Un viernes negro

El viernes pasado ha sido, según el alarmismo mediático, un “viernes negro”. Un simple dato –el aumento del paro en Estados Unidos– ha desatado la tormenta tal como Edward Lorenz, repitiendo al pie de la letra el proverbio oriental, imaginó el huracán provocado por el aleteo de la mariposa lejana. Sube el paro en los EEUU y rebota en las Bolsas de todo el planeta haciendo caer un 3 por ciento a Wall Street y dándole un buen palo al Ibex hasta arrastrarlo bajo los 13.000 puntos fatídicos. Sin solución de continuidad, el precio de las hipotecas, el Euríbor famoso,  ha alcanzado un máximo histórico situando en los 700 euros anuales el aumento de la hipoteca española media. La metáfora urgente de las “turbulencias pasajeras” le han salido a Solbes por la culata por no hablar de las profecías gubernamentales que anunciaban para estas fechas, más o menos, el enderezamiento de una “desaceleración moderada” en cuyo marco la inflación debería haber tocado ya techo. Pero hubo más. El dólar se humilló de nuevo ante el euro y esa humillación, al forzar a la baja el precio de las materias primas, hizo automáticamente subir la demanda de crudo, con lo que el barril de Brent alcanzó otro máximo en los 38 dólares, es decir, subiendo once dólares en unas sola jornada, lo que envalentonó al nuevo presidente ruso para culpar de la crisis a los EEUU y denunciar la falta de correspondencia entre el papel jugado por esa potencia en el mundo y su capacidad real, al paso que nombraba temerariamente la bicha al evocar la Gran Depresión. Ya tenemos al viejo fantasma paseándose por la Red, incluyendo la imagen del arruinado cayendo a plomo desde el ventanal de su despacho o la del millonario reciclado como taxista. Un “viernes negro” da para mucho, como ven, aunque la discreción siga aconsejando no perder los nervios a pesar de la huelga de transportes y el anunciado desabastecimiento de los mercados. No debe de ser para tanto cuando, antier mismo, el secretario de UGT se entretenía en echar leña al fuego en el fogón polémico de la “Educación para la Ciudadanía”. Vamos, digo yo.

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Lo del “efecto mariposa” –entrevisto por la ciencia-ficción antes que por nadie—es cada día más verosímil, al menos si no se saca la hipótesis del ámbito de la caología, que es el suyo genuino, para trivializarla como metáfora periodística, o lo que es lo mismo, si no tomamos por una ocurrencia lo que, al menos desde Edward Lorenz, no es sino una consecuencia lógica del funcionamiento de los ‘sistemas complejos’, aparte de que tan cierto es que la realidad es algo demasiado serio para dejarlo en manos mediáticas como que la economía es algo demasiado complejo para encomendarlo al inevitable simplismo de los economistas y de los políticos. Miren atrás desde este “viernes negro” y verán a nuestra plana mayor vaticinando, en plan ansiolítico, la brevedad de la mala coyuntura, y al propio responsable máximo –haciendo buena la máxima  del doctor Jonhson sobre el patriotismo—negándole ese honor y derecho a los críticos, así como a los ministros poner fecha tope a la inflación. Pero miren adelante y advertirán el nerviosismo que agranda las colas de amas de casa en los supermercados, el torbellino de hipotecados en los patios de los bancos, el baile de malditos de los pequeños accionistas y la expresión desesperada de los arrastrados por el tifón que van a movilizar la mariposa gigante metiendo no sé cuántos miles de camiones en las calles de Madrid a ver si su aleteo llega cuando menos a La Moncloa. Para nosotros, en cualquier caso, el “viernes negro” ha servido más para descubrir el cinismo de la política que la índole lógico-matemática de esa concatenación de causas sólo explicable desde la teoría del caos. Tranquilos, de todas formas, que peor estarán los otros europeos. A los españoles nos pilla por lo menos con los 400 euros al alcance de la uña.

Cargos, no debates

Paradigmático el desarrollo del congreso del PA, significativo su desconcierto, manifiesta la “ausencia del padre” (múltiple, si quieren), de lo más ilustrativa la actitud de los contendientes en su pulso por el reparto de puestos en la futura ejecutiva y su desdén por el imprescindible debate, mejor o peor propuesto. ¡Nada de debates, cargos, que es lo que importa! Y eso en un partido que no ha sido capaz de cuajar ideológicamente en tantos años y que, en su actual desbandada, está proclamando la necesidad de definirse seriamente, establecer su identidad y concretar sus objetivos. Ojalá todo vaya bien y pronto estén de vuelta en la política autonómica los defenestrados andalucistas, pero es de temer que estas actitudes no ayuden a ese deseable propósito sino todo lo contrario.

Barrero se impone

En una de las peripecias republicanas, unos militantes pintarrajearon la provincia onubense con letreros que decían “Lerroux se impone”. Y se impuso, ciertamente, aquel singular sinvergüenza, como tantos caciques se han ido imponiendo, uno tras otros en nuestras instituciones. Lo que no había oído yo era una autoproclamación tan vehemente, un delirio de éxito tan extraordinario como el que Barrero exhibió en Almonte el sábado, presumiendo de la unanimidad de las 95 asambleas locales de cara a los Congresos, que él mismo definió como “no normal”. “Para el PSOE es prioritario mantener el nivel de ambición sin ningún tipo de complejos”: he ahí una frase que destila a chorros, como actos fallidos, el fruto del pragmatismo. Lo que no queda claro es qué ambición es ésa que nos mantiene a la cola de España a pesar de nuestras potencialidades. No es dudoso que las mejoras relativas de esta Huelva con tantos problemas como futuro se han logrado a pesar de esas demostradas ambiciones y de esos complejos injustificados.

