Plante con dignidad

El profesorado andaluz anda en pie de guerra contra la consejería de la Junta con motivo del llamado “plan de calidad” por el que se pretende premiar con 7.000 euros a los profesores que rebajen el nivel de exigencia al objeto de maquillar los intolerables resultados tantas veces denunciado por los enseñantes y puestos en claro por el Informe PISA. En Huelva concretamente –según consta en una página sindical colgada en Internet por el sindicato APIA y otros– serían al menos 35 los centros (incluyendo casi todos los de la capital) que ya habrían votado en sus claustros su decisión de no aceptar lo que consideran un auténtico soborno por parte de la consejería, al tiempo que solicitan la retirada del insensato proyecto. Un gesto de dignidad por parte de los docentes que deja en la más descarnada evidencia la política educativa de Chaves y su gobierno.

Dinero y poder

Reparo por sistema en las encuestas que tratan de averiguar el grado de confianza entre los grupos sociales. Una reciente sobre la relación médico-enfermo, como decía el maestro Laín, descubría la divertida paradoja de que mientras los pacientes consideraban respetuosamente a los facultativos concretos, la sociedad en su conjunto mantenía intactos la desconfianza y hasta el desdén tradicional que testimonia la canallería de nuestro refranero. En otra se descubría que los alumnos de secundaria mostraban un respeto por sus profesores en absoluto compatible con las actitudes que los docentes están hartos de denunciar un poco por toda Europa pero en España de manera muy especial. Por aquí y por allá vamos conociendo el escaso aprecio de los ciudadanos por la Justicia o por la Política, por no hablar del concepto, también tradicional, con que se distancian críticamente de ciertas profesiones liberales desde la abogacía al comercio. Aquí se repite eso de “pleitos tengas y los ganes”, tanto como se representa la ilustrativa imagen del minorista que pesa el huevo hilado en un papel que pesa un huevo, en un clima de extraña suspicacia prácticamente indistinguible del fatalismo, al tiempo que se distingue con el respeto a los mismos denostados quizá por aquello que decía Niestzche de que cuando alguien nos concede su confianza cree adquirir cierto derecho sobre la nuestra. El último de estos estudios que ha caído en mis manos es el Barómetro realizado por la Escuela de Negocios EAE, justo en los días de la campaña, para tratar de averiguar el grado de confianza que los políticos merecen a los empresarios, interesante cuestión pues no cabe duda de que la vida económica depende en gran medida de ese aprecio para bien lo mismo que para mal. Y el resultado es un pequeño desastre que no voy a detallar más que para decir que tanto al juzgar la transparencia en la intención como el nivel de cumplimiento de los compromisos adquiridos o el nivel de confianza, los directivos encuestados suspenden a nuestros prohombres casi en los mismos términos en los que en los sondeos habituales se confirma el suspenso generalizado de los políticos por parte de la sociedad en general. Merimée hizo grabar en un anillo (en griego…) una leyenda elocuente: “Acuérdate de desconfiar”.                                                                  xxxxxNo va a facilitar las cosas este talante de cara a la crisis que, al fin, reconoce el propio Gobierno y que, sin duda, va a ser para él un potro rebelde y duro de boca, por más que el tremendo espectáculo penal que muchos de nuestros grandes patronos han ofrecido en los últimos tiempos pueda aliviar el castigo de los políticos que, por supuesto, no es exclusivo de España ni mucho menos. Que el dinero no se fíe del poder puede resultar dramático para una economía con problemas porque si algo está claro en este terreno es que el negocio exige seguridad como primera providencia, y que sus administradores suspendan críticamente a los gestores públicos no es más que una muestra contundente de que en su mundo se echa de menos esa condición. Añadan a ello, por si algo faltaba, que el ciudadano no confía ni en los políticos ni en los empresarios, sin duda como consecuencia de que unos y otros lo vienen tratando con indisimulada distancia y escaso respeto. ¿Acaso podría ser de otra forma tendiendo en cuenta los innumerables incumplimientos políticos y los frecuentes abusos o escándalos empresariales? Creo que no pero, en todo caso, me ronda por la cabeza la idea del cardenal de Retz –“el alma menos eclesiástica del universo”, según reconocía él mismo– de que la desconfianza suele acabar, paradójicamente, engañándonos más que el crédito. Ya veremos. De momento lo único claro es que nos enfrentamos a la crisis con el poder y el dinero mirándose de reojo, y el personal, harto de coles, mirando para otro lado. La opinión tiene mucho de laberinto. Ahí nos tienen a todos extraviados frente al Minotauro.

El voto no condona

El presidente Chaves parece cada día más empeñado en que su “caso” se parezca más al viejo “caso Guerra” y para conseguirlo nada mejor que el recurso a la teoría de que el triunfo electoral condonaría las posibles responsabilidades derivadas de ellos. Si Guerra dijo en su día (y me parece muy improbable que hoy lo repitiera) que “el pueblo había condonado” su responsabilidad al otorgarle el triunfo en los comicios andaluces, Chaves alardeaba la noche del domingo ironizando sobre el papel jugado por El Mundo en su caso, que no ha sido otro sino el de demostrar que el tinglado de sus hermanos alrededor de la empresa Climocubierta ahí estuvo y ahí sigue. Los votos legitiman el gobierno pero no condonan nada al gobernante y menos a sus parientes. Aquí quien condona –al propio Chaves, para empezar– son algunas Cajas al dejar de cobrar sus préstamos. Los ciudadanos, por suerte para muchos, no son jueces ni deben serlo.

