Shakespeare vive

La Guardia Civil de Fuerteventura ha detenido al patrón de un  velero suntuario de nacionalidad danesa acusado de haber abandonado a un adolescente en la Isla de los Lobos. ¡Miren que ha dado de sí esa leyenda insular de los abandonos y los tesoros ocultos! Pero la verdad es que, así como la ciencia-ficción (y no me canso de repetirlo) adelanta por la vía rápida los logros de la Ciencia del futuro, la literatura es, en muchas ocasiones, una rendija abierta al porvenir para confirmar como reales en él sus precoces ficciones. Claro está que en esas islas encontramos bueno y malos “salvajes”, no sólo desde que los “ilustrados”, impresionados por los viajes de Cook y otros argonautas, tomaron la pie de la letra esas leyendas de viajeros, sino desde mucho antes, como demuestra Shakespeare, sin ir más lejos, mostrándonos en la isla del naufragio aquel inolvidable ‘Calibán’, el hijo abandonado de la bruja Sycorax, que tanto juego ha proporcionado, a su vez, a los propios teóricos de la revolución, que han llegado a ver en él nada menos que al Pueblo oprimido alzado contra sus tiranos. El chaval de Fuerteventura, entregado por su familia al marino para darle una lección, es, naturalmente, “un sauvage méchant”, nada de un “buen salvaje”, que tenía hasta el gorro a sus padres pero que incluso en su prisión flotante no bajó la guardia y siguió provocando hasta que el capitán decidió abandonarlo sobre la playa para, en fin, ser rescatado por el Orden en cuyas manos mucho me temo que habrá de acabar echando de menos sus prisiones marinas. No saben los rebeldes sin causa lo que vale un peine civilizado.

 

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 Siempre he visto en estos personajes el símbolo de un gran equívoco –el primordial que consiste en creer en el “estado natural” como contrapunto de una civilización podrida–, imparable después de Rousseau, a pesar de los innumerables desmentidos que la realidad de la vida ha dado a la cuestión. ‘Calibán’ hizo pensar a románticos como Renán, en efecto, que esos náufragos primitivos no eran sino víctimas de la civilización a las que habría sido arrebatado su paraíso imaginario de frescos manantiales y árboles del pan, por la mano alevosa del colonizador, pero de sobra sabemos que esos son meras patrañas desmentidas por la realidad. ¿O no hemos tenido bastante con el ejemplo de los descolonizados de los 60, esas oligarquías autóctonas que han aprendido de sus antiguas metrópolis lo justo para reproducir todo lo malo del sistema y pocas o ninguna de sus virtudes? El conflicto entre el “abandonado” y su salvador radica precisamente en ese equívoco, es decir, en el prejuicio demostradamente falso de que la “ingenuidad” es moralmente superior a la “civilización”, avara insaciable que terminará por convertir toda redención del “buen salvaje” (o del malo) en una nueva experiencia colonial. A este niño, sin ir más lejos, le espera un “centro de acogida” si es que no da con sus huesos en un correccional puro y duro, algo de lo que Shakespeare libra a ‘Calibán’ permitiendo su enfrentamiento dialéctico con ‘Próspero’ al que llegaría a reprochar, con razón, haberlo rescatado para un Orden que no puede gustarle a quien, siendo “su propio rey”, se ve de pronto sujeto a “la ley de otro”. Ahí está otra vez, en cualquier caso, la antigua leyenda, la historia del niño abandonado, la isla-paraíso y el rescate frustrado, frente al inmenso océano amenazante desde el que, de vez en cuando, llega el perverso o inocente salvador, a bordo de su engañosa goleta, para joderle el invento. ¡Aviado va ese ‘Robinson’ en un hogar de menores, levantado a toque de diana y tragándose puntualmente a fajina su ración de gofio! Shakespeare era consciente de este despropósito como, en el fondo, lo era Roussseau, y no les digo nada el cachondo del Voltaire que escribió ‘Cándido’, pero la leyenda sigue, reproducida en la realidad que es un espejo, ciertamente, de lo más desmitificador.

