La gallina del SAS

Un juez gaditano ha propinado al Servicio Andaluz de Salud (SAS) un imprescindible leñazo al condenar el truco de nuestra sanidad pública consistente en mantener a los sanitarios encadenados a una serie interminable de contratos fraudulentos. El SAS ha llegado a contratar a médicos ¡por horas! y recurre a esa basura laboral que son las contrataciones encadenadas –el juez la alude como “la gallina de los huevos de oro”– para mantener a los facultativos en vilo y dispuestos a tragar todo lo tragable. Dos nuevas condenas, pues, aunque me parece más grave el hecho de que el juez no se corte un pelo para calificar de fraude los trajines sanitarios de la Junta. ¿Es que los fraudes no implican responsabilidades penales? Mi pregunta, naturalmente, es retórica.

¿Qué está ocurriendo?

No quiero ni pensar en qué ocurrirá en esos remolinos humanos de la inmigración masiva cuando esta luz caediza de septiembre se encoja aún más para acortar los días y congelar el ambiente. ¿Se dejarán correr las cosas hasta que nos demos de bruces con un invierno severo, discutiendo en el Bizancio bruselense o berlinés qué hacer con esa marea humana, con esas familias desesperadas, con esos jóvenes prófugos del terror o con los ancianos que tal vez dan sus últimos pasos sin saber siquiera a dónde van? ¿Se habrán percatado de que esta vez no se trata de un “efecto llamada” –valga la cursilería retórica—sino de un reajuste histórico de las poblaciones sobre un mapa aún por dibujar, de un vuelco súbito de la distribución poblacional que ha de hacernos discurrir, probablemente, una nueva traza del mapamundi? Nada de sentimentalismos ofrecidos a la imagen desconcertante del niño ahogado en la playa o a la noticia casi diaria de otros tantos ángeles abismados en el remolino mediterráneo; se trata, tan sólo de entender que los parias del mundo han decidido invadir el Paraíso entrevisto en sus televisiones, en África o en Asia, en busca de perros atados con longaniza. Sauvy y tantos demógrafos elucubraron siempre atentos al modelo estático de un mundo desigual, un mundo a cuyo despertar estamos asistiendo perplejos, abriendo y cerrando fronteras sin ton ni son, pero sin acabar de entender que no estamos ante un desmadre migratorio sino ante un incierto –yo diría que ciego—designio de colectivizar el privilegio.

Millones de forasteros van a instalarse, bien que mal, en el llamado Primer Mundo, el mismo que los explotó tradicionalmente, el que mantiene a sus oligarcas y cierra los ojos ante sus masacres, el mismo que los ha seducido con la cocacola y los “t-shirts” del Madrid o del Barça. Fugitivos del horror bélico, watusis o masais empujados por la desertización, afganos desesperados que no conocen la paz, iraquíes o sirios que rechazan su destino de víctimas, una muchedumbre (esta vez sí) cosmopolita dispuesta a disputarnos el monopolio de la civilización. No sabemos qué está ocurriendo, cuántos millones vienen hacia nosotros, y menos qué hacer para acogerlos respetando nuestra propia ideología. Pero no hay duda de que de ese embrollo saldrá un mundo nuevo, una geografía insospechada y, quién sabe, quizá un humanismo de nuevo cuño. Este es un recodo de la Historia. Lo comprobaremos, sin duda, nada más doblar la esquina.

C’s, báculo del PSOE

Hay que reconocer que el PSOE andaluz, aparte de su propia astucia, debe su prolongada hegemonía a sus socios variables. Otro gallo cantaría si, cada vez que perdieron la mayoría absoluta, el PA o IU no lo hubieran mantenido enhiesto, como socios de gobierno, a cambio de unas baratijas por las que, por cierto, perdieron más que ganaron. Y ahora es Ciudadanos, el “incorruptible”, el implacable, el que está haciendo de báculo de un “régimen” hundido en el cenagal de las corrupciones y fracasado como proyecto político. Ciudadanos no está en la leal Oposición sino que va del bracete para blindar contra todos a la Junta del PSOE. ¿A cambio de qué? Eso quien debe responderlo es el propio Albert Rivera.

El otro y la otra

La publicación por parte de unos hackers del listado de señores y señoras que recurrieron a los servicios de Asley Madison –“líder mundial en amores discretos”—en busca de contactos adúlteros, trae como sobre ascuas a muchas criaturas que creían que Internet era una tumba y no una ventana indiscreta, y a los sociólogos en trance ante el descubrimiento de unas dimensiones del adulterio que hablan por sí solas de la crisis actual del matrimonio. Es verdad que el adulterio fue una nota de distinción desde el mismísimo rey David a Einstein o Sartre pasando por Carlomagno o Fernando el Católico, pero dudo que haya habido un imaginativo capaz de entrever la realidad que revela este incidente: 27 millones de adúlteros/as distribuidos en 50.000 ciudades, y expuestos al escarnio en la picota virtual en la que aparecen sus nombres, datos económicos y señas particulares. El gran Tono decía que el matrimonio es una cruz tan pesada que hay que llevarla entre tres, pero todo indica que el humorista se quedó más que corto en su broma lo mismo que Flaubert resultaría hoy un inocente acólito ante la dimensión de la infidelidad. España aparece en esa lista en el décimo puesto lo que, en definitiva, no deja de resultar acorde con su lugar como potencia mundial, pero lo curioso es provincializar el escándalo hasta descubrir –cada uno mira por lo que más le duele—una provincia modesta como es la de Huelva aporta a ese dudoso ránking nada menos que 8.500 usuarios.

