Bollulos, prueba del 9

Lo que acabe pasando en Bollullos va a ser la prueba del 9 de Diego Valderas, un coordinador general que no puede controlar su propio pueblo, lo cual no deja de ser significativo. Meses lleva Valderas tratando de neutralizar a los críticos locales que proponen plantarse frente al PSOE pactando ton el PP –algo similar al pacto que permitió a Valderas presidir el Parlamento—y amenazando con sanciones disciplinarias que, finalmente, no servirían de mucho, en especial si el nuevo gobierno municipal funciona como la gente. Claro que lo que Valdera se juega es, en términos simbólicos, casi más trascendente que lo que pueda significar un Ayuntamiento cualquiera, porque va entrillado entre la exigencia de libertad interna del partido y su interés personal. Bollullos, prueba del 9. Valderas lo tiene más bien crudo en su pueblo.

Limpieza de sangre

El maximalismo negro (no quiero hablar de racismo en la medida de lo posible) parece que anda disgustadillo porque la efemérides de un eventual presidente “de color” haya recaído en un mestizo como Obama, que ya se cuida él de enseñar a todo trapo a su abuela keniata mientras esconde discretamente a la blanca. Lo querrían más negro, negro integral a ser posible, algo lógico, en fin de cuentas, en un país cuya legislación  blanca establece que es negra cualquier persona que tenga una sola gota de sangre negra en sus venas. Ahí los tienen, todos ilusionados con la novedad, y todos medio cabreados por esa circunstancia racial, mientras algún instituto genético, como el ‘African Ancestry’ se pone las botas averiguando por un precio módico la genealogía de los afroamericanos a pesar de la creciente evidencia de que la negritud yanqui tiene mucho de mito. Hoy se sabe, gracias a la tarea de estos buceadores del pasado, que un treinta por ciento de las mujeres afroamericanas que viven en USA y hasta un cuarenta por ciento de los varones de esa supuesta raza, llevan, quien más quien menos, su cuarterón de sangre blanca o, para ser más precisos, su cuota de material genético procedente de Europa y no del África primordial, es decir, el silencioso testigo biológico de antiguas violaciones coloniales pero también de amores ocultos entre amos y esclavas. Legendarios fueron los amoríos de Washington con su esclava Venus, los del gran Jefferson con Sally Hemings y hasta se dio el caso de que, en la “dinastía” de los Adams –quizá la primera, no recuerdo ahora—, el presidente John Quincey Adams tendría un hijo con una esclava hija de su propio padre, es decir, con su media hermana. Ése es un recelo antiguo que corroe la conciencia del racismo negro en términos que nada expresa mejor que la frase bien conocida de Malcom X: “Odio cada gota de sangre blanca que hay en mí”. Ya ven que el soplagaitas de Michael Jackson lleva el paso cambiado.

 

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 Pocas leyendas tan ilusas como las racistas, pero al mismo tiempo, pocas tan vehementes. En Estambul aprendí que hay grupos sefardíes especialmente encoñados con la matraca de que son judíos puros, algo que un alto representante israelí me aseguró alguna vez que también ocurre en muchos grupos sionistas. Y en cuanto a España, baste decir que los expedientes de “limpieza de sangre”, esa infamia, perduran entre nosotros como procedimiento habitual hasta su abolición en 1835, es decir, que funcionan lo menos durante tres siglos. Estoy convencido, sin embargo, de que en poco tiempo el dominio de la genética demostrará la falacia básica de las razas, esto es, la idea de que existen razas puras, “no contaminadas”, como decían nuestros inquisidores y siguen diciendo los negros americanos, entre otras cosas (lo repetía recientemente en nuestras ‘Charlas’ el profesor Francisco Mora) porque no habría habido tiempo evolutivo, por decirlo así, para el surgimiento en la especie de etnias genuinas y diferentes. Los impulsores de esa agencia mencionada, ‘African Ancestry’, Rick Kittels y Gina Paige, acabaron hallando entre sus genes materiales de aluvión europeos amalgamados inextriblemente con otros mandigas o hausa arrastrados a través de los siglos ya por el cromosoma Y, ya por el ADN mitocondrial. Sólo para el KKK, Obama es un negro negro, un maldito jodido negro ante cuya puerta habría que quemar una cruz en medio de un círculo de ensabanados. No saben, los muy pringaos, que lo mismo, chispa más o menos, rebulle por las cabezas más radicales del racismo negro, desolado, al parecer, en muchos casos, al enterarse de que su imaginaria nobleza nigeriana o bantú navega a través de los tiempos nublada por la mancha blanca de algún viejo pecado. No hay razas, hay racismos, o al menos eso creo yo. Sucesos como el triunfo probable de Obama pueden acelerar esa evidencia que nunca quisieron ver ni amos ni esclavos.

Andaluzas al poder

No estamos teniendo suerte hasta ahora con nuestras supremas políticas, las que mandan en Madrid. Han venido dando un espectáculo no poco esperpéntico, lo mismo en Cultura que en Fomento, aunque hay que reconocer que nunca del grado lamentable que afecta a la actual titular de Igualdad, esa cosa tan peregrina. Su primera intervención en el Parlamento ha dejado ya en la cuneta, de un revés, a Carmen Calvo y a Magdalena Álvarez, elevando el nivel de ingenuidad terciada de radicalismo de sus antecesoras hasta el punto difícilmente creíble y, desde luego, bochornoso, de ese feminismo sencillamente idiota que es capaz de hablar del Consejo de Ministros… y de Ministras, o de hacer el ridículo saludando con un “miembros y miembras” a sus atónitas señorías. Es una pena que nos represente gente de ese nivel y actitud, pero eso es lo que hay. Después de todo, la culpa no la tienen ellas sino los machos que se las quitan de encima situándolas en ese escaparate.

