Van a por él

Hay cola de curiosos para hacerse con los libros publicados en base a filtraciones de un monseñor español que tratan de poner patas arriba el orden vaticano revelando sus viejos secretos a voces. Veo como L’ Osservatore romano pasa como sobre ascuas por encima del tema o como La Croix se esfuerza por sustentar la tesis que, hagan lo que hagan, las reformas emprendidas por Francisco resultan ya irreversibles a pesar de la evidente resistencia que lo oponen vastos sectores de la Curia y de las sectas. A finales del XIX situó Gide “Los sótanos del Vaticano”, la inquietante y divertida novela basada en un imaginario secuestro de León XIII por una masonería que pretendía colocar en su lugar a un doble, masón por supuesto, para reformar la incorregible Curia y rehumanizar la Iglesia, con un éxito editorial parecido al que obtuvo Roger Peyreffite con “Las llaves de san Pedro”, gravísimo ataque a la intimidad de Pío XII y al ambiente vaticano. Lo de ahora, me parece mí, es distinto y se inició con el llamado “escándalo Vatileaks” y la difusión de documentos que descubrían la miseria moral de esa Curia, de nuevo relacionada con el lujo y la homosexualidad, para continuarse estos días con una segunda filtración –esta vez facilitada por un monseñor español perteneciente al Opus Dei—que demuestra el insoportable grado de corrupción contra el que este Papa o el que sea tendrá que bregar si pretende, como un nuevo Hércules, limpiar los establos de Augias.
En “Vía crucis”, el periodista italiano Gianluiggi Nuzzi sostiene con pruebas contundentes, por ejemplo, que de cada diez euros que el Vaticano recibe del Óbolo de San Pedro –la contribución de las iglesias a la labor caritativa del papado: 53 millones en 2012—sólo llega a los necesitados un par de ellos, al tiempo que denuncia el tren de vida y execrable conducta de ciertos cardenales y otros monseñores que resultarían ser sus verdaderos destinatarios. Van a por Francisco, no tengo mayores dudas, unos en evitación de que Francisco les cierre el pesebre, y otros –los integristas de diverso pelaje—temerosos de que el pontífice, como el “masón” de Gide, reforme esta Iglesias asfixiada por la secularización y por sus enemigos internos. Me pregunta un cura amigo mi opinión sobre el posible asesinato de Juan Pablo I. Me he limitado a responderle que me alineo ante ese enigma con la visión de Coppola. Porque es que van a por él, no lo duden, como fueron a por el otro o a por su antecesor.

Silencio de los corderos

A medida que crece Ciudadanos en el ámbito nacional, resulta necesario preguntarse por qué su líder indiscutible, Albert Rivera, mantiene su sociedad con el “régimen” andaluz del PSOE tragándose los mayores sapos sin mover un músculo. ¿No tenía nada que decir Juan Marín, el jefe regional, cuando la consejera de Hacienda le tomó el pelo antier en el Parlamento echando por tierra la promesa de C’s de rebajar el impuesto de sociedades? ¿Seguirá comportándose así, en plan cordero, mientras su partido se perfila como una fuerza regeneradora en España? ¿Qué le han dado a Ciudadanos para que paralice la comisión que investiga el saqueo de los fondos de Formación? Albert Rivera, en quien tanto confiábamos, no puede seguir callado ante un socio tan desdeñoso.

La sombra de Ataturk

Sigo hace tiempo las cosas y casos del hoy presidente turco, Tayyip Erdogan. Sé por eso algo sobre su odisea para convertirse en lo que es partiendo desde abajo –un provinciano que vendía roscos por las calles y jugaba al fútbol en un equipo de barrio–, también que hubo de pasar por la trena por leer en público un poema ultraislamista –“Las mezquitas son nuestros cuarteles, sus cúpulas nuestros cascos, sus minaretes nuestras bayonetas, sus fieles nuestros soldados”– rezaba entonces Erdogán, a quien, según uno de sus edecanes sostuvo alguna vez que sus enemigos habían tratado de liquidarlo por telekinesia. Así es Turquía: pillas un taxi para ir de tu hotel al puente Gálata y, tras un rodeo inacabable, el taxista te devuelve a las puertas donde lo cogiste resumiendo su argumento: “Puente Gálata no posible”. Pero a Erdogan, el socio de ZP en el embarque de la “alianza de civilizaciones”, no le bastó la jefatura del Gobierno porque aspiraba con ser Presidente, como Kemal Ataturk, el padre de la patria sobre el que Fraga nos dio algún seminario en el Instituto de Estudios Políticos. Y lo ha conseguido al repetir astutamente las elecciones que no le favorecieron hace unos meses para ganarlas arrolladoramente. Ahora Turquía tiene ya Presidente y Erdogán tiene a Turquía en ese puño de hierro del que desconfía la Unión Europea a la que quiere incorporarse como miembro, repitiendo a su modo la modernización de Ataturk. No siempre, ciertamente, pero a veces, el que la sigue, la consigue.

