Ahora Beas

Le faltó tiempo al autodidacta Mario Jiménez para convocar a los medios, adictos o no, y reclamar ante ellos que el PP –en este caso, el alcalde de la capital, para qué engañarnos– diera explicaciones por el enredo del Ayuntamiento de Aljaraque en el que resultaron involucrados el alcalde pepero y su concejal de urbanismo, a pesar de que había que empeñarse para no ver en las calificaciones de la jueza un asunto privado en nada atinente a la gestión municipal. Bueno, a ver qué dice ahora y cómo explica que en el de Beas se hayan esfumado más de 700.000 euros que, a pesar de lo que diga el Tribunal de cuentas, me da el pálpito de que no es la imputada alcaldesa sociata quien se los ha llevado. Aquí se dispara sin apuntar cuando se trata del adversario pero se recluye uno en el ‘saloon’ cuando pintan bastos sobre los propios.

Pactos de muerte

Son innumerables las noticias y estudios que circulan a propósito de la creciente epidemia de suicidio juvenil. Los datos son abrumadores, sobre todo, porque desde la perspectiva adulta no resulta fácil imaginar la causa del disparate y menos aún concebir que esas decisiones supremas se adopten en régimen de pactos colectivos. Una cosa está clara en medio del desconcierto y es que el factor decisivo que influye en esa tragedia es el uso insensato de Internet, curioso confesionario en el que la ‘basca’ ha encontrado un cauce propicio a la comunicación desesperada con presuntas “almas gemelas”. En Japón, sólo en el 2003, hubo más de cien suicidios pactados que presentaban una peculiaridad aún más bizarra: que los suicidas eran desconocidos entre sí, a salvo el contacto informático: un grupo de jóvenes, casi adolescentes, se cita en un descampado, y muere asfixiado por el monóxido tras asegurar el cierre absoluto del vehículo; otro se concentra en un piso y cumple el ritual cada cual abismado en un rostro ajeno al que el rito de la muerte lo une como una atracción fatal. En Colombia, un estudio ha determinado que el suicidio juvenil es la cuarta causa de muerte en la población adolescente y joven. En Gales la oportuna intervención de la policía frustra un plan de autodestrucción juvenil que se había cobrado ya siete muertes por ahorcamiento. En Francia, otra investigación afirma que la causa de la mayoría de los intentos no es otra que la disforia, como ahora se dice, sentida por el joven ante su peso, que unas veces considera excesivo y otras exiguo, aunque la propia investigación revela que esa percepción subjetiva carecía de fundamento en un altísimo porcentaje de casos. Y en fin, en USA, una universidad relaciona el fenómeno con el nivel de vida, estableciendo que el incremento del bienestar va acompañado de la multiplicación de los suicidios de gente joven. Otro crespón negro para esta sociedad desconcertada. Y tal vez otro ‘mea culpa’ imprescindible.

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Un dato que me parece capital es el silencio social ante un fenómeno de esa trascendencia. Nadie quiere hablar, pocos se prestan a sacar conclusiones. ¿Responde el suicidio joven a un fracaso adulto, es la familia un marco que empieza a resultar inservible, acaso la abundancia es abono del desequilibrio que, en definitiva, implica una moda semejante? Porque de una moda se trata, de una moda que ha hallado en Internet un cauce incontrolable o poco menos, y una garantía de secreto que armoniza y encaja bien con la índole neorromántica de muchas manifestaciones juveniles actuales. Cuando Goethe relató el suicidio enamorado del joven ‘Werter’, una epidemia semejante recorrió Europa hasta el punto de que no faltó quien propusiera la proscripción de la obra. Pero todavía entonces el guión fatal contenía un argumento humano –“demasiado humano”, diría Niestzche–; hoy no obedece más, al parecer, que a la acción conjunta del ‘spleen’ y la comunicación virtual, al prestigio de una transgresión mitificada propuesta por un desconocido. Larra sentado ante el espejo revolver en mano, el suicida de Alenza contemplando el precipicio desde el acantilado, constituyen un anacronismo narcisista, marcan la distancia real entre el romanticismo genuino y el de recuelo, la insalvable inmensidad que separa la realidad clásica de la virtualidad postmoderna. Por cada joven efectivamente autoinmolado, otros trescientos han podido intentarlo, según los estudiosos. Sin saber bien por qué quizá, puede que atrapados en el cepo de un simple error óptico, desesperados, en todo caso, aislados en su leonera, incomprendidos seguramente. Algo no funciona en la entraña de la sociedad opulenta. Se ha dicho que el suicidio es la duda que va en busca de la verdad. Puede que sea más bien una dolencia que nos afecte a todos.

Otra pifia

Nuevo palo en las costillas morales (y políticas, por supuesto) de la familia Chaves. Tras el pleito perdido del propio Presidente contra El Mundo, ahora el archivo de la querella interpuesta por uno de sus hermano contra la práctica totalidad de los que hacen este periódico. Dice la jueza que, siendo manifiesto el interés de lo publicado, se aprecia, además, que los periodistas actuaron con veracidad y nunca imputaron al querellante delito alguno. Se limitaron a estimar lo impropio que resultaba y resulta que un hermano haga el Presupuesto de Andalucía, y otro se lo adjudique a un tercero. No había, pues, ningún “montaje” –palabra talismán de los sorprendidos o apurados– ni otra intención que la muy legítima de que los contribuyentes andaluces conozcan cómo se administra su dinero y qué evidentes ventajas tiene el que parte y reparte. Buena lección, desde luego. Chaves haría bien en asumirla y cambiar su inútil estrategia del tapabocas.