Crónica del despropósito

Un enfermero al frente del Parque Tecnológico de Andalucía instalado en Málaga, para empezar. Un reparto de trofeos a los máximos goleadores andaluces en Primera División por parte de la consejería de…¡Agricultura y Pesca!. Un extraño episodio dialéctico, completamente pueril, que hace al PP ausentarse de la Diputación de Cñádiz cuando se iba a debatir la reprobación de los gravísimos insultos del alcalde de Puerto Real, socio del PSOE en la casa, al mismísimo Jefe del Estado. Un alcalde de Sevilla que se escaquea de la prensa a la hora de explicar el enredo del enchufe de su primo (con facturas falsas y todo) pero que sale voluntario a la palestra para poner por las nubes a un directivo de la televisión de la Junta que presuntamente habría mezclado las merinas públicas con las churras propias. Un escandalazo por el denunciado fraude en las listas de espera y una consejera anunciado como objetivos preferentes el derecho a morir con dignidad. (Continuará).

¡Con que una ‘hipótesis’!

Poco le ha durado a la consejera Castillo el camelo de la “hipótesis” del oleoducto. La mentira tiene las patas cortas, como lo demuestra el poco tiempo que ha tardado, la pobre, en desdecirse y asegurar que, no sólo no es una ‘hipótesis’ ese proyecto presuntamente devastador, sino que existen nada menos que seis “alternativas” a él y “todas viables”. Más claro que el agua: la consejera castillo ha ido a la Junta con el encargo expreso y primordial de echarle cara al negocio y sacar como sea el proyecto de ese poderoso “amigo político”, el Grupo Gallardo, cada día más fuerte en el mundo editorial y, como consecuencia, cada día más rentable a la unta y al PSOE como altavoz o apagavoz, según el caso, de las vicisitudes de esta política clientelar. Ya pueden los protestantes rasgarse las vestiduras que ese oleoducto atravesará nuestra provincia arramblando con lo que pille por delante, o hemos de ver un ejemplar.

Il Cavaliere, Il Duce

Este Berlusconi no es el mismo. Ha sido llegar a Nápoles y poner pie en pared con el estilo propio de los autócratas, es decir, de ese género de personajes que confunden la autoridad con la violencia, la ‘auctoritas’ con la ‘potestas’. Con el argumento más viejo y convincente de la crónica del Poder: el hombre de la calle tiene derecho a no tener miedo y el Estado la obligación de mantener intacto ese derecho, como sea, si es preciso desplegando la violencia necesaria para conseguirlo. El desorden legitima el abuso de poder, es el caldo de cultivo de todas las autocracias, su ‘razón moral’ aderezada por su ‘ideología’, y no cabe duda de que situaciones como la de la inmigración ilegal vienen alarmando a la población hace tiempo (en Italia y fuera de Italia, como sabemos) o que abusos como el del basural napolitano le ponen al tirano en bandeja su aspiración al poder absoluto. El dictador no entra llamando a la puerta sino echándola abajo en respuesta a una llamada más o menos real que suele proceder de dentro, no hay dictador que no salga diciendo que ha venido a recoger el poder que estaba tirado en la calle. Y lo malo es que puede haber algo de verdad en lo que dice, como lo prueba la mayoría de italianos que por segunda vez, y a pesar de su pésima aureola, ha votado de nuevo, no quiero pensar que bajo el síndrome mussoliniano, a ese enredador que ha llegado a cambiar la Ley para no ser condenado. Me da el pálpito de que Il Cavaliere guarda en su almario una secreta emulación de Il Duce y no me parece ninguna noticia circunstancial las decisiones de ese consejo en que se ha previsto tipificar como delito la inmigración ilegal, expropiar las casas alquiladas a inmigrantes indocumentados aparte de encarcelar a los arrendadores, militarizar el basurero castigando con prisión severa a quien simplemente entre en uno de ellos sin permiso, retirar la patria potestad a los padres de niños mendigos y expulsar a los extranjeros delincuentes. Todo con “absoluto respeto” a las directrices europeas, por descontado, sin trampa ni cartón. Berlusconi ha esbozado en ese chafarrinón el esperpento de un fascismo renovado. Sus aliados fascistas de la Liga del Norte tienen motivos para estar satisfechos.

