Turbulencias que ahogan

No habrá ‘crisis’ sino ‘turbulencias’, puesto que lo garantiza el Gobierno, pero el ciudadano real, no el imaginario que manejan los políticos, siente cada vez mayor el peso del encarecimiento de la vida y de la subida de las hipotecas. Valga el ejemplo de Sevilla, donde el número de familias que han renegociado sus hipotecas al resultarles imposible atender al pago mensual, ha crecido en un 64 por ciento respecto del año anterior, situándose en una cifra cercana a las 10.600. A la queja soterrada del empresario, lógicamente más discreto, se une un coro creciente de entrampados que sabe que el trato comprensivo de la banca no ha de ser duradero, sobre todo si las cosas van a peor, que parece lo previsible. Suele decirse que la primera condición para enfrentarse a la crisis es reconocerla en su dimensión real. Veremos si nuestros barandas reaccionan o mantienen esa postura suicida que, naturalmente, a ellos no los afecta tanto como al pagano de a pie.

Munífica Junta

El delegado de Empleo de la Junta, Juan Márquez, ha subvencionado un curso para 10 desempleados valverdeños con 230.000 euros que irán derechos a la patronal del calzado, Apical, en el marco del programa “fomento a la empleabilidad”. Debe de ser un buen curso, sin duda, puesto que sale nada menos que por 23.000 euros por barba, aparte de que los cursillistas percibirán el 150 por cien del salario mínimo interprofesional, además del compromiso de esa patronal de emplear, una vez superado el ejercicio, al menos a la mitad de ellos. Una ayuda generosa, a ver quién lo discute, que debería ir precedida de la garantía de que el empleo sumergido practicado en ese pueblo laborioso (¿se acuerdan del pobre ‘Wenceslao’?), y que el PSOE prometió erradicar hace años, no existe ya, a pesar de los indicios en contra.

Nosotros y ellos

Al jugador del Español Raúl Tamudo, máximo goleador de la historia de ese club barcelonés, lo han elegido “Catalán del Año” en un controvertido concurso que ha servido para sacar a flor de piel los hondos complejos xenófobos e incluso racistas que, durante todos estos años y en especial en la última legislatura, se han ido inculcando en la mentalidad catalana. El integrismo nacionalista lo acusa de no hablar la lengua del país y el pobre chico se ha defendido, como Aznar en sus buenos tiempos, asegurando que lo habla en la intimidad con su novia Vanesa, que es de Canet de Mar, y que no entiende tanto ruido en torno a sus nueces. La cosa se ha enredado, de todas maneras, al conocerse las declaraciones de la señora de Pujol, Marta Ferrusola, no ya descalificando a un jugador de fútbol sino dejando clara la proclama de que un catalán serio –como ella, sin ir más lejos– no puede tragar por las buenas con un ‘President’ todo lo ‘honorable’ que se quiera, pero que tiene sobre sí la culpa original de haber nacido fuera –¡en Andalucía, encima!– y de hablar un catalán algo arrastrado que los hijos y nietos de los asesinos de Terra Lliure suelen llamar “catañol”. ¡Intolerable, un ‘President’ de Iznájar, tierra de sabe Dios dónde, y que ha sido incapaz de aprender la lengua de adopción a pesar de tantos años de privilegio! No hay que extrañarse, porque la señora Ferrusola –“la Marta”, en catalán castizo– posee ya una notabilísima antología de juicios y comentarios que no dejan dudar de su condición xenófoba. Hace poco, por ejemplo, le dijo en un mitin al hijo de una alcaldesa del PSC que, a sus trece añitos, debía saber “que en el partido de tu madre hay gente que no quiere a nuestro país”, y ella misma ha contado que un día ya lejano sus hijos volvieron desolados del parque gimoteando una queja enternecedora: “Avui no puc jugar, mare, tots son castellans”, fíjense qué tragedia. A doña Marta –gran empresaria, burgesona implacable– le molesta que Cataluña esté siendo invadida por un proletariado multirracial que amenaza con que un día en Montserrat un ayatollah sustituya al abad mitrado, una turba que “tiene muy pocas cosas, y que lo único que tiene, encima, son hijos”, pero no hijos como los suyos, sino hijos “magrebíes, ecuatorianos y gente así”. O andaluces sin ir más lejos. Tener que mamar con un cordobés presidiendo la taifa debe de ser tremendo.

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Ellos y nosotros, o sea, “los Otros”, incluso “el Otro” si me apuran, la amenaza hecha realidad creciente, la invasión de los bárbaros sobre el país puro de esos nativos/parlantes que tanto contribuyeron a enriquecerlo, como saben incluso las burguesonas, pero cuya marea ascendente, compromete una falla bajo el suelo legitimista de sus rancios prejuicios. ¿Adónde vamos a llegar? –se pregunta la dama boba, paracaidista y negociante–, si hasta tenemos ya un ‘President’ charnego que chamulla malamente la lengua obligatoria y por cuyas venas no corre la noble linfa del país? ¿Tamudo símbolo de Cataluña, un catalán de Santa Coloma que reserva para la intimidad la gloria imprescindible de la lengua exclusiva? Bromas aparte, estas estupideces lugareñas no tendrían trascendencia mayor si no fuera porque el partido del Gobierno las disimula en atención a sus alianzas pasadas y futuras. Y si no fuera por escuchar al pobre Tamudo proclamar, encima, asustado vivo, que “Cataluña es lo mejor del mundo”, como si un campeón como él debiera alguna explicación a ese estafermo que a nada ni a nadie representa. Una ventaja sí que tiene el incidente y es que en lo sucesivo deberán abstenerse los quintacolumnistas que sostienen, contra toda evidencia, la libertad de lengua en Cataluña, los indígenas ‘sobrados’ y los charnegos ingenuos que hace años tratan de confundir a la opinión. En el pecado lleva la penitencia, el pobre Tamudo. En una sociedad libre podría hablar en la intimidad con su novia como le diera la gana.

