Ruiz Mateos y Cortinas

Para concelebrar el 25 aniversario del expolio de Rumasa, la Justicia española no ha encontrado mejor expediente que reequilibrar su mítica balanza contrapesando con unos estafadores mimados el peso de conciencia que, en el otro platillo, ejerce el espectro victima de Rumasa. De manera que se libera a dos estafadores condenados por el Tribunal Supremo, al coste prohibitivo de modificar la doctrina de la prescripción –¡y lo que hubiera hecho falta!– y hasta se les permite conservar lo afanado –los 4.000 millones de pesetas que fueron el fruto de su estafa– consagrando muchas cosas pero una sobre todas ellas: que el Tribunal Supremo ya no lo es, reducido como queda a una mera instancia intermedia entre las inferiores y el Tribunal Constitucional. ¿No se planteó hace poco en Andalucía “devolver” a los herederos de un cohechador el maletín millonario intervenido por la policía? Así vamos cuando se cumple un cuarto de siglo del expolio de Rumasa y los expoliados siguen sin recibir un duro del Estado expoliador pese a haber ganado el pleito en Estrasburgo por “violación de dos Derechos Fundamentales” tras el decretazo que les privó del de reversión sin indemnización alguna, y nada menos que tras 209 procedimientos ganados en el TSJM y luego en el  TS, más el que hubo se seguirse a continuación sobre el conjunto del ‘holding’. La crónica de lo que ocurrió después no vamos a repetirla: tasaciones que se han demostrado (judicialmente) ridículas, reflotación con dinero público de empresas infravaloradas en beneficio de algún amigo del Presidente y, en definitiva, la evidencia de que con Ruiz Mateos lo que el Gobierno de González buscó no fue más que un paripé de socialismo expropiador que, sin duda, contó con las bendiciones del sanedrín financiero al que inquietaba un “emprendedor” que disponía ya de 700 empresas y empleaba a 65.000 trabajadores sin contar los 300.000 indirectos que de hecho sostenía. El Estado se adueñó por las bravas de todo ese universo para acabar malbaratándolo una vez logrado el efecto demagógico. No creo que exista un caso similar en Europa. En España, en cambio, a estas jodidas alturas, sigue luciendo como una singularidad.
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Ruiz Mateos y Cortinas, la víctima y los privilegiados. Aquel, reducido a una leyenda que no se compadece con su espectacular recuperación empresarial; éstos simbolizando el privilegio de una “beatiful people” sin escrúpulos, incluso tras su probada delincuencia, en términos tales que hasta un fiscal del Estado partidario de la aplicación circunstancial de la Ley, no ha tenido más remedio que alzar su voz indignada. Oiga, y ¿por qué no hay fiscal ni magistrado que la levante exigiendo que se culminen de una vez las retasaciones de Rumasa y se proceda sin más demora a indemnizar a la familia expoliada por el mismo Estado que tenía como primera obligación protegerla? ¿No cabría, incluso, que alguien pidiera cuentas al Gobierno por lo sucedido con Galerías Preciados, con el Banco Atlántico o con la finca La Almoraima? Ah, no, me olvidaba: todo eso habrá prescrito ya y si no hubiera prescrito, siempre nos quedaría el TC para amoldar doctrinas aunque fuera invadiendo las competencias del TS. Antier decía la Vicepresidenta que estas cosas “pueden provocar cierta inquietud al dar la sensación de que puede haber dos tipos de Justicia”. ¡Que “puede haber”, dice la señora! ¡Noshajodío! Ahí está Ruiz Mateos, no sé si como un Cristo o como un Dimas, coronando este Calvario de arbitrariedades, de atropellos y de cambalaches, que el Estado conjura con un recurso infalible: el silencio. Y ahí están los Cortina,  encantados con esa Justicia que será ciega pero que sabe divinamente a quien atracar con el trabuco leguleyo y a quien prestarle su propia montura para que burle a los migueletes tras el atraco. 25 años. Ruiz Mateos sí que está en su derecho de decir que la Justicia es un cachondeo.

