Albúm de fotos

No me parece justo sacar esta o aquella foto del ex-alcalde de Estepona, hoy entre rejas, con éste o aquel personaje para sugerir cierta ingenua proximidad que hoy resulta más que incómoda. Y no me lo parece porque con el ex-alcalde de Estepona se ha dejado retratar diciendo ‘patata’ media clase política y empresarial y parte de la otra media, del mismo modo que ocurriera antes con el denostado Jesús Gil, recibido en la Presidencia con todos los honores después de haber demostrado el cohecho del “caso Montaner” del que la Junta se libró sólo por prescripción del delito. Dijimos en su día que había no pocos Jesús Gil campando por sus respetos, y ahora hemos de decir que seguro que todavía quedan sueltos muchos Barrientos haciendo de su capa un sayo con la connivencia mayor o menos de la autoridad correspondiente. Barrientos, por ejemplo, estaba ahí de alcalde con las bendiciones de Chaves: lo demás son cuentos. Mientras la corrupción no se mide desde este desagradable ángulo continuarán estas miserias ensombreciendo la vida pública.

Nuevos en la Plaza

La familia de los Cortés, es decir, la familia de la desdichada Mari Luz, anda rasgándose las vestiduras porque los políticos –como todo el mundo veía menos ella—la han utilizado para hacerse sus fotos y si te vi no me acuerdo. ¿Y qué esperaban los Cortes, que el “establishment” se iba a poner a sus órdenes para hacerles justicia siquiera a toro pasado? A esa familia la ha utilizado el politiqueo local haciéndola apuntar a un juez que no se ve las manos, para salvar la responsabilidad evidente de la Junta de Andalucía y de los órganos judiciales superiores, amén del Gobierno con su Ministerio. Y ya se puede poner como se pongan que, desgraciadamente, poco tienen que hacer en esta batalla perdida. Pero si pretenden seguir la lucha no tienen por qué salir de Huelva, donde están los representantes legítimos de todos los que le han tomado el pelo.

Orquesta por libre

Recuerdo un chiste de Forges, en alguno de los momentos confusos del pasado, que representaba a una orquesta en la que cada músico sostenía una batuta frente a un director que soplaba perplejo en un saxo: el mundo al revés. Y el chiste se me ha venido a la cabeza ante el espectáculo que está dando el Gobierno y su entorno frente a una coyuntura en la que hasta los más conciliadores ven ya una crisis profunda, galopante y de imprevisible alcance. En un solo día, en efecto, he escuchado al bachiller Pepiño apelar a doña María Moliner para desvirtuar, bajo la autoridad de aquella excluida de la Academia, la realidad de una “crisis” reducida a “cambio muy marcado en algo”, al vicepresidente económico admitir que los famosos 400 euros de poco van a valer ante este desplome incontrolado del bienestar, al director del Banco de España avisar que la solución del lío pasa por evitar “las tonterías presupuestarias” y al portavoz Alonso (que no descarta hacerse con el carné del partido en el próximo congreso) anunciar la inminente parusía de ZP y calificar de “situación difícil” la que atravesamos. El Gobierno y su partido funcionan bajo presión como una orquesta que fuera por libre, mientras el director se refugia bajo la cama, helada la sonrisa por el aluvión imparable de malas nuevas financieras que salen cada minuto por el teletipo. Pero, en fin, al menos ya se habla del asunto, ya ha dejado de ser antipatriótico constatar, agobiado por la hipoteca, que “España va mal”, aunque sea a compás de medio mundo, que 400 euros no eran más que una propina electoralista y que fundirse en tres meses el 80 por ciento del cacareado superávit es un  rentoy que ha acabado por hacer visibles todas las luces rojas del sistema. Una cámara de tv puede borrar a Pizarro o eclipsar a Rajoy, pero una crisis podría devorar a un Gobierno que ha tratado de pasarla de matute como un alijo semántico.

