El fin del mundo

No ha elegido mal momento, para hablar del fin del mundo, la Universidad Hebraica de Jerusalén mostrando, en una curiosa exposición, una carta escrita por Isaac Newton a principios del siglo XVIII en la que le revelaba a un amigo sus conclusiones sobre la fecha previsible del final de los tiempos, que según él, vendría a caer por su propio peso, como la famosa manzana de la que su sobrina le habló a Voltaire, justamente en el año 2060. Cifraba su cálculo el sabio en ciertas elucubraciones –¿y cómo llamarlas si no?– sobre un conocido pasaje del Libro de Daniel, a partir de las cuales habría logrado deducir que el esperado apocalipsis habría de tener lugar 1.260 años cabales después de la refundación del Sacro Imperio Romano ocurrida, como se sabe, allá por el 800, bajo la florida barba del mítico Carlomagno. Ya verán como no tarda en reproducirse la algarabía alrededor del genio que revolucionó la llamada ‘Ciencia Moderna’ del que se viene diciendo –desde esa perspectiva audaz que permite la libertad postmoderna– que logró muñir muchos de sus hallazgos aprovechando el famoso “fudge factor” o recurso chapucero con que no pocos de nuestros más preclaros ingenios lograron “cuadrar” adecuadamente sus teorías a base de cambiar los parámetros hasta hacer que sus hipótesis visionarias encajaran tramposamente en los cálculos. Newton no sería, en todo caso, sino uno más de esos chapuceros geniales (Einstein fue otro, según parece), cuyos hallazgos sobre la velocidad del sonido o la densidad del aire, sin excluir la mismísima ley de la gravitación universal, que marcaría el futuro del pensamiento científico, a ese ‘factor’ deberían su turgencia teórica. Y no es nueva la opinión de que, en realidad, lo que a él le interesaba de verdad no era la matemática o la física sino una teología que no dejaba de incluir, como demuestran sus trabajos sobre el ‘Apocalipsis’ o el ‘Libro de Daniel’,  el enredo milenarista y la cábala proverbial del fin del mundo. Es que no se puede uno fiar de nadie, háganme caso. La imagen de Newton compaginando la visión de los leones y el horno con las ecuaciones lineales deja escaso margen a la esperanza.
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A propósito del último libro Dawking y la marejada especulativa a que ha dado lugar, se refería aquí hace unos días Alfonso Lazo a la tensión artificial que mantiene actual el dilema clásico entre Razón y Fe, tensión que revela mejor que nada el énfasis insustancial que muchos ateístas ponen en volar esa fortaleza inexpugnable que tal vez sostiene la cultura como una ‘segunda naturaleza’. Verán de qué manera desconsiderada se apodera de los renglones de Newton esa industria esotérica que está haciendo su agosto, en estos tiempos de confusión, ofreciendo gatos de tres pies en lugar de la escurridiza liebre de un conocimiento riguroso más desprestigiado cada día por aquel “fudge factor” que troqueló Richard Westfall precisamente para desacreditar los juegos de mano del propio Newton. A Galileo se le atribuye esta frase tremenda: “Sin hacer el experimento, estoy seguro de que el efecto tendrá lugar como os digo porque es necesario que así ocurra, de manera que es inútil perder el tiempo cuando podéis creerme por mi autoridad”. No resulta difícil imaginar lo que habrá podido dar de si un magisterio de esa naturaleza cuando, en lugar de las exigencias epistemológicas del trabajo empírico, el sabio se quedara a solas frente a una aventura sin más límites que los de su propia imaginación. Pero tampoco será fácil para la mentalidad academicista admitir que apenas hay diferencia esencial entre el vaticinio apocalíptico de Newton y los manejados por los sacerdotes mayas o las profecías contenidas en las “Centurias” de Nostradamus. La Ciencia avanza a trompicones y agarrándose buenamente dónde puede. Comprobarlo de vez en cuando no deja de ser estimulante si se consigue superar el estupor.

