Varas de medir

Lo que es bueno para la Cuenca Minera no lo es para el Condado. El PSOE sostiene ese doble rasero a la hora de exigir al alcalde de Nerva que los vecinos afectados por el incidente tercermundista del agua no potable en sus grifos, no paguen en su factura por el periodo que duró el disparate. Es justamente lo contrario de lo que defendió en el Condado al obligar a pagar a los consumidores hasta el último céntimo a pesar de haber estado durante más de cuarenta días tragando agua no apta para el consumo, según la propia Junta de Andalucía. Dos criterios diferentes, dos varas de medir distintas, que constituyen, además de una manifiesta incoherencia, un agravio para los ciudadanos maltratados y forzados luego a pagar por el maltrato. Anteponer el interés de partido al de la gente es intolerable pero ésa es la única razón que explica este ridículo contrasentido que la dirección del partido consiente como si ese desafuero no fuera con ella.

Otra de perros

Siempre hemos sabido que los chinos comen carne de perro. Somerset Maugham contaba una anécdota estremecedora que él presenció, por lo visto, cuando con uno de sus selectos grupos de ‘vips’ visitaba el todavía “continente prohibido” y fueron a cenar a un restaurante en el que el propio cocinero se ofreció obsequioso a custodiar al faldero que mimaba una de las damas para acabar sirviéndolo luego en salsa agridulce. Ahora, en el marco de la campaña contra los JJOO de Pekín, una organización inglesa ha mostrado la terrible práctica de los restaurantes de la especialidad, puestos al descubierto por la cámara oculta de unos investigadores suyos que hubieron de ingerir, para garantizar su coartada, un horrendo surtido de pulmones, pene y corazón caninos, pero sobre todo, las intolerables condiciones de esa práctica culinaria que no excluye el sangrado lento ni el despellejamiento por inmersión en agua hirviente de los desdichados animales. Hay que recordar que la misma acusación sirvió a los activistas del animalismo para oponerse, como es natural sin éxito, a la celebración de la Olimpiada en Corea del Sur, país que, como Filipinas o Vietnam entre otros del sudeste asiático, incluyen en su dieta tradicional al presunto mejor amigo del hombre. Aún recuerdo la alarma provocada en Madrid en los años 60 cuando un periódico difundió la inverosímil nueva de que en los “asadores” de Coslada y San Fernando de Henares lo que se ofrecía al cliente dominguero no era precisamente cordero lechal sino perro común, alarma que el novelista Martínez-Menchén desmontaba esgrimiendo la razón práctica de que la cría de corderos habría de resultar al mesonero incomparablemente más fácil y cómoda que organizar una ganadería perruna. Leyendas del cambiazo ha habido siempre hasta el punto de no hubo venta caminera que escapara a leyenda campesina del gato por liebre y aún de otras sustituciones que preferimos olvidar. Otra cosa es confundir el fraude con tradiciones legítimas en las que –seguramente por falta de reses convencionales para nosotros– el perro tiene asignada su contribución a la dieta en proteínas cárnicas. No hay canibalismo si sobran vacas, decían con sorna los antropólogos franceses que colonizaron culturalmente México. Antes que ellos, Las Casas vio comer allí aquellos “perrillos que no ladran” y que a Cortés le parecieron “asaz buenos”.

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 Nada hay que objetar a la denuncia de malos tratos a los animales, que hace poco traíamos aquí a propósito del desalmado que hizo pasar por escultura viviente a un perro atado a la pared de cierta Bienal hasta que el animal murió de hambre y de sed. Otra cosa es no ver en ésta de los perros chinos una estrategia poco original que, además, resulta casi indignante teniendo en cuenta la débil respuesta del mundo llamado libre a la crudelísima situación por la que, ante su silencio, atraviesan los derechos del hombre en ese gigante en alza. Meterse en las cocinas de un país que no se recata ante la exhibición de ejecuciones masivas o que proclama su decisión de aplastar por las bravas la rebeldía del Tibet, para acosarlo con el sin duda cruel comportamiento de sus cocineros resulta, me parece a mí, no poco absurdo o incluso ingenuo, sobre todo por parte de un mundo que presenció entre curioso e indiferente la tragedia de la “revolución cultural” o las escabechinas del tardomaoísmo. Es horroroso el relato de esos debeladores, con sus canes cazados a lazo y desollados sin piedad, no cabe la menor duda, pero inquieta comprobar que la imagen de ese sadismo funcional que se produce entre los fogones acabe conmoviendo más al demócrata lejano que las sevicias tal vez no inferiores soportadas entre nosotros por otros animales destinados a alimentarnos. Aparte de que en China hay un animal tradicionalmente maltratado y ese animal no es otro que el pobre. Ése sí que sería un buen argumento para objetar sus JJOO.

La Junta compite

Las denuncias contra la empresa pública Desarrollo Agrario y Pesquero (DAPSA), perteneciente a la consejería de Agricultura de la Junta, en relación con la competencia desigual que viene practicando incluso en terrenos muy alejados de sus competencias teóricas, devuelve a la actualidad el problema que esos montajes de que la Junta se vale, a modo de Administración paralela, para “agilizar” la gestión eludiendo las fiscalizaciones establecidas por la Ley, suponen en la medida en que se comportan como auténticos competidores ventajistas al conseguir que instituciones públicas controladas por la Junta y su partido les adjudiquen contratos de obras a dedo en perjuicio de la empresa privada. La Junta no sólo tiene en ellas una vía de escape para burlar el control legal sino que contribuye a arruinar a esos sectores con sus arreglos partidistas. DAPSA, en todo caso, no es la única arruinadora de que dispone un gobierno autónomo que ha conseguido duplicar la Administración aunque haya sido a ese doble y privativo precio.