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La mano dura: no falla. Ésa metáfora gana siempre en la ruleta de la opinión en cuanto se oscurece un poco la timba. ¿Quién se acuerda ya de los estragos de Ferrara, de los abusos de Roma, de los testimonios de Bassani, de la llaga abierta de Primo Levi? El año pasado (yo lo vi), el alcalde de Padua levantó un muro e hizo un gueto del barrio “diferente” y lo peor es que la gente lo aceptó bastante conforme. Los xenófobos maltratan en la Padania incluso a los italianos sureños considerados parásitos por sus ideólogos. Pero esto pinta ya de otra manera, de forma mucho más expeditiva y explícita, no hay que darle vueltas, y hemos de ver en la UE la misma debilidad, los mismos melindres con que la aquella otra Europa dejó crecer la hidra fascista desde los arrebatos de D’Annunzio a los planes de Mussolini. ¿Quién quiere inmigrantes, mendigos o basura por las calles? Bueno, la verdad es que alguna responsabilidad en lo que pueda ocurrir ahora con la reaparición de Berlusconi recaerá sobre la democracia italiana y, muy en especial, sobre esa atomizada y espuria izquierda incapaz de encontrar su propio camino. Ese paquete de medidas –¡en un solo consejo!—descubre una voluntad autocrática que nadie puede fingir que no ve, de manera que lo que venga detrás habrá de ser valorado desde esta perspectiva que es ya más que suficiente. Il Cavaliere, Il Duce. Resulta asombroso que un país no reconozca al lobo bajo ese disfraz de cordero, por lo demás no poco descuidado. Es probable que nuevas formas de fascismo anden gestándose a la sombra de la democracia. No quiero pensar que lo advirtamos cuando ya las tengamos encima.

Una mala herencia

Temo que la voluntad de la nueva consejera de Educación, Teresa Jiménez, aventaje con mucho a la herencia que ha recibido. Su comparecencia parlamentaria, demasiado atenida al “candidismo” del que, felizmente, nos hemos librado (empezando por Chaves), ha despertado inquietud en una comunidad escolar hasta de coles y promesas falsas, disimulos y camelos oportunistas, Y la huelga contra la ley de Calidad –que ésa sí que es una herencia envenenada—debe de hacerle comprender que constituiría una temeridad mantener la ocurrencia de su antecesora para camuflar el fracaso del sistema educativo, es decir, el sobornillo a los docentes por falsear la realidad. Sería un error irreparable atenerse al programa heredado, funesto y denunciado por la inmensa mayoría de los enseñantes aunque no sólo por ellos. Desmarcarse de él, en cambio, puede que fuera un acierto sumamente beneficioso para Andalucía.

Justicia, no piedad

Lo que reclama ese ciudadano inválido que vive en un piso sin acceso para él no es piedad es Justicia. Hay que decir, sin embargo, que estamos ante un caso en que la Administración se haya inhibido o dejado ir sino todo lo contrario, empezando por el delegado de Vivienda que ha hecho (y sigue haciendo) cuanto puede por solucionar un problema ciertamente difícil. Y a esa actitud debería responder al afectado facilitando por su parte las cosas, es decir, no elevando más de la cuenta su exigencia, por la sencilla razón de que las posibilidades de arreglo son limitadas sin contar con que podrían abrir un gran portillo para futuras reclamaciones. Justicia, pues, pero razonable, asistencia oficial pero también buena disposición por parte de ese ciudadano que tal vez debería renunciar a su protesta radical y colaborar con realismo. ¡Para una vez que hay de verdad buena disposición! Don Joaquín Mora debe dejarse ayudar.