Rejoneo a pie

Se han puesto de los nervios lo mismo en el pretorio de Chaves que en la covachuela donde resisten los penúltimos de IU con la vuelta a la actualidad política de uno de sus más brillantes actores de la democracia, Luis Carlos Rejón. Claman contra él tildándole de ‘esperpento’ en manos de Arenas /Concha Caballero o sugiriendo que el personaje está pasado de moda (¡Chaves!). Pero lo que ocurre, en realidad, es que desde el PSOE mansueto e integrado de Chaves hasta la IU desnortada y servil de estos supervivientes corre el pasmo de que ese radical incontinente saque el viejo látigo y lo emplee esta vez contra sus propias filas. Asusta el mero recuerdo de la “pinza” que puso al ‘régimen’ contra las cuerdas y echó a Chaves de su mansión oficial (a mi entender, no poco gratuitamente) pero no cabe duda de que, en el actual marasmo de la autonomía, cualquier revulsivo resulta interesante. Que tomen tila si lo necesitan, pero Rejón tiene todo el derecho del mundo a volver a una política en la que sus antiguos colegas vegetan, por cierto, a la sombra del PSOE.

Palos entre los radios

Creo que se equivoca el PSOE de Huelva o quien se tercie intentando meter palos entre los radios a los planes de expansión de la capital. En el del Ensanche, mismamente, da más o menos igual (el promotor perderá por la tardanza pero ganará por el incremento del valor) que el Ayuntamiento logre del TSJA rebaje en doscientas viviendas el plan municipal porque, al final, la Junta no tendrá otra salida que acabar aceptando una “reorganización” o como quieran llamarle y el Ensanche saldrá adelante acercando la ciudad a la Ría, como querían los sociatas, por cierto, hace un cuarto de siglo. Curiosidad: la sentencia del TSJA fue filtrada desde el PSOE en sábado seguramente para neutralizar la movida provocada por el alcalde con su apuesta famosa de los diez millones. ¿La tenían hibernada, quién se la dio antes que a nadie? De nuevo es posble plantear estas indeseables preguntas que, por más que beneficie a un partido, no benefician en nada a la democracia de todos.

