Cerco político

Ya puede decirse, con la Justicia por testigo, que la Junta castiga a los Ayuntamientos que no son del PSOE. La sentencia (inapelable) del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) no deja lugar a dudas en el caso de la negativa de la consejería de Cultura a mantenerle al Ayuntamiento del PP las subvenciones con que lo había favorecido mientras gobernó “su” partido. La importancia no está en la sanción que el TSJA impone a la Junta (indemnizar con 8.500 euros a los puntumbrieños) sino en el estímulo que este experiencia puede representar para muchos concejos literalmente cercados por hambre. No ha comenzado la campaña de las municipales y ya hay por ahí  carteles en los que el propio Chaves firma el mensaje de que con el PSOE habrá ayuda y sin él no. Desde ahora, en todo caso, ya saben los Ayuntamientos el camino que han de seguir para reclamar, cuando proceda, su derecho a no ser discriminado en beneficio de los que ondean la misma bandera que la Junta.

Ombos y Téntira

La escena servida por el telediario nos ha helado el alma. Una mujer joven, el suéter rojo, la larga melena desparramada por su suelo, sujeta a la furia de una banda salvaje, cientos de machos golpeándola hasta la muerte. Tras la lapidación, la mujer aparece ensangrentada, desnuda de cintura para abajo, las piernas cubiertas púdicamente por una chaqueta, un amasijo torturado e irreconocible al que algún verdugo minucioso asesta aún la penúltima pedrada. El delito, su conversión por amor al credo del islam, supremo desafío al fanatismo arcaico de los yezidistas, la prole de Mazda, la legión integrista y puritana que exige buenas costumbres e impone el tabú del pescado y la lechuga, aparte de venerar a Jesús y a su madre. Pura arqueología mítica conservada en un mundo orate, refrito salvaje del dualismo primitivo, pero conservado hoy día en la estricta observancia de un fanatismo rabioso. Odios de religión, los más feroces acaso. Recuerdo la sátira 15 de Juvenal (léanla en la versión cristalina del profesor Socas), aquella que refiere la historia de los dos pueblos enfrentados por el odio a los dioses ajenos. “Un viejo rencor, un odio imperecedero y una herida irrestañable arde hasta hoy entre las vecinas de Ombos y Téntira. La soberana locura de las masas de una y otra parte proviene de que cada comarca aborrece los dioses de su vecina”. Eso es todo. Un día salta la chispa y los perseguidores de un bando alcanzan a una rezagada “bajo los umbríos palmerales”, le dan caza salvaje, la descuartizan como a una pieza y se la reparten equitativamente para devorarla, “de modo que un solo muerto alcance para muchos, todo entero hasta roer los huesos”: la violencia hecha eucaristía. René Girard –“La violencia y lo sagrado”– resulta hoy más clásico que nunca.
                                                                    xxxxx
El problema es el del cascabel y el gato. ¿Está en condiciones el poder iraquí de exigir civilidad a un credo fanático como le pide el gobierno kurdo? Los organizadores de las campañas contra el salvajismo de las lapidaciones saben de sobra que no hay poder en el mundo capaz de frenar, en última instancia, esa barbarie primitiva que, por cierto, encuentra cierta vaga y ambigüa comprensión desde la aberración multiculturalista que extrañamente prospera en el ámbito de la “corrección política” occidental, ni que decirn tiene que en la entraña de los países más civilizados. Veo el martirio de Dua Jalil Aswad y me rebelo, en todo caso, contra la antigua insania ortodoxa que es capaz de perpetrar atentados tan inconcebiblemente crueles y, como de rebote, hacer posible las temibles e inevitables venganzas que ya están en curso. La índole religiosa de la noción de ‘honra’, sobre todo, funciona en las sociedades primitivas como la trilita asequible a  cualquier detonante. Hay miles de mujeres indias abrasadas con ácido por sus machos, una legión de niñas sometidas a ablaciones o infibuladas por sus propias familias y no pocas culturas en las que sigue vigente el derecho varonil a mutilar o dar muerte a las mujeres ‘deshonradas’ según sus absurdos códigos vernáculos. El telediario no ha hecho más que recordarnos esa realidad sin escatimar el horror ni perderse en disimulos, un buen estímulo, sin duda, para los contumaces del proyecto de ‘alianza de civilizaciones’ y los popes del multiculturalismo imposible. Miro ese cuerpo triturado, esa vida joven reducida a irreparable casquería, aguanto la mirada en la escena insufrible del suplicio y recuerdo la escena de Juvenal, los bárbaros de Ombos devorando a su víctima, el pánico de los vencidos, el regusto indeleble que esa despiadada comunión –“quien tuvo aguante para morder un cadáver, ya nunca come nada más gustoso que esa carne”–, el espectáculo deplorable de la bestialidad humana disfrazada de cultura. Ombos y Téntira no son una metáfora sino un arquetipo. Todavía hay mucho que aprender en los clásicos.

