Solos y colgados

Hubo una teoría en los años 50, muy acorde con la que se avecinaba, que postulaba la radical soledad del hombre en las sociedades contemporáneas. La lanzó David Riesmann en un libro memorable, “La muchedumbre solitaria”, sobre cuya tesis de la fatal atomización del individuo ha vuelto mucho después Richard Sennet en un duro alegato sobre las consecuencias organizativas de nuestro modelo social. El individuo –usted y yo– se habría, nos habríamos quedado solos sin advertirlo, aislados del vecino desconocido con el que nos cruzamos en el rellano, despojados de nuestra categorías sociales en el marco de un sistema más flexible que la antigua “jaula de hierro” del capitalismo clásico. Una tesis tentadora, que expresa la nostalgia por una “comunidad” que tal vez nunca existió pero que felizmente opera como paradigma en el subconsciente de muchos solitarios. Y sin embargo… Una noticia cazada al azar en la radio me deja estupefacto: ¿será verdad que en el mes de enero del año en curso se produjeron en Internet ¡9.000 millones de visitas! a ‘sitios’ como Youtube, Google o Yahoo? ¿Lo sería que sólo en el primero de los citados se habría registrado la friolera de 3.000 millones de curioseos? Lo primero que se me ocurre es pensar en que la población total del planeta no pasaba de 6’5 millones a principios de este mes, lo que quiere decir que hay más ‘visitas’ que habitantes en ésta que Manuel Castell ha llamado “La sociedad Red”, a pesar de que más de la mitad de ese personal humano no es que sea iletrado y carezca de ordenador sino que vegeta hambriento con su corta esperanza de vida. Pero luego he pensado en la profundidad de esta revolución que estamos viviendo en silencio, habituados ya al prodigio, como si fuera normal que una chorrada de Britney Spears provoque que se conecten para verla 24 millones de fans. No sé si igual de solos o más que antes, el milagro informático está consiguiendo potenciar la interacción hasta perfilar una imagen global que habrá que superponer a nuestra visión de la sociedad atomizada para hacer balance. Así se cruza de una era a otra: sin hacer ruido.                                                                    xxxxx

Hay que advertir enseguida que las cosas pueden ir a mejor o a peor, según se miren. En enero del año anterior, por ejemplo, no fueron 9.000 las visitas registradas, sino más de 10.000, aunque quizá este tipo de datos no tenga demasiada importancia dada la vertiginosidad y la autonomía con que evoluciona este proceso al parecer sin fin que experimenta una relación virtual en la que casi nada es previsible. Una desconocida ‘Tigresa de Oriente’ cuelga su video y recibe de sopetón 3 millones de contactos curiosos, Michael Jakcson hace lo propio y es visitado por más de dos millones y medio de partidarios, y un corto español alcanza los 60 millones como empeñado en dejar en evidencia a la industria patria del cine subvencionado. Raro milagro, autogestionado por unos protagonistas que tal vez no se percaten de que están manejando un hallazgo tecnológico sin precedentes desde que se inventó la imprenta pero, con toda probabilidad, de mucho mayor alcance. Seguimos solos y aislados, muchos aún incluso confinados en la “jaula de hierro”, vapuleados de acá para allá por la imprevisible corriente de una tecnología cada vez más accesible, abiertos por primera vez en la Historia al mundo en su totalidad aunque sigamos recluidos voluntariamente en la leonera desde la que nuestros hijos se timan temerariamente con desconocidos y los plagiarios saquean el saber disecado en las memorias de silicio, aunque al cruzarnos en el descansillo sigamos desconociendo al vecino que quien sabe si, como nosotros mismos, acaba de regresar imaginariamente él también del confín más lejano, navegando a ciegas entre el bien y el mal, jugándose el tipo como un nuevo Ulises de vuelta de esa guerra suprema que es la soledad.

El líder vitalicio

Nunca fue bueno para la democracia el liderato prolongado y menos el vitalicio. Ni siquiera cuando ese liderato conseguía, por lo que fuera, el refrendo popular, porque hay muchas maneras de atraillar las voluntades legalmente aparte de que el pueblo soberano puede equivocarse e instaurar una dictadura. Y más si no se ven por ninguna parte en el líder las señas del carisma o las prendas del talento. Chaves, por ejemplo, puede autopostularse candidato para el 2012 lo mismo que para el 2016, pero eso no puede entenderlo nadie en Andalucía, incluyendo a mucho personal de su propio partido, en el que su decisión implica que no tiene relevo posible. No hay líder bueno si se eterniza en el puesto. Eso vale para los tiranos, pero también para Fraga o para Chaves.

Varas de medir

Lo que es bueno para la Cuenca Minera no lo es para el Condado. El PSOE sostiene ese doble rasero a la hora de exigir al alcalde de Nerva que los vecinos afectados por el incidente tercermundista del agua no potable en sus grifos, no paguen en su factura por el periodo que duró el disparate. Es justamente lo contrario de lo que defendió en el Condado al obligar a pagar a los consumidores hasta el último céntimo a pesar de haber estado durante más de cuarenta días tragando agua no apta para el consumo, según la propia Junta de Andalucía. Dos criterios diferentes, dos varas de medir distintas, que constituyen, además de una manifiesta incoherencia, un agravio para los ciudadanos maltratados y forzados luego a pagar por el maltrato. Anteponer el interés de partido al de la gente es intolerable pero ésa es la única razón que explica este ridículo contrasentido que la dirección del partido consiente como si ese desafuero no fuera con ella.

