Centauros y quimeras

Dos noticias rechinaban ayer sobre la prensa europea. Una, la aprobación por los la Cámara de los Comunes de la ley que autoriza la creación  de embriones híbridos, es decir, de mixtos de humanos y otros animales. Centauros y quimeras: parece que la mitología, como la ciencia-ficción, funciona como un anticipador de futuro, como un sensor sutilísimo capaz de penetrar en el tiempo para anunciarnos y describirnos lo que ha de venir. Viene a la cabeza la inquietante doble idea de Hegel afirmando que “todo lo real es racional” pero que, ay, también “todo lo racional es real”. ¿Es el centauro imaginado por el hombre una suerte de arquetipo que aguarda su turno agazapado en el tiempo, sueña con fundamento el que enuncia por ver primera la leyenda del toro de Minos, es la quimera –con todo cuanto hoy sabemos sobre el significado simbólico de los animales mixtos— una posibilidad real anticipada por la imaginación del mitólogo? En cuanto a la creación de animales híbridos no sólo no caben dudas sino que es ya legal, como ven, pero, por si fuera poco, con la misma fecha nos enteramos de que en la universidad de Texas han logrado “revivir” un gen perteneciente a un animal extinto, un tigre de Tasmania, conservado en etanol durante un siglo en las vitrinas de un museo y ahora insertado en un  ratón vivo por mano de ese demiurgo que anda suelto. Con éxito, además, puesto que el gen devuelto a la vida ha comenzado a trabajar, como si tal cosa, una vez alojado en su huésped biológico, en la formación de cartílagos y huesos. Centauros y quimeras, insisto, seres de naturaleza doble, hoy como ayer sospechosos pero, al tiempo, prometedores aliados de la Humanidad. Quirón, maestro de Aquiles y de Jasón, el amigo del hombre, frente a los violadores de las lapitas, bestias irredimibles. “Todo lo racional es real”: la Ciencia lo de muestra temerariamente día tras día. Dicen que a los espíritus débiles todo este negocio les produce miedo. ¿Y a quién no?

 

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 Hemos sabido también, al mismo tiempo, que una famosa empresa agrícola renuncia –de momento, suponemos—a la producción de maíz híbrido, en el marco de esa otra batalla ética y cívica que enfrenta a la esperanza de muchos con la precaución de otros. Pero la ingeniería hortelana es tan antigua como el labriego, no como esta historia revulsiva de la manipulación genética que, inevitablemente, enfrenta el interés legítimo del progreso material con el miedo a la monstruosidad. En Inglaterra se anuncian “férreos controles” para garantizar que nadie va a caer en la tentación prometeica de conservar indebidamente esos embriones ni a permitirles continuar su destino embriológico, siempre desde el convencimiento de que sólo un demente podría infringir esa norma de imprevisibles consecuencias. Lo curioso es pensar que, en cualquier caso, avanzamos detrás de la imaginación y que lo que nuestros sofisticados laboratorios nos ofrecen hoy confirma lo anunciado como imaginario y aún como cierto por nuestros antecesores. Plinio afirmó haber visto mujeres-peces frente a Lyon, y otro tanto aseguraron Belonio o Pausanias, aparte de Eliano, que es mucho más asequible, sin olvidar al propio Colón que las describió con detalle, lo mismo que el padre Feijóo dio fe del hallazgo de un hombre-pez asturiano, el célebre ‘Peje Nicolao’, natural de Liérganes. Claro que la historia del gen recuperado tras dormir un siglo en su formol es de otra índole, como lo es esa luz verde que se acaba de dar en Inglaterra a la investigación con células madre por esa vía rápida que es la creación de monstruos desechables. Caminamos sobre el filo de una afilada navaja, eso no admite dudas, tentados por muy buenas razones humanitarias que no dejan de implicar riesgos graves y, en cierto modo, aterradores. El tiempo dirá si es o no buen negocio retorcer los renglones torcidos con que dicen que Dios escribe derecho.

El dinero de andalucía

Se reunió, al fin, el Consejo de Política Fiscal y Financiera, único ámbito legítimo para acordar entre todas las comunidades autónomas españolas un régimen de financiación solidario y justo frente a los intentos de solventar ese acuerdo por vía bilateral. Andalucía concurre a la negociación con el solo criterio del PSOE, hasta ahora refractario a lograr un acuerdo entre todas las fuerzas políticas regionales, es decir, justamente lo contrario que ha hecho Cataluña, por ejemplo. Parece ser que interesa más exprimir la confrontación partidista que alcanzar un acuerdo razonable, unos, los del PSOE, echando en cara al PP su postura en Valencia, y otros, los del PP apuntando a la connivencia de Chaves con su partido en Cataluña. El PSOE parte y reparte, pues, en solitario lo que puede provocar ulteriores desavenencias y perjuicios para todos. Andalucía es demasiado importante electoralmente para los dos partidos como para darse facilidades. La verdad es que la trampa en que andan atrapados los andaluces deja pocas salidas.

Ahora, a pagar

El Ayuntamiento de la capital está dispuesto, con buen criterio, a sentarse a negociar con ENDESA para darle una salida razonable a la obligación impuesta al concejo por el TSJA de indemnizar a la eléctrica por los daños y perjuicios causados con motivo del retraso de la licencia municipal. Es lo lógico, y por cierto, lo mismo que propone la empresa acreedora, que seguramente entiende las razones complejas que han provocado esta situación. Será el común de los ciudadanos quien pague, vía impuestos, al decisión/indecisión consistorial, de la misma manera que será ese ciudadano contribuyente quien pague el arbitrario despido de trabajadores discriminados por razones ideológicas en el Ayuntamiento de Gibraleón. A la hora del debate, el peatón tiene escaso poder: a la de pagar los paltos rotos, lleva todas las papeletas para ser el pagano.