El abuso electoralista

Chaves reclama en Marbella un Ayuntamiento leal, colaborador y que no busque enfrentamientos, es decir, uno del PSOE, el de Paulino Plata. Si no cae ése no habrá subvenciones, dice entre líneas, con toda la cara del mundo, no habrá compromiso de la Junta de Andalucía con el municipio: no cabe mayor ejercicio de discriminación electoralista, de abuso patrimonial del dinero público para financiar el engatusamiento del electorado. Lo están haciendo un poco por todas partes, como lo demuestran los inútiles reveses propinados por la Junta Electoral que a Chaves, como es natural, lo traen al fresco porque sabe que, en el peor de los casos, romperán cuando nadie se acuerde ya de las elecciones. Pero hay en esa actitud abusiva algo profundamente antidemocrática por parte de quien, como él, acaba de descubrir, oh, maravilla, que un presidente elegido por todos, de todos es presidente y no sólo de los suyos. Entre grandes y pequeños abusos esta campaña, como casi todas, es desigual y ventajista. Tras un cuarto de siglo de hegemonía, esta objeción le debe de sonar al “régimen” a música celestial. 

El “correazo” de UGT

El sindicato/correa de transmisión, la larga mano del PSOE de toda la vida, no se está percatando de que su contienda con el gobierno municipal está poniendo en evidencia su servil sumisión al partido político que lo controla. Sus últimos boletines ilustrados no sólo traslucen un designio inconciliable de aniquilar como sea a los actuales gobernantes sino que no repara en el deplorable efecto que tiene que producir por fuerza la crítica por la crítica, la insistencia en flagelar aspectos de la gestión del Ayuntamiento que nadie en Huelva critica ni lamenta salvo la UGT y sus mandantes. Mientras tanto en Diputación se alinea con el mando dando la espalda a los trabajadores (al revés que CCOO) incluso en supuestos en que la Justicia se ha pronunciado a su favor, siempre satélite del partido, nunca olvidada de la mano que le da de comer. Esta legislatura ha sido, probablemente, la más destructiva y parcial, además de la más sucia. En la Dipu no van a tener despachos bastante para pagarle a esta panda de meritorios. 

Cherchez la femme!

