El precio del pacto

El PP ganó las elecciones en Aljaraque, pero quien gobierna es el PSOE apoyado por IU. ¿A cambio de qué? Pues a ver de qué va a ser, ¡de urbanismo! En eso no hay diferencias: cuando un partido/bisagra tiene la llave del Gobierno da la vara al otro a cambio de esa gallina de los huevos de oro, claro está, que con el argumento de que nadie mejor que él garantizará la transparencia en la gestión. Y sin embargo, ya empezamos. El Colegio de Arquitectos –cuyo decano es arquitecto municipal de ese pueblo– ha denunciado que la adjudicación del PGOU a un grupo profesional determinado viola al menos cinco artículos de la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas, o sea, que habrá qué ver por qué IU se salta la ley y que eventuales intereses hay por medio para que se ejecute ese salto. Mal comienzo también en este resbaladizo terreno. El pacto de Aljaraque estará bajo sospecha en tanto no se explique esa adjudicación.

El viejo oficio

Ayer al mediodía la plaza de Pigalle, el viejo caíz prostibulario y artístico de la bohemia clásíca, se llenó de profesionales de la prostitución o, como exige decir la corrección política, de ‘trabajadoras y trabajadores del sexo”, que exigían, una vez más, la liberalización del viejo oficio y un razonable estatuto capaz de garantizar su dignidad. Están hartos esos profesionales de ambos “géneros” de soportar el estigma que, por un lado, transforma a los putos (permítanme en adelante el masculino genérico) en mercancía, y por el otro, los contempla como víctimas a redimir por los buenos oficios de la solidaridad organizada. No quieren miserabilismo, nada de Zolas ni Baudelaires, si acaso un toque de Toulouse-Lautrec, el recuerdo fósil pero vivo de ‘la Goulue’, la libertad, siquiera imaginaria, de una relación emancipada, y que le vayan dando a los represores y a las feministas “cathos”. La “Pute Pride”, esto es “el orgullo puto”, desfilando descarado por los bulevares y con el objetivo de llegar a Matignon para cantarle las cuarenta a un Sarkozy recién vapuleado en las urnas. Los franceses pasan mucho de broncas y manifestaciones, mientras no irrumpan los ‘flics’, y contemplan con cierta indiferencia la exhibición de esos rebeldes marginados que gritan enronquecidos que llevan a gala su condición y explican que ellos no venden su cuerpo –como propone la doctrina sempiterna– sino que “ofrecen servicios sexuales”, que se limitan a cobrar a cambio de dar placer y que, desde luego, hay profesiones mucho peores que ésa. Nada mejor para evitar la explotación y desarmar a las mafias que dotar a los putos de derechos laborales completos, jubilación a su debido tiempo, paro como todo el mundo, seguridad social y, en resumen, igualdad de derechos con los demás trabajadores de la nación. Francamente, no había escuchado en mi vida nada tan profundamente “republicano” como esta demanda.                                                                   xxxxxLa protesta se dirige contra la vigencia de la ley de Seguridad Interior con que Sarkozy, en su época de ministro, inició el paquete de medidas contra el creciente desorden social que percibía la sociedad francesa y no sólo sus votantes. Una ley contra putos, pero también contra ‘okupas’, traficantes de armas, ‘hoolingans’, mendigos y homófobos, que según los primeros ha tenido consecuencias temibles sobre la profesión, en especial de orden sanitario pero también por lo que se refiere a su seguridad, al calificar como delito la prostitución callejera. ¡Suena lejana la cínica sentencia de Agustín sobre las ‘cloacas de la ciudad’ en medio de este griterío que rechaza igualmente el prohibicionismo conservador y el abolicionismo de las izquierdas! “Estamos orgullosos y hay peores oficios”: a ver quien discute eso. El Senado romano desterró a una roca perdida en el mar a una matrona confesa de haberse prostituido, prohibió casarse y testar a las putas, les limitó el horario y les impuso un atuendo, pero todo ello no impidió que Mesalina destacara en el oficio. Tampoco sirvieron para gran cosa los “picos pardos” que se les impusieron en la España carolina –tal vez porque tratar de impedir ese tráfico voluntario viene a ser como ponerle puertas al campo– como de nada sirvieron las “regulaciones” que hicieron tanto la República como Franco cuando se dice que en un Madrid hambriento una de cada veinticinco mujeres ejercía el oficio. Pero ellos lo tienen claro: “Hay muchas almas buenas que creen saber mejor que nosotros lo que nos conviene. ¡Eso no es más que putofobia!”. Alguien, desde la acera, interpela a una manifestante: “¡Nadie nace con vocación de puta!”. Y le responden desde la calle: “¡Toma, ni de cajera de supermercado!”. Baudelaire sostuvo que el amor no era más que el gusto por la prostitución y que no existía placer noble fuera de ella. Quizá derechas e izquierdas deberían leer más poesía.

Contra Andalucía

Leo en un diario catalán que, en la discusión sobre el modelo de financiación autonómica, la Generalitat teme que Andalucía resulte beneficiada lo que, a su juicio, sólo permite al gobierno autónomo catalán dos opciones: o alcanzar un acuerdo de mínimos con la Junta andaluza –al que se estaría oponiendo con razón el consejero Griñán– a aliarse con las comunidades madrileña y valenciana, ambas del PP, pero cuyos intereses coinciden con los suyos. Lo de menos son los principios cuando lo que interesan son los finales, aunque está por ver qué contestaría el PP, llegado el caso, a esa sugestión interesada que, evidentemente, le pondría las cosas muy cuesta arriba en Andalucía a la formación que encabeza Javier Arenas. El soduku de Solbes se va a complicar con la necesidad de ZP de premiar a las comunidades que más han aportado a su triunfo. Está claro que los intereses espurios son los únicos que interesan.

