El hombre del saco

Algo debe hacer la autoridad, además de lo que se presume que está haciendo en el terreno policial, para controlar la auténtica y creciente psicosis que invade ciertos barrios de la capital desde que se produjo la desaparición de la niña de El Torrejón. La escalada mediática de este caso es tan evidente que explicaría por si sólo el lamentable episodio vivido el sábado en la misma barriada apropósito del equívoco surgido en torno a un ciudadano argelino al que unas niñas, tal vez sensibilizadas en exceso por las circunstancias, señalaron como presunto raptor. Como no se corte por lo sano esta insensata campaña acabará ocurriendo algún incidente irreparable, y eso es algo que compete a la Subdelegación del Gobierno en primerísimo lugar, porque no cabe esperar que salga de la familia afectada. Con todo respeto y comprensión para todas las partes concernidas, hay que decir que el caso de Mari Luz no debe convertirse en un “caso Maddie 2”.

La viña y el jabalí

Van a llevar razón quienes recelaban que el papa Benedicto acabaría por distanciarse del cardenal Ratzinger, y no sólo de la esperanzadora lumbrera que fue para muchos en los años 60 aquel joven bávaro, sino del mismísimo gran inquisidor que ejerció durante el pontificado de Wojtila pasteleando entre Hans Küng y el obispo Lefèvre. No ha tardado el papa , en efecto, en proyectar una inquietante sombra sobra su reciente encíclica, rescatando del baúl en que lo había encerrado su antecesor nada menos que el arcaico concepto de infierno, ese discutido destino que él mismo dijo no hace tanto que no era un ‘lugar físico’ –como había admitido ya su mentor, Juan Pablo II– sino “la ausencia de Dios”, protagonizando ahora una espectacular marcha atrás teológica que cualquiera sabe si, ya puestos, acabará por  restituir también su fuero al inefable limbo de los inocentes. No creo necesario insistir en que, a estas alturas de la historia de la civilización, el infierno es ya apenas una verbalización del miedo, sin más apoyo que el de un integrismo tan insensato que insulta a la inteligencia en el hecho de que un hombre culto como Ratzinger está dispuesto a partir amistosas peras con Clemente el de El Palmar. Mucho antes de que sentara plaza la moderna “teología del cielo y el infierno” (en la que echaron su cuarto a espadas hombres tan dignos y serios como González Ruiz), los filósofos discutieron ya ardorosamente la cuestión de esa pena irremediable que ahora Ratzinger confirma como real y eterna, como extasiado ante un lienzo de El Bosco o cualquiera de los juicios finales que enriquecen nuestra pintura medieval, y por completo ajeno a la evidencia de que, como con inteligencia explicó Voltaire, el infierno es un producto oriental cuyo fin no era otro que garantizar la moral privada ante la palpable realidad de que los grandes culpables solían librarse de la severidad de las leyes.
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Resulta muy ilustrativo repasar cualquier diccionario teológico (el de Léon-Dufour, mismamente) para ver contorsionarse a los autores más sensatos ante un tema que, por cierto, conviene decirlo todo, ni Leibnitz ni el propio Montesquieu, entre tantos otros maestros del pasado, dejaban de aceptar en sus esquemas mentales. El propio Hegel hace una pirueta optimista para negar la eternidad de un infierno que Diderot rechazó por el absurdo que implicaba castigar al que ya no puede sufrir, y para el que aquel iluminado espeluznante que fue el místico Swedenborg adelantó la famosa sentencia sartriana –“el infierno son los otros”– al imaginar que las penas infernales no las infligían sádicamente los diablos sino que se las causaban unos a otros los propios condenados. Se comprende la turbación del papa –y la de quien sea– ante el espectáculo, en tantos sentidos decadente, de la civilización occidental y hasta es natural que se le venga a la mente la imagen desoladora de la viña destrozada por los jabalíes que es, por cierto, como en la España anterior se motejaba a los fundamentalistas católicos metidos en política. Lo que no se entiende es el retroceso teológico, el giro hacia aquella vieja teología que en Trento desesperaba a espíritus sensibles como el cardenal Lippomano y luego ha terminado por ser arrumbada en el desván de los cachivaches mentales del primitivismo. Ninguna cultura ha conseguido dar consistencia a esa rudimentaria idea (el Hades, el Seol…) que, en definitiva, hace mucho que es incapaz de resistir el rigor de la razón más elemental, y no parece lógico que vaya a conseguirlo –¡y con la que está cayendo!– el mismo que, siendo aún mero inquisidor, cedió a la lógica quizá para evitar ser desbordado por ella. Wojtila habló en una ocasión del cielo de los perros y gatos familiares. No sé qué hubiera dicho Voltaire, pero a mí me parece que esa misericordiosa concesión caía mucho más cerca del hombre real que esta inopinada vuelta al terror primitivo.

