La sociedad desinformada

Todo indica en la creciente desconfianza pública hacia los ‘medios’ que la “sociedad de la información” anda fracasando como “sociedad del conocimiento”. Hay por ahí más información  que nunca, circulan más noticias de lo que hubiera sido posible imaginar cuando McLuhan avisaba sobre el riesgo futuro que acabarían acarreando las nuevas tecnologías, pero la sociedad no está, probablemente, mejor informada por eso ni mucho menos. En la Feria del Libro de Buenos Aires ha reaparecido Tom Wolf, ese dandy anacrónico, para insistir sobre su teoría del descrédito de la información convencional junto a los peligros de Internet, un almacén sin vallas ni guardas donde puede encontrarse prácticamente noticia de todo pero sin la posibilidad de saber nunca quién la puso allí. No le falta razón. La crisis de la información es tan aguda como lo demuestran los críticos episodios que afectaron a al New York Times o a la CBS hasta forzarlos a la autocrítica, una crisis cuya causa ha explicado alguna vez Félix de Azúa como la consecuencia de la desaparición de la independencia en los montajes editoriales, y de la que en España, por supuesto, tenemos sobrados ejemplos. ¿Cómo fiarse de unos ‘medios’ que, más allá de la legítima discrepancia, han llegado a convertirse en instrumentos de la parcialidad más evidente, cómo confiar en una prensa “prestigiosa” que se contradice día a día presentando la realidad en un transparente dualista, maniqueo, con el que la única posibilidad de confianza que le queda al lector es la identificación sectaria? Un millonario famoso compra “Lib’ nada menos, Marcel Dassault, el dueño del emblemático ‘Le Figaro’, comercia con armas, la estrella del NYT, Jayson Blair se inventa historias y reportajes: todo eso resulta incontestable, demoledor, pero ¿acaso es alternativa la información que circula abrumadora en la Red?  “La mayoría de los blogs son basura –dice Wolf—aunque siempre es posible encontrar en ellos algo útil. ¡Ah, ya! “Los ‘bloggers’ son miembros de tribus urbanas que operan a nivel de rumor”. Pues vale. En los periódicos serios Wolf no debe de haber topado nunca con un rumor hecho noticia.

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Soy pesimista al respecto: creo que el futuro será cada vez más parcial, si es que el proceso de agregación de ‘medios’ en corporaciones no desemboca en un oligopolio puro y duro. Contribuye a establecer el círculo vicioso el hecho de que, por lo general, los ‘medios’ audiovisuales extraen su noticiero de la prensa escrita y ésta, por su parte, no está menos sujeta que ellos a la dependencia ni menos sometida a la parcialidad, doble causa que produce el doble efecto para el consumidor de recibir una información doblemente filtrada. Va quedando un margen muy estrecho para el criterio libre y transitar por él cuesta caro, entre otras cosas porque el público, en su desconfianza progresiva, ha roto en pura indiferencia. ¿Cómo si no explicar el éxito de una prensa gratuita que no tiene otro remedio que ser elemental, sucinta y dependiente de la información ajena? De hecho, temo que la fidelidad actual a los ‘medios’ se fundamente más que nunca en la opción política personal, esto es, en el deseo de encontrar en el ‘medio’ justamente lo que cada fiel busca, que no es otra cosa que su propio criterio. Y lo encuentra, en el periódico, pero también en la radio o en la televisión. Hay telediarios que se han convertido en pura crónica de sucesos justificando la información y, ni que decir tiene, la crítica política, en unas breves imágenes inevitables. ¿Mayor conocimiento a mayor información? Seguro que no, mientras se mantenga la dependencia económica y política, y mientras los ciudadanos no encuentren mejor remedio a su indefensión que el sectarismo, lo mismo en los medios convencionales que en el ciberespacio. Ojo al buscar a los culpables, en todo caso, porque puede que lo seamos todos.