El calambrazo

Vuelve el tema y problema del “caso Parralo”, es decir, del presunto ‘enchufe’ de una hija suya como profesora de un Instituto, por el que está demandado el ex-delegado de Educación. De momento ahí está la opinión del juez de que los hechos denunciados “presentan características que hacen presumir la posible existencia de una infracción penal”, razón por la que traslada el caso a la Fiscalía. Un lenguaje medido, como debe ser, pero inquietante si se tienen en cuenta las circunstancias verdaderamente insólitas que rodearon la convocatoria y adjudicación de la plaza cuestionada a la hija de la entonces candidata a la alcaldía y portavoz del PSOE municipal, que no es cosa de recordar ahora. Una mala solución para este “caso” pondría al descubierto la irresponsabilidad patrimonialista de unos políticos sin el menor sentido común. Una buena razón para que éstos hubieran procurado liquidarlo antes de exponerse a un riesgo tan alto.

La estafa electoral

Cuando la democracia llegó a España había registrados en el Ministerio del Interior más de doscientos partidos políticos. Una situación inquietante –se la conocía como “sopa de letras”– porque sugería la posibilidad de una fragmentación tan alta que hiciera ingobernable el sistema, lo que llevó a pensar en un procedimiento de atribución de escaños que favoreciera la formación de mayorías, y con ello proporcionara estabilidad al sistema. Se optó por un complicado mecanismo –la ley D´Hont y la atribución de dos diputados como mínimo por provincia– que, en definitiva, favorecía de entrada a los grandes partidos, pero también primaba a las provincias pequeñas respecto de las mayores, doble circunstancia que jugaba a favor de las formaciones nacionalistas, mayoritarias en sus feudos, cuyo resultado ha sido la auténtica estafa electoral que mantuvo la pasada legislatura y que acabamos comprobar una vez más el 9-M. Cuentas disparatadas, evidentemente, que permiten que CiU, con 745.000 votos obtenga 10 escaños o el PNV con 302.000 consiga 6, mientras que el flamante UPyD, no consiga con sus 300.000 más que uno solo. Un cálculo elemental demuestra la inverosímil falacia que entraña este sistema de todos denostados pero por todos admitido, y es éste: con un sistema equitativo, si Rosa Díez logra un diputado con sus 300.000 apoyos, ZP necesitaría para conseguir sus 169 nada menos que 50.700.000 votos y, sin embargo, se las avía, de momento, con sólo 10.700.000. Es verdad que la solución no es sencilla, descartado por todos el sistema proporcional puro (que no haría variar gran cosa los resultados)  y mientras no se modifique la Constitución que es la que consagra a la provincia como circunscripción, pero no lo es menos que mantener el actual dispositivo legitima una injusticia supina como la que supone que el millón de votos de IU no le suponga más que dos diputados en tanto que 62.000 le conceden uno a NA-BAI. Una estafa, hablando claro y pronto. Un autoengaño que, insisto, todos repudian pero nadie se decide a corregir.                                                                xxxxxCon este paradójico sistema el pez grande se come al chico o viceversa, y eso es lo peor porque, entre otras cosas, como consecuencia de la atribución  de “restos” en el reparto, nadie puede estar seguro de que su voto vaya finalmente al partido de su libre elección o sea adjudicado precisamente al rival. ¿La culpa? Pues parece evidente que hay que atribuírsela a los dos partidos mayoritarios en la medida en que ambos se saben beneficiarios por las razones expuestas pero, además, en razón de que ambos se han aprovechado, a su turno, para mantenerse en el poder, de la alianza con esos partidos nacionalistas tan desproporcionadamente tratados por la ley Electoral, aparte de que sus éxitos electorales le han proporcionado un trato financiero de excepción (las condonaciones de créditos a partidos insolventes están a la orden del día) lo que supone una injusticia añadida respecto a los partidos menores. Mientras no se reforme esa Ley no tendremos una auténtica democracia sino un simulacro de autogobierno legitimado por un montaje que constituye una verdadera estafa. Aquí, en este momento, ni los grandes ni los chicos tienen la estatura real que aparentan, y ya me dirán cómo explicar a los votantes de IU, por ejemplo, que su voto vale, en la práctica, 85 veces menos que el del PSOE… si hubiera una circunscripción nacional que ahora mismo no existe. No tiene sentido seguir manteniendo, a estas alturas, cuando ya el bipartidismo aconseja casi lo contrario, que un voto de Álava equivalga a seis votos madrileños, como acaba de suceder otra vez. Veremos que ocurre cuando UPyD plantee esa reforma imprescindible pero, en cualquier caso, ahí van a resultar tan elocuentes los discursos como los silencios.

Esto se anima

No lo va a tener Chaves tan fácil en el Parlamento durante la legislatura que empezará ahora, como se viene repitiendo, no sólo porque la distancia respecto del PP haya encogido hasta quince escaños (5 que él pierde, diez que Arenas gana) sino porque éste último, dicho sea sin ánimo de comparar, será, sin duda, un oponente muchísimo más difícil de tratar que su antecesora. En cierto modo, sea como prólogo de un futuro cambio o no, es seguro que esta autonomía mortecina y ese Parlamento sumiso han de cambiar de manera radical, que era algo que resultaba ya imprescindible desde hace mucho tiempo. Arenas conoce como pocos andaluces nuestra realidad, se sabe Andalucía de cerca no desde un despacho y tiene una experiencia política y una capacidad dialéctica que, como demostró en el último “cara a cara”, consigue sacar a Chaves de sus casillas con suma facilidad. Probablemente se acabó la era del autobombo y el optimismo por decreto. Malo para más de uno, para Andalucía, no cabe dudar de que será decisivo.