El INI de Chaves

Las empresas públicas dependientes de la Junta son un doble de la Administración autónoma y un agujero negro por el que se arruina nuestro presupuesto, pero también un instrumento clientelar decisivo en el tinglado del “régimen” y un medio disuasor frente a las legítimas aspiraciones de los funcionarios a monopolizar la gestión de la autonomía. La Cámara de Cuentas descubre ahora, además, que como el que mantenía Franco, el INI de Chaves es costosísimo y se mantiene sólo a base de subvenciones milmillonarias enviadas desde la Junta a sus arcas, aparte de hacer un gravosa competencia a la empresa privada hasta arruinarlas en algunos casos. Es unba lástima que este Parlamento –el que hay: no hay otro—carezca de nivel (echen un vistazo a los curriculos) para enfrascarse en un tema tan complejo, pero un debate sobre esta suplantación  ruinosa de la Administración hace tiempo que resulta imprescindible y urgente.

Los tránsfugas, en evidencia

Otra resolución del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, confirmando la adoptada en su día por el Juzgado de lo Social número 2 de Huelva, pone en la más absoluta evidencia –aunque, a buenas horas, mangas verdes— a los tránsfugas del Ayuntamiento de Gibraleón que despidieron sin contemplaciones a los trabajadores municipales “por discriminación política”. ¡Bendita Justicia que reconoce las evidencias años después, cuando ya no tienen remedio las consecuencias de la barrabasada política! Pero, en fin, menos da una piedra, y lo que el TSJA acaba de decirle a ese Ayuntamiento tramposo es que el despido aquel fue “nulo radical” y vulneraba el derecho fundamental a la libertad ideológica. En el ‘gulag’ olontense, Serrato hace y deshace por encima y más allá de la Ley. Francamente, se echa de menos un  escarmiento.

El fin del mundo

Circula por la prensa europea la noticia de que en la nueva Rusia viven actualmente entre 600.000 y 800000 sectarios milenaristas, es decir creyentes en la proximidad del fin del mundo tal como se anuncia en los textos apocalípticos, auge extravagante que se apunta que podría ser la ciega respuesta de algunos desgraciados al vacío ideológico surgido tras la caída del sovietismo. El tema vuelve a la actualidad a causa del encierro en una cueva de la región  de Penza de un grupo de radicales ortodoxos, constituido en su mayoría por mujeres, que han terminado por rendirse a la evidencia y salir del agujero en el que los había sumido un loco probado de profesión ingeniero erigido, como es habitual, en cabeza de una iglesia “auténtica” que anunciaba el inminente fin de la vida sobre el planeta. No se trata sino de un caso más en la serie inacabable y creciente de experiencias de este tipo que vienen registrándose en el mundo, especialmente desde hace un decenio, pero que son tan antiguas como el fanatismo crítico de inspiración cristiana. Hay que recordar a san Vicente Ferrer recorriendo España en el siglo XIV a la cabeza de sus flagelantes, o a tantos movimientos terciados entre lo que hoy llamaríamos anarquismo y el milenarismo propiamente dicho, como estudió Norman Cohn en su decisivo estudio “En pos del Milenio”. En la actualidad la creencia en el fin del mundo se extiende tanto por África –hacia el 2000 hubo una notable explosión milenarista en Ruanda, Burundi o Tanzania pero en Kenia se esperó el ‘Armagedón’ en el 2006, la misma fecha en que en Uganda se consumó uno de los mayores suicidios colectivos de que haya noticia–, pero también por la América hispana o los propios EEUU, donde tuvo lugar la horrorosa masacre del Rancho Santa Fe, acaso la más famosa de todas. Ese fanatismo apocalíptico es, sin duda, un epifenómeno derivado del tronco neotestamentario pero es también, y sobre todo, el efecto de la desesperación. No hay milenarismo suntuario. El fin del mundo es cosa de pobres.

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 No deja de ser sugerente la idea de que el renacer del fenómeno en Rusia constituya la respuesta al vacío ideológico pero, insisto, es la desesperación ante la indigencia irremediable lo que empuja hacia esta abrupta forma de misticismo que permite a un espontáneo convencer a un grupo hasta el extremo de entregarle su vida y la de sus hijos. Marvin Harris, más o menos en la línea de Worsley (“La trompeta sonará”), se dio cuenta de que el “culto del cargo” –esa creencia nativa de que los bienes industriales no se deben al trabajo sino que los produce el hombre blanco que posee su secreto, por lo que sólo los antepasados los traerán algún día en barco a las míseras poblaciones de las Fitji o de las Nuevas Hébridas—está relacionado con el intercambio redistributivo, pero hay que reconocer que las versiones más recientes del fenómeno vuelven por el registro místico que no es más que otra respuesta desesperada a la invencible necesidad. En cualquiera de sus especies, en todo caso, la creencia en la proximidad inminente del fin de los tiempos, por más que se le busque y atribuya abolengo cristiano, supone un estertor más que un movimiento, un gesto enloquecido de rechazo a una sociedad que no contempla siquiera un margen para acomodar a los más desdichados. Tanto Focillon como Duby sugieren algo parecido en sus estudios en torno al famoso año 1000, sobre cuyos terrores escribiría Ortega, como es sabido, esa misteriosa tesis que nadie ha logrado ver. En Rusia han sustituido los museos del ateísmo por las cuevas de Armagedón, la fe impuesta en el Hombre por la desconfianza radical en una organización mafiosa sin más ídolo que el becerro de oro. Guatemala y Guatepeor. Pero sospecho que esa pulsión esotérica perdurará en todas las sociedades mientras la miseria conserve viva la imagen del ángel exterminador.