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La crisis se nota en el mercado y el Gobierno no baja a él sino que lo conoce de oídas. ZP no sabía hace poco el precio de un café y es probable que siga ignorando hoy el de el litro de leche o la docena de huevos, el par de zapatos o el litro de gasoil, pero desde los empresarios nos llega una voz autorizada que echa por tierra todos los eufemismos al asegurar que la crisis que atravesamos (que está empezando a dar la cara) “es la caída más brusca, súbita e intensa del crecimiento del PIB y del empleo desde que tenemos estadísticas”. Y eso, obviamente, no se produce de un día para otro, sino que, a pesar de la estrategia mentirosa mantenida por motivos estrictamente electorales, hay indicios serios de crisis desde hace un par de años largos, informes que avisaban sobre la baja productividad que nos hace incompetentes en el mercado exterior o sobre el riesgo no poco demencial de la famosa “burbuja inmobiliaria”, es decir, el hecho paradójico de un país de millonarios endeudados hasta las trancas cuyas propiedades costaban lo que no valían aunque estuvieran muy por encima de su capacidad de pago. Dicen los expertos que las crisis sobrevienen, y en ese sentido, son inevitables, pero que sus efectos pueden ser previstos y paliados por medidas correctoras imprescindibles. Es decir, justo lo que el Gobierno no podía hacer, forzado por su propia negativa a admitir la realidad, y también, probablemente, porque carece de un criterio unificado y sólido a la hora de decidir las recetas que hacen falta. La economía es un laberinto fácil de recorrer cuando el hilo de Ariadna de la bonanza nos conduce a la salida. Cuando pintan bastos, por el contrario, la economía es mucho toro para maletillas sin experiencia como estos teóricos de la “desaceleración”. Este Gobierno toca de oído, al parecer, y por ello puede que lo devore la crisis. Lo malo es que, para entonces, ese leviatán previsible pero deliberadamente ignorado ya se habrá zampado a media España y parte de la otra media.

Como si tal cosa

Ante el segundo “caso Carboneras”, en paralelo con el “caso Estepona”, van quedando clarioscuras demasiadas evidencias que pueden traducirse en elocuentes preguntas. ¿Cómo es posible que el Gobierno de la nación indultara en tiempo récord a un alcalde y a su hermana  inhabilitados por el Tribunal Supremo por un delito electoral, quién influyó y por qué desde Andalucía para que recibieran ese trato de reprobable excepción? ¿Y cómo es posible que Chaves respaldara que esos graves infractores del juego democrático encabezaran de nuevo la lista en las elecciones municipales siguientes? Desde luego, si nuevamente fueran condenadas estas personas por fraude electoral, tanto la Junta como el Gobierno quedarían bajo sospecha y sería inevitable interpretar que en Carboneras debe jugarse algo muy gordo para que el PSOE, incluido el Gobierno de Madrid, apueste de modo tan desatentado por una causa injustificable.

El honor político

A Mario Jiménez, el todoterreno autodidacta del PSOE onubense, le han dicho de todo los dirigentes bollulleros, desde ‘don nadie’ a ‘pequeño politicucho’, insistiendo todos en su sucinto currículo. Hombre, hay que reconocer que no les falta razón en esto último, pero tampoco es que el resto de la “clase política” onubense sea Oxford ni Cambridge. Tenemos lo que tenemos, y una buena cosa sería dignificar la vida pública excluyendo de ella improperios como los dedicados por Jiménez a estos respondones a los que llamo ‘piratas’, ‘pandilla’ y ‘mamporreros’, provocando que estos le repliquen que mejor es eso que tener que hablar de ‘ladrones’ como en Beas o Estepona. Ejemplar política, digno lenguaje, que deja el honor de los personajes públicos a la altura del betún. Este parlamentillo se ha convertido en una corrala de lo más vil y lo malo que costaría decidir a quien asiste el derecho a tirar la primera piedra.