Voz en el desierto

La de Julio Anguita es la voz que clama en el desierto pero una voz que remueve tantas nostalgias y fidelidades que acaba rebotando en las conciencias. Ahora vuelve a clamar para pedir un proceso de renovación a fondo de IU, la jubilación de sus dirigentes “profesionales” y el fin del seguidismo respecto del PSOE en el que, como toda la razón del mundo, él ve la causa de la imparable decadencia de la coalición. Claro que esa jubilación tendrían que decidirla los propios jubilandos y eso, naturalmente, no es pensable siquiera en quienes viven de esa nómina hace decenios y en su mayoría, además, no tienen otra. Se puede discrepar de la utopía de Anguita pero resulta imposible no darle la razón ante esa crítica de los apoltronados que comparte, con toda seguridad, la inmensa mayoría de los electores perdidos. Verán cómo no le hacen el menor caso. Nadie en sus cabales se lo haría a un profeta que trae una verdad demasiado evidente.

Yo sí firmaré

Contra lo que aquí se ha escrito en “La Otra Orilla”, yo sí firmaré en los pliegos en los que la familia de Mari Luz reclama que se garantice que criminales como el que asesinó su hija no anden libres por la calle. No se trata de venganza, en absoluto: se trata simplemente de garantizar la seguridad pública respecto de quienes han demostrado su peligrosidad, sin ir más lejos respecto de asesinos como el referido y tantos otros reincidentes. ¿Qué el sistema penal español “funciona razonablemente bien”? Bueno eso no es que lo rechace el padre ofendido, es que lo rechazan los propios magistrados y fiscales, aquí y en casi toda Europa. Las posturas generosas están muy bien pero hay a veces en ellas un punto de narcisismo incompatible con la realidad. Yo sí firmaré para que no anden sueltos determinados criminales sumamente peligrosos. Quien no quiera hacerlo que me diga qué se le ocurre en el caso del “monstruo de Amstetten”.

La religión solar

Uno de los niños del “monstruo de Amstetten” –Félix, de cinco añitos—trató al ser liberado de mirar de frente al sol y preguntó perplejo si ese irresistible destello que sus deslumbrados ojos veían por primera vez era Dios. Vean como las elucubraciones de etnólogos y similares se ven respaldadas por la experiencia en cuanto la ocasión lo propicia: Félix descubriendo por su cuenta la religión solar repite el gesto consagrado por la teoría que considera el solarismo no sólo prácticamente universal sino, incluso, el origen más que posible del sentimiento religioso. Max Müller confesaba que él mismo, de niño y hasta que fue talludito, sentía por el ‘astro rey’ una viva sensación de dependencia, ni más ni menos que como la sienten la inmensa mayoría de los pueblos y no sólo dentro de la tradición aria. Vaca sagrada a los ojos de los eslavos, manzana de oro desde la fábula letona a la mitología griega, divinidad para egipcios y babilonios o presente en las culturas orientales, cisne o pájaro, ojo de la divinidad, rueda, caballo o padre de la Luna, no hay nada en la Naturaleza que haya inspirado en el hombre primordial una idea más homogénea, la del culto solar, que a través de los misterios de Mitra acaba por informar al cristianismo –que llama a Cristo “Sol de Justicia”– y al que de casta hebrea le viene esa intuición prodigiosa que la Biblia recoge, purificada o no de su significado idolátrico, lo que le vale la enérgica condena de los profetas, el estigma del Deuteronomio y la tremenda represión del rey Josías. Nunca más a mano aquello de que nada hay nuevo bajo el Sol que ante la escena del niño martirizado redescubriendo, al cabo de los siglos, esa rancia idea surgida del temor reverencial y de una lógica deslumbrada que lo mismo surge en un sótano austriaco que entre las imágenes del Apocalipsis.