El hoyo y el bollo

La práctica totalidad de los comentarios sobre la muerte del juez del TC Roberto García Calvo han coincidido sobre su condición de juez del PP. Aquí no es ya que quepa anticipar el fallo de un pleito, sobre todo en las altas instancias, sopesando la adscripción ideológica de los jueces, sino que damos por hecho y rehecho que cada magistrado pertenece al partido político que lo ha propuesto y negociado con el Gobierno, de tal manera que una simple suma de adscripciones partidistas nos adelantan el resultado de los pleitos de la Justicia con gran antelación. Hay quien dice que el pecado original de ese “Supremo sobre el Supremo” que ha consagrado la práctica hay que buscarlo en el voto de calidad de su primer presidente en cierto asunto luego revolcado por al Justicia, el pleito de Rumasa, pero más ponderado resulta pensar que el proceso de degradación del Alto Tribunal –como el de los restantes órganos judiciales superiores—no responde a un hecho concreto, por grave y elocuente que aquel resultara ya entonces, sino a la evidente y progresiva politización de la Justicia que fue olvidando a buen paso ese “esmero en la elección de sus miembros y del Presidente” con que, según el llorado Tomás y Valiente, procedieron al principio las fuerzas políticas de la Transición al conjuntar el Tribunal que garantiza el respeto al marco constitucional. Decir que la muerte de un magistrado “despeja” el camino al Estatuto catalán, por ejemplo, es, sencillamente, un contradiós y una prueba mayúscula de la perversión de nuestro sistema de libertades reconvertido en pura partitocracia, pero peor aún es considerar que este disparate no es ninguna novedad en un panorama en el que contamos ya con sobradas pruebas de dependencia judicial respecto al poder político que nombra o que veta a sus titulares. Nunca he sabido si, con aquello de la muerte de Montesquieu, Guerra quiso expresar ingenuamente un salto adelante de la voluntad política o lamentaba un mal sin remedio. Sea como fuere, quien acaba de morir no es el juez García Calvo sino la credibilidad de ese sistema instalado ya sin complejos en el ventajismo que ha convertido las cimas de la Justicia en un puerto de Arrebatacapas.

 

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 Esta connivencia partidista para controlar a la Justicia puede que se explique por el escaso apego a la misma que tanto la derecha como la izquierda heredaron de la dictadura y su férrea concepción del sistema judicial como un servicio más del “régimen”. Aquí nadie respeta a la Justicia como es debido hasta el punto en que nadie se corta un pelo porque los ciudadanos asistan estupefactos a las peleas de gallo celebradas en las más altas galleras de la Administración de Justicia y –peor aún, en mi concepto—en las acorraladas en nuestros tribunales superiores. ¿Qué puede esperarse de una situación en la que su juez más notorio ha proclamado, triturando la tradición de los “tres poderes”, que esos “poderes forman parte del Estado y no pueden ir cada cual por su lado”. ¿Ah, no? ¿Quiere eso decir que deben marchar marcando el paso que vocee el furriel de la mayoría parlamentaria o acaso que deben componérselas amigablemente como elevados por una irresistible mística del deber? Elija cada uno su respuesta, pero no parece dudoso que una democracia en la que, con la excusa de combatir el riesgo de un “gobierno de los jueces”, se consigue atraillar a los protagonistas de la Justicia y organizarlos proporcionalmente por partidos, se sitúa a sí misma en una zona oscura en la que con frecuencia ha de resultar difícil distinguirla de la autarquía. Los españoles saben ahora que sus pleitos se ganarán o no en función del color de los jueces que les toquen en el reparto, simple suma y sigue –tanto del PSOE, tantos del PP—y no por simple y puro imperativo justiciero. Empiezo a entender por qué decía Corneille que la Justicia no es una virtud de Estado. A la vista está.

Guerra en el hospital

No es tolerable lo que está ocurriendo en el “Virgen de las Nieves” de Granada, donde unos médicos denuncian la presencia de un hongo letal –y de hecho, algo debe de haber cuando se ha cerrado una planta y trasladado a los enfermos—mientras algún otro califica a sus compañeros de intoxicadores y de “gentuza”. ¡Como para confiar en ellos! La Junta debe aclarar con urgencia por qué se ha cesado al gerente, por qué no se hicieron autopsias en los casos sospechosos y si lleva o no lleva razón ese agresivo crítico de los críticos que sostiene que todo es una simple campaña de desprestigio. Entre otras cosas porque sobran sentencias condenando al SAS y porque la primera obligación de un sistema sanitario es la transparencia. La guerra en el hospital es lo último y el pobre usuario su víctima evidente.

Palabras al viento

En campaña electoral se promete mucho. ZP prometió, por ejemplo, la Estación del AVE, como quien le ofrecía un gladiolo a la candidata frustrada, pero ¿alguien ha visto  Huelva moverse  un solo ladrillo, incluso una sola gestión para cumplir esa promesa de coyuntura? Nadie. Chaves, por su parte, comprometió su palabra con el Alcalde tanto para desbloquear el proyecto del Ensanche como para construir los famosos tres puentes de Manterola. Bien, ¿alguien ha oído que se haya convocado siquiera la comisión de seguimiento que también se comprometió en vísperas electorales a desatascar el tema? ¿Y de los puentes, ha oído alguien hablar de los puentes múltiples que iban a comunicar la capital y la provincia con la costa en un pis pas?  Pues tampoco. El PSOE tiene ahora cuatro años por delante para olvidarse de sus promesas, como se ha olvidado antes de tantas otras una vez en el Poder.