¡Con que una ‘hipótesis’!

Poco le ha durado a la consejera Castillo el camelo de la “hipótesis” del oleoducto. La mentira tiene las patas cortas, como lo demuestra el poco tiempo que ha tardado, la pobre, en desdecirse y asegurar que, no sólo no es una ‘hipótesis’ ese proyecto presuntamente devastador, sino que existen nada menos que seis “alternativas” a él y “todas viables”. Más claro que el agua: la consejera castillo ha ido a la Junta con el encargo expreso y primordial de echarle cara al negocio y sacar como sea el proyecto de ese poderoso “amigo político”, el Grupo Gallardo, cada día más fuerte en el mundo editorial y, como consecuencia, cada día más rentable a la unta y al PSOE como altavoz o apagavoz, según el caso, de las vicisitudes de esta política clientelar. Ya pueden los protestantes rasgarse las vestiduras que ese oleoducto atravesará nuestra provincia arramblando con lo que pille por delante, o hemos de ver un ejemplar.

Il Cavaliere, Il Duce

Este Berlusconi no es el mismo. Ha sido llegar a Nápoles y poner pie en pared con el estilo propio de los autócratas, es decir, de ese género de personajes que confunden la autoridad con la violencia, la ‘auctoritas’ con la ‘potestas’. Con el argumento más viejo y convincente de la crónica del Poder: el hombre de la calle tiene derecho a no tener miedo y el Estado la obligación de mantener intacto ese derecho, como sea, si es preciso desplegando la violencia necesaria para conseguirlo. El desorden legitima el abuso de poder, es el caldo de cultivo de todas las autocracias, su ‘razón moral’ aderezada por su ‘ideología’, y no cabe duda de que situaciones como la de la inmigración ilegal vienen alarmando a la población hace tiempo (en Italia y fuera de Italia, como sabemos) o que abusos como el del basural napolitano le ponen al tirano en bandeja su aspiración al poder absoluto. El dictador no entra llamando a la puerta sino echándola abajo en respuesta a una llamada más o menos real que suele proceder de dentro, no hay dictador que no salga diciendo que ha venido a recoger el poder que estaba tirado en la calle. Y lo malo es que puede haber algo de verdad en lo que dice, como lo prueba la mayoría de italianos que por segunda vez, y a pesar de su pésima aureola, ha votado de nuevo, no quiero pensar que bajo el síndrome mussoliniano, a ese enredador que ha llegado a cambiar la Ley para no ser condenado. Me da el pálpito de que Il Cavaliere guarda en su almario una secreta emulación de Il Duce y no me parece ninguna noticia circunstancial las decisiones de ese consejo en que se ha previsto tipificar como delito la inmigración ilegal, expropiar las casas alquiladas a inmigrantes indocumentados aparte de encarcelar a los arrendadores, militarizar el basurero castigando con prisión severa a quien simplemente entre en uno de ellos sin permiso, retirar la patria potestad a los padres de niños mendigos y expulsar a los extranjeros delincuentes. Todo con “absoluto respeto” a las directrices europeas, por descontado, sin trampa ni cartón. Berlusconi ha esbozado en ese chafarrinón el esperpento de un fascismo renovado. Sus aliados fascistas de la Liga del Norte tienen motivos para estar satisfechos.

