La proporcionalidad

El TC ha suspendido la declaración independentista catalana y advirtiendo a veintiuno de sus responsables que pueden ser inhabilitados además de sentarse en el banquillo frente al Código Penal. Pero frente a ello, una teoría coral recorre España pidiéndole al Gobierno que actúe, entre otras mesuras, con “proporcionalidad”, lo que, a mi entender, es un patente eufemismo para no decir “lenidad”: vale, que se castigue a los rebeldes contumaces, pero, oigan, cogiéndosela con papel de fumar, no vaya a ser que nos pasemos y resulte peor el remedio que la enfermedad. “¿No ven ustedes que lo que pretenden es agenciarse unos cuantos mártires?”, nos dicen precavidos –comenzando por el Gobierno– tertulianos y alarmistas. Bueno, vamos a ver. La “proporcionalidad del medio” es una obviedad en derecho y, por tanto, me parece inexcusable que se aplique en este caso y en todos, pero si por proporcionalidad lo que están queriendo decir es lenidad, discreción estirada a tope, guante de seda en una palabra, entonces, ni hablar. ¡Oigan, que de lo que se acusaría a estos pavos es nada menos que de sedición, de romper el orden constitucional y rechazar la normativa vigente, aparte de insultar al TC –que eso lo ha hecho mucha gente antes—y lo que corresponde , en consecuencia, no es más que tipificar sus conductas y aplicarles la pena que establece el Código! La rebelión catalana es lo más grave que se producido en la España democrática descontado el 23-F y el “¡se sienten, coño!”. Si quieren disimular, disimulen, pero así son las cosas.
No creo que, fuera de los insensatos, nadie pretenda arrasar la política catalana. Se trata sólo de afirmar al Estado frente a la arbitrariedad de unos grupos que, encaramados en su Estatuto, disparan a discreción contra él. Sí, por supuesto, hay que dialogar, tener mano izquierda y, sobre todo, no propiciar el victimismo. Pero, díganme, ¿cuál sería la alternativa a una aplicación estricta y rigurosa de la Ley a los sediciosos en una nación en la que se condena a prisión por robar una bici o matar dos jilgueros? Si cuando el juicio de Campamento contra los Tejero y Milans nos hubiéramos andado por las ramas –y no digo que no anduviéramos un poco—lo más probable es que ni usted estuviera leyendo estas líneas ni yo escribiéndolas. La proporcionalidad se le supone al juez como el valor al soldado. Lo que no debe suponer es mano blanda y politiqueo. Quien tenga que ir a la cárcel, que vaya. Y ya verán como no pasa nada.

Así de simple

Una delegada provincial de Empleo de la Junta, Irene Sabalete, se dirigió en estos términos preelectorales a sus trabajadores públicos: “A partir del lunes, que acaba la ola de frío (sic), os quiero a todos, si queréis, si os comprometéis con este proyecto, haciendo campaña electoral, esto es así de simple”. ¡Manda a esos trabajadores a abandonar sus puestos de trabajo para hacer campaña a favor de su partido y, encima, le parece “así de simple” a la buena señora! Bueno, hay que reconocer que, cierta medida, lo es, pues de otro modo, andarían ya en el trullo o, en cualquier caso, buscándose la vida fuera de la vida pública, cientos, miles de Irenes Sabalete. Eso es un “régimen” precisamente”. Así de simple.

Círculos cuadrados

Uno de los recursos actuales de los políticos españoles inquietos es funcionar promoviendo “círculos”. “Podemos”, sin ir más lejos, en círculos dice que basa lo que luego, en la práctica, es puro autocracia, como están demostrando las diversas deserciones regionales. Creo que era el cronista Olmedilla –pero no me hagan mucho caso porque cito de memoria—quién nos sugestionaba en tiempos con el misterioso círculo lerrouxista del Paralelo, y famoso fue mucho tiempo el joseantoniano de la “Ballena Blanca” que funcionaba en el sótano del desaparecido café Lyon. Un círculo es menos que un partido y más que un proyecto en ciernes, y la actualidad está demostrando que ya no es preciso tanto tiempo como antiguamente para acreditar a un partido hecho y derecho, y más o menos circular es la forma que creo que están tomando ciertos grupos conservadores o liberal-conservadores que se han desgajados por desilusión del PP y se miran en el espejo con poco azogue de Jaime Mayor Oreja, el “hombre impasible” que le hizo imposible la vida a ETA, se ganó de largo la estima pública pero no logró la simpatía de Aznar para sucederle en el Poder. Se trata de grupos muy activos y reclamadores de la transparencia política, cuya matriz parece ser el activismo católico parroquial, o sea, algo no poco parecido aunque antípodos a lo que, bajo la dictadura aún, fueron los grupos católicos más izquierdistas. ¿Es bueno o impertinente en este momento que surja un estímulo político despegado de la jareta del PP y bajo un patrocinio tan seguro como el de Jaime Mayor? Eso sólo lo dirá el tiempo.
Lo que no sé es si habrá sitio en España para una organización incipiente constituida en su mayoría por jóvenes liberales o conservadores, entre los 20 y los 40 años, la inmensa mayoría con alta cualificación profesional y su vida resuelta, aunque sólo sea porque cuanto suponga una escisión del PP –pensemos en Asturias o en Navarra—no parece que, desde la perspectiva conservadora, no implique el riesgo probable de dispersión de su voto útil. Ahora bien, no creo que Mayor sea nunca un fraccionalista porque de sobra conoce él el precio de las fracturas, sino un observador, sin duda interesado, que no renuncia a apadrinar a gentes centrifugadas por la ceguera partidista. Desde una ideología muy lejana, yo de quien sí me fío es de él, de Mayor, el hombre con mayor prestigio entre los sucesores de Aznar, y quien sabe si también el único capaz de cuadrar esos círculos.

