Las cosas, claras

Eso pide la presidenta de la Junta y nueva estrella del PSOE, Susana Díaz, que no quiere “ni oportunismos ni aventuras”, sino que aspira a poner las cosas, claras, en busca de recuperar la confianza perdida de muchos de sus votantes. Mientras, desde Madrid, Pedro Sánchez le sale al paso anunciando un Congreso y hasta unas “primarias”, pero lo cierto es que ni ella ni él pueden hablar muy alto a la vista de unos resultados electorales que no tienen parangón en la crónica de su partido. Habrá mucha política –más bien politiqueo—el próximo trimestre y, en consecuencia, probablemente, poca administración, ya veremos con qué resultados socioeconómicos. La política es ante todo ambición. Lo de “servicio” no era cierto ni ahora ni antes.

La prima de Ibex

Nada más conocerse el insensato resultado de las generales, a la prima de Ibex le ha dado un pasmo. Y de Ibex, para qué hablar: se ha caído por su escalera cuatro peldaños abajo. Cómo habrá sido el susto, que desde Arcadi Espada a Susana Díaz han sugerido, clamado más bien, por una “segunda vuelta” que no existe más que como repetición de los comicios y ésa sería una solución casi prohibitiva con tanto buitre marcándonos desde las alturas financieras y tanto inversor temeroso del poder del dios Dinero. Nos ha caído una buena, porque la realidad es que el hombre moderno –en rigor debería decir “el hombre y la mujer” modernos, pero me mantengo firme en la ortodoxia académica del “masculino genérico”–, no lo gobierna ya desde lo alto la providencia ni desde aquí abajo la Madre Naturaleza, sino esa prima misteriosa a la que nadie conoce y todos temen, que se rila en cuanto los políticos hacen alguna tontería de las suyas y hacen que se tambalee o, al menos, que se estremezca el bululú. A la prima, en efecto, le ha dado un síncope al escuchar al escuchar a los Podemos recuperar el lenguaje bolivariano –“¡Incáutese, carajo!—y al ver a los curanderos de Ciudadanos caer fulminados por su propia estrategia, mientras Sánchez intenta antes que nada taponar el salidero y Rajoy se retuerce como el gran Houdini conteniendo la respiración como un suicida heroico. ¡Esto no se lo merece ni España, oigan, por más que a cinco millones de celtíberos se le haya escapado la olla! Eso sí, se comprende la jindama de la prima ante el caos provocado por este previsible Big Bang.

A ver quién va a invertir ahora en este corral de cabras mientras la Colau siga siendo nuestro gran referente. A ver quién los tiene tan bien puestos como para no lanzarse a vender sus acciones o a esconder el calcetín en el tubo de la chimenea. ¿Se figuran a España con un tri, cuatri o pentapartido, la inmensas mayoría descorbatados y partidarios de la voladura, aunque sea incontrolada, del Sistema? Yo comprendo a la prima, la verdad, y así se lo he dicho a ella, como comprendo al pobre Ibex por muy trapacero que sea. ¡Vamos, cómo será la cosa que hasta coincido son doña Susana en lo de forzar una “segunda vuelta” y que caiga el que caiga…! Esos novatos creían que existen los duros a dos pesetas y han bastado veinticuatro horas para probar lo contrario. Nos han achuchado hasta meternos a todos en un autobús con el motor calado. Verán como ahora ese desastre no tiene padre que lo reclame.

Beguin the Beguine

Lleva razón doña Susana al sugerir un nuevo ensayo electoral. Que a ella lo que le duela es que por poco la pilla el PP en su persecución, no le quita sus buenas razones porque, la verdad, esto no hay quien lo baraje mientras el futuro Congreso se perfile como una jaula de grillos majaretas. Lleva razón doña Susana, ya digo, al margen de su intención oculta, a la que tiene derecho como cualquier peatón/a. Una parada en seco a estas alturas podría resultar catastrófica para España –¡e imagínense para nuestro vagón de cola!—sobre todo ahora que le han pinchado el globo a Ciudadanos y el acento borde de Maduro se ha apoderado de los efebos y las ninfas de Podemos. ¿Qué una “segunda vuelta” haría tambalearse a las finanzas? Ya, pero ¡anda que gobernar a tres o cuatro manos!