“Gobiernos amigos”

La Dipu lo tiene claro a la hora de invertir en los pues los de la provincia el dinero público: los amigos son los amigos ya los demás que les vayan dando. Vean el último reparto de pasta, los 207.000 euros destinados a combatir el absentismo escolar, esa lacra tan extendida y que tanto pesa sobre el fracaso de nuestro sistema público de enseñanza, que han ido íntegros a seis Ayuntamientos “propios” –San Juan del Puerto, Ayamonte, Gibraleón, Paterna, Villalba y Manzanilla–, como debe ser, y ni un duro a los ajenos. Al sectarismo del Gobierno y de la Junta se une el de nuestra institución provincial que, con excusas como la presente, financia por debajo de la mesa a los suyos y, de paso, queda bien. Y el PP callado. Ni siquiera se le ha ocurrido preguntar por qué hacen falta 207.000 euros para una operación que se resolvería sin problemas con un parte diario de los centros a la Delegación.

Vida y muerte

Dos acontecimientos simultáneamente acaecidos han reabierto en Europa el debate sobre la eutanasia. El martes moría en Amberes el emblemático escritor flamenco Hugo Claus, el autor del inolvidable “Le chagrin des Belges”, viejo discípulo de Artaud y autor de un centenar de obras de varios géneros, me temo que más bien poco conocidas entre nosotros, que eligió poner fin a su vida una vez que el mal de Alzheimer acabó por reducirlo a la práctica inactividad. Al día siguiente fue encontrado sin vida el cuerpo de Chantal Sébire, la mujer afectada de un terrible tumor deformante a la que acababa de serle denegado por la Justicia francesa su solicitud de eutanasia. La legalización de la “buena muerte” en los Países Bajos, permitió que el deseo de Claus fuera atendido en la fecha elegida por él mismo, mientras que se ignoran, por el momento, las circunstancias de la muerte de Sébire, dado que en Francia no está permitida la muerte asistida, pero ambos casos han disparado un aluvión de críticas y comentarios que de nuevo replantean la cuestión de la libertad del individuo para elegir su fin, al menos en ciertas condiciones de vida que no resulta difícil estimar inaceptables. No es preciso insistir en la componente estrictamente ideológica que informa la oposición a esa libertad supina y, menos aún, en su origen cristiano que algunos autores han explicado como mera reacción a la cultura pagana en la que el suicidio en cualquiera de sus formas (Séneca desangrado por su médico o Nerón atravesado por su pretoriano son dos ejemplos claros de eutanasia activa), pero la realidad es que la discusión actual se distancia de la idea de suicidio al plantear como un derecho el que asiste al ser humano condenado irreversiblemente a un sufrimiento y a una degradación ciertamente inhumanas. El rostro sereno de Claus o la monstruosa cara atormentada de la pobre Chantal dejan escaso margen de discusión a un moralismo limitado por su propia índole metafísica.                                                                  xxxxxNo hay forma moralmente lógica de oponerse al deseo de morir con dignidad porque si se dice que nadie es dueño de su vida más cierto es, sin duda posible, que nadie puede serlo de la ajena, lo que reduce la porfía a un círculo estrictamente confesional que no parece que tenga mucho ni poco que ver con la moral y menos con la ética. Es verdad, eso sí, que casos como el último mencionado, sólo con reproducir la espantosa imagen de la solicitante, valen en este pulso más que cien mil discusiones y serán aprovechados, en consecuencia, por la militancia de esa causa, pero entiendo que la razón no debería apoyarse en la truculencia atroz de un rostro destruido o en el espectáculo de un sufrimiento infrahumano para atender a un deseo realengo que, descartados los supuestos gratuitos o patológicos, debería ser reconocido de una vez por la ley. No me parece que sea necesaria la literatura –hablar, como los románticos, del “sublime coraje del vencido” y demás– para reconocer un derecho contra el que nadie es capaz de argumentar una sola razón que no sea metafísica. Y no entiendo por qué tienen tan buena prensa entre nosotros la escena de Séneca en la bañera –no hay escolar al que no le hayan mostrado esa imagen– o el salto de Ganivet desde el acantilado que tanto recuerda a cierto conocido cuadro de Alenza. Voltaire se escandalizaba de que respetemos más a los muertos que los vivos, y me parece que estos dos luctuosos sucesos que hoy dividen otra vez a la opinión europea, le dan la razón de plano, a no ser que alguien logre argüir por qué hubiera sido mejor aguardar a que un vitalista señero como Hugo Claus quedara reducido a su versión vegetal o a que la desdichada Chantal Sébire acabara convertida en una repugnante masa informe. Hay sobrado espacio moral entre el abuso y la necesidad. Me parece que nadie ha expresado esto mejor que Malraux cuando escribió que nadie se mata si no es para existir.

“La nuestra” y “la suya”

No deja de ser ingenua la insistencias de la oposición en que el PSOE apedree su propio tejado de vidrio consensuando el nombramiento del responsable de la televisión pública, Canal Sur, ni siquiera ante la clamorosa evidencia del abuso que certifican las sanciones y expedientes abiertos por la Junta Electoral con motivo de las recientes elecciones. Canal Sur es el gran instrumento de propaganda y adoctrinamiento de que dispone la hegemonía del PSOE, sin duda el más eficaz fidelizador a la hora de garantizar el voto de la Andalucía profunda y cultural y políticamente más indefensa. Pretender que renuncie a esa ventaja estupenda es, desde luego, una exigencia democrática más que justificada pero Chaves aprendió hace mucho que más vale una vez colorado que ciento amarillo.