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La mano dura: no falla. Ésa metáfora gana siempre en la ruleta de la opinión en cuanto se oscurece un poco la timba. ¿Quién se acuerda ya de los estragos de Ferrara, de los abusos de Roma, de los testimonios de Bassani, de la llaga abierta de Primo Levi? El año pasado (yo lo vi), el alcalde de Padua levantó un muro e hizo un gueto del barrio “diferente” y lo peor es que la gente lo aceptó bastante conforme. Los xenófobos maltratan en la Padania incluso a los italianos sureños considerados parásitos por sus ideólogos. Pero esto pinta ya de otra manera, de forma mucho más expeditiva y explícita, no hay que darle vueltas, y hemos de ver en la UE la misma debilidad, los mismos melindres con que la aquella otra Europa dejó crecer la hidra fascista desde los arrebatos de D’Annunzio a los planes de Mussolini. ¿Quién quiere inmigrantes, mendigos o basura por las calles? Bueno, la verdad es que alguna responsabilidad en lo que pueda ocurrir ahora con la reaparición de Berlusconi recaerá sobre la democracia italiana y, muy en especial, sobre esa atomizada y espuria izquierda incapaz de encontrar su propio camino. Ese paquete de medidas –¡en un solo consejo!—descubre una voluntad autocrática que nadie puede fingir que no ve, de manera que lo que venga detrás habrá de ser valorado desde esta perspectiva que es ya más que suficiente. Il Cavaliere, Il Duce. Resulta asombroso que un país no reconozca al lobo bajo ese disfraz de cordero, por lo demás no poco descuidado. Es probable que nuevas formas de fascismo anden gestándose a la sombra de la democracia. No quiero pensar que lo advirtamos cuando ya las tengamos encima.

Una mala herencia

Temo que la voluntad de la nueva consejera de Educación, Teresa Jiménez, aventaje con mucho a la herencia que ha recibido. Su comparecencia parlamentaria, demasiado atenida al “candidismo” del que, felizmente, nos hemos librado (empezando por Chaves), ha despertado inquietud en una comunidad escolar hasta de coles y promesas falsas, disimulos y camelos oportunistas, Y la huelga contra la ley de Calidad –que ésa sí que es una herencia envenenada—debe de hacerle comprender que constituiría una temeridad mantener la ocurrencia de su antecesora para camuflar el fracaso del sistema educativo, es decir, el sobornillo a los docentes por falsear la realidad. Sería un error irreparable atenerse al programa heredado, funesto y denunciado por la inmensa mayoría de los enseñantes aunque no sólo por ellos. Desmarcarse de él, en cambio, puede que fuera un acierto sumamente beneficioso para Andalucía.

Justicia, no piedad

Lo que reclama ese ciudadano inválido que vive en un piso sin acceso para él no es piedad es Justicia. Hay que decir, sin embargo, que estamos ante un caso en que la Administración se haya inhibido o dejado ir sino todo lo contrario, empezando por el delegado de Vivienda que ha hecho (y sigue haciendo) cuanto puede por solucionar un problema ciertamente difícil. Y a esa actitud debería responder al afectado facilitando por su parte las cosas, es decir, no elevando más de la cuenta su exigencia, por la sencilla razón de que las posibilidades de arreglo son limitadas sin contar con que podrían abrir un gran portillo para futuras reclamaciones. Justicia, pues, pero razonable, asistencia oficial pero también buena disposición por parte de ese ciudadano que tal vez debería renunciar a su protesta radical y colaborar con realismo. ¡Para una vez que hay de verdad buena disposición! Don Joaquín Mora debe dejarse ayudar.