La imagen más ruin

De nuevo Andalucía de actualidad en la despreciable imagen de la violencia futbolera, otra vez la agresión brutal de la acémila de turno que desde la grada hiera a un jugador sobre el terreno de juego. El deporte, no como sustitutivo de la guerra, sino al revés. No poco han tenido que ver con esos bárbaros los propios responsables que durante años –recuérdense casos con el de Gil arengando a sus ultras– han protegido y hasta subvencionado a esas jaurías que han logrado algo tan notable como que los “derbis” andaluces hayan de ser declarados por la autoridad partidos “de alto riesgo”. Este segundo botellazo pone en evidencia la degradación de un espíritu competitivo que no puede seguir siendo imputado cómodamente “a los cuatro de siempre”. Lo que está ocurriendo en nuestros campos es una novedad intolerable que requiere medidas de urgencia por parte de la autoridad tanto como por parte de los clubs.

ZP, en Huelva pero sin Huelva

Otra vez: ZP viene a Doñana, es decir, a Huelva, pero da la vuelta por Cádiz, donde para y se fotografía, sonríe y estrecha manos. No le gusta Huelva a ZP y en materia de gustos nada hay escrito, desde luego, pero no está de más tomar nota del gusto de cada uno para saber a qué atenernos. La vez anterior convirtió su obligada visita a Almonte en un desagravio y ésta ya veremos si se acerca a algún rincón onubense o pasa olímpicamente. Parada y fonda: para eso hemos quedado desde Felipe IV hasta ZP. Habría que salirle al camino, pacífica, amigablemente, con una pancarta como la turolense, recordándole que “Huelva existe”, también fuera de la campaña electoral.

El diálogo imposible

Es evidente que la buena disposición a favor de la paz y la búsqueda de soluciones de convivencia tienen poco que ver, da igual el terreno de que se trate, con el entreguismo y la cesión a la amenaza terrorista. Así, mientras se insiste en la reclamación islamista de la Catedral cordobesa como lugar de culto mixto y en Sevilla se anuncia el acuerdo municipal de ceder terrenos para la construcción de una mezquita, continúa en casi todo el mundo islámico la rigurosa discriminación religiosa dirigida especialmente contra el enemigo tradicional, es decir, contra el cristianismo, cuya última y trágica manifestación ha sido el secuestro del arzobispo caldeo de Mosul, monseñor Raho, comunidad del norte de Irak, cuyo cadáver apareció el sábado tras fracasar la exigencia del rescate impuesta a la familia y comunidad. Se puede enmascarar la realidad como se quiera pero la única verdad es que al menos en veintiséis países de mayoría islámica, los cristianos son perseguidos, discriminados incívicamente y hasta forzados al exilio, como demuestra el millón que ya ha huido de este país en guerra, pero también la proscripción que padecen en países como Arabia Saudí (donde prácticamente han desaparecido bajo el wahabismo), Yemen, Indonesia, Pakistán, la propia Turquía que pugna por entrar en Europa o, por supuesto Irán, en los que rigen leyes anticonversión que castigan con la muerte al converso o normas decimonónicas que impiden la construcción de iglesia o la someten a condiciones prácticamente insuperables, aparte de prohibir en absoluto la manifestación pública del culto. ¿Qué ocurriría en Londres o en Estepona si un imán fuera raptado por fanáticos cristianos y su cadáver apareciera sin vida semienterrado en un descampado? Dejemos que sean los otros fanáticos, los que predican la “alianza de civilizaciones” quienes respondan a esta pregunta de respuesta tan elemental.                                                                  xxxxxLa libertad religiosa es un privilegio de las democracias a cuyo amparo se acogen religiones legítimas pero también fanatismos que ya nos han demostrado su peligrosidad y que no se recatan a la hora de descubrir su propósito de destruir lo que despectivamente llaman “el diablo Occidente”. No hace falta recurrir al caso del famoso imán de Londres para ilustrar el hecho de que esa ferocidad y esa determinación se refugian y fomentan en el ámbito de las mezquitas, al tiempo que crece la intolerancia contra los cristianos en todo el ámbito islámico en el que el cerco se estrecha por momentos (véase el caso de Líbano o del propio Egipto) por no hablar del área subsahariana. No falta quien sostenga que la facción fanática del Islam –a la que no cabe menospreciar a estas alturas como una simple minoría inoperante– sigue la estrategia de instalarse en los países democráticos al amparo de un derecho que ella niega brutalmente a los demás en sus países de origen. ¿De qué diálogo hablamos, entonces, cómo esperar un acuerdo con esas teocracias en las que la ‘sharia’ determina sin trabas lo que la ley impide limitar en las democracias? El cadáver de ese arzobispo, como los duros sucesos de Alejandría, las insufribles presiones de Irán o las persecuciones generalizadas en ese inmenso mundo, dejan en evidencia a los ingenuos o interesados que propugnan una tolerancia sin la menor reciprocidad, un régimen libre en virtud del cual yo tenga que oír cada mañana y cada tarde al muecín vecino mientras los incontables radicales de esa “religión de paz” ponen bombas en el metro de Londres, vuelan las Torres Gemelas o los trenes de Atocha, persiguen fieles hasta el exilio y raptan obispos. En los Emiratos Árabes va a inaugurarse estos días la primera iglesia consentida por el wahabismo saudí, pero eso es algo impensable en el resto del Islam. Empezando por el papa, Occidente debe decidirse de una vez a dejarse de fantasías y, en especial, de ese intolerable disparate que es la tolerancia sin reciprocidad.