El Dios redondo

En el museo de la Catedral Católica Romana de Viena va a estar abierta desde ahora hasta septiembre una exposición titulada “Héroes, Santos y Goleadores celestiales” con la que se pretende contribuir al entendimiento del fútbol como un fenómeno superior que ha trascendido sobradamente el nivel lúdico para constituirse en un auténtico fenómeno espiritual. La muestra incluye centenar y medio de objetos pertenecientes a jugadores famosos — “héroes”—tales como el chándal de Kaká que rezaba “Pertenezco a Jesús” como el emblema del Rapid consistente en tres cruces y la leyenda “Sé inmortal, pasando por el repertorio de la ‘Iglesia Maradoniana’, que celebra la Navidad el 30 de Noviembre y tiene por lema “difundir por todo el mundo los milagros” de su titular. Hay una bufanda del Milan que lleva grabada una expresión de sugestión bíblica: “Dios creo el fútbol un domingo y se lo dio al Milan diciéndole ‘Ve por el mundo y enséñalo’ ”. La ‘afición’ es trasmutada de este modo en ‘fe’, una fe sustitutoria –al decir de la comisaria encargada del evento— de valores perdidos en este mundo desacralizado, como el hogar y la familia, nada menos, y que viene a hacer de la hinchada la parroquia secular y moderna que ha sustituido a la religiosa y tradicional. ¡La caraba! Hasta ha habido un párroco que ha dicho que aunque tampoco sea cosa de tomar al fútbol por una “religión  suplente” (noten la coherencia jergal), sí que es “una de las pocas expresiones de fidelidad que quedan” en este perro mundo, y eso, como comprenderán, bien merece un campeonato. Medio mundo ha extraviado la olla, como pueden comprobar, y el otro medio está en ello.

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Un estudioso francés, a quien he citado otras veces, Patrick Mignon, sostuvo hace tiempo (“La passion du football”, 1998) que el fútbol tiene por efecto, y quién sabe si por misión, resolver a su modo las tensiones propias de las sociedades modernas democratizadas, es decir las suscitadas por el conflicto entre igualdad de derechos y desigualdad de hecho. En otras palabras, un poco lo que las religiones en general y el cristianismo europeo en particular han venido aportando al proceso civilizatorio a través de los últimos veinte siglos, sin contar con lo que la pasión competitiva ha supuesto como sucedáneo incruento de la guerra y otras violencias no regladas. Para nosotros los españoles, en todo  caso, este tipo de extrapolaciones audaces no constituyen una novedad completa, pues estamos hechos a la imagen de esos “héroes” y “goleadores celestiales” ofreciendo sus trofeos a la patrona celeste, sea ésta la Pilarica o la Virgen de los Reyes, la Almudena o la Moreneta. Y si ése es el efecto religioso que produce la euforia balompédica, ya ven la que la misma ha provocado en el patriotismo hispano, al conseguir en tres partidos victoriosos buena parte del terreno perdido por la debilidad cómplice del Estado en el pleito secesionista. Una tanda de penaltis une más a una nación que una crisis económica, hay que reconocerlo, y un tanto en el último segundo de la prórroga incomparablemente más que un Estatuto y seguro que también más que una Constitución. Maradona es Dios, en el peor de los casos un profeta, para un país como el suyo, desmoralizado bajo la férula eterna del peronismo, la garra de la dictadura, la derrota de las Malvinas y las ducas negras del corralito, pero la realidad es que el sentimiento futbolero arrasa un poco por todas partes, más acaso en los países de mayor tradición cultural y en no pocas ocasiones expresado en manifestaciones difícilmente discernibles de la espiritualidad. Hubo un bético que llevaba cada domingo al campo la urna con las cenizas de su padre. Si me permiten la paráfrasis física, yo diría que la espiritualidad no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Estos días lo estamos comprobando hasta la saciedad.