Vísteme despacio

Vísteme despacio que tengo prisa. El adagio debería haberlo tenido en cuenta la juez sustituta de Mercedes Alaya cuando se precipitó, nada más desembarcar, en anular al famoso auto de Alaya y en separar las causas de una instrucción que la Audiencia había venido diciendo siempre que convenía mantener única. Un poco acorralada, la juez Núñez da ahora marcha atrás y enmienda su propio auto en un gesto que no pocos de sus colegas han calificado de “barbaridad” y en el que mete algunos imputados y saca a otros de modo difícilmente comprensible. El “caso Andalucía”, como dicen en Madrid, va de tropezón en tropezón, y cada día aumenta la sensación de que viajará de más a menos para contentos de implicados y tranquilidad de la Junta.

El deseo y la realidad

Prolongado debate en la tertulia de Carlos Herrera con el gurú de Ciudadanos, el economista Garicano. En él nos desgrana, a preguntas de Carlos, las medidas que van a tomar Albert Rivera y los suyos en caso de alcanzar el Poder, medidas muy bien traídas la mayoría, deseables todas sin excepción, pero que contienen un altísimo grado de utopía, es decir, que no dejan de ser proyecciones de deseo más que conclusiones de análisis realistas. Hay que bajar los impuestos, faltaría más; sí, pero ¿cómo? Es preciso contar con los mejores para ponerlos en el puente de mando; ya, pero ¿quién decide quiénes esos mejores? Garicano es un cerebro fiable y bien pertrechado aunque tenga en su “debe” –y esto no es más que una apreciación mía—ese halo difuso de infalibilidad en el que se ven envueltos los antiguos alumnos de la London School of Economics, venerados y autoconvencidos pontífices de esa cosa tan subjetiva y que es la objetividad económica. Lo cual no quiere decir que el programa de Ciudadanos no tenga grandes ventajas comparado con otros que andan por ahí dando tumbos. Reconoce las dificultades Garicano, vaya por delante, pero no se apea del catecismo que le ha regalado a Rivera para solaz de esa burguesía española tan defraudada por sus alternativas tradicionales a las que va retirando día a día su confianza (es decir, su voto) cada uno de ellos con su cuenta y razón.

Pero Garicano, por lo menos, sabe lo que dice y dice lo que sabe, que ya es mucho, mientras la mayoría inmutable de nuestra vida pública no es capaz de soltarse de los cepos heredados por la rutina. ¿Acaso Rivera, con Garicano y todo, no hubiera hecho más o menos los mismos “recortes” que Rajoy tuvo que hacer, lo mismo que los tuvo que hacer a la fuerza ZP? Tiene la previsión económica, como tal ciencia, una naturaleza conjetural que nos pone difícil la asunción de sus dogmas. Pero, por lo menos, hay gente como Garicano que no vende humo ni duros a dos pesetas, por más que a ratos –con frecuencia, incluso—hablen con los ojos entornados por la ensoñación de alguna pipa de kif. Después de todo, según ZP y el rescatado Jordi Sevilla –de quien se dice que se comprometió a enseñar la disciplina al Presidente lego en dos tardes– ni las cosas ni los principios (que es lo peor) son iguales hoy que entonces. ¡Cuánta razón llevaba a Pizarro frente a Solbes en el famoso debate televisivo y de qué poco nos valió a todos! Hoy, en todo caso, el personaje es Garicano y no ellos.

Investigar, pero ¿como?

No hay forma de que la comisión parlamentaria que trata de alumbrar la sentina del saqueo de los fondos de Formación haga el menor progreso. De momento, con el apoyo de Ciudadanos, la Junta, o sea, doña Susana, ni siquiera va a los Plenos a dar respuesta concretas, pero es que, además, –hay que insistir con la complicidad de Ciudadanos—la Comisión que representa al Pueblo soberano no conoce todavía siquiera el montante del fraude en cuestión. De más está lo que digan los letrados de la Cámara –algunos rebrincados, me consta—y lo que clame la Oposición en bloque: el PSOE sabe que, con Ciudadanos, no habrá comisión que valga, por lo menos antes de las elecciones. Así son las cosas y así se las hemos contado.