La elección del cole

Parece ser que la Junta no se pliega a lo que la Justicia dispone, o por lo menos, da la impresión de que intenta no darse por enterada y concernida por la sentencia reciente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que consagra el derecho de los padres a elegir tipo de educación de sus hijos y, en consecuencia, su derecho a disponer de una plaza en un colegio concertado dentro de su barrio. Y eso no se arregla ampliando la cabida de los colegios públicos, que legítima (y ahora también legalmente) pueden ser desestimados por las familias. La delegación de Huleva, vicaria de las órdenes de Sevilla, claro está, no tiene en su mano la solución, pero s´ñio que va a tener el problema de un ruidoso jaleo cívico si no se adapta razonablemente a lo que la Justicia ha dictaminado.

La otra cruzada

No creo que sea necesario militar en el fundamentalismo para percibir que vivimos una viva campaña antirreligiosa, esto es, en el caso de España, anticatólica y, claro, anticristiana, campaña, como casi todas las registradas en la Historia, inseparables de la intencionalidad política. Una estrategia convergente junta y revuelve, a estos efectos, a los cómicos de la burda contraprocesión  del Corpus toledano con la necia petición de IU y otro grupúsculos de que se retiren de la liturgia oficial el Crucifijo y Biblia o con los reiterados amagos del Gobierno de penalizar a la Iglesia revisando los acuerdos vigentes con Roma, todo en medio de la polémica sobre ese laicismo calcado del viejo modelo republicano que acabó como el rosario de la aurora. Y no sólo en España. Disfrazado de literatura pulula por ahí, en efecto, desde los EEUU a Europa, un exitoso esoterismo que mezcla los enigmas del Temple con la “quête” del Grial o identifica a este rancio símbolo –cierto que a base de una camelística deplorable— nada menos que con el vientre de Magdalena pasar acabar relacionando a Cristo con los reyes merovingios. En Bélgica, como si no tuvieran bastante con la que el país tiene en lo alto, tropiezo con un alegato kilométrico demostrativo, a juicio de su autor, de la inexistencia histórica de Cristo, ya echando mano del renanismo más manoseado ya apelando a sir Frazer para equiparar la Resurrección con las leyendas de Osiris, Attis, Adonis o Dionisio. ¿Nazaret? Simplemente, no existía. ¿Los Magos? Una historieta que procede de Mitra y Krishna. ¿Los Inocentes? Un crimen cometido por el tirano Kamsa quince siglos antes. ¿La ascendencia real? Buda y Osiris. ¿La resurrección de Lázaro? Pues otra leyenda, la de Osiris, cuyo nombre, El Azar’us, el evangelista no se molesta ni en disimular. Josefo, Plinio, Suetonio, Tácito, Luciano y hasta el Talmud judío son revisados con lupa para descubrir las famosas ‘interpolaciones’ o nada más que para desmentirlos. Uno se queda nota sólo de constatar la constancia de los negacionistas y la endeblez del imaginario de una erudición tan esforzada.

 

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 Nada nuevo una vez más. Creo que es Di Trocchio quien cuenta que en la mesilla del hospital en que murió Einstein se encontró el libro de un “crank”, esto es, de un chiflado llamado Velikoski, que había armado la de Dios es Cristo en la comunidad científica por su intento de demostrar que los milagros de la Biblia tenían sin excepción una explicación científico-natural, concretamente los efectos de la cuasicolisión con la Tierra de un gigantesco cometa desgajado de Júpiter hace unos 3.500 años, y que sería el responsable de las plagas con que el Dios de Moisés castigó a Faraón por oprimir al pueblo elegido. La sangre del Nilo sería un pigmento que dejó el cometa a su paso, la granizada prodigiosa una lluvia de meteoritos, las plagas de insectos, ya una consecuencia de la elevación de la temperatura, ya un aporte biológico derivado de la cola del terrible visitante, y todo por el estilo por lo que se refiere al resto. Pocas cosas cambian tan poco como esa antiapologética, hay que reconocerlo, pocas se han repetido tanto desde los primeros siglos y pocas han levantado tan vehemente pasión. Un juez de Viterbo hubo de admitir a trámite no hace mucho la demanda de un ateo que exigía al cura del pueblo que probase la existencia de Cristo en lugar de abusar de su credulidad, algo que seguro que hubiera hecho sonreír al Einstein que leía condescendiente las chifladuras de su amigo Velikoski incluso en el lecho de muerte. Lo que sí se ha perdido en esos empeños es rigor, calidad, a la hora de hacer filología o cultura comparada. Por lo demás, casi me arrepiento de haber recordado lo del cura de Viterbo no sea que se enteren Llamazares y Carod y lleven a Rouco al Juzgado. Tontos son para eso y para más.

El fugado impertinente

Un día recibió este picador un correo electrónico del concejal andalucista Carlos Fernández, muy dolida, la criatura, por haber visto en este recuadro una discreta protesta dirigida al PA por haberlo “amnistiado y readmitido” en sus filas a pesar de que el mangazo marbellí cantaba como una ópera wagneriana. Le contesté que no tenía nada que rectificar y que cada palo aguantara su vela, cosa que ahora celebro al hacerse público que no sólo era un mandante sino que era el protegido del cerebro financiero del golpe antiGil, el misterioso señor Binstock, y que lleva años viviendo su vida en mi Buenos Aires querido. Aguardemos una acción diligente de la Justicia (y de la diplomacia, si es que cuadra a los intereses del Poder) y, de paso, una nota, una excusita siquiera de ese PA que se puso en lamentable evidencia amnistiando a semejante sujeto.

