Chaves no cumple

Va para un mes que la “comisión técnica” se reunió en Sevilla para desbloquear el parón impuesto por la Junta al proyecto del Ensanche Sur y nadie conoce aún ningún resultado de lo en ella acordado. Va, por consiguiente, para cinco meses que Chaves se comprometió en el Ayuntamiento a quitar esos obstáculos, y que si quieres arroz. Al PSOE hay que reconocerle un auténtico talento para dilatar situaciones o para volver del revés sus propias promesas, una especie de don que, ciertamente, no alcanzan ni de lejos los ingenuos de la oposición. El caso es que el proyecto clave de la legislatura se deja en el aire, a pesar del grave perjuicio que está causando no sólo a sus promotores sino al conjunto del sector, por la razón sencilla de que Chaves prefiere mantener esa llave en su bolsillo. ¿Los compromisos, dice usted? Las palabras se las lleva el viento. Si así no fuera ya me dirán qué sería de esta patulea que valora en tan poco sus compromisos. 

Sexo y política

Una profesora de la que luego, curiosamente, nada ha vuelto a saberse, animó recientemente a sus escolares a practicar sin complejos tocamientos mutuos, incluidos los homosexuales. Ahora, al filo de la campaña, la Generalitat catalana ha distribuido una “guía” destinada a iniciar a los niños de diez añitos en la práctica jocunda de la masturbación que es, por lo que se ve, un objetivo docente de primer orden. Son incidentes de una guerra antigua, que viene relativamente de lejos, planteada por cierta izquierda, a mi modo de ver, no por simple experimentalismo sino como pieza de una estrategia que ha encontrado una veta inagotable en el recurso a caracterizar a la derechas, a todas las derechas imaginables, como una fuerza fatalmente retrógrada frente al humanismo pajillero de estos revolucionarios de cintura para abajo. Más claro: no se trata, creo yo, de eliminar viejos tabúes ni de saltárselos a la torera (en ninguna cultura, que yo sepa, se inicia ‘pedagógicamente’ a la infancia en la masturbación), tampoco de liberar al hombre subyugado por una tradición moral que, ciertamente, ha mantenido y mantiene, en algunos ámbitos, un moralismo ridículo y frustrante, sino de apropiarse de la libertad sexual y hacer de ella una bandera de modo y manera que el adversario político–identificado con esa ‘reacción’ moral– aparezca como un simple represor. Lo cual no deja de ser curioso si se considera que, junto al libertarismo, los movimientos de izquierdas han sido, por tradición, de los más rigoristas con lo que pudiéramos llamar ‘desviaciones’ de la conducta sexual, pues hasta el partido del “amor libre” debió ceder al peso de esa tradición. Cuando Aranguren tituló su estudio sobre la acracia hispana “El anarquismo es una moral”, sabía bien lo que decía. Por lo demás, es ya un tópico recordar la ferocidad implacable del sovietismo con los “desviados” así como el bien ganado halo de severa probidad de los clásicos de la izquierda histórica. Estas no son ocurrencias sino estrategias. Y han sido tan hábilmente proyectadas, antes de deslizarse hasta el absurdo, que la derecha no se ha enterado siquiera. En fin, no vamos a discutir por un quítame allá esas pajas.
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No habrá que decir siquiera que hechos como esa intolerable estupidez interesan menos como prueba del aventurerismo de ciertas izquierdas cautivas de la inmoralidad radical, que como demostración de la vaciedad irremediable, al parecer, de una actitud política que ha perdido, puede que definitivamente, el norte. Nada tiene que ver una Izquierda caracterizada por su concepción alternativa del mundo y de la vida, con los membrillos que han creído posible que un video como el que se ha visto forzado a retirar IU podía sobrevivir a su propia inania. No se es de izquierda porque se autoproclame uno rojo (eso es gratis) o porque los partidarios de aliar nuestra civilización con las que practican la teocracia llamen ayatollahs a los obispos españoles, sino porque se defienda racionalmente la necesidad de una mudanza que mejore o supere la sociedad desigual. Quienes hayan visto el debate entre Solbes y Pizarro comprenderán –si es que todavía hiciera falta– que entre ellos hay ‘rivalidad’ pero no ‘diferencia’: ambos defienden un mismo modelo al que tratan de cambiarle las etiquetas, ninguno de los dos resucitaría ya, no digo a Marx, sino a lord Keynes. Tras renunciar a cambiar la economía, que era de lo que se trataba, esta izquierda (porque hay otras) se ha especializado en sexo, y ha clausurado sus cuevas clandestinas de la periferia indigente para establecerse en los barrios acomodados de las otras marginalidades. Y todo para terminar en el aula precipitando a la santa infancia en el secreto a voces de su ‘naturaleza’. Ni cálculo ni ortografía: pajas. Si va a resultar que la “educación para la ciudadanía” empieza por la bragueta, no quiero ni imaginar dónde puede acabar estampando a nuestros sucesores.