Adivina quién viene

La crónica de la precampaña americana me tiene completamente desconcertado. No cabe duda de que se trata de un sistema interesante, de un casi inobjetable montaje igualitario que permite una alta participación efectiva del pueblo o, al menos, de su sector politizado, de la más convincente teatralización que haya dado de sí la democracia desde sus remotos orígenes. El sistema de “primarias” es espectacular, desde luego, pero lleva implícitas la semilla de su propia falsación a poco que uno lo contemple imparcialmente en su conjunto y pueda preguntarse cómo es posible que un pueblo trague con la comedia de un duelo prolongadísimo y feroz cuyos protagonistas, en un momento dado, no solamente bajan las armas y dan por concluida la batalla, sino que firman las paces incluso hasta acabar juntos y revueltos en un mismo ‘ticket’. A un reputado comentarista le he escuchado estos días, a propósito de la soberbia resistencia de la señora Clinton, decir que no era probable un abandono total tras su derrota, sobre todo porque, de acceder a una vicepresidencia pactada, tendría cuatro años por delante para esperar cada vez que el Presidente saliera de la Casa Blanca que, por hache o por be,  no volviera y ese hueco le permitiera dar el salto que en campaña no logró dar. ¿Es concebible un sistema más hobbesiano, existe la posibilidad de que la muchedumbre acabe creyendo en la sinceridad de un equipo de gobierno que se ha encargado previamente por sí mismo de denigrarse sin la menor consideración? Es verdad que de cuajar el proyecto del presidente negro, la democracia tocquevilliana daría un salto de gigante como lo hubiera dado de salir elegida por vez primera una  mujer para la Presidencia, pero ¿cómo entender que esos antagonistas formen de un día para otro una perfecta coyunda política sin traicionar, respectivamente, lo que cada cual defendió durante la precampaña? La democracia, blanca o de color, macho o hembra, no tiene otro principio que el pragmatismo ni otra ideología que la posibilista.

 

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 Condición básica para ese maridaje que se augura es que Obama le pague a Hillary las facturas pendientes, supongo que incluyendo las sumas millonarias (sólo en la recta final los Clinton aportaron privadamente seis millones más a la organización) aportadas de su propio peculio, algo que cuesta entender teniendo en cuenta que Obama, al menos en teoría, no tiene más posibles que los que le ofrecen los contribuyentes voluntarios, a partir de ahora unificados y en sus manos. ¿Y no es un verdadero escándalo que los candidatos dependan del dinero de la oligarquía o se jueguen el propio como si se tratara de una inversión eventualmente rentable? Pues es posible que sí, pero también lo es, y más aún si cabe, que ese presidente negro, si logra encaramarse al poder, ha de funcionar como un activo especialísimo sobre el prestigio de un sistema que ha sabido dramatizar la política hasta conseguir que el vodevil para todos los públicos que, en el fondo, la constituye, resulte imperceptible, al menos para la inmensa mayoría. Norman Mailer insinuó alguna vez que los donantes electorales de un bando fueran, a partir, del momento decisivo, también los del otro, imagen insuperable de lo que ese sistema tiene de subasta, es decir, de régimen oligárquico sabiamente maquillado como demócrata. Pero ¿es que hay de verdad algún régimen demócrata, independiente del dinero y atenido en exclusiva a sus principios? Se ha dicho que las democracias no pueden dejar de ser hipócritas así como las dictaduras no pueden dejar de ser cínicas, y seguramente hay bastante de verdad en ello. Miren a la Clinton untando con el bálsamo de Fierabrás al Obama que ella misma lleva meses despellejando y a éste entendiéndose discretamente con el cobrador del frac para que no importune a su nueva dama. El verdadero milagro político americano es el éxito de esa eterna comedia, ahora en technicolor.

La otra crisis

Dicen que el “delito de moda” es la conducción sin carné, por el cual, para que se hagan una idea, sólo en Jaén han sido acusados por la Fiscalía en un mes nada menos que cuarenta camicaces. Pero también está la inconcebible realidad de las redes pedófilas, día tras día desmanteladas por la constancia de los servicios policiales peor cuya proliferación, aparte de un escándalo que reclama implacables medidas de urgencia, resulta una realidad del todo incomprensible. O la sangría de la llamada violencia doméstica que descalifica doblemente a esta sociedad, de un lado, por la sangría misma, de otro, por la incapacidad de autoridad para atajarla. Los Juzgados rebosan, desbordados por estas desconcertantes fenomenologías sin que la Junta (la consejera) crea que esa Administración capital necesite otra cosa que “un repaso”. Es la otra cara de la crisis, inevitablemente superpuesta a la galopante que viven nuestras economías debido a los torbellinos externos tanto como a la pasividad interior. ¿Habrá vacaciones este verano? Ésa es la última pregunta inquietante que se plantea un país pretencioso hasta ayer, que ha resultado apenas un rebaño enloquecido y a la cuarta pregunta.

La palabra de Chaves

No vale un duro. La palabra empeñada por Chaves no vale un duro, como está quedando patente en el estúpido y malicioso proceso del Ensanche Sur, cuyo desbloqueo le prometió el Presidente cuando lo visitó en campaña pero que ahora anda empantanado en las covachuelas de los picapleitos junteros. El problema no es sólo el daño a la capital –daño calculado para desgastar a un alcalde electoralmente intratable—sino el desprestigio de las instituciones que supone ver al primer mandatario de la autonomía saltando como una liebre sobre su propio compromiso formal, sobre todo teniendo en cuenta que, al final, tendrá que ceder y obligar a sus peones a que den vía libre. Huelva capital está siendo castigada por el PSOE de manera injusta y, encima, por encima de la dignidad de su Presidente. Pocas veces habíamos visto –y henos visto muchas– una aberración semejante.