Prohibido enfermar

Al Servicio Andaluz de Salud (SAS) le va bien con su política de ahorro y tente tieso. Si faltan médicos en las urgencias, que se aprieten el cinturón los presentes. Si no hay pediatras que otros facultativos sin especializar cubran sus huecos. Si escasean los médicos de familia o las vacaciones crean un  problema mayúsculo en el sistema (se calculan en 15.000 médicos los que han de irse), se echa mano de los “chicos para todo” recompensados con un plus y a otra cosa. Menos quirófanos, menos camas, salas cerradas, no evitarán un déficit que los expertos calculan en al menos 300.000 jornadas, lo que obligaría a contratar a una legión de profesionales que hace tiempo, sin embargo, como todo el mundo sabe, que se marcharon a otras comunidades o a países extranjeros ante la situación andaluza. No caigan enfermos, pues, procuren mantenerse en forma, porque todo augura para este cálido verano que se pronostica un agobiadísimo dispositivo sanitario. Es posible que el criterio de ahorrar a toda costa en salud esté agotando sus posibilidades y quizá también la paciencia del ciudadano.

Jueces recusables

A Javier Barrero no le gusta el juez que le ha tocado en la querella interpuesta por el alcalde de la capital por el sórdido asunto de las falsas llamadas telefónicas y, sin pensárselo dos veces, lo ha recusado. ¡Hala, que me pongan otro, que éste no me gusta! La ‘causa’, que el magistrado es marido de una señora del PP y, en consecuencia, sospechoso de parcialidad o incluso de inquina, un razonamiento peligroso porque la verdad es que ya se pierde uno en la cuenta de acciones judiciales en que han actuado juzgadores amigos del Poder. ¿Qué hacer si la simpatía de jueces probadamente afectos al PSOE termina por provocar, a su vez, recusaciones sin fin, cómo respetar a un Ministro de Justicia que se comporta como un “hooligan” a favor de “su” partido o a un Fiscal General que obedece al Gobierno que lo puso y puede quitarlo, lo mismo protegiendo a Otegui (por ejemplo) que acusándolo? Que uno recuerde el alcalde no ha recusado ni a un magistrado en las incontables querellas interpuestas y perdidas siempre por Barrero. El expresidente Borbolla solía decir que “ca uno es ca uno”. 