 

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 Tampoco la urdimbre de la historia del desdichado Félix y sus hermanos es novedad. Con ella se viene a la cabeza el drama de calderoniano de ‘Segismundo’ despertando inesperadamente en palacio tras su vida en la mazmorra, la de Kaspar Hauser rescatado de su misterioso encierro a una edad en la que, si es aún posible amaestrarlo en el idioma y los rudimentos de la convivencia no lo es, en modo alguno, socializarlo en profundidad. No es a ‘El Ingenuo’ volteriano a quien recuerdan estos personajes sino al ‘Calibán’ de Shakespeare, y mucho me temo que, como éste, la insociabilidad se resista, con el tiempo, a cualquier maniobra psicológica y acabe dando problemas. Unos y otros, en todo caso, nos devuelven a la reaccionaria sugestión que expresa la filosofía de que “la vida es sueño”, ese comodín contrarreformista que sigue vivo y coleando tantos siglos después, cuando ya la ideología barroca es apenas un bastión irreductible aunque influyente en medio de nuestra confusa convivencia. Como nos devuelven a la contemplación de la terrible realidad del padre omnipotente, desnaturalizado en su ambición o en sus pasiones, reflejo, en fin de cuentas, de una ideología patriarcalista que no ha variado gran cosa desde Abrahán, conservada en el formol de la costumbre o de los códigos. La tragedia urdida por ese hijo de perra no ha terminado, probablemente, con la liberación de los secuestrados en el búnker, sino que quizá comienza ahora, como el interés del guión de las obras clásicas que antes cito no empieza, en realidad, hasta que no el rescatado no se enfrenta con el orden libre y percibe, medio cegado por la luz del sol desconocido, la disfuncionalidad de una libertad y una razón jamás imaginada. “¿Es eso Dios?”, ha preguntado Félix protegiéndose los ojos con las manos. La piedad ante semejante indefensión psíquica no es suficiente acaso porque los perplejos ante el Mal, como tantas veces, somos nosotros y no las víctimas. No hay remedio ante la inmensidad del daño. Félix y sus hermanos tendrán que aviárselas irremediablemente solos en medio de la insospechada muchedumbre.

Listas y listos

Ahora que la Audiencia Nacional ha tomado cartas en el asunto del “maquillaje” de las listas de espera  –dato que se airea bien poco en nuestros ‘medios’, por cierto—puede que la propuesta del PP de que en el Parlamento andaluz se constituya una comisión investigadora para ver qué hay de verdad en ello, tenga una posibilidad. ¿Qué razón puede ofrecer la mayoría de Chaves para negarse a investigar lo que tantas veces ha proclamado que está más claro que al agua? Aparte de que no se tarta sólo de la denuncia de un sindicato en un hospital, pues hay andaluces a manojitos que conocen casos concretos de citas aplazadas con excusas variadísimas que van desde la necesidad de proceder a una nueva analítica previa a la aplazada cirugía hasta el truco de la pérdida del expediente. Si nada tiene que temer la Junta ¿por qué no autorizar esa comisión? Ni que decir tiene que la pregunta es tan sólo retórica.

Denuncias con sentido

Interesante entrevista la publicada ayer en El Mundo al líder ecologista onubense, Juan Romero. Su denuncia de la crisis de la enseñanza es clara como el agua; la del desinterés práctico de la Junta en Doñana, la de la imprudente presencia de un ex-consejero de Industria en el negocio de la crisis minera riotinteña, elocuente; el rechazo de los biocombustibles, contundente e impecable; la constatación de los planes amontonados en el desván de la Junta, cierta como la vida misma; su escepticismo sobre una solución a las balsas de fosfoyesos, más que probable; el razonamiento sobre el cinismo que implica gastar dinero en reproducir linces mientras se talan bosques para implantar cultivos intensivos, más que sugerente. Un ecologismo enérgico pero discreto, pegado a la tierra y no volandón por las fantasías. Juan Romero conseguirá más o menos pero su ejemplo merece un  respeto.