El arcaísmo de IU

Ya puede desgañitarse Julio Anguita, como hace la criatura, anunciando la buena nueva de un socialismo puesto al día y adaptado a las circunstancias, que quienes se ha repartido su túnica están más bien por el arcaísmo y el concepto rancio. No tiene más que escuchar a Valderas (dos veces perdedor ya como candidato y en el aire aún en esta ocasión) sacar a pasear el fantasma de la “reforma agraria” a la que el añade el adjetivo vagoroso y multiuso de “integral”, para endosarnos a renglón seguido el más clásico de los tópicos de nuestra política, a saber, el del latifundismo que, según su autorizada opinión, “no sólo se ha mantenido en estos treinta años de PSOE sino que ha crecido por los fondos europeos”. IU sobrevive por inercia, como fuerza residual, pero a la vista de estas exhibiciones de insolvencia política, lo raro es que no desaparezca del todo. 

Marcha atrás

Del anuncio del cierre inmediato y sin condiciones, Nilefós ha pasado a retirar el expediente dispuesta a iniciar conversaciones con las Administraciones. Lo primero que se le ocurre a cualquiera es que si este intento era posible, no se explica la radicalidad de la primera decisión, a no ser que se haya tratado de una estrategia para elevar la temperatura y ablandar con ello a esos interlocutores –estamos en campaña electoral, además– a los que se le pide, en definitiva, que suelten la pasta para facilitar el negocio. Difícil cuestión, sin duda, la planteada por la empresa, y difícil papeleta para una Administración que tiene las manos caso atadas en este momento electoral. Habrá que esperar acontecimientos y ver hasta qué extremo Nilefós pretende simplemente aliviar una situación crítica o de lo que trata, daos el momento y la circunstancia, es de ordeñar la vaca a tope. Las autoridades deben estar alerta en este sentido y no condenar sin soluciones ni ceder a ningún tipo de presiones.

