Se acabó el disimulo

Los tránsfugas, es decir, esos desconocidos descolgados de las listas en que fueron elegidos en su día, van a ofrecer otro “show” en Huelva. Son todos fugados del PP y todos alineados ahora con el PSOE, curiosa circunstancia que dice mucho de la capacidad de maniobra del “aparato” sociata y, paralelamente, sugiere que en el seno de la organización conservadora sobran los oportunistas. Y actuarán a cara descubierta, como si ser tránsfuga no implicara un estigma denunciado, aunque sea de boquilla, por todos los partidos, y como si no estuviera vigente (¿lo está?) el pacto firmado en el Congreso no hace mucho bajo la batuta del propio Gobierno. Todo ha de valer de aquí a las elecciones, aparte de que el PSOE de Barrero no se corta un pelo para legitimar a un colectivo de tránsfugas, como el de Gibraleón, que él mismo se vio obligado en su día a expulsar del partido. Los tránsfugas, al menos, dan la cara, actúan ya sin complejos y a la luz del día. Son mercenarios que acaso no distinguen siquiera entre la lealtad y la conveniencia y de los que pasado mañana, menos mal, nadie volverá a acordarse.

Retorno a lo sagrado

Mientras en la prensa francesa hace furor el descubrimiento del timo de las reliquias de Juana de Arco –que han resultado ser restos trucados de una momia egipcia aparte de una vértebra de gato (y no resulta difícil colegir la relación entre el simbolismo mágico de ese felino ni la acusación brujería que cayó sobre la Doncella)– se amontonan, a favor y en contra, por supuesto, las noticias propias del tiempo litúrgico. Cuenta una de ellas que el PC ruso, dirigido hoy por Guenadi Ziuganov, no sólo ha renunciado al “rechazo de lo religioso” sino que acaba de reclamar al Estado la inclusión de la enseñanza ortodoxa en los planes de estudio, dado el carácter de “patrimonio patriótico” que las nuevas perspectivas permiten (o aconsejan) atribuir al hasta ayer considerado “opio del pueblo”. De otro lado, una espléndida entrevista con Jean-Michel Poffet, director de la Escuela Bíblica Francesa de Jerusalén, ofrece en un periódico una visión crítica y libre de la tradición bíblica que sugiere la relatividad del relato sagrado desde el ambicioso propósito de superar el inútil empeño de distinguir entre lo histórico y lo falso, es decir, que potencia al máximo la sugestión mítica de la historia sagrada, inseparable culturalmente de este presente y de todos. Y en fin, la revista ‘Esprit’ dedica un monográfico imprescindible al que titula, un poco audazmente, “las efervescencias religiosas en el mundo”, una rúbrica que acoge reflexiones sobre el posible ocaso (¿provisional, eventual?) del proceso secularizador y la vuelta a lo sagrado por parte de unas sociedades probablemente desilusionadas con la desacralización primero y con el relativismo después. Parece que, en fin de cuentas, el mismo hombre que huía de la fe y reclamaba el laicismo a la sombra de la industrialización, vuelve por donde se fue en busca de un bagaje perdido sin el que tal vez no le ha sido tan fácil reconocerse como pudo pensar cuando partió en estampida. En medio de esta inmersión piadosa que es entre nosotros la Semana Santa, con o sin tamborrada, asomarse a esas perspectivas resulta verdaderamente estimulante, al menos para mí.
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 Tal vez, podría concluirse de la lectura de ese volumen, que hemos ido demasiado aprisa desde Weber en adelante, sobre todo cuando nos hemos deslizado sobre la nieve en polvo que precipitó la fenomenología a partir de Schutz y esos “universos simbólicos de significación” que muñó Berger y explayó Luckman. Los nietos de Mounier, el viejo fundador, contemplan con regusto indisimulado las nuevas circunstancias del planeta, la irrupción del islamismo y su difícil adaptación al medio desarrollado, los progresos de la crítica protestante pero, sobre todo, el auge imparable de la oferta proveniente de evangelismos y pentecostismos que no son, de hecho, más que mutaciones de la radicalidad monoteísta en ese medio tecnificado (desarrollado) en que aquellos sabios presumían que iba a cerrarse definitivamente el círculo de la desacralización. Sólo Europa, al parecer, no llevaría el paso cambiado en este desfile previsto desde hace décadas, en la medida en que en ella los fenómenos de ruptura, la forma de la deserción ideológica y moral, coincidirían, en líneas generales, con lo previsto por la sociología. En USA la explosión confesional tiene tintes no poco lamentables de irracionalidad extremada, en Hispanoamérica avanza la religión sectaria en los términos en que pudo comprobar el propio Wojtila durante su viaje a Brasil. ¿Otra ‘profecía’ que fracasa, otra deducción crítica que se estrella contra la materia dura que soporta y nutre las creencias? Puede ser que, por contraste con la ruina de cierta religión convencional (eclesiástica), asistamos a una vuelta a lo sagrado muy por encima de la cota sentimental en que yacían hasta antier las falsas reliquias de santa Juana o el prurito secularizador de los soviets. El siglo XXI será religioso o no será. Puede que Malraux llevara razón después de todo.

