Papelón de los alcaldes

Vaya papelón el de los alcaldes del PSOE afectados por el paso del oleoducto auspiciado por el propio ZP, que atravesará sin miramiento ecológico alguno, la provincia de Huelva en beneficio de algún “amigo político”, el Grupo Gallardo, cuyo apoyo mediático al PSOE es manifiesto. De momento dos de esos alcaldes del PSOE se han plantado frente al proyecto, pero ambos son de Sevilla, uno de El Garrobo y el otro de Gerena: ni uno sólo de los varios afectados en la nuestra tierra. Se ve que el control del “aparato” funciona allá más que aquí  aunque lo realmente triste es ver ese papel que mencionábamos y que van a tener que interpretar esos alcaldes antes sus vecinos mientras le avasallan el alfoz. En cuanto a la consejera Castillo es obvio que ha ido a ese puesto con el encargo prioritario de sacar adelante, como sea, el discutido proyecto. Es a Chaves, en todo caso, a quien hay que preguntarle qué le ocurre con Huelva que no desperdicia ocasión de darle un palo.

Menú frugal

Los barandas del mundo rico, reunidos en Roma para tratar el espantoso tema del hambre en el Mundo, escarmentados por la bronca que se armó hace unos años cuando se zamparon un menú neroniano a base de langosta y ‘foie’ de las Landas, han decidido esta año dar un ejemplo señero a la Humanidad doliente y se han conformado con uno más frugal compuesto de ‘mozzarella’ de búfala, espinacas y maíz. Toda una proeza, pero una proeza obligada, en cualquier caso, en vista de las cada día más alarmantes noticias sobre la marcha de la galipa en el planeta, donde cada treinta segundo muere un niño de hambre (es decir, 25.000 diarios, más de nueve millones al año) y dicen que cada noche se van a sus yacijas con el estómago vacío nada menos que 850 millones de criaturas. Hay hambres y hambres, claro está, y estos de la FAO se dedican más bien a contemplar el paisaje neolítico de esos pueblos dejado de la mano de Dios, mientras que otros vigías, como los de Cáritas Españolas o el Observatorio de la Pobreza y la Exclusión Social (Onpes) en Francia, se dedican a advertirnos que el enemigo está también dentro, es decir, que el hambre, la pobreza y, por descontado, la miseria están también entre nosotros, aquí mismo bajo los cocoteros de esta playa privilegiada con la que sueñan en sus trágicas pateras los más desgraciados. En Francia han advertido que ni siquiera el empleo garantiza la salvación del pobre puesto que altísimos porcentajes de esos empleados cobran salarios por debajo del umbral de la pobreza que en Francia andan por debajo de los que entre nosotros perciben los ‘mileuristas’… cuando los perciben. Pocas políticas más fariseas que la que se teatraliza en ese escenario ecuménico que ha visto bajar las ayudas a la agricultura, en los últimos veinte años, a bastante menos de la mitad. Por eso quizá los próceres han renunciado en esta ocasión a la langosta. Siempre les quedará el “room service”.

 