Las reglas del juego

En su brillante intervención en las sevillanas “Charlas de El Mundo”, el embajador de Israel, Víctor Harel, dijo y repitió que el gran error  cometido por su país en los últimos tiempos había sido aceptar la incorporación de Hamas a las instituciones democráticas. No es posible lo que no lo es, vendría a decir el Guerra, en especial si ni siquiera se cuenta con la menor muestra de aceptación de las reglas del juego por parte de quienes han hecho de la insurgencia su razón de ser y ven en la democracia –con todas las limitaciones que haya que admitir en las de esos regímenes incipientes– no más que un instrumento para lograr los mismos fines aprovechando las fisuras de la organización pacífica. Sus palabras eran como un lúcido pie de foto a las imágenes que nos llegan de Gaza y Cisjordania –la inconfundible iconografía de la guerra civil– pero también, hay que reconocerlo, por desgracia, aplicable a las que ilustran la confusa ceremonia del domingo en el País Vasco, con su casi medio centenar de Ayuntamientos en manos de los proetarras, el clima cuajado de amenazas y el miedo por doquier. En Gaza la experiencia ha servido para fortalecer a una banda terrorista que ha logrado la admirable paradoja de convertir a Al Fatah en la buena de la película y hasta es posible que a devolver a la memoria de Arafat cierto nimbo nostálgico de prestigio a la vista del bárbaro saqueo de su antigua residencia. En el País Vasco, la triquiñuela del Gobierno para abrir paso a los radicales servirá, sin duda posible, para hacer de esta legislatura un infierno y para ahondar sin tiento la zanja que divide trágicamente a una región y a un pueblo víctimas del chantaje consentido de una mafia criminal. La negativa de esos terroristas institucionalizados a condenar el terrorismo es absolutamente lógica, por supuesto. A ver si el Gobierno pretende que, a estas alturas, los terroristas pierdan su único argumento.
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Tomada en esos justos términos, el paralelismo entre la situación que se vive en Oriente Medio y la que se vive en el País Vasco es patente. No ha resultado fácil ese acceso de los proetarras a las instituciones –el Gobierno ha debido emplearse a fondo hasta conseguirlo–, pero sacarlos ahora de ese nicho será prácticamente imposible, como imposible ha de ser también, probablemente, restaurar un proyecto palestino compatible con la coexistencia múltiple en la zona. La diferencia es, de momento, que allá el conflicto no disimula ahora su condición de enfrentamiento civil, mientras que aquí ese conflicto sigue enmascarado por nuestro propio miedo a la realidad, pero activo bajo las especies de una beligerancia latente que no podrá seguir siendo disimulada por mucho tiempo. Sobre todo si ETA cumple su amenaza de atentar y nos encontramos con que ese medio centenar de Ayuntamientos de su cuerda se niegan a condenar la barbarie o –toda se andará– a homenajearla de acuerdo con sus códigos. Quienes han postulado contra viento y marea la posibilidad de una convivencia institucional entre demócratas y filoterroristas (o terroristas sin más, que también hay casos) podrán ensayar ahora los equilibrios dialécticos que quieran, pero está claro como el agua que las consecuencias de su insensato apoyo a la reaserción del independentismo terrorista en las instituciones democráticas constituía un absurdo cuyas consecuencias estamos viendo y cuyo alcance final no tardaremos en comprobar. Dicho con brevedad, en el País Vasco no existe hoy una democracia plena ni de lejos, y lo que es peor, no se ve el modo de reconducir la situación hasta el punto razonable en que se hallaba cuando surgió la estrategia permisiva que se ha venido llamando “proceso de paz”. Ahora saben en Lasarte, en Andoain, en Ondarroa o en tantos pueblos lo que es tener al enemigo en casa. Sacarlos va a costar Dios y ayuda.

Lista más votada

El presidente Chaves ha sugerido, una vez cerrado a conciencia el cambalache, que se podría ir pensando para las próximas municipales en una reforma legal que permita gobernar al candidato más votado, aunque advierte que los gobiernos de coalición aportan más estabilidad al gobierno. Bueno, según como se mire, y sólo al precio de que, eventualmente, la opción más votada haya de quedar de mirona viendo como la votada en segundo lugar gobierna sujeta a las exigencias de la que menos votos tuvo. Con esa reforma en vigor, el PSOE perdería ahora mismo alcaldías clave e IU quedaría reducida a un grupúsculo enteramente marginal, y eso quiere decir que Chaves brinda al sol a sabiendas que esa meta quedaría, en todo caso, lejos si no inalcanzable. Eso sí, quizá nunca los resultados de unas municipales fueron más controvertidos que en esta ocasión. Hay que insistir en que la política de corto alcance es la causa última del auge que registra desde hace tiempo la abstención.

Cuarto mandato

Mano de hierro en guante de seda en la ceremonia de toma de posesión del alcalde de la capital. Sonrisas como dagas, gestitos reveladores de la más pura frustración, fugaces incidentes de una indecorosa y grosera ‘claque’ partidista, un discurso desde IU muy por encima de su realidad y posibilidades, otro de la candidata derrotada ingenuamente provocador –sacar lo de los tres puentes y el Ave no se le ocurre ni al que asó la manteca– y uno del alcalde que tuvo poco de circunstancial y mucho de demostración de poder. Quizá el PSOE no calculó bien las promesas electorales pero al PP le van a venir de lujo a la hora de dar la barrila durante una legislatura para la que la oposición va a necesitar más que nunca de “culo di ferro”. La verdad, no sé de que sonreían con cierta suficiencia algunos ediles/as de ésta. Sí entiendo –a la perfección–, en cambio, por qué aullaban, al fondo y aislados, los reventadores de la ‘claque’.