Tomar el pelo

Una cosa es prometer, incluso exagerar, y otra diferente venir con el cuento del alfajor. Oigan al líder del PA decir las cosas que diciendo por ahí, es decir, desde sugerir que sería una bisagra cómoda para el PSOE hasta denunciar un atraso inveterado y tratar de cargar las culpas en el PP cuando él mismo constata que somos “el patio trasero” de la economía española y que lo que se precisa en un “cambio de régimen”. Es verdad que les queda poco por decir, aparte de prometérselas felices como socios eventuales del partido hegemónico al tiempo que lo denuncian, que es lo tradicional en ese partido. Pero incluso desde la modestísima posición que ahora ocupa, el andalucismo debería empezar por reconocer que no es ninguna “alternativa”, ni tiene cuadros, militancia o base social para plantearlo siquiera. El bipartidismo está forzando una situación en la que a los llamados minoritarios no les queda otra que conformarse con las sobras electorales que produce el descontento. Lo demás son faroles y tomaduras de pelo. 

Peter en Gibraleón

Menos mal que la Justicia ha puesto las cosas en su sitio porque, sin bien es cierto que el cargo inferior al título supone un cierto subempleo o despilfarro, más lo es que decirle a una licenciada que se la excluye de una convocatoria por tener una titulación superior a la exigida es ya de traca. El alcalde Serrato, criatura de tránsfuga, no renuncia a ese talante inquisitorial que ve en el adversario de partido un enemigo a batir, pero esta vez, al menos, la Justicia ha debido darse cuenta de que un criterio tan extravagante no respondía a ninguna convicción sino a un mero prurito partidista. En Gibraleón vale todo, incluso rebajar el nivel, con tal de boicotear a quien no pertenezca a la tropa. Lo que no deja de ser notable, teniendo en cuenta los niveles de esos políticos, incluyendo al alcalde.

Teoría del calcetín

Me preocupó no poco la confidencia de mi amigo Vaz de Soto cuando, en el curso de una charleta sobre las jodidas turbulencias que estamos viviendo, me explicó que él había decidido guardar en casa algún dinero en previsión de que un eventual “corralito” a la porteña pudiera acabar reuniéndonos a todos a la intemperie cacerola en mano. José María es un hombre tranquilo y por eso precisamente me inquietó más su decisión de volverle la espalda al banco y recurrir al calcetín, aunque bien es cierto que enseguida he ido recibiendo, como los habrán recibido ustedes, múltiples y diversos indicios de que en esa cámara oscura donde se revelan las finanzas están ocurriendo, por más que el Gobierno lo niegue, cosas poco tranquilizadoras. No me refiero, palabra, a los 400 euros “directos al corazón” que ha prometido ZP, ni al zarpazo que le dio a la Société Générale ese broker mimado a quien nadie ha visto, sino a otros hechos notables entre los cuales acaso ninguno comparable a las misteriosas fluctuaciones del Bolsa, auténticos seísmos que un día baten el récord por abajo y al siguiente por arriba de la pizarra, provocando un pánico que retroalimenta el fenómeno y, de paso, claro está, muchas ruinas pero también grandes pelotazos. Otro amigo me anuncia su propósito de comprar un valor determinado –pongamos que hablo de ‘E’– por valor de diez mil euros aprovechando que su techo medio habitual es de un euro y ha bajado hasta 0’24, es decir, hablando en plata, y nunca mejor dicho, que en pocos días, tal vez mañana mismo, una lógica recuperación de un discreto cuarto de euro (la acción a 0’50, por ejemplo) le proporcionaría ya una ganancia de cinco mil dólares, y ni les cuento si se recuperara hasta el euro que llegó a valer en tiempos. El dinero no tiene patria y eso les quita el sueño a los americanos conscientes de que si a los chinos les da la pataleta por vender sus enormes reservas en USA se organiza la del siglo. Sé hace mucho, porque me lo dijo un broker, que en Bolsa cuando uno gana un duro es que otro lo pierde. Lo que no de dijo, el puñetero, es que tanto los que ganan mucho como los que se arruinan son siempre los mismos.
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¿Qué pasa con los 14 billones de dólares que los extranjeros tienen invertidos en activos en USA cuando aquella moneda pasa de valer 0’80 euros, como valía en 2005, a no valer más que 0’67? Pues nada, que esos linces habrán multiplicado por 0’13 sus jodidos 14 billones, algo que equivale, según un estremecido comentario galo, a que la economía francesa en bloque hubiera desaparecido del mapa de golpe y porrazo. No quiero abrumarles, por lo demás, que bastante tenemos ya cada cual con gobernar nuestra hipoteca, pero me da que estas evidencias ponen su incómodo ‘pero’ a esa sugestiva teoría de la “economía de prestigio” con que un respetable grupo de historiadores viene tratando de oponerse a la “economía de mercado” y que, en resumen, supondría tanto como aceptar que las grandes mudanzas económicas responden a “causas estructurales” y no a las coyunturas, tesis que explicaría, por citar un caso, la decadencia del Imperio que siguió a Marco Aurelio. Genaro Chic, que es el adalid de esta aventura, me dice, si no he entendido mal, que es preciso combinar la razón  con el sentimiento a la hora del estudiar el pasado y hasta me anuncia el auge de una disciplina nueva, la neuroeconomía, que desconozco por completo pero que me encantaría que saliera adelante. No es ningún secreto, por lo demás, que cuando el PSOE desreguló por las bravas el mercado de trabajo, la factura de ansiolíticos de la Seguridad Social se multiplicó unas cuantas veces. Pero yo creo que cuando va a haber acopio doméstico de valium va a ser ahora, cuando la tropa se percate de lo que supone que un Gobierno, que encima dice que aquí no ocurre nada, ande por esos valles prometiendo repartir entre los paganos los mismos impuestos que previamente les arrebató.

