Una mala herencia

Temo que la voluntad de la nueva consejera de Educación, Teresa Jiménez, aventaje con mucho a la herencia que ha recibido. Su comparecencia parlamentaria, demasiado atenida al “candidismo” del que, felizmente, nos hemos librado (empezando por Chaves), ha despertado inquietud en una comunidad escolar hasta de coles y promesas falsas, disimulos y camelos oportunistas, Y la huelga contra la ley de Calidad –que ésa sí que es una herencia envenenada—debe de hacerle comprender que constituiría una temeridad mantener la ocurrencia de su antecesora para camuflar el fracaso del sistema educativo, es decir, el sobornillo a los docentes por falsear la realidad. Sería un error irreparable atenerse al programa heredado, funesto y denunciado por la inmensa mayoría de los enseñantes aunque no sólo por ellos. Desmarcarse de él, en cambio, puede que fuera un acierto sumamente beneficioso para Andalucía.

Justicia, no piedad

Lo que reclama ese ciudadano inválido que vive en un piso sin acceso para él no es piedad es Justicia. Hay que decir, sin embargo, que estamos ante un caso en que la Administración se haya inhibido o dejado ir sino todo lo contrario, empezando por el delegado de Vivienda que ha hecho (y sigue haciendo) cuanto puede por solucionar un problema ciertamente difícil. Y a esa actitud debería responder al afectado facilitando por su parte las cosas, es decir, no elevando más de la cuenta su exigencia, por la sencilla razón de que las posibilidades de arreglo son limitadas sin contar con que podrían abrir un gran portillo para futuras reclamaciones. Justicia, pues, pero razonable, asistencia oficial pero también buena disposición por parte de ese ciudadano que tal vez debería renunciar a su protesta radical y colaborar con realismo. ¡Para una vez que hay de verdad buena disposición! Don Joaquín Mora debe dejarse ayudar.

Alma mater

Como cada año me enfrasco ilusionado en la clasificación que ‘Times’ hace de las universidades del planeta ordenadas de más a menos en función de unos criterios acaso discutibles pero que a mí me parecen más que razonables. Repaso la lista –las doscientas primeras del globo—y hasta el lugar 193 no encuentro una española, la UNAM de Barcelona, dicho sea (lo de española) con perdón de los separatistas. Andaluza, ‘por supuestísimo’, como diría la ‘basca’, no hay ninguna: ni rastro, como no lo hay de ninguna otra autonomía. ¿Está o no está en crisis la Universidad española, atraviesa o no atraviesa un mal momento esa “alma mater” entretenida en inventar titulaciones de lo más exóticas cuando no extravagantes sin más? La Universidad ha recibido de la democracia un par de golpes casi mortales, concerniente el primero al procedimiento de recluta masiva del profesorado, y el segundo, a la crisis irremediable de la autoridad, pero es evidente que éste último no es un efecto aislado sino que hay que ponerlo en relación con lo ocurrido en el conjunto de la sociedad española (y europea, en buena medida), es decir, con el efecto difuso y distal de una cultura generacional que creyó que era posible no solamente hacer la revolución sino vivir de los duros a dos pesetas. La Universidad hoy es, en buena medida, un cachondeo, del que hay que excluir, por descontado, a cuantos luchan en ella por recuperar su prestigio, una tarea poco verosímil mientras los estamentos que deciden sigan jugando a inventar carreras, multiplicar disciplinas y rebajar niveles. En la Hispalense, sin ir más lejos, se han dado por buenos cursos “de libre configuración” sobre materias tan peregrinas como el manejo de la bici o el “sentimiento sevillista”, éste último como contribución al centenario de un club de fútbol, pero no es dudoso que la cosa pueda ir a peor. Consideren esta perla: la Mondragón Unibertsitatea acaba de organizar su edición anual del concurso de “Diseño Industrial… de Lanzamiento de Huevo”, prueba consistente (no es coña) en arrojar lo más lejos posible, desde una ventana del edificio, “un huevo de gallina de tamaño medio” sin que se rompa en su caída, prueba ideada por unos docentes empeñados en fomentar entre sus estudiantes “la capacidad de diseñar e innovar”. Dos cojones, no les digo más.

 

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 ¿Por qué no hay posibilidad de ‘excelencia’ en nuestros estudios superiores si la hay por todas partes? Pues es posible que, de entrada, porque el personal que llega a la universidad arrastra un tremendo déficit cultural y una raquítica cultura del esfuerzo a la que, desde luego, no son ajenos, junto al sistema educativo, ni las familias ni el clima propiciado por una autoridad menguante para la que, por poner un ejemplo, un fenómeno como la “movida” se ha convertido en algo insuperable. Parece que la industria demanda ingenieros, que los empresarios se quejan de la insolvencia práctica de los licenciados, es notorio que existen universidades obligadas a subastar sus plazas y otras en las que ingresar supone una odisea, que la lucha de infinidad de docentes se circunscribe al ámbito gremial y que la autonomía universitaria es la filfa que faltaba en este cuadro lamentable para rematar la situación. No contamos para nada en el mundo universitario, del que los escasos españoles que triunfan en el extranjero son, casi sin excepción, tránsfugas justificados o exiliados forzosos, pero aquí nadie mueve un dedo para corregir absurdos como los apuntados o para leerle la cartilla a esos ocurrentes que acogen a sagrado en el “alma mater” a los lanzadores de huevos o a los aprendices de ciclistas. En Mondragón, los de la ‘Unibertsitatea’ han valorado sesudamente, por lo visto, “distancia, diseño y vuelo” a la hora de premiar a los concursantes. Comprendan que no es un lujo precisamente que los padres pudientes envíen sus hijos a estudiar fuera.

