La ley del embudo

Ha dicho el portavoz parlamentario del PSOE, Manuel Gracia, que no hay diálogo que valga con los objetores a la asignatura “Educación para la Ciudadanía” porque eso sería como aplicar la ley del embudo, y ya de paso, ha explicado que si de lo que se trata es de dialogar sobre el incumplimiento de la ley, entonces no hay nada que hablar. Bueno, habría que recordarle al portavoz que hay sentencias de nuestro TSJA que ordenan la exclusión de determinadas materias y confirman el derecho de los padres a la educación de sus hijos, aparte de que cuando el Gobierno del PP hizo su última ley de Educación, en Andalucía, de Chaves para abajo, se dijo y repitió que en esta comunidad no se aplicaría dicha norma, pronunciamiento realmente rebelde e impropio de un Gobierno. Eso sí que sería ley del embudo, en fin de cuentas y no pretender que se cumpla lo que el TSJA y otros tribunales han ordenado.

Mentiras como puños

Lo ha dicho el director de Industria en Punta Umbría: el oleoducto va bien, a buen ritmo, “en una fase muy avanzada de ingeniería”, cosa natural después de oír las promesas del propio presidente del Gobierno en Extremadura a favor del proyecto del Grupo Gallardo. Era mentira, pues, el testimonio de la consejera Castillo, no había tal “hipótesis”, ni siquiera de seis opciones “todas viables”, sino del proyecto-proyecto con tofos sus avíos que lleva años gestionándose en la Administración ante el sospechoso silencio a ultranza de éstas y del PSOE, gran valedor de ese “amigo político”. En nuestra democracia el camelo es gratis, mentir no desprestigia a un político/a sino que tal vez lo acredita. Ahora, lo que no tiene pérdida es el silencio. ¿Por qué calla Chaves, por qué calla Barrero, por qué miente Castillo? Cada cual que saque su conclusión.

La abeja infiel

Hay disponible una ingente cantidad de teorías de la actitud infiel, incluyendo el ejemplo o incluso la confidencia de graves personalidades de la ciencia y el pensamiento, desde Einstein, que se las traía a este respecto, hasta Bertrand Rusell cuya coyunda llegó a ser legendaria. Sobre un tema del que casi nadie habla con sinceridad y sobre el que las teorías difícilmente pueden pasar de hipótesis, no es fácil sacar conclusiones seguras, en especial cuando, como en el caso de las sociedades civilizadas en general, la infidelidad va asociada como fenómeno a la cultura del honor, esa área en la que se confunde de manera inextricable el concepto formal con la apreciación subjetiva. ¿Es universal la tendencia a la infidelidad, sería la fidelidad sólo el efecto de la represión ejercida por la cultura o el reflejo instintivo del sentimiento de posesión? Encuentro un estudio reciente, realizado en Argentina, que asegura que la mitad de los varones y más de un cuarenta por ciento de las hembras son infieles de hecho y que cifras aún mayores lo serían eventualmente, lo que, en fin de cuentas, no parece un mal resultado en vista de cómo se está poniendo el patio. Pero un estudio que leo en los ‘Annales’ de la Academia Americana de Ciencia, me entero de que un investigador especializado en agronomía, Nicolás Vereecken, ha descubierto en la orquídea “Ophrys exaltata” la rara cualidad de atraer voluptuosamente a las abejas machos esparciendo el irresistible olor de las feromonas de la especie que esa planta ha logrado sintetizar en su frágil laboratorio: la abeja macho, engañada por esa trampa química, poliniza gratis a una flor que no tiene nada que darle a cambio salvo ese amor virtual provocado por tan fantástico caso de mimetismo químico. Pero, ay, resulta que, investigando más a fondo, se ha descubierto que el aroma en cuestión no contiene los mismos componentes que la feromona de la especie local, lo que demostraría, sin contradicción posible, la disposición infiel de esos machos engañados pero felices. ¿No hay quien se consuela con una inflable de polivinilo?

 

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 Es probable que la etología constituya un campo de estudio más propicio en esta delicada materia y, en cierto modo, cualquiera sabe si avanzar por ella suficientemente no acabaría por comprometer sin remedio los esquemas basados en la moral que llamamos racional, pero que no es más que pura convención como tiene más que probado la experiencia de la antropología y viene a ilustrarnos bellamente la imagen de ese abejón copulando con entusiasmo entre los pliegues sutiles de la orquídea. La naturaleza es ciega, la moral sólo miope, lo cual puede que no sea más que una exitosa estrategia evolutiva de la Vida, dentro de la cual, a pesar de nuestro soberbio antropocentrismo, parece evidente que la exclusividad sexual es un producto ‘histórico’ y, en consecuencia, humano. No hay especie, aparte de ello, en que sus individuos, machos y hembras, no desplieguen, conscientes o impulsados por el instinto, sus atractivos específicos, entre los cuales no me cabe la menor duda de que el menos fiable aunque más eficaz debe de ser la palabra. Rojas y levantadas crestas, plumas irisadas, buches inflados bajo el tornasol, danzas seductoras o generosos avituallamientos, sirven a las especies más diversas para provocar el deseo que garantiza la reproducción, un deseo que sólo el hombre reduce a conceptos y regula con códigos, tal vez porque es el único animal sobre la Tierra capaz de distinguir el placer de esa reproducción. Todo es más sencillo para la ingenua abeja macho enamorada de la orquídea, esa Circe que, al contrario de la embaucadora humana no espera de su engaño más que cumplir con la Naturaleza. Cuando Woody Allen reducía la monogamia a los palomos y a los católicos no parece que anduviera muy descaminado.