¿Alguien hubiera sospechado que a esa oferta habrían de responder, valga el caso, más de 5.000 onubenses y casi cuatrocientos leperos y ayamontinos? Fulminados por la evidencia, no queda otro remedio que reconocer que la crisis que nos abruma afecta sólo de cintura para arriba, dejando los bajos libres y al albur de su aventura. Hay progresos que matan y el de la globalización de las comunicaciones, asistido por el anonimato que, en apariencia, ofrece la Red, bien pudiera acabar siendo uno de ellos, no porque en casos como éste se descubra el descalabro de la fidelidad conyugal, sino porque evidencia peligrosamente el prohibitivo nivel alcanzado por la insensatez humana. Casanova era un chapucero comparado con estos donjuanes cibernéticos y la Karenina una mártir inocente al lado de las actuales amazonas. Y uno comprende que el Papa facilite y abarate las nulidades ante el desmadre general. No le faltaba razón a Groucho cuando decía que la causa del adulterio no es otra que el matrimonio.

Adios al PA

Se ha disuelto el andalucismo, o mejor, su partido, aquel que, entre otras cosas, forzó a la izquierda a apoyar la autonomía andaluza. Lo han disuelto sus “históricos”, decididos a no tolerar que cuatro trapaceros se hicieran con los restos incorruptos de la opción regionalista para, probablemente, vendérsela como chatarra al ropavejero. ¿Hubiera sido bueno o malo para Andalucía un partido regional fuerte? Pues en un principio, puede que sí, dados los tratos y contratos que ha vivido nuestra democracia en la bodeguilla o en la intimidad. Ahora, ya no lo sé. Lo que sí confirmo es la integridad política de unos dirigentes históricos que –con sus errores y sus aciertos– han sabido ponerle fin a la decadencia y evitar con ello su degradación. Se han ganado el respeto y eso vale ya un Potosí en medio de este baratillo político.

Clase y saber

Como cada año al abrirse el curso escolar reaparece la polémica sobre las becas. Dicen unos que son muchas y eficientes, mientras que otros lamentan su escasez y cicatería. El acceso al saber ha sido siempre un medio de reproducción de la desigualdad, un privilegio de clase, que los propios liberales consagraron pensando en un mundo ordenado en el que cada cual debería ocupar su puesto y no otro. Hasta el XIX, antier como quien dice, en España no se estableció la gratuidad de la enseñanza primaria con la condición, eso sí, de que los párvulos fueran pobres, ya que el saber se consideraba un lujo para quien pudiera permitírselo. Hay un informe famoso del poeta Quintana, en tiempos de la “Pepa”, que plantea, creo yo que por vez primera, ese adelanto, pero enseguida el duque de Rivas paró el carro al estimar, conforme a sus principios censitarios, que el saber debía reservarse a las clases acomodadas, aunque poco después se abriría la mano en favor de las clases medias en las que obviamente se asentaba el régimen liberal. Todo un Claudio Moyano consagró la gratuidad de los palotes y primeras letras para los niños indigentes… respaldados por el cura y el alcalde. Sólo muy tarde se implanta en España la enseñanza gratuita excluida la superior a la que se asiste con becas públicas y privadas, pero incluso la primaria sigue siendo un mal trago anual para muchas familias. ¡Es demasiado cara esta universidad tan mediocre, qué quieren, y en cuanto a los alevines, más se gastan los padres –dice la autoridad– en gollerías que en material escolar!

La idea de que el saber universitario, debe ser también gratuito no surgió siquiera en la imaginación “ilustrada” sino muy lejanamente, allá en el siglo XII (en 1179, para ser exactos), cuando el principio de gratuidad de la enseñanza fue impuesto por el papa Alejandro III y confirmado luego por varios de sus sucesores. Claro que las universidades medievales eran un vivero ideológico propiedad de la Iglesia, pero el hecho es que fue ésta la que se adelantó a su tiempo viendo en el saber un bien demanial, un poderoso instrumento que no podía reservarse para las clases altas. Y aun habiéndose avanzado considerablemente, abundan todavía entre nosotros los textos reaccionarios en los que se apuesta por la reserva estamental del conocimiento y la enseñanza elitista. Un disparate dentro de un desastre, imputable al criptoliberalismo latente tanto en la derecha como en la izquierda.