Nada más conocerse los resultados del escrutinio de las presidenciales francesas, los líderes del PSF, los famosos “élephants”, se han lanzado como carnívoros sobrevenidos sobre el cadáver caliente de la candidata derrotada. No es ningún secreto que los capotitostes del PSF no aceptaron más que duras penas el liderato de Ségoléne, a la que llamaban con las del beri “la señora del jefe” (por François Hollande) y “la Zapatera”, y a la que han boicoteado como han podido durante meses por encima y por debajo de la estructura orgánica del partido. Lo que ha ocurrido en Francia tiene muchas interpretaciones posibles, claro está, pero sobre todas ellas se impone una salida de las propias covachuelas de la organización perdedora: que los que todavía se llaman ‘socialistas’ franceses no han acabado de comprender el profundo cambio social operado en la sociedad francesa. Francia no crece o crece muy por debajo de sus directos competidores (incluida España, su principal cliente), se está quedando rezagada en el progreso general de la ‘región’ europea y ello le está costando el alto precio de perder su condición de faro o referencia de las elites europeas. La irrupción de Ségolène (un 60 por ciento de las ‘bases’ tras ella) no ha resultado suficiente para superar esa grave situación, por más que la prodigiosa operación de imagen haya hecho concebir esperanzas a amplias zonas de una izquierda que jamás estuvo tan fraccionada como ahora. Pero números cantan y tras la derrota electoral parece que el combate no ha hecho sino empezar y que la inminente batalla reproducirá en el interior del partido en forma de crisis declarada, la tercera tras las que siguieron a los fracasos electorales del 95 y del 2002. Se busca un “socialismo desacomplejado” (Fabius), un partido realmente socialdemócrata (Strauss-Kahn), una Izquierda unánime dispuesta en orden de batalla –bajo su mando, por supuesto– contra la derecha emergente, liderada por la propia Ségolène. Pero se busca, sobre todo, deshacerse de la dama, recuperar el partido de los ‘machos alfa’ aprovechando el batiburrillo dentro del que Henri-Lévy la defiende a ella mientras Glucksmann se sitúa al lado de Sarko: el mundo al revés. ‘Bref’, como dirían ellos, que no saben cómo salir del agujero en que han caído. La imagen de Sarko descansando en Creta, como si con él no fuera la vaina, lo dice todo.
                                                                 xxxxx
Resulta muy curioso navegar por la prensa francesa estos días, en especial por la de orientación ‘progresista’, para percibir entrelíneas la sorda pugna que mantienen esos machos limitados drásticamente por el convencionalismo imperante a la hora de movilizarse contra la hembra que osó aspirar a todo. Como resultó elocuente la elemental estrategia audiovisual de Sarko al desviar sistemáticamente la mirada durante el debate famoso sin dignarse mirar a su contrincante ni por equivocación, algo que, por supuesto, a pocos habrá gustado tanto como a los ‘elefantes’ desbordados. Un comentarista guasón escribe que la Francia de las “femmes savantes” y los “salones ilustres” es historia hace mucho tiempo, otro que es una lástima que la Royal eligiera un terreno tan resbaladizo para librar su batalla histórica. No la quieren, eso es todo, aunque la respalde la mayoría peatonal, aunque su imagen fresca haya revolucionado las encuestas, porque no parece probable que el Neolítico –esta larga cultura de nunca acabar fundada en la hembra laboriosa y el macho institucional– deje paso de un día para otro a la nueva era. Dicen que la derrota se ha debido al intenso desplazamiento del voto socialista hacia el centro pero también se oyen voces reclamando “un socialismo de lo real”. Cuentos: el toque está en que no quieren a la dama, en que los viejos proboscídeos no conciben siquiera a una hembra al frente de la manada. Está dispuestos a abordar una auténtica refundación del partido antes que a aceptar la subversión en el rebaño.

Embelecos electorales

Los tres candidatos de Córdoba capital –IU, PSOE y PP– han salido airosos del debate fundamental de la campaña: todos ellos conocían el precio del billete del autobús. Ya ven qué mérito. Y los dos grandes locales, IU y PSOE (el otro, el PP, sigue en el lazareto diseñado en el Tinell), han dejado la puerta entreabierta a un eventual pacto de gobierno municipal tras las elecciones. Estupendo: es normal que la izquierda se concierte frente/contra su rival. Ahora bien, no escapará a los ciudadanos que esos mismos futuros socios de han estado acusando de ladrones todos estos meses pasados, disputándose a dentelladas la presa que ahora no descartan compartir atenidos a los estrictos modales de mesa. Que no se quejen luego cuando descubran que el personal no cree en ellos, que los toma por grandísimos oportunistas, que si los vota es porque no tiene otros disponibles en la oferta electoral.