Huelva-Cádiz

No parece que haya forma de despolitizar los proyectos públicos. El Ensanche, la Ciudad de la Justicia o la carretera Huelva-Cádiz son tres buenos ejemplos de cómo el PSOE y su Junta cifra su estrategia en llevar la contraria al rival político sin más razones ni mejores criterios. Vamos, convencido estoy de que si el PP hubiera apostado por unir Huelva con Cádiz a través de Sevilla –solución ya existente hace tres mil años—la Junta hubiera echado su cuarto a espadas por el proyecto Norte. Es una pena y algo peor, desde luego, comprobar que la única razón política sea la de contradecir el adversario, caiga quien caiga y cueste lo que cueste, incluso en este caso, el único en España en que dos capitales contiguas están incomunicadas. Y es intolerable que porque el PSOE no digiera la hegemonía de Pedro Rodríguez en la capital, castigue a los onubenses con tanta terquedad.

La lucha por la vida

La señora vicepresidenta del Gobierno dice que se ha sentido “horrorizada” al enterarse de que la familia feliz con la que acaba de retratarse en Níger no era un matrimonio convencional sino el cuarteto feliz de un fabricante de chufas con sus tres mujeres. A la señora vicepresidenta, tan abierta que no se asusta así como así, la ha “horrorizado”, sin embargo, el simple hecho de haber posado con un polígamo africano, y hay que decir que en ello coincide ce por be con el llorado pontífice Wojtila, que también le leyó la cartilla en ese sentido a los aborígenes en uno de sus exóticos viajes, abominando de esa lacra que es, en todo caso, una costumbre ancestral y un derecho de las poblaciones islámicas. Ya es raro, desde luego, que una paladina de la “alianza de civilizaciones” ignore que, de Algeciras para abajo, la poligamia es tan natural como aquí la yerbabuena, y no sólo la poligamia sino prácticas tan abominables como la ablación del clítoris o la infibulación de las núbiles, pero más raro es que no cayera en la cuenta de que un próspero hombre de negocios nigeriano suele tener más de una señora en su costeado serrallo. Estas contradicciones se están produciendo, seguramente, porque la carrera libertaria de los bandos sexistas no tienen en cuenta que el sexo mismo, aparte de un entretenimiento estupendo, no es sino un instrumento al servicio de las estrategias de reproducción que cada especie emplea como mejor le va, más allá o más acá, eso no lo sabría decir, de los sistemas de valores y sus imperativos más o menos categóricos. En la universidad de Vigo, sin ir más lejos, unos sabios indígenas acaban de descubrir que las lombrices de tierra –animales hermafroditas a los que se les suponía, sin el menor fundamento, una especie de automatismo reproductivo—son capaces de valorar las circunstancias de su pareja eventual hasta el punto de que controlan la emisión de semen en la escogida, economizándola cuando se trata de un ejemplar virgen o prodigándola en caso contrario para tener mayores probabilidades en la competición. No sé por qué la Vicepresidenta ha podido imaginar que un fabricante de chufas iba a ser menos previsor que un gusano terronero.

 

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 Mucho rollo y más cinismo es lo que hay por ahí, porque no querrá la Vice que nos traguemos el cuento de su sorpresa o que acabemos pensando que es que no se enteran de lo que traen entre manos, singularmente el rollo de esa “alianza” que de sobra sabemos todos cómo funciona. Aparte de que tampoco es ya preciso tan largo viaje para fotografiarse con familias polígamas, pues el alto número de inmigrantes que la practican hoy en España es un secreto a voces que, al parecer, sólo se ignora en esa ‘Tabla Redonda’ monclovita como en la de ‘Camelot’ se fingían ignorar los trajines de la reina Ginebra con el gran Lanzarote del Lago. El vanguardismo “civilizado” no acaba de comprender algo que los antropólogos saben desde siempre: que los modelos de familia y, por tanto, los patrones sexuales de las parejas, son mecanismos resultantes de una evolución paralela a la nuestra e idéntica en su naturaleza aunque distinta en sus resultados. Los integristas americanos han discutido desde hace años si la “hospitalidad” esquimal, que incluye la cesión de la esposa al huésped, constituye adulterio en sentido “civilizado”, de forma parecida a la que la Vice aplica a la hora de valorar la poligamia nigeriana con criterios del barrio de Chueca. Por eso se “horroriza” –si es verdad que se “horroriza”, que no lo tengo yo claro ni medio claro–, en una demostración de insolvencia cultural sólo comparable a la de su cinismo político. ¿O qué creía que iba a encontrar en ese continente afligido por el hambre, la enfermedad o la esclavitud? Mujer blanca ser monógama, ya lo sé, pero va lista si cree que va a venderle esa burra a la afortunada esposa de un polígamo nigeriano.

Chaves, en evidencia

No es verdad que la mayoría absoluta convierta al Parlamento en una cámara perfectamente inútil. Todo lo más concedo que la vuelva previsible, amaestrada, mansuela, pero a una Oposición inteligente siempre le queda la posibilidad de buscarle las vueltas al adversario y enriquecer, aunque sea por vía de escándalo, la visión real de la política. Chaves votando contra sus propias palabras (de 1996), por ejemplo, y diciendo ‘Diego’ donde dijo ‘digo’ a propósito de la solidaridad en torno al agua, es un buen ejemplo de lo que quiero decir. No importa que la desvergüenza pública haya asumido la evidencia infamante como algo tolerable: lo que importa es ganar en la votación final. El miércoles Chaves quedó como un cochero en el Parlamento de Andalucía, literalmente infiel a su propia palabra, que ya es el colmo. Pero ahí sigue. La dignidad política no existe a fuer de elástica. A la vista está una vez más.