Malos vientos

Nos informa el Índice Laboral de las Comunidades Autónomas (ILCA) de que el crecimiento interanual del paro en nuestra región, un 20 por ciento, la sit´ñua como la más afectada por esa crisis que, según Chaves, no existe pero cuyos efectos padecemos ya a un ritmo preocupante. Componente básico de esa crítica cifra son los 75.000 trabajadores de la construcción que se han quedado sin trabajo como consecuencia del parón registrado en el sector, cuyo peso en nuestra economía no hace falta resaltar, pero sin duda hay otros nubarrones en el ambiente –entre ellos la decisión de Bruselas de suspender las ayudas agrícolas para apoyar otras políticas agrarias—que requerirían que, sin más demora, la Junta agarre al toro por los cuernos y se enfrente a él, como ha reclamado la patronal ante el curioso silencio de los sindicatos, con medidas realistas capaces de contrarrestar unos efectos críticos que pronto podrían resultar devastadores. Disimular es una mísera e inútil estrategia que urge que Chaves descarte.

Silencio intolerable

Esta vez lo que piden los sindicatos al delegata del Gobierno es una cosa bien sencilla: que explique si hay o no hay amianto en el edificio en demolición del Manuel Lois, la antigua ‘Agromán’, por la sencilla razón de que si lo hubiera el peligro cancerígeno es alto. Callar sobre una cuestión  de tan alto interés social es una barbaridad que, de ponerse uno en lo peor, puede que, con el tiempo, acabe engendrando una grave responsabilidad sobre los mutistas. Está en juego, eventualmente, nada menos que la vida de los vecinos y eso no hay “razón  de partido” que pueda justificarlo. Vale que el Gobierno esté dando plazos de muchos meses a los pobres inmigrantes en la Oficina de Extranjería, pero ocultar la realidad, con ser grave lo anterior, en un caso como el comentado es harina de otro costal.

Centauros y quimeras

Dos noticias rechinaban ayer sobre la prensa europea. Una, la aprobación por los la Cámara de los Comunes de la ley que autoriza la creación  de embriones híbridos, es decir, de mixtos de humanos y otros animales. Centauros y quimeras: parece que la mitología, como la ciencia-ficción, funciona como un anticipador de futuro, como un sensor sutilísimo capaz de penetrar en el tiempo para anunciarnos y describirnos lo que ha de venir. Viene a la cabeza la inquietante doble idea de Hegel afirmando que “todo lo real es racional” pero que, ay, también “todo lo racional es real”. ¿Es el centauro imaginado por el hombre una suerte de arquetipo que aguarda su turno agazapado en el tiempo, sueña con fundamento el que enuncia por ver primera la leyenda del toro de Minos, es la quimera –con todo cuanto hoy sabemos sobre el significado simbólico de los animales mixtos— una posibilidad real anticipada por la imaginación del mitólogo? En cuanto a la creación de animales híbridos no sólo no caben dudas sino que es ya legal, como ven, pero, por si fuera poco, con la misma fecha nos enteramos de que en la universidad de Texas han logrado “revivir” un gen perteneciente a un animal extinto, un tigre de Tasmania, conservado en etanol durante un siglo en las vitrinas de un museo y ahora insertado en un  ratón vivo por mano de ese demiurgo que anda suelto. Con éxito, además, puesto que el gen devuelto a la vida ha comenzado a trabajar, como si tal cosa, una vez alojado en su huésped biológico, en la formación de cartílagos y huesos. Centauros y quimeras, insisto, seres de naturaleza doble, hoy como ayer sospechosos pero, al tiempo, prometedores aliados de la Humanidad. Quirón, maestro de Aquiles y de Jasón, el amigo del hombre, frente a los violadores de las lapitas, bestias irredimibles. “Todo lo racional es real”: la Ciencia lo de muestra temerariamente día tras día. Dicen que a los espíritus débiles todo este negocio les produce miedo. ¿Y a quién no?

 

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 Hemos sabido también, al mismo tiempo, que una famosa empresa agrícola renuncia –de momento, suponemos—a la producción de maíz híbrido, en el marco de esa otra batalla ética y cívica que enfrenta a la esperanza de muchos con la precaución de otros. Pero la ingeniería hortelana es tan antigua como el labriego, no como esta historia revulsiva de la manipulación genética que, inevitablemente, enfrenta el interés legítimo del progreso material con el miedo a la monstruosidad. En Inglaterra se anuncian “férreos controles” para garantizar que nadie va a caer en la tentación prometeica de conservar indebidamente esos embriones ni a permitirles continuar su destino embriológico, siempre desde el convencimiento de que sólo un demente podría infringir esa norma de imprevisibles consecuencias. Lo curioso es pensar que, en cualquier caso, avanzamos detrás de la imaginación y que lo que nuestros sofisticados laboratorios nos ofrecen hoy confirma lo anunciado como imaginario y aún como cierto por nuestros antecesores. Plinio afirmó haber visto mujeres-peces frente a Lyon, y otro tanto aseguraron Belonio o Pausanias, aparte de Eliano, que es mucho más asequible, sin olvidar al propio Colón que las describió con detalle, lo mismo que el padre Feijóo dio fe del hallazgo de un hombre-pez asturiano, el célebre ‘Peje Nicolao’, natural de Liérganes. Claro que la historia del gen recuperado tras dormir un siglo en su formol es de otra índole, como lo es esa luz verde que se acaba de dar en Inglaterra a la investigación con células madre por esa vía rápida que es la creación de monstruos desechables. Caminamos sobre el filo de una afilada navaja, eso no admite dudas, tentados por muy buenas razones humanitarias que no dejan de implicar riesgos graves y, en cierto modo, aterradores. El tiempo dirá si es o no buen negocio retorcer los renglones torcidos con que dicen que Dios escribe derecho.