Muletas y maletillas

Andan compitiendo PA e IU en difundir la buena nueva de que, tras las elecciones, no pactarán con nadie para servirle de “muleta”. ¿Y quién puede asegurar eso antes de cerrado el escrutinio? Repasen la hemeroteca y hallarán proclamas idénticas en cada precampaña –de uno y de otra– y recuerden luego que ocurrió al día siguiente, no una sino mil veces. O más fácil aún, estén atentos al día a día y verán a uno y otra bailar el rigodón, cada vez que tienen oportunidad, en la puerta de la “casa común”. En Andalucía el PP ha de ganar por mayoría absoluta si quiere gobernar, y ya hay que ser pánfilo para no ver que votar a la izquierda o a la derecha inmediatas del PSOE no es más que perder el tiempo. El PA ha salvado a Chaves ya en dos ocasiones e IU lo apoya indefectiblemente en asuntos de mayor cuantía aunque prodigue el número de las patas por alto en el negocio pequeño. Tienen que comer y pagar, las criaturas, alguien tiene que salvarlos del “cobrador del frac”, de modo que no pueden caber dudas sobre a qué juegan ni sobre qué harán. 

La chistera vacía

Mal debe de andar la cosa para que el ocupadísimo ZP se baje al moro de Huelva, decíamos antes del mitin del sábado, y añadiremos tras él que hay que tenerla dura para venir hasta Huelva a prometer lo que ya han prometido tropecientas veces y no hace tanto que decidieron demorar con todo lujo de explicaciones: la traída del AVE y el desdoble de la Nacional 435. ¡La chistera vacía! Ya es cutre venir un mes antes de las elecciones para subir a una candidata que no acaba de romper al estribo de ese tren, pero si cabe más lo es recuperar el proyecto archivado del desdoble que ha supuesto, durante años, tan grave castigo para la población provincial como el propio PSOE se encargó de enfatizar cuando iba a repartir panfletos al semáforo de Beas. ZP ha echado una mano, pero una mano vacía, y en ese gesto no hay más remedio que ver, por encima y por debajo de su descarado oportunismo, la fragilidad de la candidatura a una alcaldía que han perdido ya tres veces seguidas y no es verosímil que la ganen con trucos de repertorio tan despreciativos para los sufridos onubenses.