El miedo escénico

Todas vueltas que le están dando en Andalucía a la celebración del “cara a cara” entre el presidente Chaves y el candidato Arenas no obedecen más que a una razón: la jindama de Chaves, la creciente inquietud de quien se sabe dialécticamente mediano y conoce perfectamente la rapidez y la destreza expresiva de su oponente, la preocupación de que quien, como Arenas, que lleva cuatro años pateando Andalucía pueblo a pueblo, te pueda dar el baño, no precisamente lustral, o pillarte en cualquier renuncio. Chaves busca desesperadamente el paraguas de Canal Sur porque sólo en ese escenario se siente seguro y cómplice con su “deus ex machina”. Ni siquiera el ejemplo de Rajoy que ha tragado con lo que fuera con tal de conseguir ese debate lo condiciona. Andalucía es diferente, como diría Fraga, y Chaves tiene el firme propósito de que siga siéndolo. 

Chaves no cumple

Va para un mes que la “comisión técnica” se reunió en Sevilla para desbloquear el parón impuesto por la Junta al proyecto del Ensanche Sur y nadie conoce aún ningún resultado de lo en ella acordado. Va, por consiguiente, para cinco meses que Chaves se comprometió en el Ayuntamiento a quitar esos obstáculos, y que si quieres arroz. Al PSOE hay que reconocerle un auténtico talento para dilatar situaciones o para volver del revés sus propias promesas, una especie de don que, ciertamente, no alcanzan ni de lejos los ingenuos de la oposición. El caso es que el proyecto clave de la legislatura se deja en el aire, a pesar del grave perjuicio que está causando no sólo a sus promotores sino al conjunto del sector, por la razón sencilla de que Chaves prefiere mantener esa llave en su bolsillo. ¿Los compromisos, dice usted? Las palabras se las lleva el viento. Si así no fuera ya me dirán qué sería de esta patulea que valora en tan poco sus compromisos. 