Alma mater

Como cada año me enfrasco ilusionado en la clasificación que ‘Times’ hace de las universidades del planeta ordenadas de más a menos en función de unos criterios acaso discutibles pero que a mí me parecen más que razonables. Repaso la lista –las doscientas primeras del globo—y hasta el lugar 193 no encuentro una española, la UNAM de Barcelona, dicho sea (lo de española) con perdón de los separatistas. Andaluza, ‘por supuestísimo’, como diría la ‘basca’, no hay ninguna: ni rastro, como no lo hay de ninguna otra autonomía. ¿Está o no está en crisis la Universidad española, atraviesa o no atraviesa un mal momento esa “alma mater” entretenida en inventar titulaciones de lo más exóticas cuando no extravagantes sin más? La Universidad ha recibido de la democracia un par de golpes casi mortales, concerniente el primero al procedimiento de recluta masiva del profesorado, y el segundo, a la crisis irremediable de la autoridad, pero es evidente que éste último no es un efecto aislado sino que hay que ponerlo en relación con lo ocurrido en el conjunto de la sociedad española (y europea, en buena medida), es decir, con el efecto difuso y distal de una cultura generacional que creyó que era posible no solamente hacer la revolución sino vivir de los duros a dos pesetas. La Universidad hoy es, en buena medida, un cachondeo, del que hay que excluir, por descontado, a cuantos luchan en ella por recuperar su prestigio, una tarea poco verosímil mientras los estamentos que deciden sigan jugando a inventar carreras, multiplicar disciplinas y rebajar niveles. En la Hispalense, sin ir más lejos, se han dado por buenos cursos “de libre configuración” sobre materias tan peregrinas como el manejo de la bici o el “sentimiento sevillista”, éste último como contribución al centenario de un club de fútbol, pero no es dudoso que la cosa pueda ir a peor. Consideren esta perla: la Mondragón Unibertsitatea acaba de organizar su edición anual del concurso de “Diseño Industrial… de Lanzamiento de Huevo”, prueba consistente (no es coña) en arrojar lo más lejos posible, desde una ventana del edificio, “un huevo de gallina de tamaño medio” sin que se rompa en su caída, prueba ideada por unos docentes empeñados en fomentar entre sus estudiantes “la capacidad de diseñar e innovar”. Dos cojones, no les digo más.

 

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 ¿Por qué no hay posibilidad de ‘excelencia’ en nuestros estudios superiores si la hay por todas partes? Pues es posible que, de entrada, porque el personal que llega a la universidad arrastra un tremendo déficit cultural y una raquítica cultura del esfuerzo a la que, desde luego, no son ajenos, junto al sistema educativo, ni las familias ni el clima propiciado por una autoridad menguante para la que, por poner un ejemplo, un fenómeno como la “movida” se ha convertido en algo insuperable. Parece que la industria demanda ingenieros, que los empresarios se quejan de la insolvencia práctica de los licenciados, es notorio que existen universidades obligadas a subastar sus plazas y otras en las que ingresar supone una odisea, que la lucha de infinidad de docentes se circunscribe al ámbito gremial y que la autonomía universitaria es la filfa que faltaba en este cuadro lamentable para rematar la situación. No contamos para nada en el mundo universitario, del que los escasos españoles que triunfan en el extranjero son, casi sin excepción, tránsfugas justificados o exiliados forzosos, pero aquí nadie mueve un dedo para corregir absurdos como los apuntados o para leerle la cartilla a esos ocurrentes que acogen a sagrado en el “alma mater” a los lanzadores de huevos o a los aprendices de ciclistas. En Mondragón, los de la ‘Unibertsitatea’ han valorado sesudamente, por lo visto, “distancia, diseño y vuelo” a la hora de premiar a los concursantes. Comprendan que no es un lujo precisamente que los padres pudientes envíen sus hijos a estudiar fuera.

Malos vientos

Nos informa el Índice Laboral de las Comunidades Autónomas (ILCA) de que el crecimiento interanual del paro en nuestra región, un 20 por ciento, la sit´ñua como la más afectada por esa crisis que, según Chaves, no existe pero cuyos efectos padecemos ya a un ritmo preocupante. Componente básico de esa crítica cifra son los 75.000 trabajadores de la construcción que se han quedado sin trabajo como consecuencia del parón registrado en el sector, cuyo peso en nuestra economía no hace falta resaltar, pero sin duda hay otros nubarrones en el ambiente –entre ellos la decisión de Bruselas de suspender las ayudas agrícolas para apoyar otras políticas agrarias—que requerirían que, sin más demora, la Junta agarre al toro por los cuernos y se enfrente a él, como ha reclamado la patronal ante el curioso silencio de los sindicatos, con medidas realistas capaces de contrarrestar unos efectos críticos que pronto podrían resultar devastadores. Disimular es una mísera e inútil estrategia que urge que Chaves descarte.