La servidumbre voluntaria

Me imagino el secreto disfrute de Guerra recordando el mal caso de su hermano y “asistente” a la turbia luz del “caso Chaves”, un escándalo que no lo es porque demasiados ‘medios’–y no sólo los oficiales– andan más pendientes de sus cuentas de resultados que de su deber de mantener informada a la opinión. La saga de Climo Cubierta es elocuente, pero la pequeña historia de la aldea onubense de Cumbres de Enmedio constituye un escándalo que sólo esa complicidad y la ineficacia de la oposición permiten explicarse: un lugar de 50 vecinos en el que un hermano del Presidente es el único promotor visible, beneficiada por las subvenciones generosas enviadas desde la consejería en que ejerce de director general el otro hermano. Que una evidencia como ésta no merezca ni una excusa de Chaves ilustra la realidad de esta región sometida que parece haber asumido definitivamente su servidumbre voluntaria. 

El alcalde monterilla

El alcalde de Cumbres de Enmedio “no tiene vergüenza ninguna”, empleada sea la expresión en los mismos términos y con idéntica intención a la suya a la hora de descalificar a este periódico. Al pobre hombre le ha caído encima la del tigre al haber levantado la liebre del montaje de los hermanos Chaves en su pueblo cuando cometió el error de acudir a la prensa para denunciar la situación de abandono en que se encontraba su aldea e, incluso, para dar detalles del incumplimiento por parte de la Junta del compromiso adquirido en ella por su Presidente. Razón de más para no lanzarse sobre el mensajero y, si se nos apura, para exigirle –como a la persona mejor enterada de ese enredo– que explique a la opinión pública qué pasa en esas Cumbres que hasta ahora se había llevado con tanto sigilo. Pero de verdad, diciendo toda la verdad y nada más que la verdad. Seguro que ese monterilla se mete bajo la cama antes de dar tan honorable paso. 