Insumisión parcial

La Junta, la consejería de Educación, insiste en que la asignatura de la discordia, Educación para la Ciudadanía, sigue siendo obligatoria y evaluable porque le palo que el TSJA le dio en su sentencia favorable a los padres no afecta a la obliatoriedad de la asignatura. Eso es tan cierto como que la Justicia ha establecido sin ambages que en la disciplina hay contenidos que atentan contra el derecho de los padres y la libertad correspondiente, razón por la cual lo menos que puede hacer esa consejería es declarar cómo se van a neutralizar las materias prohibidas por el TSJA y cómo se garantizará que no se enseñen en clase. La insumisión es el peor gesto que una institución puede hacer y la Junta, además, no es la primera vez que lo hace. Es necesario que se diga oficialmente cómo se va a aplicar esa sentencia que invalidad determinados contenidos, pero a lo mejor tenía mucho más sentido parar el carro y sentarse a consensuar con la comunidad escolar una fórmula que despolitice de una vez la cuestión.

Huelva-Cádiz

No parece que haya forma de despolitizar los proyectos públicos. El Ensanche, la Ciudad de la Justicia o la carretera Huelva-Cádiz son tres buenos ejemplos de cómo el PSOE y su Junta cifra su estrategia en llevar la contraria al rival político sin más razones ni mejores criterios. Vamos, convencido estoy de que si el PP hubiera apostado por unir Huelva con Cádiz a través de Sevilla –solución ya existente hace tres mil años—la Junta hubiera echado su cuarto a espadas por el proyecto Norte. Es una pena y algo peor, desde luego, comprobar que la única razón política sea la de contradecir el adversario, caiga quien caiga y cueste lo que cueste, incluso en este caso, el único en España en que dos capitales contiguas están incomunicadas. Y es intolerable que porque el PSOE no digiera la hegemonía de Pedro Rodríguez en la capital, castigue a los onubenses con tanta terquedad.

La lucha por la vida

La señora vicepresidenta del Gobierno dice que se ha sentido “horrorizada” al enterarse de que la familia feliz con la que acaba de retratarse en Níger no era un matrimonio convencional sino el cuarteto feliz de un fabricante de chufas con sus tres mujeres. A la señora vicepresidenta, tan abierta que no se asusta así como así, la ha “horrorizado”, sin embargo, el simple hecho de haber posado con un polígamo africano, y hay que decir que en ello coincide ce por be con el llorado pontífice Wojtila, que también le leyó la cartilla en ese sentido a los aborígenes en uno de sus exóticos viajes, abominando de esa lacra que es, en todo caso, una costumbre ancestral y un derecho de las poblaciones islámicas. Ya es raro, desde luego, que una paladina de la “alianza de civilizaciones” ignore que, de Algeciras para abajo, la poligamia es tan natural como aquí la yerbabuena, y no sólo la poligamia sino prácticas tan abominables como la ablación del clítoris o la infibulación de las núbiles, pero más raro es que no cayera en la cuenta de que un próspero hombre de negocios nigeriano suele tener más de una señora en su costeado serrallo. Estas contradicciones se están produciendo, seguramente, porque la carrera libertaria de los bandos sexistas no tienen en cuenta que el sexo mismo, aparte de un entretenimiento estupendo, no es sino un instrumento al servicio de las estrategias de reproducción que cada especie emplea como mejor le va, más allá o más acá, eso no lo sabría decir, de los sistemas de valores y sus imperativos más o menos categóricos. En la universidad de Vigo, sin ir más lejos, unos sabios indígenas acaban de descubrir que las lombrices de tierra –animales hermafroditas a los que se les suponía, sin el menor fundamento, una especie de automatismo reproductivo—son capaces de valorar las circunstancias de su pareja eventual hasta el punto de que controlan la emisión de semen en la escogida, economizándola cuando se trata de un ejemplar virgen o prodigándola en caso contrario para tener mayores probabilidades en la competición. No sé por qué la Vicepresidenta ha podido imaginar que un fabricante de chufas iba a ser menos previsor que un gusano terronero.

 

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 Mucho rollo y más cinismo es lo que hay por ahí, porque no querrá la Vice que nos traguemos el cuento de su sorpresa o que acabemos pensando que es que no se enteran de lo que traen entre manos, singularmente el rollo de esa “alianza” que de sobra sabemos todos cómo funciona. Aparte de que tampoco es ya preciso tan largo viaje para fotografiarse con familias polígamas, pues el alto número de inmigrantes que la practican hoy en España es un secreto a voces que, al parecer, sólo se ignora en esa ‘Tabla Redonda’ monclovita como en la de ‘Camelot’ se fingían ignorar los trajines de la reina Ginebra con el gran Lanzarote del Lago. El vanguardismo “civilizado” no acaba de comprender algo que los antropólogos saben desde siempre: que los modelos de familia y, por tanto, los patrones sexuales de las parejas, son mecanismos resultantes de una evolución paralela a la nuestra e idéntica en su naturaleza aunque distinta en sus resultados. Los integristas americanos han discutido desde hace años si la “hospitalidad” esquimal, que incluye la cesión de la esposa al huésped, constituye adulterio en sentido “civilizado”, de forma parecida a la que la Vice aplica a la hora de valorar la poligamia nigeriana con criterios del barrio de Chueca. Por eso se “horroriza” –si es verdad que se “horroriza”, que no lo tengo yo claro ni medio claro–, en una demostración de insolvencia cultural sólo comparable a la de su cinismo político. ¿O qué creía que iba a encontrar en ese continente afligido por el hambre, la enfermedad o la esclavitud? Mujer blanca ser monógama, ya lo sé, pero va lista si cree que va a venderle esa burra a la afortunada esposa de un polígamo nigeriano.