Ante la Esfinge

“Cuál es el animal que en la infancia camina a cuatro patas, en la madurez a dos y en la vejez con tres”, preguntó la Esfinge a Edipo al regresar a Tebas. Y Edipo, viejo zorro, contestó sin vacilar: “El hombre”. Desde ayer España ha dejado de ser bípeda y madura en el negocio de la política y en adelante va a necesitar de tres o cuatro patas si quiere gobernarse aunque sea a trancas y barrancas. No le bastarán las dos patas lógicas a un PP derrumbado ni a un PSOE que ha batido su propio récord de inmersión, sino que uno y otro tienen por delante la dura alternativa de arreglarse con dos o tres socios para sobrevivir. “Hemos hecho historia” decía Pedro Sánchez con más razón que un santo dado que jamás su partido había conocido un resultado tan escuálido. “Se acabó el turnismo” gritaban ebrios desde Podemos como si quisieran despertar a Cánovas de su sueño confiado y también resultaba cierto, al menos por el momento. La verdad es que yo acabé con la cabeza perdida entre tanta cifra y tanto comentario necio, pero ya de mañana compruebo en el periódico los datos hasta convencerme de que, sí, en efecto, el bipartidismo agoniza y, por ahora al menos, la orgía española o se hace en una cama redonda o no se hace. Yo creo que se equivocan quienes ven en el turno de dos partidos principales el mayor de los males de la patria, porque, a mi entender, lo malo no es ese bipartidismo la gangrena que nos emponzoña sino la corrupción que, por cierto, no es exclusiva de los dos partidos hasta ahora mayoritarios sino una auténtica enfermedad social que se ve aumentada en el escaparate de la política.

Ni entro en la locura del proyecto antisistema, pero me pregunto por qué estará contenta tanta gente porque el gobierno bipartidista haya implosionado, teniendo en cuenta que el bipartidismo no era una singularidad hispana, sino un sistema de gobierno prácticamente inamovible en Estados Unidos, en Francia, en Inglaterra, en Alemania y en tantos otros países a los que le va divinamente, aunque unas veces mejor y otras peor. ¿Por qué vamos a salir ganando gobernados por un batiburrillo de tres, de cuatro o de seis partidos, como, sin serlo, fuéramos italianos? Insisto, han errado el tiro: el problema no era tanto, a mi entender, el turno de los mayoritarios sino la corrupción, la de ellos mismos y la de otros muchos. Quizá hemos hecho un pan como unas tortas. Porque ni entre viejos y novatos encuentro a uno solo que se parezca a Edipo.

Casi un empate

Otra vez ganó el “régimen” en Andalucía –la única comunidad, junto con Extremadura, cortejo de pobres—pero casi empatado con su eterno adversario. Aquí no ha funcionado lo suficiente el tirón antisistema como para arrebatar al PSOE, como en otras comunidades, sus votantes. Y Ciudadanos, como era de esperar, ha progresado –como en toda España—pero sin acabar de convencer a un electorado que sigue sin explicarse su pacto a ciegas con doña Susana. Por su parte, IU, abandonada por Anguita y Rejón, se diluye como un azucarillo. El bipartidismo sobrevive, pues, a pesar de las novedades y las novelerías. Quien diga que no llevamos el paso cambiado, que me lo explique.

Se veía venir

Se veía venir. El atentado perpetrado en Pontevedra contra Rajoy no ha sido una ocurrencia de un joven exaltado, narcisista o psicótico, sino un paso más en el proceso galopante de degradación de nuestra vida pública. Desde el 15-M que consintió Rubalcaba incluso durante la jornada de reflexión, nuestra España es el país de los “escraches”, de los cercos al Congreso de los Diputados, de los plantes incívicos frente a los desahucios judiciales, de la pitada y bronca al himno nacional y al Jefe del Estado. Se empieza por enronquecer en un estadio y puede acabarse cualquiera sabe dónde y cómo en este pródigo en magnicidios y tendente a la anomia. Si en Barcelona gobierna el Ayuntamiento una agitadora de barrio y en Madrid una clásica del extremismo judicial, ¿por qué extrañarnos de que un zagal golfante le ponga la cara del revés a un candidato que, además, es todavía, repetimos, el presidente del Gobierno? Los viejos polvos traen estos lodos y por ello no hay que extrañarse de un ataque como el de antier teniendo en cuenta que, hoy día, formaciones políticas en liza impiden hablar en la universidad o fuerzan a suspender la charla de un ministro del Gobierno, como nos hicieron a nosotros aquí en Sevilla en una Charla de El Mundo. Claro que a ver cómo extrañarnos de que el nene rapado zumbe al Presidente tras haber oído el debate en el que su oponente no le dejó articular palabra obedeciendo, obviamente, a una estrategia deliberada de obstrucción.

¿Y vienen ahora pidiendo árnica los mismos que han sembrado esa anomia mientras los pretorianos maquillan el rostro lastimado y discuten cómo reforzar su seguridad? Aquí antes eso era un incidente, como el tartazo de Ruiz-Mateos a Boyer, pongamos por caso; ahora, seamos sinceros, el trompazo propinado a Rajoy no es más que una previsible vuelta de tuerca a la anomia nacional. Pocas escenas más desoladoras que la pitada al Rey o el castañazo a Rajoy y pocas derivaciones más falsas que la ola de desdramatización que ha seguido al atentado, los golpes de pecho, las protestas de civilidad enunciada precisamente por quienes luego, al enfrentarse al adversario, no vacilan en tildarlo de indecente o en impedirle argumentar con los peores modales. Mal vamos, qué duda cabe. Cuando un mequetrefe le pega a un presidente del Gobierno cabe decir que o hemos tocado fondo o estamos a punto de tocarlo. El frentismo tiene eso: que no vacila ante la violencia. Es su prólogo. Ya sólo nos falta conocer el epílogo.