El cazador cazado

Hay maratón esta temporada de visitantes ilustres occidentales que se llegan hasta China. No se puede dejar pasar ese tren ni aguardar al último vagón –lean el último libro de Tamames– sino que debe uno coger la ocasión por los pelos ya que la pintan calva. Cada día caben menos dudas sobre el “milagro chino” que no es tanto el actual  crecimiento desaforado sino el espectro de una no lejana hegemonía mundial del temido gigante que está llevando a cabo la más alevosa revolución capitalista sin salir del comunismo, átenme esa mosca por el rabo, si pueden. Occidente y Oriente. Parece que hemos olvidado la historia de esta ambición que, incluso olvidándonos de Marco Polo, tiene ya en su crónica varios intentos fallidos del todo o a medias: el del siglo XVI, fracasado por su ilusionismo religioso (estamos en el centenario de Francisco Javier, precisamente), que lograron sacudirse Japón primero y China después; el romántico, paradójica pero astutamente circunscrito al objetivo económico, con olvido expreso de las evangelizaciones, que ya tuvo más éxito. Y la actual aventura, que es de un orden distinto al producirse en el contexto de la globalización, es decir, sobre coordenadas espacio-temporales imposibles hasta ahora., aunque es cierto que hace ya muchos años (mi edición es de 1915) la astucia de Kautski intuyó por donde podían ir los tiros al augurar la posibilidad de que un “ultraimperialismo” (sic) sustituyera el forcejeo suicida entre los capitalismos nacionales por una “explotación del universo en común”. Lo constato tal cual para espantar la pertinaz idea de la inutilidad práctica de las filosofías de la Historia: Kautski veía claro, en plena primera Gran Guerra,  lo que está ocurriendo hoy, es decir, que el dinero podría alcanzar una unidad de acción de alcance ecuménico y que ese invento sometería definitivamente a nuestro mundo el remoto y automarginado Oriente. Lo que no previó, me parece a mí, fue el coste de la operación.
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Lo digo porque si es verdad que, de momento, el capitalismo occidental (es decir, Occidente, vamos a dejarnos de pamplinas) se beneficia exponencialmente del intercambio desigual con el gigante chino, no lo es menos que las previsiones indican a medio plazo una rebelión del gigante que podría ser definitiva e incluso darle la vuelta a la Historia. No faltan observadores, por eso, inclinados a la idea de que este súbito y masivo intercambio comercial y tecnológico, por buenos resultados que proporcione a corto plazo, sugiere que los linces occidentales está engordando ingenuamente el tigre que un día no lejano acabará devorándolos. Que es un poco lo que ya le sucediera a nuestros abuelos cuando, a finales del XIX, descubrieron con estupor que los pueblos del Oriente remoto habían encontrado un atajo a nuestra civilización sin necesidad de recorrer el largo proceso preparatorio, suceso histórico que está en el origen de la decadencia europea anunciada por Spengler y antes aún por el mismo Niestzche. La China que hoy nos fabrica ‘jeans’ o camisas a precios irrisorios gana con ellos mucho más que nuestros fenicios, de tal modo que permite intuir ya que tal vez la globalización dichosa sea el factor que acabe logrando la inversión de la hegemonía y entregándole a Oriente las llaves del reino. Releo de vez en cuando la tesis del “renegado Kautski” y pienso cada vez que lo hago en lo extraño que resulta que nuestros memoriosos sabios no lo hagan también o, en caso de que lo hagan, que no avisen con señales de humo a esos compradores de duros a dos pesetas que ya viajan a China como pasea Pedro por su casa. Un emperador chino rechazó la propuesta de un rey inglés del XVIII, desdeñoso ante la inutilidad de la industria de Occidente. No había llegado su hora, evidentemente. Hoy, ajustado el reloj a la nueva hora planetaria, todo indica que la hegemonía de Occidente tiene sus días contados en su propia contabilidad.

La partida de Rejón

Rosa Aguilar y Luis Carlos Rejón le han ganado la partida a Diego Valderas y los suyos que pretendían hacer y deshacer a discreción en el único Ayuntamiento capitalino que posee la coalición IU en España. Menos mal, porque, a estas alturas, esas exhibiciones de “centralismo democrático” son puro anacronismo y, encima, a la vista está, no tienen tras de sí, como antaño, la fuerza precisa para imponerse. Claro que la propia pretensión de teledirigir el Ayuntamiento ya resulta ridícula por sí misma porque, hay que insistir en ello, nadie en sus cabales podría creer que si IU conserva la alcaldía cordobesa es gracias a las estrategias partidistas y no al mérito directo, personal, de sus gestores. En IU hay demasiados reflejos fósiles superpuestos a los modos nuevos forzados por las circunstancias y, sobre todo, por el “cobrador del frac”. Valderas mismo es un fósil político, aunque no está solo en esa geología. Si alguien pretende seguir disponiendo de una “izquierda radical” ya se puede ir buscando otra papeleta.