Atado y mal atado

Creo que ha sido el ministro Moratinos quien ha sugerido que una buena salida para el régimen castrista podría ser la adopción del modelo transición china o, en su defecto, del modelo vietnamita, es decir, cambiar mucho para que el fondo permanezca, caminar sobre el propio terreno, salvar los muebles sin salir de casa. Nada, en definitiva. ¿Qué hubiera ocurrido en España si en los amenes de la dictadura alguien llega a proponer una evolución a la chilena, o sea, amparada por USA y el Banco Mundial pero con Pinochet en el puente de mando? Primera curiosidad: la prensa mundial le ha dado al suceso, como puede comprobar cualquiera, un relieve más bien menor, desde The New York Times o el Whashigton Post a Le Monde o La Reppublica: Castro ya no es lo que era ni lo que podría haber sido de no mediar tanta torpeza. He guardado durante años una entrevista del Comandante concedida en Sierra Maestra en la que confesaba al corresponsal español que los dos libros que llevaba en el macuto eran el Nuevo Testamento y las obras de José Antonio (entonces sobraban los apellidos), cosa nada extraordinaria en un ex-alusmno de los jesuitas cubanos pero casi inconcebible a la luz de su inmediata evolución. Ahora que Castro se va, o se lo lleva la vida, no está de más recordar este comienzo frustrado por la intransigencia yanqui y, muy probablemente, por los yerros de los servicios de información, pero hay que reconocer que muchas cosas hubieran sido por completo diferentes, en Hispanoamérica y en todo el mundo, si los arcángeles flamígeros de la ortodoxia occidental hubieran facilitado la transición tras la caída de Batista o incluso si luego se hubiera negociado siquiera con mediano tacto una salida al callejón del monocultivo revolucionario en lugar de boicotear el mercado. Muchas cuestiones se amontonan ante el adiós de Castro, pero conformarse con proponer una salida “a la china” no es sino tirar por el atajo que no conduce a ninguna parte, entre otras razones por la decisiva de que Cuba no es China ni nada que se parezca a aquella potencia colosal. El castrismo sin Castro no durará, así de sencillo. Si así no fuera no ocuparía la esperada noticia tan escaso relieve en los grandes periódicos del mundo.
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¿Por qué se negó a Cuba –y no se olviden los ‘gestos’ liberalizadores de Fidel– la mera posibilidad de intentar una transición como la nuestra, manteniendo el bloqueo y el trágala en lugar de propiciar una evolución protagonizada por el pueblo en diálogo con el exilio como, en el fondo, respaldó la visita negociada del papa Wojtila? Castro ha sido terco como todos los dictadores, pero no puede negarse que, tras el fracaso soviético, la verdad es que no se dejó a Castro el imprescindible espacio que requiere una operación histórica de esa magnitud. Raúl Castro es nuestro almirante Carrero, pero con él nunca se entrevistó Kissinger: más de uno estará pensando, en consecuencia, que lo único que falta en esta historia repetida es el túnel que ETA hizo en la calle Claudio Coello. Aparte de que no sé a qué vienen las morisquetas ante este ingenuo ensayo dinastismo político en un mundo que ha visto sucederse a los Kennedy, a los Bush, casi a los Clinton, a los Frey, a los Papandreu, a los sátrapas de Corea, a los Kabila, a los Perón o a los Kirchner, entre tantos otros. ¿No designó Franco como sucesor a quien fue en su día, un par de veces, Jefe del Estado en funciones de la dictadura? En adelante habrá que ir planteando y respondiendo a muchas cuestiones sobre el castrismo que se apaga, sin perjuicio de que cualquier día nos sorprenda otro teletipo anunciando la tragedia entre las dos Cubas y acabemos viendo lo que faltaba. Habría que ayudar a ambas a salir de ese pantano como nos ayudaron a nosotros –bien lo sabemos hoy–, unos por acción y otros por omisión. La única que no tiene nada bueno que hacer en ese negocio es la mujer de Lot.

Los tiempos cambia

Ve uno la foto colectiva de los distinguido por Chaves con motivo del 28-F y hay en ella de todo, como en botica, y como no podría ser de otra forma. Pero este año hay una cara excepcional, la del juez Garzón, no porque el ubicuo magistrado carezca de méritos, que los ha tenido y muy importantes, sino porque resulta gracioso ver como lo condecoran los mismos que –cuando los empapeló por el asunto del GAL y señaló con índice implacable al “Señor X”– lo menos que decía de él era que instruía peor que nadie en España y que utilizaba en su provecho y a su conveniencia los asuntos que caían en sus manos. A Garzón lo vituperaron desde el PSOE cuando inició su acoso al terrorismo de Estado, lo ensalzaron luego sin límite (aunque con muchas reservas) cuando aceptó ir de candidato, volvieron a crucificarlo cuando descubrió el secuestro organizado desde Interior y ahora, en fin, lo condecoran. Los tiempos cambian, no cabe duda y Chaves dirá que rectificar es de sabios. Ya, pero ¿cuántas veces?