Sexo y política

Una profesora de la que luego, curiosamente, nada ha vuelto a saberse, animó recientemente a sus escolares a practicar sin complejos tocamientos mutuos, incluidos los homosexuales. Ahora, al filo de la campaña, la Generalitat catalana ha distribuido una “guía” destinada a iniciar a los niños de diez añitos en la práctica jocunda de la masturbación que es, por lo que se ve, un objetivo docente de primer orden. Son incidentes de una guerra antigua, que viene relativamente de lejos, planteada por cierta izquierda, a mi modo de ver, no por simple experimentalismo sino como pieza de una estrategia que ha encontrado una veta inagotable en el recurso a caracterizar a la derechas, a todas las derechas imaginables, como una fuerza fatalmente retrógrada frente al humanismo pajillero de estos revolucionarios de cintura para abajo. Más claro: no se trata, creo yo, de eliminar viejos tabúes ni de saltárselos a la torera (en ninguna cultura, que yo sepa, se inicia ‘pedagógicamente’ a la infancia en la masturbación), tampoco de liberar al hombre subyugado por una tradición moral que, ciertamente, ha mantenido y mantiene, en algunos ámbitos, un moralismo ridículo y frustrante, sino de apropiarse de la libertad sexual y hacer de ella una bandera de modo y manera que el adversario político–identificado con esa ‘reacción’ moral– aparezca como un simple represor. Lo cual no deja de ser curioso si se considera que, junto al libertarismo, los movimientos de izquierdas han sido, por tradición, de los más rigoristas con lo que pudiéramos llamar ‘desviaciones’ de la conducta sexual, pues hasta el partido del “amor libre” debió ceder al peso de esa tradición. Cuando Aranguren tituló su estudio sobre la acracia hispana “El anarquismo es una moral”, sabía bien lo que decía. Por lo demás, es ya un tópico recordar la ferocidad implacable del sovietismo con los “desviados” así como el bien ganado halo de severa probidad de los clásicos de la izquierda histórica. Estas no son ocurrencias sino estrategias. Y han sido tan hábilmente proyectadas, antes de deslizarse hasta el absurdo, que la derecha no se ha enterado siquiera. En fin, no vamos a discutir por un quítame allá esas pajas.
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No habrá que decir siquiera que hechos como esa intolerable estupidez interesan menos como prueba del aventurerismo de ciertas izquierdas cautivas de la inmoralidad radical, que como demostración de la vaciedad irremediable, al parecer, de una actitud política que ha perdido, puede que definitivamente, el norte. Nada tiene que ver una Izquierda caracterizada por su concepción alternativa del mundo y de la vida, con los membrillos que han creído posible que un video como el que se ha visto forzado a retirar IU podía sobrevivir a su propia inania. No se es de izquierda porque se autoproclame uno rojo (eso es gratis) o porque los partidarios de aliar nuestra civilización con las que practican la teocracia llamen ayatollahs a los obispos españoles, sino porque se defienda racionalmente la necesidad de una mudanza que mejore o supere la sociedad desigual. Quienes hayan visto el debate entre Solbes y Pizarro comprenderán –si es que todavía hiciera falta– que entre ellos hay ‘rivalidad’ pero no ‘diferencia’: ambos defienden un mismo modelo al que tratan de cambiarle las etiquetas, ninguno de los dos resucitaría ya, no digo a Marx, sino a lord Keynes. Tras renunciar a cambiar la economía, que era de lo que se trataba, esta izquierda (porque hay otras) se ha especializado en sexo, y ha clausurado sus cuevas clandestinas de la periferia indigente para establecerse en los barrios acomodados de las otras marginalidades. Y todo para terminar en el aula precipitando a la santa infancia en el secreto a voces de su ‘naturaleza’. Ni cálculo ni ortografía: pajas. Si va a resultar que la “educación para la ciudadanía” empieza por la bragueta, no quiero ni imaginar dónde puede acabar estampando a nuestros sucesores.

El arcaísmo de IU

Ya puede desgañitarse Julio Anguita, como hace la criatura, anunciando la buena nueva de un socialismo puesto al día y adaptado a las circunstancias, que quienes se ha repartido su túnica están más bien por el arcaísmo y el concepto rancio. No tiene más que escuchar a Valderas (dos veces perdedor ya como candidato y en el aire aún en esta ocasión) sacar a pasear el fantasma de la “reforma agraria” a la que el añade el adjetivo vagoroso y multiuso de “integral”, para endosarnos a renglón seguido el más clásico de los tópicos de nuestra política, a saber, el del latifundismo que, según su autorizada opinión, “no sólo se ha mantenido en estos treinta años de PSOE sino que ha crecido por los fondos europeos”. IU sobrevive por inercia, como fuerza residual, pero a la vista de estas exhibiciones de insolvencia política, lo raro es que no desaparezca del todo. 

Marcha atrás

Del anuncio del cierre inmediato y sin condiciones, Nilefós ha pasado a retirar el expediente dispuesta a iniciar conversaciones con las Administraciones. Lo primero que se le ocurre a cualquiera es que si este intento era posible, no se explica la radicalidad de la primera decisión, a no ser que se haya tratado de una estrategia para elevar la temperatura y ablandar con ello a esos interlocutores –estamos en campaña electoral, además– a los que se le pide, en definitiva, que suelten la pasta para facilitar el negocio. Difícil cuestión, sin duda, la planteada por la empresa, y difícil papeleta para una Administración que tiene las manos caso atadas en este momento electoral. Habrá que esperar acontecimientos y ver hasta qué extremo Nilefós pretende simplemente aliviar una situación crítica o de lo que trata, daos el momento y la circunstancia, es de ordeñar la vaca a tope. Las autoridades deben estar alerta en este sentido y no condenar sin soluciones ni ceder a ningún tipo de presiones.