Coste solidario

Resulta impresentable la estrategia de evasivas e incluso de mentiras empleada desde la alcaldía de Cartaya para ocultar la instalación de internamiento de menores en el pueblo, a pesar de que el proyecto ya ha sido aprobado por el consistorio. No se da cuenta ese alcalde de que con su ocultación propicia la oposición a unas instalaciones que, bien organizadas, no tienen por qué plantear problemas, pero sobre todo, mal ejemplo da con sus camelos porque –aparte de que al político ha de exigírsele siempre la verdad– hace entre sus vecinos la peor de las pedagogías. Esta sociedad precisa de esos centros y aún de otros mucho menos deseables, y la experiencia demuestra que, por electoralismo o por lo que sea, los políticos tienen la tendencia a rechazarlos en vez de procurar contrapartidas compensatorias. Algo impropio de un alcalde pero, en especial, de uno tan curtido como ése.

El fuego sagrado

El traslado de la antorcha olímpica desde Olimpia hasta Pekín está resultando más complicado de lo previsto. La imagen de un cordón de policías-patinadores protegiendo al atleta portador ya es suficientemente ilustrativa, pero las movilizaciones cívicas han forzado decisiones más graves, como la duda planteada ya en USA sobre la posible ausencia del Presidente en la ceremonia inaugural o la condición impuesta por Sarkozy al país anfitrión. Tampoco es moco de pavo la escena de la fuerte escolta del antorchista apagando el fuego y trasladando a la comitiva en autobús hasta la meta siguiente, algo que se le ha antojado sacrílego a más de un observador purista entre tantos como ignoran que ese ritual fue un invento desarrollado por la propaganda nazi para la Olimpiada de Berlín. ¡El fuego de Hera viajando en autobús siendo él el símbolo de la “tregua sagrada” entre los pueblos y entre las gentes! Francamente, a uno le parece que el conflicto del Tibet, con ser intolerable con o sin Olimpiadas, resulta débil como excusa a la hora de exigir respeto a los derechos humanos a un país como China que no se corta un pelo al emitir por televisión sus ejecuciones públicas colectivas ni en divulgar la norma de que la familia del desnucado pague la bala del suplicio. Lo de menos es que ese conflicto haya sido manipulado con deliberación, como parece evidente, puesto que a la hora de considerar si China reúne las condiciones establecidas (no sé dónde, por cierto) por el llamado mundo libre, maldita la falta que hacía añadir un motivo más entre tantos como ese país gigante no se preocupa siquiera de disimular. No tiene sentido rasgarse las vestiduras por la represión en Tibet conociendo la realidad brutal que nos llega intrascendente y con frecuencia en el telediario. No cabe duda, en consecuencia, que este choque de civilizaciones, como diría Huntington, tiene mucho de artificial, con independencia de su sobrada justificación.

 

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 La situación actual del Tibet es un pretexto. Lo prueba que nadie se había preocupado de ella (como nadie se preocupa estos días de lo que puede hacer Mugabe en Zimbawe ni se ocupó antes de tantos conflictos africanos), al margen de la injusticia que supone la ocupación. Y en cuanto a China, es evidente que la Olimpiada significa para sus dirigentes un atajo hacia la integración simbólica en la cultura occidental, un signo de normalización, de homogeneización, tan necesario para equilibrar su ya invasora presencia económica. Se ha dicho que el ‘milagro’ chino es el fenómeno de crecimiento económico más notable de todos los tiempos y, probablemente, no se han quedado cortos. Y China necesita incorporarse a ese Occidente –con el que tuvo históricamente relaciones tan ásperas– especialmente en el nivel simbólico, que es en el que se funden las gentes de modo más eficaz. Por eso los chinos compran hoy camisetas del Barça o del Madrid, son masivos consumidores de chupachús, gastan zapatillas americanas y chatean en Internet, a pesar de la censura, con una presencia apabullante. Participar en la Olimpiada es un gesto mayor, una estrategia decisiva para demoler de un golpe popular la vieja muralla psíquica cuyas causas explicaron hace mucho Needham o Granet. ¿Abrirán esos Juegos la rancia mentalidad, serán capaces de dulcificar un sistema tradicionalmente ajeno al objetivo occidental del respeto de los derechos de cada hombre? Bueno, a saber: a Hitler le resbaló el acontecimiento aunque no se puede decir que no le sirviera de activa propaganda. Y aparte de todo, a ver qué país de este exigente ‘mundo libre’ está en condiciones –salvadas las distancias– de tirar la primera piedra. Están muy cerca las tragedias de Irak y la de Costa de Marfil o la de Chad, para que USA o Francia puedan alzar la voz. Pero ¿sería mejor cerrarse en banda ante la oferta china? Eso debe responderlo cada cual en su conciencia antes de lanzarse contra la antorcha.

La veda del ropón

El linchamiento al que, por unas cosas y otras, está siendo sometida la judicatura me parece uno de los sucesos más peligrosos que han ocurrido en nuestra sociedad hace tiempo. La Justicia se administra en Andalucía, desde siempre pero, en especial, después de su transferencia, en régimen de precariedad escandaloso, como han denunciado los jueces, fiscales o tros funcionarios en repetidas ocasiones sin obtener la menor respuesta de la Junta que, nadie niega que haya hecho un esfuerzo económico en el sector (que podría haberse ahorrado difiriendo el traspaso de competencias hasta estar en condiciones de atenderlas debidamente), pero la realidad es que un Juzgado, es decir, en definitiva, un juez, no puede atender más de mil asuntos por año sin que se produzcan despropósitos como los que lamentamos. La Junta está echando leña a ese fuego insensato en lugar de plantearse en serio un plan de choque que adecente ese servicio público esencial como el que más.