Claro que las preguntas saltan solas. ¿Es de fiar una democracia cuyo Presidente ejerce de sultán y masacra a los kurdos y a los manifestantes aunque liquidara su deuda con el FMI? ¿Se mantendrá en línea con el islamismo moderado o acaso las circunstancias acabarán radicalizándolo? ¿No resulta inquietante tanto entusiasmo, y tan súbito, por un jefe populista que reclama el Poder, todo el Poder, el viejo sultanato redivivo pivotando sobre el imaginario otomano, hecho de nostalgias y renovadas esperanzas? Incluso cabe preguntarse hasta qué punto sigue siendo una democracia un sistema de representación en el que el pueblo soberano elige a ese primer mandatario investido de un poder absoluto que ha ejercido sin complejos incluso cuando no lo tenía. Una democracia sobre el filo de la navaja, en todo caso, que quizá no sabe que los padres de la patria rara vez se repiten.

Titulares

“Andalucía supera otra vez el millón de parados”. “La Audiencia Nacional sostiene que el PSOE e IU se financiaron en Sevilla cobrando comisiones”. “PSOE y Ciudadanos impiden declarar a los interventores (en la comisión parlamentaria). “Descontrol en ayudas a Comisiones Obreras, según los peritos de la Junta”. “Díaz cierra comedores con niños pasando hambre, según el PP”. “El Banco de España obliga a Díaz a cambiar la banca pública “. “Canal sur se fusiona sin previsión de ahorro”. “La delegación andaluza de la organización agraria UPA implicada en las facturas falsas de UGT”. “Jerez podría quedarse sin bomberos por deudas”. “Atacan y dejan pintadas árabes en una iglesia”.

La parte ofendida

Explicaba el llorado amigo Francisco Tomás y Valiente, allá en las conclusiones de su tesis doctoral, que el Estado, como organización efectiva de la sociedad, no lo es, en realidad, hasta que no logra hacerse con la exclusiva del derecho penal. En lo antiguo imperaba la idea elemental de que era la parte ofendida por el criminal la que tenía el derecho incontestable de castigarle como quisiera, incluso con la muerte, que era lo corriente en pleitos de sangre. Me he acordado de aquella brillante razón al leer las declaraciones del padre de la chica sevillana alevosamente asesinada cualquiera sabe por quién y cuyo cadáver nunca apareció, obviamente porque el autor o autores del crimen fueron asesorados, aparte de que el asesino confeso ha variado de versión sobre su paradero en numerosas ocasiones en la más acabada tomadura de pelo a la Justicia y a la Policía que uno recuerde. Y lo que dice ese padre desolado, al que aquel delito desquició sin remedio su vida, es que si él hubiera liquidado al criminal, a estas alturas de la película estaría ya en la calle, con toda seguridad comprendido y respetado por esa inmensa mayoría que aún cree –como Hammurabi, el Eclesiastés, el Éxodo o el Deuteronomio—en esa ley del talión que ve justo que el daño se pague literalmente, es decir, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, y ahí no acaba la lista. Se trata de un criterio regresivo, por supuesto, pero den por seguro que la mayoría citada no lo entendería así.

Es tremenda esa entrevista que firma Juan Manuel Vega no tanto por lo que dice sin o por lo que deja entrever y, en cualquier caso, por la estampa que ofrece de esa familia deshecha, presa de su obsesión, marcada incluso, en la que no cabe el olvido, y que contrasta con la impunidad del clan sospechoso al que no se entiende cómo la autoridad le ha permitido tanta arrogancia y le ha soportado tanta contradicción. No comparto pero tampoco me sorprende que el abrumado padre fantasee ahora con poco verosímiles responsabilidades políticas, hipnotizado por la ilusión de una “mano negra”. Pero esa pulsión retrógrada que le ronda por la cabeza después de tantos años ateniéndose a las reglas, como dice él. Sí, ese padre estaría en la calle –seguro—si llega a aplicar es su día la receta bíblica al asesino confeso de su hija. Éste lo estará pronto, ya lo verán, y no sería raro que viviera una temporada glamourosa a costa de los platós.

Hechos y palabras

Escucho amodorrado la entrevista de Pedro Sánchez en la TVE pero me desvelo al escucharle decir que rechaza por igual a “las derechas” del Partido Popular y de Ciudadanos, que es su socio en Andalucía. Y en el periódico del día veo a una diputada de este partido, Irene Rivera, retratarse sonriente al lado de la presidenta Díaz, en cuyo séquito ha viajado gratis total a Londres para darse un garbeo por no sé qué feria del turismo. Unos y otros valen lo mismo para un barrido que para un fregado y clasifican a los demás según las circunstancias, es decir, según sus intereses. Lo malo es que la inocencia ciudadana sigue tragándose a pies juntilla y sin mirar la realidad los reclamos de estos buhoneros. El crecepelo tuvo siempre su venta asegurada.