Fin de trayecto

Se acabó. La Junta ha accedido, por fin, inscribir en la Junta de Compensación el Ensanche Sur de la ciudad, que venía negándole desde el año 2005. Vía libre, pues, para que el Ayuntamiento boicoteada de tan mala manera acometa ahora el mayor proyecto que verá la capital en el primer cuarto del siglo presente, un proyecto que, en muchos aspectos y por muchas razones, marcará un antes y un después en el urbanismo onubense. Si no fuera porque bien está lo que bien acaba, habría que preguntarle a Chaves y a su partido (sobre todo al local) que ha ganado perjudicando a Huelva al retrasarle la obra –como ya hiciera con el replanteamiento de Isla Chica—para, finalmente, tener que entregar la cuchara. Pero, en fin, se acabó. Guste o pese con esta decisiva transformación de la ciudad al proyecto municipal que presiden Pedro Rodríguez habrá que reservarle un lugar destacado en la crónica local.

El gran atasco

La huelga de transporte amenaza con paralizar la vida como un infarto masivo paraliza un cuerpo. Es la sombra de Jimmy Hoffa combatiendo a los Kennedy con sus camioneros, la de los conspiradores chilenos precipitando la caída de Allende. Sólo que ahora ya, en el ámbito de lo global, con Europa convertida en un único pañuelo a efectos económicos, los efectos pueden ser más graves y profundos. Asómense a ‘Fauchon’ parisino o al ‘Viktualienmarkt’ muniqués y verán de cerca la interrelación que supone la oferta global: melocotones de Chile, naranjas de Marruecos, fresas españolas, jengibre chino, nueces yanquis… La globalización implica y depende de un sistema rápido y garantizado de comunicaciones en un mundo mucho más rico pero también mucho más frágil. Un apagón paraliza Nueva York, un paro de pilotos tritura el planeta, la huelga de transportes hace encallar sin remedio a la ciudad alegre y confiada: es la famosa vulnerabilidad de la sociedad compleja, tan fuerte, pero basada en la interdependencia radical, en el requisito de la reciprocidad. Ahora bien, ¿se le puede pedir a un sector que trabaje en pérdidas? Pues no parece lógico, y la verdad es que el Gobierno ha tenido tiempo sobrado (y no hablemos de información privilegiada) para haber previsto la escalada imparable del precio del crudo que ha doblado el precio del gasoil, un precio, por otra parte, que no es simple, sino compuesto, y en el que la parte del león se la lleva el propio Gobierno con sus pingües impuestos. ¿Estaría ese gran exactor dispuesto a renunciar a su gabela para aliviar siquiera la suerte de esos huelguistas? No parece verosímil, en especial si se considera que los destemplados gastos derivados de las ocurrencias electoralistas han reducido ya a la mitad el superávit y vaciado la bolsa pública. La situación puede llegar a ser, en consecuencia, no poco dramática, empezando por el desabastecimiento, cuyos primeros efectos se prevén para mañana miércoles a pesar de la previsión del comercio. El telediario tiene, probablemente, tema para rato.

 

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 Otra gran lección, en definitiva, para demostrar los riesgos insostenibles de esta dependencia radical de las fuentes de energía que comportan las sociedades altamente desarrolladas cuya estabilidad parece garantizada en proporción inversa a su éxito social. Lo que no supone apostar por la sociedad primitiva, por la subsistencia agraria o la autosuficiencia primordial, sino avisar sobre el hecho incontrovertible que un modelo de vida globalizado requiere un grado de previsión adecuado a su complejidad. La imagen de un país atascado en su red de carreteras, con sus ciudades aisladas y sus tiendas vacías resulta difícilmente superable como ilustración de la anterior hipótesis, más allá de las racionalizaciones que desde cada orilla del conflicto quieran hacerse. El Estado no debe intervenir –lagarto, lagarto–, el Gobierno debe mantenerse hierático en lo posible, contemplando el laberinto sin alargar la mano, vale, pero ya me dirán qué hacer si la escasa inversión de las eléctricas condena estacionalmente a la precariedad a las zonas turísticas, si el personal aéreo decide plantear sus exigencias en fechas cruciales del calendario, si hay policías locales que se dan masivamente de baja por depresión o si los transportistas deciden, no solamente no abastecer los mercados, sino interrumpir el tráfico colectivo. Todo lo cual parece paradójico referido a un ejecutivo que se proclama ‘socialista’, por supuesto, pero incluso dejando a un lado esta paradoja elocuente, vamos a ver qué discurren nuestros adánicos gobernantes para resolver el gran atasco. De momento, anunciar medidas para mediados de la semana próxima sugiere que no tienen ni idea de qué hacer. Un Jimmy Hoffa no tendría para empezar con estas burocracias ocurrentes.

El modelo búlgaro

El PSOE andaluz no se conforma casi con la mayoría “a la búlgara” sino que busca y consigue la unanimidad en torno a Chaves, es decir, las ocho provincias rendidas ante el “aparato” aparcando sus diferencias y hasta sus cismas para mantener en el Congreso Federal, que es lo que importa, la supremacía que le da su propia magnitud. Una sola voz, un solo voto, porque “el jefe siempre lleva razón”, como decían otros, aunque respetando el lucido paripé del “intenso debate” y la integración final. Hablamos del 95, del 97 por ciento de los votos, como si eso fuera posible en la práctica, como si no fuera un secreto a voces que hay disensiones irreconciliables en varias provincias. Todo está atado y bien atado por el interés, y ése es un “mérito” que no puede discutírsele a Chaves y su pretorio que han logrado reducir al silencio y a la obediencia al partido regional. Donde hay mucho que repartir no suele haber problema. Si hiciera falta una prueba de eso, ahí la tienen.