen ni ellos es que un bancazo como el Barinas o un monstruo como Enron se vengan abajo porque un David de pacotilla saque un canto de su zurrón y los descalabre como a un filisteo cualquiera. Se abre camino la idea maliciosa (de momento) que presenta estos mangazos como maniobras pactadas en las que el ejecutor no sería más que un instrumento de un gran capital insatisfecho con sus ganancias o tal vez –y no olviden la circunstancia presente– deseoso de salvar su fortuna de la quema previsible. Entiendo que no lo vean claro, naturalmente, pero en ese supuesto sugiéranme al menos, por favor, una explicación medio pasable que explique es el zorro de este último golpe se ha ido de rositas. ¡Con lo que es la Banca, Dios mío! Yo que la poli no empezaría mis pesquisas por Bora Bora en busca de un membrillito sino que miraría meticulosamente bajo el colchón de los grandes perjudicados.