Juan Palomo

Dice la prensa onubense de obediencia política que se ha recibido una “oleada” de adhesiones a la fotógrafa que denunció al alcalde de la capital por una inverosímil agresión que desmienten decenas de testigos presenciales, pero si uno lee la relación  de esas adhesiones ve que se limitan a la Asociación  de la Prensa y otros organismos controlados por el PSOE. Curioso: esas Asociación gremial no abrió la boca cuando una fotógrafa de El Mundo fue maltratada de palabra y obra en Niebla por cierta chusma partidista, ni cuando los periodistas de la tele de Gibraleón fueron a la calle –incluso contra el dictamen expreso de la Justicia—tras el trasfugazo de Gibraleón. Y la abre ahora, alineada con los mismos que han organizado este montaje que no habrá onubense que se trague. Paco Nieves, el frustrado e incansable enemigo del Alcalde es quien dirige esa defensa indefendible. Los compañeros (¿) de la Asociación quienes bailan al son que les tocan.

Fuerzas (des)armadas

Continúa la polémica nacional en torno a la incomprensible decisión del Gobierno de ordenar a la fragata ‘Méndez Núñez’ –quizá el navío más rápido y mejor equipado de la Armada—no intervenir tras la liberación del secuestro de los marineros españoles en Somalia, esto es, permitir que los piratas escaparan impunemente a pesar de tenerlos  a su alcance. No se ha querido que, como en dos ocasiones recientes, se prendiera a la banda y recuperara el botín sino que se ha preferido –sólo el Gobierno puede saber por qué—que la operación culminara con un éxito completo de los filibusteros, cuyas finanzas habrán recibido un importante refuerzo, y cuya impunidad favorecerá, sin duda posible, futuras acciones de la misma naturaleza. Hay quien se pregunta, en primer término, para qué se envió la fragata si no se pensaba permitirle entrar en acción, pero para eso hay una respuesta sencilla: el Gobierno trataba de aparentar un enérgico despliegue de protección confiando en un final feliz tras el pago del rescate exigido. Pero lo que más inquieta es la razón por la que, una vez a salvo los rehenes, se prefirió dejarlos escapar en lugar de prenderlos, lo que hubiera resultado sumamente fácil, al parecer, y desde luego, no hubiera contado con la menor oposición diplomática en una zona como la somalí. ¿Hemos apostados definitivamente –la ministra del Ejército es militante del pacifismo, lo que no deja de constituir una inquietante paradoja—por reducir las Fuerzas Armadas a ONGs humanitarias y escolta de procesiones tradicionales, hasta el punto de impedirles que defiendan a los ciudadanos españoles de un hatajo de piratas? Nadie podrá imaginar una pasividad semejante en el caso de que pesqueros pertenecientes a países comparables con el nuestro, como hace poco se demostraba en esta misma zona, primero con motivo del asalto a un barco kuwaití y luego tras la brillante intervención de las fuerzas francesas tras liberar el barco de recreo capturado en el Cuerno África. A lo peor Fraga llevaba razón y  resulta que “Spain is different”.

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Los “buenistas” son buenísimos. Lo malo es que la bondad se tome por debilidad y acabemos pagando todos las consecuencias de esa suerte de narcisismo postmoderno. Ahí tienen lo poco que ha tardado Al Qaeda en percibir la debilidad de Occidente y lo fácil que resultaría a sus comandos actuar como los piratas han actuado con ese barco español que, por cierto, parece ser que enarbolaba la ikurriña y no la enseña nacional. De modo que el balance es malo de solemnidad: hemos negociado con piratas y pagado un rescate para, finalmente, cuando los teníamos a merced y los secuestrados estaban a salvo, dejarlos ir de rositas, una decisión que comprometerá la seguridad de nuestra flota pesquera y demuestra una incomprensible debilidad en la dirección política. No creo que un solo español normal y corriente hubiera lamentado ver a esa fragata pagada con sus impuestos atrapar a unos corsarios a los que mantuvo controlados en todo momento y por los que nadie, como es natural, hubiera movido un dedo. Como no creo que sea preciso convencer a nadie de que las armas, en tanto mantengamos en ejército y una flota, están para ser utilizadas cuando el caso llega, siempre dentro de la estricta legalidad y disciplina. Un injustificable complejo, herencia especular de la dictadura, mueve a los propios ultrapacifistas a disimular que estamos en guerra en Afganistán y seguramente a creer que cualquier acción militar carece de justificación incluso en una situación tan extrema como la defensa frente a la piratería. Los piratas y Al Qaeda tienen, pues, la palabra. Creía Napoleón que nada tan fuerte como la debilidad cuando se siente apoyada por la fuerza. No quiero plantearme el aforismo al revés, pero la imagen de esa fragata en retirada me incita con vehemencia a darle la vuelta. Seguramente los piratas ya se la habrán dado.

Fiero león

No es tan fiero el león como lo pintan. Lo habrá pensado más de uno el jueves a la vista de la escasa movilización conseguida por los sindicatos para ese 1º de Mayo desnaturalizado a base de oportunismo y burocracia. Los mismos que anuncian que no cederán ante una eventual estrategia de moderación salarial no son capaces de sacar a la calle la décima parte de lograrían otras instituciones españolas, y eso debilita sin remedio a un movimiento cuya proximidad y alianza verticalista en el marco de la “concertación social” los está dejando con voz pero sin voces. El Día del Trabajo habrá tranquilizado, sin duda, a la patronal y al propio Poder, beneficiarios últimos de la debilidad de unos sindicatos que no han sido capaces ni de renovar sus discursos ni de unir sus fuerzas. A juzgar por este fiasco, los trabajadores habrán de pasar la crisis a pelo.