Modelo para armar

IU va proponiendo en precampaña dos modelos antípodos de estrategia política y, como es lógico, también de orientación ideológica. Así, el coordinador regional y “candidato a palos” por Huelva, Diego Valderas, que bien sabe lo que habla, anuncia que si el PSOE necesita su ayuda para mantenerse en el poder, puede contar con su apoyo a cambio de “la oportunidad de gobernar”. Por su lado, el candidato que le venció en Sevilla y representa lo que representa, es decir, al alcalde perpetuo de Marinaleda, dice que “de pactos con el PSOE, nada” por la sencilla razón de que “IU-CA no puede pactar con una versión del capitalismo ni con la otra”, dada su condición de fuerza “soberana, alternativa y anticapitalista”. No se amontonen, sin embargo, que no será para tanto, porque tanto IU como PA acuden a los comicios en horas bajas y locos por salir a flote agarrados a lo que se tercie. Fuera del PSOE no hay ni habrá más que relevo o bisagras. Ya lo verán.

Donde las dan, las toman

Casi me troncho de risa oyendo a la candidata frustrada y todavía (veremos hasta cuándo) portavoz/a del PSOE municipal protestando por la “acción totalmente presidencialista” y, por descontado, “inaceptable” que ha supuesto la modificación del reglamento para la designación del Defensor del Ciudadano de modo y manera que el alcalde tenga la primera y última palabra en ese negocio. ¡Con lo que el PSOE sabe de “acciones presidencialistas” derivadas de mayorías absolutas y manejos similares! Sin ir más lejos, hay media militancia cabreada en Huelva desde que a ella la impuso como candidata quien manda en su partido, ni qué decir tiene que sin encomendarse a Dios ni al diablo. No aprenden ni con repaso, no tienen ni idea de lo que traen entre manos, con traer tantas y tan graves materias. Y rechazan lo mismo que practican. Pero incluso un ser cándido como Parralo debía haber aprendido a estas alturas que donde las dan, las toman.