Los duelos y el pan

Dos noticias muy diferentes, pero que no dejan de conectar en el trasfondo psíquico, campan estos días por la actualidad. Se refiere una al acuerdo alcanzado por los responsables de la atribulada diócesis católica de Los Ángeles con las víctimas de abusos sexuales padecidos a manos de sacerdotes, monjes, profesores y otros empleados eclesiásticos que abusaron de su inocencia durante la minoría de edad, un asunto que colea desde hace cuarenta años, que ha provocado ya la dimisión de un cardenal encubridor y que, finalmente, va a resolverse por el sencillo procedimiento de apoquinar un millón de euros por barba a los abusados –500 millones para quinientas víctimas– a cambio de un cierre también definitivo del contencioso. La otra noticia viene de Libia y habla del perdón que podría ser concedido a las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino acusados de haber inoculado en 1998, de manera deliberada, a cuatrocientos niños el virus del Sida, todos los cuales han sido condenados a muerte y serán ejecutados a no ser que –tras haber solicitado formalmente clemencia los condenados salvando así futuras reclamaciones en el ámbito internacional– llegue puntual a las predispuestas familias afectadas la bonita suma de un millón de dólares por cada uno de los niños enfermos. Hasta madame Sarkozy, esa bella amazona que compite con evidente ventaja con la derrotada Ségolène Royal, ha debido trasladarse a Trípoli para presionar sobre aquella autocracia pero todo indica que el poderoso caballero que es ‘Don Dinero’ ha ganado también esta batalla: las familias trincarán el millón y callarán para siempre a cambio de que las otras víctimas –que ésas sí que lo son–, esto es, las enfermeras y el médico, se libren de la horca y recuperen la libertad tras ocho años de duras prisiones. En Los Ángeles o en Trípoli ha funcionado igual el clásico mecanismo de la compensación, por lo que tal vez el mundo civilizado deba felicitarse, pero no sin que una incierta nota de inquietud moral sobrevuele las conciencias. Todo –desde la salud de un niño hasta la inocencia perdida– tiene un precio en esta lonja desmoralizada.
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Se queda uno nota al enterarse de que algunos de los nuevos millonarios cobrará por la herida que recibió allá por los años 50 y aún por los 40, heridas que en la mayoría de los casos –que se sepa, y se sabría de ser cierto– no arrastra secuelas que no puedan solucionarse con una terapia elemental y un discreto apoyo químico. Como se queda uno de piedra ante el espectáculo de esa subasta celebrada al amparo de una Justicia que no tiene inconveniente en cebarse con unos cooperantes mundialmente apoyados mientras que parece dispuesta a echar pelillos a la mar en el momento –eso se especifica con claridad en el acuerdo– en que el dinero esté efectivamente, contante y sonante, en manos de sus perceptores. Los pedófilos quedarán, en consecuencia, en libertad de renovar, si es que les quedan ganas, sus míseras aventuras, y los presuntos inoculadores del Sida recuperarán una libertad desde la que nadie puede asegurar que no vuelvan a dañar fatalmente al prójimo. ¿Es eso justo, tiene el menor sentido cambiar responsabilidad por dinero, puede creerse que hay sujetos afectados por un abuso remoto casi medio siglo después, o habrá que concluir que estamos confirmando un sistema en el que la Justicia es negociable (siempre lo fue, en fin de cuentas) por grave que sea el delito y patente que pueda resultar el riesgo de reincidencia? En el ‘hall’ de nuestros hospitales proliferan ya aguilillas que ofrecen sus servicios jurídicos a las familias que se consideran sanitariamente perjudicadas y eso, aparte de los aguilillas, no es bueno para nadie. Como no puede serlo ceder ante la brutalidad de una autocracia como la de Gadaffi y rescatar penados como si fuéramos mercedarios de otro tiempo. Mala cosa es convertir en un principio el adagio antiguo de que los duelos con pan, son menos.

No hay quien los pare

Muchas palabras, planes a gogó, promesas y compromisos electorales y de andar por casa, pero la realidad es que, en materia de urbanismo invasor, de barbarie urbanística si se prefiere, la cosa tiene mala solución. Hay mucho dinero ahí –mal comparado, algo parecido a lo que ocurre en el narcotráfico–, hay demasiados intereses, sobran recursos, como está demostrado hasta la saciedad, para trajinarse al más pintado. Por si les quedaba dudas sobre el particular, ahí está el crecimiento de locos previsto en Almería al menos por seis pueblos que pretenden multiplicarse por 20, según denuncia Green Peace. Crecimientos urbanos del 3.600 por ciento, del 3.000, del 85 por ciento en el menor de los casos, demuestran que la Junta es un monigote en manos del fastuoso imperio de la promoción. Con POTA y sin POTA, antes y después de Marbella (o de Chiclana, o de…), el “big money”, el gran dinero de esos proyectos arrasan con lo que se tercie. Lo de “tolerancia cero” que dice Chaves ha de entenderse a la derecha no a la izquierda.

Oficios peligrosos

La Guardia Civil ya no patrulla siempre –en Huelva, por ejemplo– en clásicas “parejas”. Ahora sirven de uno en uno, con evidente riesgo, según denuncian sus sindicatos, y la medida resulta inquietante en especial teniendo en cuenta que la propia normativa interna establece que no se implantará esa modalidad novedosa allí donde exista riesgo de acción terrorista. Como por ejemplo existe en Huelva desde que se interceptó al llamado “comando Andalucía”, cuyo paradero se ignora pero al que se presume precisamente en esa zona, entre la provincia andaluza y el Algarbe. Se denuncia, por otra parte, que han disminuido las fuerzas de seguridad en toda esa costa abarrotada en verano y que buena parte de sus efectivos son agentes en prácticas. Todo lo cual supone jugar con fuego, evidentemente, por más que las dificultades materiales sean las que son. No cabe duda de que una grave responsabilidad recae sobre quienes, en las circunstancias reales en que vivimos, mantienen estos sistemas precarios en los que no son ellos, por descontado, quienes se juegan la vida.