Otra de perros

Siempre hemos sabido que los chinos comen carne de perro. Somerset Maugham contaba una anécdota estremecedora que él presenció, por lo visto, cuando con uno de sus selectos grupos de ‘vips’ visitaba el todavía “continente prohibido” y fueron a cenar a un restaurante en el que el propio cocinero se ofreció obsequioso a custodiar al faldero que mimaba una de las damas para acabar sirviéndolo luego en salsa agridulce. Ahora, en el marco de la campaña contra los JJOO de Pekín, una organización inglesa ha mostrado la terrible práctica de los restaurantes de la especialidad, puestos al descubierto por la cámara oculta de unos investigadores suyos que hubieron de ingerir, para garantizar su coartada, un horrendo surtido de pulmones, pene y corazón caninos, pero sobre todo, las intolerables condiciones de esa práctica culinaria que no excluye el sangrado lento ni el despellejamiento por inmersión en agua hirviente de los desdichados animales. Hay que recordar que la misma acusación sirvió a los activistas del animalismo para oponerse, como es natural sin éxito, a la celebración de la Olimpiada en Corea del Sur, país que, como Filipinas o Vietnam entre otros del sudeste asiático, incluyen en su dieta tradicional al presunto mejor amigo del hombre. Aún recuerdo la alarma provocada en Madrid en los años 60 cuando un periódico difundió la inverosímil nueva de que en los “asadores” de Coslada y San Fernando de Henares lo que se ofrecía al cliente dominguero no era precisamente cordero lechal sino perro común, alarma que el novelista Martínez-Menchén desmontaba esgrimiendo la razón práctica de que la cría de corderos habría de resultar al mesonero incomparablemente más fácil y cómoda que organizar una ganadería perruna. Leyendas del cambiazo ha habido siempre hasta el punto de no hubo venta caminera que escapara a leyenda campesina del gato por liebre y aún de otras sustituciones que preferimos olvidar. Otra cosa es confundir el fraude con tradiciones legítimas en las que –seguramente por falta de reses convencionales para nosotros– el perro tiene asignada su contribución a la dieta en proteínas cárnicas. No hay canibalismo si sobran vacas, decían con sorna los antropólogos franceses que colonizaron culturalmente México. Antes que ellos, Las Casas vio comer allí aquellos “perrillos que no ladran” y que a Cortés le parecieron “asaz buenos”.

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 Nada hay que objetar a la denuncia de malos tratos a los animales, que hace poco traíamos aquí a propósito del desalmado que hizo pasar por escultura viviente a un perro atado a la pared de cierta Bienal hasta que el animal murió de hambre y de sed. Otra cosa es no ver en ésta de los perros chinos una estrategia poco original que, además, resulta casi indignante teniendo en cuenta la débil respuesta del mundo llamado libre a la crudelísima situación por la que, ante su silencio, atraviesan los derechos del hombre en ese gigante en alza. Meterse en las cocinas de un país que no se recata ante la exhibición de ejecuciones masivas o que proclama su decisión de aplastar por las bravas la rebeldía del Tibet, para acosarlo con el sin duda cruel comportamiento de sus cocineros resulta, me parece a mí, no poco absurdo o incluso ingenuo, sobre todo por parte de un mundo que presenció entre curioso e indiferente la tragedia de la “revolución cultural” o las escabechinas del tardomaoísmo. Es horroroso el relato de esos debeladores, con sus canes cazados a lazo y desollados sin piedad, no cabe la menor duda, pero inquieta comprobar que la imagen de ese sadismo funcional que se produce entre los fogones acabe conmoviendo más al demócrata lejano que las sevicias tal vez no inferiores soportadas entre nosotros por otros animales destinados a alimentarnos. Aparte de que en China hay un animal tradicionalmente maltratado y ese animal no es otro que el pobre. Ése sí que sería un buen argumento para objetar sus JJOO.

La Junta compite

Las denuncias contra la empresa pública Desarrollo Agrario y Pesquero (DAPSA), perteneciente a la consejería de Agricultura de la Junta, en relación con la competencia desigual que viene practicando incluso en terrenos muy alejados de sus competencias teóricas, devuelve a la actualidad el problema que esos montajes de que la Junta se vale, a modo de Administración paralela, para “agilizar” la gestión eludiendo las fiscalizaciones establecidas por la Ley, suponen en la medida en que se comportan como auténticos competidores ventajistas al conseguir que instituciones públicas controladas por la Junta y su partido les adjudiquen contratos de obras a dedo en perjuicio de la empresa privada. La Junta no sólo tiene en ellas una vía de escape para burlar el control legal sino que contribuye a arruinar a esos sectores con sus arreglos partidistas. DAPSA, en todo caso, no es la única arruinadora de que dispone un gobierno autónomo que ha conseguido duplicar la Administración aunque haya sido a ese doble y privativo precio.

El Defensor que no llega

Que Huelva iba a contar con un Defensor del Ciudadano fue anunciado antes de las elecciones de mayo. Que el designado ‘in pectore’ sería Manolo Rodríguez no fue precisamente el secreto mejor guardado por el equipo gobernante. Pero pasan los meses y el Defensor no llega. Lo último fue la aprobación en pleno de que ese cargo sería de libre designación del alcalde, propuesta apoyada por la mayoría ‘popula’ a la que se sumó IU, contra el parecer de un PSOE al que adopta va a resultar que la designación de cargos a dedo le resulta ajena y rara. Total, que ese Defensor nonnato viene ya con un retraso que a no tardar cumplirá un año. Si de verdad es necesario crear la figura del Defensor, ¿por qué no lo nombran de una vez? Si no lo tienen claro, ¿a qué viene tanto ruido? Manolo Rodríguez es hombre de paciencia pero seguro que se estará preguntando lo mismo.