El Defensor que no llega

Que Huelva iba a contar con un Defensor del Ciudadano fue anunciado antes de las elecciones de mayo. Que el designado ‘in pectore’ sería Manolo Rodríguez no fue precisamente el secreto mejor guardado por el equipo gobernante. Pero pasan los meses y el Defensor no llega. Lo último fue la aprobación en pleno de que ese cargo sería de libre designación del alcalde, propuesta apoyada por la mayoría ‘popula’ a la que se sumó IU, contra el parecer de un PSOE al que adopta va a resultar que la designación de cargos a dedo le resulta ajena y rara. Total, que ese Defensor nonnato viene ya con un retraso que a no tardar cumplirá un año. Si de verdad es necesario crear la figura del Defensor, ¿por qué no lo nombran de una vez? Si no lo tienen claro, ¿a qué viene tanto ruido? Manolo Rodríguez es hombre de paciencia pero seguro que se estará preguntando lo mismo.

El Dios de los sabios

A un cura y científico polaco le han dado un millón de euros por proponer la teoría de que la existencia de Dios es demostrable desde las matemáticas. Por su parte, en la universidad de Oxford van a emplearse dos millones y medio de dólares en averiguar –con el concurso de neurólogos, biólogos, lingüistas y sociólogos– de qué modo las estructuras cognitivas del ser humano generan las creencias y los motivos por los que aquel tiende a creer en un ser superior al que llama Dios. Es probable que esta corriente demostracionista no sea sino una reacción a la insistente militancia atea que se esfuerza en muchos países, incluido el nuestro, en ese ejercicio racionalista que a uno se le antoja tan gratuito e impracticable como su contrario, es decir, en solucionar la vieja cuestión de la existencia o inexistencia de Dios, antigua aporía que Kant, si mal no recuerdo, tuvo el sentido común de desacreditar al sostener que de nada valen en esta porfía los argumentos racionales puesto que eso que entendemos inmemorialmente por ‘Dios’ es, en todo caso, un postulado de la “razón práctica”, es decir, una ‘creencia’ en el sentido de Ortega, ante la que el pensamiento debe dejar campo libre a la fe. Siempre recuerdo en este punto que Pascal invocaba al Dios de nuestros padres y “no al de los filósofos y los sabios”, sugerente opción que expresa su convencimiento de la absoluta inutilidad de los esfuerzos metafísicos o científicos en este terreno. Lo que ha habido que oír, a este respecto, en la larga vida de la historia del pensamiento es, desde luego, para desanimar a cualquier persona sensata, pero no me digan que no son igual de insensatos los argumentos que hemos debido escucharle a la otra parte. Nadie ha probado nunca nada, ni a favor ni en contra, tocante al “mysterium fascinans” o al “mysterium tremendum”, y cuando digo ‘nada’ no pretendo decir nada que no interese a un cofrade fervoroso del Gran Poder o a un kamikace fanático, sino ‘nada’ que pueda ser recibido como definitivamente lógico por cualquier mente racional. Hegel ponía como condición para acercarse a su ‘Idea’ nada menos que “la humildad de conocer”. Eso se llama tentarse la ropa.                                                                xxxxx

En mi opinión lo que faltaba en esta crónica del despropósito multisecular era la actual tendencia a meter por medio el saber de los neurofisiólogos, tan tentados últimamente en no pocos casos, es verdad, a derivar por la extravagancia de localizar en el cerebro sentimientos y emociones, así como a los genetistas empeñados en identificar a los genes responsables de lo humano y lo divino, lo que no deja de ser una suerte de neomaterialismo pasado de maracas. Las “fórmulas” del cura matemático no tienen por qué resultar menos ingenuas que el propio empeño ateísta aunque estén alineadas, en definitiva, con el rancio argumentario que va desde el irracionalismo atraillado de san Agustín al ontologismo de san Anselmo (que, por cierto, aprovecharon a su manera Leibnitz, Descartes o Malebranche) pasando por la pretendida lógica de las ‘vías’ tomistas que nos enseñaron en bachiller sin decirnos, por supuesto, que el santo acabaría propugnando, como única salida, la vía mística. Un metafísico tan intrincado como Zubiri dice algo en extremo sugerente: que negadores y afirmadores de la divinidad se mueven, sin sospecharlo, en un mismo plano. Y sin embargo, seguimos despilfarrando millones –¡como si nos sobraran!– en cazar a pie enjuto ese gambuzino inasible en el que cree a pies juntilla una muchedumbre silenciosa que no reconoce fronteras ni en el espacio ni en el tiempo. Razón y Fe son funciones paralelas que para unos se bifurcan sin remedio y para otros se juntan en una asíntota que puede ser cualquier cosa menos localizable. En ella caben holgadamente el dios de Abraham y el dios de Spinoza, aparezcan o no en el microscopio y cuadren en las ecuaciones o no.

Justicia atascada

El juez decano de Sevilla, Federico Jiménez Ballester, ha admitido que, de continuar la Administración de Justicia con los medios actuales, se produzca “un colapso que transforme las resoluciones judiciales en ineficaces”. El problema aprieta en materia de lo Contencioso-Administrativo, donde hay provincias que sólo disponen de la mitad de los juzgados que el propio Consejo General del Poder Judicial estimó imprescindibles. Los juzgados de Sevilla en esa especialidad están emplazando para el año 2010 los juicios correspondientes, lo que supone tanto como decir que la Justicia llegará tarde e inútilmente en muchos casos en perjuicio de los administrados. Se confirma que el traspaso de competencias de Justicia a la Junta, cerrado de prisa y corriendo, ha resultado poco menos que catastrófico para el servicio y para los ciudadanos. La autonomía mal gestionada puede ser peor si cabe que el centralismo tradicional. Que se lo pregunten a esos pleiteantes y luego hablamos.