El disputado voto

En el pueblo gaditano de Zahara de la Sierra el PSOE ha ganado las pasadas elecciones municipales por un voto de diferencia. De hecho empató con el PA a cuatro concejales mientras el PP obtenía uno, lo que lo dejaba fuera del gobierno ante un eventual pacto de sus rivales. Pero las cosas se han  complicado luego una barbaridad hasta el extremo que en este momento, la pelota está en el tejado del Tribunal Constitucional que deberá decidir si estuvo bien anulado el voto que privaba al PP de su solitario escaño a causa de la absurda nota sobrescrita en la papeleta (“Zapatero, multiplícate por cero. Ching- Chang”) y, de paso, si fue o no fue legal, en cambio, la aceptación como buenos de dos votos favorables al PSOE, sobrescrito uno de ellos también (con la palabra “Paz” encima de la lista de candidatos), y doble el otro por contener, junto a su propia papeleta, otra del PA. Un lío, al menos aparentemente, pero un lío muy fácilmente solucionable toda vez que la normativa declara válido el voto sobrescrito sin intención dolosa, como a todas luces es el caso del emitido por el memo de Ching-Chang, mientras que considera nulos los de aquellos votantes que incluyan dos papeletas ‘diferentes’ (si son del mismo partido, simplemente se computa una, y a vivir) como ocurre sin lugar a dudas en el caso del votante del PSOE. Hay en Zahara organizada una de marca mayor porque la alcaldesa “in pectore” ve que se le puede ir de las manos la vara en el caso de que el disputado voto de ‘Ching-Chang’ sea validado por el TC o bien en el supuesto, enteramente lógico, de que el alto tribunal invalide algunos de los dos del PSOE o incluso ambos. Pocas veces un voto fue tan disputado como cualquiera de estos tres zahareños de los que depende nada menos que el gobierno municipal.
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Ching-Chang será un cretino, de eso no cabe duda, como debe de serlo el pacifista anónimo que no se resistió a dejar constancia electoral de su opinión privada, pero más claro está todavía que a los jueces del TC les caído en las manos una patata ardiente que en el mejor de los casos tendrá que dejar en evidencia al TSJA (que falló doblemente a favor del PSOE pero en contra del PP) y en el indeseable peor de los supuestos tendrá que sentar el precedente de que votar con dos papeletas es legal o de que procede en derecho anularle a un ciudadano un voto que a otro idéntico pero de la acera de enfrente se le da por bueno. Un voto, en cada caso, suficiente para decidir una mayoría, un disputado voto cuyo enredo podrían haber evitado los ropones sin más que aplicar la ley asistida por el sentido común en lugar de adoptar una decisión tan extravagante como la adoptada habrá de resultarle a cualquiera que tenga ocasión de echarle la vista encima a las cuestionadas papeletas. Y un voto decisivo cuyo ejemplo debería grabarse a fuego en la memoria electoral para evitar vehemencias palurdas como esas que han llevado a un ciudadano a garrapatear su chuscada en la papeleta o a otro a aprovechar el viaje para remachar la estrategia de su partido. Ahí anda Zahara, de momento, partida por gala en dos, recelosa y desconfiada, descreyendo unos de una Justicia que verdaderamente ha actuado con tan escaso sentido, confiando los otros –mitad por mitad, por si fuera poco– en un fallo que confirme el disparate y deje las cosas como ahora están. Justo lo contrario de lo que se espera de una democracia y, por descontado, lo peor que puede ocurrirle a un pueblo. Ching-Chang será un cretino, ya digo, como lo debe de ser el pacifista entusiasta, pero sus ocurrencias deberían servir a los partidos para recordar que la pedagogía está entre sus obligaciones más perentorias, empezando por la extinción del fanatismo, esa cizaña cainita que amenazó siempre a los sistemas de libertades. Ahora toca decidir a los jueces, claro. Pero al día siguiente la reflexión cívica debería concernirnos a todos.