El Ensanche y los celos

Cuarto leñazo de la Justicia, del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) en concreto, a la Junta a cuenta de su zancadilleo al Plan del Ensanche Sur que promueve el Ayuntamiento, al rechazar las medidas cautelares solicitadas por la consejería de Obras Públicas para suspender la ejecución del Plan Parcial. Está quedando en evidencia plena que la Junta se opone al Ensanche contra el Ayuntamiento, es decir, para evitar en lo posible que esa obra crucial para la nueva Huelva la lleve a cabo este alcalde hasta ahora imbatible, mientras que cierra los ojos para no ver, por ejemplo, el contradiós ecológico que supone el oleoducto de sus “amigos políticos” del Grupo Gallardo. La Junta está actuando contra Huelva y por motivos inaceptables. Los ciudadanos deben tomar buena nota de este intento de ahogar al Consistorio de todos por meros intereses de partido.

La otra crisis

Estamos hartos de repetir que la derecha española no necesita enemigos porque ella sola se basta y se sobra para autodestruirse. Lo ha hecho dos veces en el cuarto de siglo largo que llevamos de democracia y en las dos por el acreditado procedimiento del rosario de la aurora, es decir, por la implosión de una disciplina que, tradicionalmente, o se pasa o no llega. Y en esas estamos, mientras desde el PSOE se oyen lamentos de cocodrilo alegando que un PP fuerte, como pieza imprescindible de oposición, debe superar lo antes posible la crisis actual, como si no estuviera en la mente de todos que él fue uno de los firmantes del execrable pacto del Tinell diseñado para cargarse a esa “oposición imprescindible” de una vez por todas, aislándola con el concurso de todos, filoterroristas (o sin filo) incluidos. Se disgrega el PP sin remedio, según parece, por tensiones internas surgidas del fracaso electoral y por la incapacidad de un liderato que no ha medido sus fuerzas ni bien ni mal, pero que, a estas alturas, no resulta fácil esperar que recupere el vigor perdido. ¿Las demás causas? Los que reclaman “primarias” olvidan que el PSOE se contentó con un breve paripé de esa excitante experiencia, liquidada, además, por otro par de memorables pucherazos… y ahí está: en el Poder, y más controlado que nunca, fiel al postulado de que todo partido, o es leninista o, más pronto que tarde, acaba yéndose al carajo. Los que cifran el toque en la existencia de alternativas, olvidan que el PP funcionó tan divinamente mientras no las tuvo que hasta logró la mayoría absoluta. Más razón pueden llevar quienes hablan de mantener los “principios” pero ello implicaría aceptar previamente que alguien, desde arriba, está tratando de desvirtuarlos, lo cual legitimaría cualquier rebeldía. Lo que no tiene sentido es postular que la crisis del PP de Rajoy se debe a una conspiración –¡otra vez!—en la que estarían implicados, por lo que estamos viendo, casi todos menos los elegidos de la nueva etapa. El caso es que, a falta de Herrero de Miñón, ya tenemos reproducido el cuadro de la UCD.

 

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 Es decir, que lo que no logró aquel ignominioso y antidemocrático pacto que fue aplicado a rajatabla durante toda la legislatura pasada, lo ha conseguido el reparto de ambiciones y el tironeo interno de las camarillas en su lucha por el poder, en la mejor tradición decimonónica de “las derechas” autodestructivas. Pero algo tendrá que ver en ello el líder cuestionado, sin duda posible, porque lo que no encaja ni a la fuerza es ese puzzle conspiranoico que se ha tratado de cerrar alevosamente encajando en él a una persona de tan probada integridad como María San Gil. No hace falta entrar en vidriosas valoraciones de los nuevos predilectos, pero ¿quién entiende la ausencia de Rato de la escena política, cómo justificar el ostracismo de un personaje tan valorado como Mayor Oreja, de qué modo cubrir la ausencia dialéctica de Zaplana y, en fin, con qué argumento plausible presentar como rebelde sin causa a un personaje como San Gil –uno de los raros políticos capaces de conmover a la opinión pública con la noticia de su enfermedad—a la que, sin ir más lejos, antier el propio Rajoy le estaba ofreciendo secundarle en la codiciada candidatura por Madrid? Esta democracia hemipléjica, y no sólo la derecha, va quedarse a los pies de los caballos que es, en definitiva, lo que persiguen los separatismos y ha propiciado insensatamente, por un egoísmo mal entendido, un PSOE que viene cifrando su ideal de continuidad en la liquidación del único adversario capaz de desalojarlo del Poder. Lo dicho: la derecha española no precisa enemigos porque ella sola se basta para inmolarse. Queda por ver si entre sus filas hay una reserva suficiente para caer en esta cuenta elemental y reaccionar en consecuencia. Si no la hubiera, no será solo la derecha quien lo lamente.

Malo o bueno, según

No es que ahora la Junta de Chaves no envíe manifestantes ni presida manifestaciones frente e Gibraltar para exigir al Gobierno que protesta ante Londres, es que ni se inmuta porque la presencia de esos submarinos nucleares –y no sólo con bandera inglesa– en el puerto de la colonia británica se haya convertido en habitual. Ahora calla y otorga para no importunar al “Gobierno amigo” aunque la realidad es que,  igual antes que ahora, como Chaves sabía perfectamente se agarraba a la pancarta, poco o nada tenemos que hacer frente a ese abuso manifiesto. Lo peor de este embrollo es la mentira, el hecho de que la Junta simulara indignación en tiempos del PP o simule incomodidad ahora, a sabiendas de que no hay nada que hacer en el asunto. Eso sí, que un submarino nuclear atraque junto a nuestra poblada costa es malo si gobierna el adversario, pero indiferente, por lo visto, si en Madrid mandan los nuestros. Nuestros políticos mienten más que hablan y no conocen otra razón que su interés de partido.