Una grave cuestión

De nuevo un experto asegurando que la mortalidad en el Suroeste andaluz y, concretamente, en Huelva, es mucho más alta que en el resto de la nación. El doctor en Salud Pública, Joan Benach, aseguró que “existen evidencias más que fundamentadas para decir que no se trata de un problema de estilo de vida sino que hay causas de tipo ambiental, laboral e incluso social”, acusando a la Junta de “ocultar y minimizar un problema muy grave y muy importante”. Es obvio que urge terminar con esta dialéctica entre unos expertos y otros, tratándose, como se trata, nada menos que de la incidencia de muerte pero más necesario es todavía disponer de un informe cuya solvencia tranquilice a unos ciudadanos que tienen derecho a saber si están realmente amenazados o se trata sólo de presunciones sin base. El tema colea hace tiempo y el dontancredismo de las Administraciones es intolerable. Hace falta que se impliquen en el asunto y comprometan su responsabilidad en un sentido o en el otro.

Toque de fajina

Una de las intuiciones más elegantes de Faustino Cordón –aquel heterodoxo tan combatido como genial—fue la idea de que “Cocinar hizo al Hombre”. Ése fue el título de una obra suya de deliciosa lectura en la que proponía la idea de que el hombre no es más que el animal que conquista le lengua y que ésta, a su vez, no es sino una consecuencia de la actividad culinaria. Una delgada linde separaba al animal irracional –“habilis”, es decir, capaz de realizar acciones mecánicas—del animal humano, ‘sapiens’, facultado ya para llevar a cabo operaciones que implicaban reacciones químicas transformadoras de la materia en alimento. El animal heterótrofo es precedido de ese alimento, es posible evolutivamente precisamente porque ese alimento está a su alcance, mientras que el autótrofo busca, encuentra y transforma ciertas materias primas hasta hacerlas comestibles y digeribles, lo que supone una colosal ventaja adaptativa. Alrededor de la hoguera –hay que pensar en la caverna primordial, acaso en la noche de las glaciaciones—el homínido todavía predador descubre que la transformación del alimento garantiza previsoramente su futuro, y alrededor del fogón, al parecer, sería donde surge el lenguaje, el don de la palabra imprescindible para coordinar procesos más complejos de colaboración. Es fascinante asomarse a esas perspectivas, que no dejan de ser hipotéticas, pero que resultan siempre preferibles al espectáculo de la reyerta fogonera que están protagonizando nuestros cocineros famosos provocados por uno de ellos que ha defendido –con toda la razón del mundo, a mi entender— el viejo precepto de que la cocina de futuro debe aspirar a pasar su condición de mera servidora del disfrute a instrumento de la felicidad humana pero… sobre la experiencia acumulada, sin desperdiciar lo ya adquirido por la práctica. Que no hay que jugar con las cosas de comer, vamos. Y ciertamente esta cocina moderna viene a ser ya unos juegos reunidos.                                                              xxxxxMucho camelo, en el supermercado lo mismo que en el restaurante. Por dos estudios (de la universidad de Gand, uno, de la Sociedad Belga de Medicina Preventiva, el otro) nos enteramos ahora de que resulta que los alimentos ‘bio’ y las ‘delikatessen’ de la revolución naturista no valen gran cosa para la salud, es más resultarían del todo indiferentes, aparte de los fraudes que se vienen descubriendo lo mismo en una miel con antibióticos que en carísimos vinos sulfatados en exceso. Los de Gand llegan incluso a asegurar que, en ocasiones, puestos averiguar la diferencia de calidad, el resultado ha sido favorable a los productos tradicionales, y me ahorraré sus comentarios sobre la “buena conciencia” como razón de esa moda. En cuanto a la batalla española, yo creo que todo estaba dicho ya por Albert Boadella, antes en “El Retablo de las Maravillas” y recientemente en “La Cena”, y sostengo, de paso, que los pruritos de ultramodernidad que fundamentan el éxito de los “novatores” no son más que el efecto de una sociedad suntuaria que hasta de la comida ha logrado hacer un “indicador de prestigio”. Se ha hablado hace poco del uso del oro en ciertas recetas como los romanos de la decadencia alardeaban de beber perlas disueltas en vino: vean como incluso al autotrofismo fundante puede reducirse a una cómica caricatura exhibicionista pensada para esa paletería que apostará siempre por la novedad y la rareza sólo por el hecho de serlo. El ‘snob’ es el último eslabón de la cadena evolutiva, el fin de raza dependiente ante todo del prestigio de la extravagancia. Hoy hay cocineros con una cátedra  universitaria a su nombre y hace poco el famoso ‘Bulli’ barcelonés era invitado a una feria de arte, casos que, como comprenderán, tienen que ver mucho más con la publicad que con cualquier otra causa. Todo muy antiguo, por lo demás: Lúculo o Apicio se adelantaron a estos ocurrentes en más de veinte siglos.

La jerga absurda

El exdiputado andalucista, hoy portavoz del PSOE en materias sanitarias, Antonio Núñez, no se anduvo por las ramas a la hora de defenderse de lo indefendible, a saber, del maquillaje que una infinidad de usuarios del SAS saben que sirve a la Junta para prolongar la espera y evitar sus propios compromisos. Tan no se anduvo por las ramas, que llegó a decir que pedir que se investigue esa grave cuestión es “propio de los Estados policiales, de las dictaduras, son argumentos totalitarios, y por dignidad, no podemos tolerar que se sitúe al sistema bajo sospecha”. Ahí queda eso, con más cara que espalda, pero ahí queda. Con el agravante de que, siendo él médico, aunque desertor de la bata blanca, tiene que conocer de sobra lo que los usuarios saben, es decir, que las citas de los pacientes se prolongan o alargan con mil motivos diferentes. Esos gravísimos insultos dan una idea, sin embargo, de al insolvencia del sistema y la incapacidad de sus responsables para defender lo indefendible.