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 Lo más espectacular y cínico, a mi modo de ver, ha sido el plazo establecido –el año 2030—para lograr ese aumento drástico de la producción agraria que exigen la situación, porque basta una sencilla cuenta de la vieja para percatarse que, a razón de nueve millones de criaturas por año, si ese plan llega a buen puerto, se habrá llevado por delante con anterioridad a una inimaginable muchedumbre de hambrientos. Aparte de que para intentarlo siquiera hacen falta, de entrada, 30.000 millones de dólares, cifra muy lejana aún de la recaudación actual, a pesar de que, según los datos propios de la FAO, sólo en comida desperdiciada se malgastan al año 100.000 de esos millones negados, y otros 20.000 se emplean en luchar contra la obesidad. Un loco de remate como el presidente Ahmadineyad, ha atribuido esta catástrofe a las “mentes diabólicas” que trajinan el mundo occidental y justo es reconocer que no le falta su punto de razón, pues resulta evidente que la cuestión del hambre no es sólo un problema de producción sino una aporía derivada de la aceptación de la desigualdad. Las sociedades opulentas del mundo desarrollado y los pueblos indigentes del Tercer Mundo tienen en común esa lacra original de la desigualdad, que los meritócratas defienden con acento calvinista, y los burócratas racionalizadores del Sistema tratan de confundir con sus cálculos estremecedores y su impotencia escandalosa. Un país como Francia ha anunciado con sensible vehemencia que doblará su ayuda hasta alcanzar los 100 millones, más o menos igual que España, cuyo ‘paquete’ quinquenal es de 500 millones hasta el 2012, muy lejos todavía de las cifras que demanda la organización. Tenemos demasiados gordos, demasiados tanques, demasiados contenedores de basura, demasiados ‘liftings’, demasiada pasarela, demasiado ‘4×4’, demasiada langosta y demasiado ‘foie’, pero, sobre todo, tenemos, muy poca vergüenza. El Real Madrid, por poner un caso, gasta 300 millones al año.

Premios y castigos

De acuerdo, lo de Chaves con El Mundo es obsesivo-compulsivo, maniático si se quiere, sin duda obcecado y falto de nobleza. Pero ¿quién ha dicho que el Poder sea cosa de caballeros? Chaves le ha dado dinero a todos los ‘medios’ andaluces menos a El Mundo, y ello tiene a mi juicio (aunque por razones diferentes al suyo) plena justificación. Y es muy sencilla: sólo El Mundo se ha arriesgado a denunciar los escándalos, los casos de nepotismo, las triquiñuelas, los abusos y los mangazos del Poder, mientras los demás guardaban un silencio sepulcral en torno a todo ello. ¿Quién ha informado sobre las facturas falsas de Sevilla, sobre el “caso Chaves” o el “caso Palomino II”, sobre el seguimiento (acreditado ya por el juez, ojo) del presidente de una Caja, sobre el “autopensionazo” que se otorgó a sí mismo Milord, sobre su complicidad con el nacionalismo catalán, sobre el reparto clientelar de subvenciones o licencias, sobre… Pues casi nadie: compruébenlo. La libertad se paga, el compromiso con los lectores mucho más. Chaves dirá –tramposo y formalista—que cada palo aguante su vela.

Chaves contra Huelva

Que no, que no tragan con el plan Ensanche Sur, que ésa es demasiada obra –marcará un antes y un después en el urbanismo onubense—para que Chaves se la trague mientras el Ayuntamiento siga siendo fortaleza inexpugnable en manos de Pedro Rodríguez. Como antes en la Isla Chica, con el Ensanche se está cometiendo ese delito de leso onubensismo que es obstaculizar, zancadillear, trampear los proyectos señeros a base de enredos y trampantojos legales. Por encima de la Justicia si hace falta, como se demostró entonces y se está demostrando ahora: todo menos ver al Alcalde cortando la cinta de ese obrón que, por cierto, el PSOE de los setenta incluía en su ciudad ideal: llevar a Huelva lo más cerca posible de la Ría. Chaves está actuando de mala fe, incumpliendo su palabra solemne aunque electorera. Y lo que es peor, inútilmente, porque el Ensanche acabará haciéndose y lo hará este Ayuntamiento. La verdad es que cuesta entender la torpeza o/y mala fe de la oposición del PSOE a nuestra capital.