Duros a dos pesetas

Una vez, allá por 1997, el entonces presidente González sacó a pasear por el hemiciclo del Congreso al conde Romanones con la intención de echárselo en cara a Aznar. Estos días el presidente Chaves se ha encrespado mucho con la acusación de caciquismo que le han lanzado desde enfrente, igual que entonces, como si no estuviera sobradamente probado que el caciquismo es el instrumento natural de toda democracia burguesa, como se decía antes. Todo caciquismo –desde el clásico que pudiéramos llamar post-romántico al actual– es, sin embargo, igual a sí mismo en lo fundamental, a saber, en el concierto tácito (o expreso) entre el cacique y su territorio electoral, por un lado, y en la compra (directa o indirecta) de sufragios. No hay figura, desde luego, que mejor represente a este doble mecanismo que el conde de Romanones, que llegó a decir en sus memorias, sin cortarse un pelo, que la “pasión de mandar se asemeja a la pasión sexual” y al que se atribuye también eso tan gracioso de que “gobernar es regar”. El Poder era y es en España una metáfora agraria, no industrial, como por ejemplo, lo es en USA, o urbana, como tiende a serlo en Gran Bretaña, entendido lo cual el “riego” al que se refiere el conde descubre el cortijo sin dueño que, en realidad, es la Administración. Hay buenas aproximaciones al caciquismo español (la del malogrado Javier Tussell, la de Alicia Janini, la de Ortega Varela, la canónica de Costa o las modernas de Carlos Seco o Martínez Cuadrado, entre otras) aunque no me resisto a destacar la más reciente de María Antonia Peña, demostrativa de cómo un territorio provincial (Huelva en su caso) funcionaba como una finca que era adquirida o heredada en principio, administrada luego con criterio estrictamente heril, y expuesta, al fin, al azar del futuro, única cosa ajena a la voluntad del cacique. España entera es un predio que se disputan hombres contagiados por esa “pasión del poder” por la que están dispuestos, en consecuencia, a lo que sea. Miren alrededor, peguen la oreja a estos ruidos preelectorales y verán cómo no exagero.

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Es verdad que Romanones, grandísimo pícaro, ha cargado casi en solitario con el fardo de la fama caciquil, más que nada por la anécdota aquella de cómo compraba a duro los votos alcarreños a cambio de las tres pesetas con que su propio hermano los habría “amarrado” antes: “¿Te ha dado mi hermano tres pesetas por votarle el domingo?”, le preguntaba el viejo zorro al destripaterrones en plena besana. “Si, señor conde, me las ha dado”, respondía el labriego. “Bueno, hombre, pues dame esas tres beatas y toma un duro de a veinte reales”. Listo, voto asegurado. Esta campaña va a ser de las más “regadas” de nuestra historia democrática en base, sobre todo, a las promesas de rebajas fiscales que inició Rajoy con tan buena lógica como le reconoce ese gesto rancio de ZP de ofrecer la devolución de cuatrocientos euros lineales, que hay que añadir a los anteriores pelotazos comprometidos con jóvenes, ancianos, mujeres, dependientes y todo aquel que cae dentro del alcance de ese “Estado-Providencia” que ha venido a sustituir, al menos en la propaganda, al “Estado del Bienestar”. “Tantos salarios pago, tantos votos tengo”, confesaba Romanones. El pobre era un membrillo que no podía sospechar siquiera todavía un mundo de subvenciones, ayudas, licencias, bonos y desgravaciones fiscales como el que estamos contemplando. Y ojo, porque esos 400 euros graciables no se “devuelven” ahora sino sólo en el supuesto de que el comprometido gane las elecciones. Yo no he visto en mi vida una oferta electoral de compra de voto más desvergonzada, porque Romanones, al menos, pagaba al contado y en campaña, expuesto a que el cateto le hiciera la pirula, pero el nuevo cacique no paga más que contra la entrega de la mercancía. El adicto al Poder no se fía ni de su madre.