Municipalismo de ocasión

¿A que no conocen ustedes un solo político que no ronee de ser más municipalista que el sabio Posada? Seguro. Pero en la práctica resulta luego que ninguno de ellos está dispuesto a resolver el problema heredado, histórico, de las estrecheces municipales, fuera de arrimarle a “los suyos” cuanto sea menester. Desde el PSOE andaluz se acaba de proclamar que si la oposición  pretende que la Junta le arregle los problemas a los Ayuntamientos, “aviada va”, nueva proclama de indiferencia frente al grave problema municipal que afecta a la inmensa mayoría de los pueblos de la comunidad, excepto a los de obediencia chavesiana, que “tienen de to”. No habrá una democracia honda, sin embargo, mientras los Ayuntamiento sigan dependiendo de la Junta y del Gobierno para su financiación, por la razón elemental de que quienes pierden con esa fanfarronada no es el partido rival, sino los ciudadanos de cada pueblo. La discriminación que hace el PSOE con esos Ayuntamientos es ya proverbial. Tomar el problema a chacota, encima, es ofender al sentido democrático.

A ver quién da más

La Dipu, el Ayuntamiento local y el Instituto Andaluz de la Mujer han organizado en Valverde del Camino unas jornadas para enseñar a las valverdeñas a “disfrutar en la cama”. Ardua y generosa tarea, imprescindible pedagogía que parte de la suposición de que las valverdeñas se chupan el dedo o bien de que van por la vida como infibuladas de Níger o etiopes ablacionadas, objetivo político de primera magnitud aunque sólo sea para poner de relieve el grado de infantilismo estúpido al que ha llegado esta clase política que, encima, es la que se gasta nuestro dinero en ocasiones por el estilo. No se puede llegar a mayor sandez, resultaría difícil justificar la nómina con un expediente más ridículo. Dicen que intervendrá el alcalde Cejudo. Confiemos en que no sea en clases prácticas.

La manzana podrida

Durante la tarde del sábado grupos de personas se manifestaron en París reclamando rigor contra al delincuencia y, en general, cadena perpetua para los delitos atroces en la libertad de cuyos autores no cabría esperar la menor garantía de reinserción. En la rue Rivoli, alrededor de la estatua ecuestre de Juana de Arco, un grupo interracial reclamaba mano dura con el vicepresidente del Congo, Jean-Pierre Bemba, recién detenido por sus tremendos crímenes (más de mil asesinatos, casi quinientas violaciones, torturas habituales, pillaje generalizado) durante los enfrentamientos del 2003 en su país. Cerca de La Concorde, un grupo más numeroso exigía quitar de la circulación al matrimonio Fourniret, acusado de siete muertes precedidas de violaciones en circunstancias tremendas. Anda muy sensibilizada la conciencia europea con este tipo de crímenes y más convencida que nunca –en especial después del horroroso “caso Dutroux– de que sus monstruosos autores deben ser retirados para siempre de la circulación. También en España. Hoy mismo se reunirá con el presidente del Tribunal Supremo y con el del Gobierno el padre de la niña asesinada en Huelva por el pedófilo que andaba incomprensiblemente en libertad a pesar de sus condenas pendientes, y a ambos pedirá, según  anuncia, la implantación de la cadena perpetua para esos atroces delincuentes, con el aval de las 600.000 firmas que la familia ha recogido por toda España. Es presumible, en todo caso, que el asunto se cierre con buenas palabras sin excluir alguna cínica promesa, porque la batalla entre el integrismo humanista y el sentimiento justiciero cada día más común no tiene trazas de saldarse con ningún armisticio. En Europa prospera, sin embargo, el argumento de la manzana podrida que es preciso apartar del cesto común para que no ponga en peligro a las demás: no se trataría tanto de castigar como de prevenir. Aquí, de las dos cosas. En español se espera que el criminal “pague” pero el festival negro al que estamos asistiendo ha convencido a muchos entre los templados de ánimo de la necesidad de aislar al monstruo.

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La realidad es que cada minuto que pasa resulta más enojoso defender la reinserción. La venganza tiene tan poco sentido moral como poco sentido práctico tiene la actitud redentorista a ultranza, aparte de que la circunstancia del mundo actual favorece la escalada de la barbarie en términos desconocidos hasta ahora. Jack el Destripador era un aprendiz comparado con algunos de los antes mencionados y eso debe hacernos reflexionar sobre la caducidad de los criterios penales y los sistemas penitenciarios, hoy demostradamente inapropiados, en especial para estos supuestos extremos. Naturalmente el padre de Mari Luz no va a conseguir nada que no sea un pésame en sus entrevistas de hoy, pero habría que preguntarse por qué, dado que en Francia parece decidido que monsieur Fourniret no volverá a pisar la calle. No entiendo, en cualquier caso, que las actitudes favorables al reo (hablo sólo de los reos que hablo, por supuesto) resulten más progresistas, ni más compasivas ni más cercanas al humanismo que las que demandan una garantía efectiva frente a esta escalada del crimen y a esta debacle de la conducta desviada. Como no entiendo que se diga que el rigor en las penas no garantiza el freno de estos salvajismos: ¿quién sabe eso y por qué? Nadie puede negar a ese padre inconsolable la razón que lleva cuando postula que el asesino de su hija no es persona a la que razonablemente se le pueda dar una oportunidad sin concitar un peligro cierto y en Francia, desde luego, no se la van a dar a los Fourniret como no se lo van a dar en Bélgica a los Dutroux, reincidentes como otros tantos. El debate sobre la cadena perpetua está abierto aunque no se haya inaugurado. Hay derramada demasiada sangre inocente. Y los prejuicios ‘progresistas’ son tan vulnerables como los ‘reaccionarios’.