Las tres gracias

Un estudio que acaba de hacer público el Gobierno de esta apaleada nación, el “Estudio Antropométrico de la Población Femenina”, ha resonado como un aldabonazo en medio de la algarabía, en especial por esas tres notas agudas que vienen a ser en ese (des)concierto la clasificación de la hembra en tres categorías/modelos: el ‘diávolo’, el ‘cilindro’ y la ‘campana’. El motivo de la iniciativa no puede ser más prosaico, puesto que lo que se dice, al menos, es que el Poder se toma semejante molestia por ayudar a las hembras a sobrellevar sus cuitas en el probador, toda vez que, por una parte, la “moda” impone un modelo ideal prácticamente inalcanzable y, por otra, la industria jode el invento a base de trucar los tallajes para aliviar esas cuitas falsificándolos de manera adecuada, es decir, ofreciendo unas tallas falsas que atenúen la eventual mala conciencia de la hembra cuyas medidas excedan o no llegen a las que propone el modelista industrial. Se equivocará quien vea en esta preocupación por el vestido un objetivo banal porque la indumentaria de la especie no es sólo la imposición de una necesidad (combatir el frío, prestigiar la figura) sino un elemento cultural de alto valor simbólico como en su día explicó Barthes en un ensayo que no les recomiendo por su complejidad pero que marcó un antes y un después, a mi entender, en el enfoque del tema. No solemos pararnos a considerar que el cuerpo humano tiene su historia (véase la monumental obra dirigida por Vigarello y otros, disponible hace tiempo en español) como Maguelonne Toussaint-Samat demostró en su conocida historia que la tiene el vestido mismo, incluyendo el enigmático atuendo con que la fábula invistió al “Rey desnudo”. Es apasionante el asunto del cuerpo y su cobertura, igual que lo es el desnudo y, ya puestos a orientar lecturas, vaya recomendada para el caso la obra de Jacques Laurent “El desnudo vestido y desnudado”, me temo que aún por traducir. Una secreta corriente estética da y quita sentido tanto al cuerpo como a la ropa desde la Venus de Willendorf o la de Gnido a las astigmáticas modelos de Modiglian pasando por las venus y matronas rotundas de Rubens. Desmond Morris no sabía lo que estaba sugiriendo cuando tituló su famosa antropología “El mono desnudo”.
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De todas maneras, a mí al menos, me resulta algo paradójico que este liberalismo que nos invade se decida a intervenir en la intimidad del probador al mismo tiempo que hace el dontancredo frente a la crisis de los precios invocando una Mano Invisible que por lo visto puede actuar libremente con el acerico entre sus dedos pero no puede intentarlo en otros ámbitos empuñando los instrumentos adecuados. Aunque bien es cierto que, por lo demás, tal vez no hacían falta alforjas para ese viaje a cuyo término el viajero nos refiere que el morfotipo ‘cilindro’ predomina entre las pibitas, a ver, en la madurez el ‘diávolo’ y ya a en la cuesta abajo la puñetera campana. Y ahí es donde quiere meter la mano y la tijera el Estado protector, dispuesto a legislar sobre el tallaje mas o menos como desde la más remota antigüedad lo viene haciendo sobre pesos y medidas, trátese de áridos, de diamantes o de cerdos en canal. ¡Mira que si no está tan claro ese dogma invasor de la no injerencia, mira que si, al final, resulta que el intervencionismo no es renunciable no ya en la oficina donde el almotamid pesa el pan en la lonja sino en la intimidad del reservado donde la hembra esbelta disfruta su narcisismo y la exhuberante deplora su infortunio! El caso es que hasta a la hora de comprarse un sujetador o unos ‘jeans’ el Gran Hermano ha decidido no perder de vista a la humanidad desnuda, precisamente porque no se fía un pelo del propio Sistema que gestiona y al que debe su satrapía. Y tendrá que andar con cuidado porque bien sabemos que sólo hay una cosa que pasa de moda: la moda. Cualquiera sabe, por ejemplo, cual de esos tres morfotipos será el ideal de mañana.

De rodillas

Es tremenda la historia que cuenta el médico andaluz expulsado de una mutua en Barcelona por no saber catalán. Tremendo que la Junta de Andalucía no respalde el derecho constitucional de los ciudadanos a hablar el idioma constitucional del Estado, aunque eso, claro está, no debe extrañarnos gran cosa tras oír a proponer a Chaves a los parados andaluces que aprendan aquella lengua como posible requisito para obtener háyale puesto de trabajo que, por lo visto, Chaves no espera que aquí acabe generándose siquiera para la mayoría. Hay que imaginarse la que organizaría el lehendakari o el President si a un euskaldún o a un catalán lo echaran a palo seco de Andalucía por carecer de alguna de nuestras peculiaridades. Chaves pasa de ese tema como de tantos, cabalmente como de cualquiera que no afecte a su continuidad en el poder, contando además con la complicidad silente de nuestros/“sus” medios. Nos han puesto de rodillas ante la chulería secesionista de los socios del Gobierno y derodillas, probablemente, habremos de continuar.