La mujer botín

Unos sabios ingleses han descubierto, allá por la parte de Leipzig, la prueba de que en el más remoto neolítico ya el rapto de mujeres estaba a la orden del día y era el motivo más frecuente de la guerra. Por medio de los más modernos métodos de datación han logrado establecer, estudiando una fosa común que albergaba a algo más de una treintena de víctimas descalabradas, una más que probable masacre ocurrida hace siete mil años y en la unos guerreros  habrían logrado raptar a todas las mujeres de cierta tribu, más que motivados por el sentimiento de venganza, empujados por la necesidad de conseguir amantes y reproductoras, ese bien seguramente escaso en aquellas duras  condiciones vida. Que la mujer fue considerada como botín, es decir, como un bien por el que merecía la pena guerrear en las sociedades primitivas, es algo que la mitología nos sugiere insistentemente incluso sin salirnos de la saga que relaciona los secuestros sucesivos de Io a manos de los fenicios, Europa y Medea por los griegos de Creta y Helena por Paris hasta desembocar en la guerra de Troya. Pero la verdad es que la Historia no se queda atrás en la apreciación del fenómeno, pues Heródoto sostuvo que fue esa práctica realmente provocadora la causa principal de muchas guerras cruentas, algo que en la crónica romana se afirma ya, con motivo del rapto de las sabinas, de modo terminante. El hábito exogámico y la escasez de hembras se combinaron bien para descubrir al hombre neolítico y al que le sucedió durante siglos –y ése es un hecho común a todas las culturas salvo la breve lista de pacíficas excepciones que suelen dar los antropólogos—la lógica del rapto de la mujer que pudo contribuir, y no poco, a fijar un papel subordinado que perduraría tanto tiempo. La mujer objeto del deseo y de la necesidad protagoniza, siquiera pasivamente, el amanecer de nuestra memoria colectiva.

 

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 Pocos motivos contribuyeron tanto a la ‘legitimación’ del racismo americano que impulsó el genocidio indígena como las leyendas o historias reales de secuestros masivos de mujeres por parte de la indiada, que contaban al amor de la lumbre –como sucedió también en la América hispana—los colonizadores decimonónicos. Y pocas realidades nos aproximan tanto a la horda primordial de la que procedemos como esa coincidencia en la moral del rapto, e incluso en su estética, que aún hoy se conserva, bien que desactivada en el formol del folclore, en muchos lugares ‘civilizados’, donde la novia es raptada ritualmente como un trasunto difícilmente reconocible de la hazaña perpetrada por Hades, con la complicidad del mismísimo Zeus, al raptar a su amada Perséfone. Ni siquiera el cristianismo fue capaz de desarraigar la visión cosificada, alienante, de esa hembra que a través del culto mariano –que Harold Bloom incluye absurdamente en el misterio para ampliar a cuatro la Trinidad—rescata para la mujer la vieja dignidad de la ancestral Diosa Madre. Que como objeto inmemorial de botín, la mujer es ‘cosa’ y, como tal, propiedad del ‘macho alfa’ que la consiga, lo prueba el extraño desenlace del rapto de las sabinas, en el que las propias raptadas –apareadas ya con los raptores romanos—logran que los dos bandos en pugna firmen unas paces benéficas para todos. Por no hablar de la delectación  con que el arte posterior representa (es difícil no evocar el Bernini de la Galería Borghese) esta escena a la que insufla una inequívoca complacencia masculina tenuemente velada por un tibio halo de romanticismo. El hallazgo de estos investigadores retrotrae miles de años la evidencia de una actitud sexista que todo el peso de la civilización no ha sido capaz de diluir aunque sí, ciertamente, de atenuar bajo diversos disfraces de corte humanista. Hace milenios que los hombres pelean y se matan entre sí por las mujeres. Una pulsión pasional que grava como pesado fardo la propia identidad femenina.

Enterarse por la Prensa

También en el caso de la fuga de Carlos Fernández, el concejal marbellí implicado en el “caso Malaya”, la Fiscalía Anticorrupción se basará en lo publicado por este periódico sobre el paradero del prófugo encargándole a la policía que verifique nuestras informaciones. Eso está bien, es lo menos que puede esperarse, pero no me dirán que no es cuando menos sorprendente que, caso tras caso, sea la investigación privada de un medio de comunicación de manera que sus lectores se enteren de la realidad al mismo tiempo que las autoridades. ¿Por qué puede averiguar un diario lo que jueces y policías no esclarecen? Eso es algo que no debe pasar desapercibido, en especial cuando la consejera andaluza dice que la Justicia funciona bien a falta de un repasito y el propio ministro sostiene que en esa crisis profunda no ve más que la mano mediática.