Grave acusación

Al alcalde de la capital lo ha denunciado una fotógrafa de otro periódico por agresión. Cuenta ella que, en la feria de la Gamba, el regidor se encaró con ella llegando a causarle lesiones en la parte posterior del cuello, cuyo parte adjuntó a la denuncia. ¡Qué cosa más rara para cualquiera que conozca a Perico! No sé, no sé más que lo que cuenta su periódico, pero estoy que no vivo hasta conocer ese parte de lesiones al que ningún testigo de los muchos que asistieron a la escena da crédito, que yo sepa, así como la réplica jurídica que el regidor de todos los onubenses debe darle a esta acusación tan grave. No vaya a ser que ese notición no se ajuste enteramente a los hechos, medie una mala interpretación o, sencillamente, que haya servido de cortina de humo para ocultar de otros problemas de gran actualidad, pues qué se yo, el del oleoducto mismo que la propiedad de se diario pretende hacer frente a la mitad del Parlamento. Nuestra compañera está en su derecho de defenderse y cuenta con nuestra solidaridad… siempre que la verdad resplandezca y se pruebe. Si no, no, claro.

El trasvase político

Hay mucho de cínico en el debate sobre el paso de los políticos desde la vida pública a la privada, es decir, desde el cargo a la empresa y, en consecuencia, del servicio al beneficio. Digo cínico porque sería idiota ignorar que ese trasvase existió siempre, aunque sólo sea porque política y negocio son dos caras de la misma moneda, dos ámbitos de un mismo Poder que sobrevuela el interés colectivo hasta perderlo de vista. El otro día Guerra se marcó una de sus más demagógicas pamplinas cuando explicó, a propósito del paso de Zaplana a Telefónica, que eso era algo propio y como connatural a los políticos “conservadores” para los cuales, según él, la política no sería una vocación sino un estadio, una estación de paso para conseguir un nimbo prestigioso con el que luego medrar en la vida económica. Guerra, un político profesional seguramente sin mejor oficio, se olvidaba o hacía como que olvidaba los incontables casos de conmilitones suyos que han recorrido ese trayecto no sólo para reemprendrer el trabajo, sino para enriquecerse a vista de todos. ¿Acaso Boyer, Solchaga, Solana o Borrell son una excepción de la virtuosa socialdemocracia o se trata más bien de que lo que se considera normal en sus casos no lo es cuando el trasvasado es Zaplana o Matas? Siempre hubo negocios políticos aunque hasta hace poco no se haya tipificado como delito el tráfico de influencias. Craso se enriqueció desvalijando a los proscritos que él mismo condenaba y todavía en tiempos de Narváez podía hacerse un negocio redondo difundiendo en el Congreso el rumor falso de una crisis de Gobierno que hiciera derrumbarse la Bolsa en beneficio de cualquier marqués de Salamanca. Pero todos sabemos que un caso como el del asesor económico de ZP que ha fichado por el gran “lobby” de la construcción tiene más que ver con el concepto yanqui del “conseguidor” que con los trapisondistas isabelinos. Esto se llama servir a dos señores si es que esos dos no son uno solo.

 

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 En pocas ocasiones ha estado más claro el desahuciado esquema marxista que presenta al poder político como el sosia del empresarial en el marco de una elemental división de funciones que hacen posible y más efectiva la dominación: el asesor más íntimo de ZP convertido en “conseguidor” de la patronal del gran sector en crisis, al que irán a parar esas obras públicas que el Gobierno prevé para paliar la “turbulencia” o “desaceleración” que ha puesto a esa potente máquina del desarrollismo a los pies de los caballos. Y por tanto nada tan dudoso como que el Presidente se haya enterado por la prensa del triple mortal de su asesor, y nada tan sugerente como la idea de que ese salto haya sido calculado de común acuerdo por el asesor y el asesorado para matar dos pájaros de un solo tiro. Eso sí, nada más sofístico que esgrimir la letra legal de las incompatibilidades, porque lo que convierte en intolerable esta reconversión del responsable político en afanador empresarial no es lo que diga la Ley, siempre subjetiva e interpretable, sino lo que clama la propia moral política. Yo no entiendo por qué Guerra se olvida de que González trabaja para Slim a la hora de criticar a los “conservadores”, pero sobre todo no se me alcanza cómo puede olvidarse, puestos a infamar al adversario, la inacabable saga de esta generación sociata que cuenta ya con tantos millonarios. El socialismo histórico fue un movimiento de obreros y pequeño-burgueses caracterizados por su modestia; el actual se ha liberado por completo del antiguo complejo que el conservatismo, como es natural, nunca padeció. Pero, insisto, pocos casos de impudicia tan notables como el del asesor de ZP reconvertido en larga mano de los futuros adjudicatarios de los contratos del Estado. Me dice un militante del partido que siente vergüenza ajena. Le contesto que la única vergüenza útil, sobre todo en la vida pública, es la propia.

Erre que erre

El palo propinado por el TSJA a la Junta y al Gobierno a propósito de la “Educación para la Ciudadanía” ha sido de los que hacen época y de poco le servirá a Chaves el Recurridor alzarse al Tribunal Supremo para ganar tiempo. Sobre todo porque los dos graves rechazos manifestados en esa sentencia están sobrados de sentido común y medidos de fundamento, lo que hace casi inverosímil que en Madrid la echen por tierra. Chaves está en su derecho de discrepar y de recurrir pero ya me dirán cómo compensar a los padres objetores y ya respaldados por nuestra Alto Tribunal regional, si en su día –dies certus an incertus quandum—se ratifica el criterio de éste que, no cabe duda, es compartido hoy por muchos andaluces, objetores o no. Ésa asignatura es un trágala y los trágalas con mala cosa. Llevarlos hasta el TS es un abuso irreparable y una palpable demostración de la propia incapacidad para alcanzar consensos.