Elogio del harapo

Parece ya imparable la vertiginosa degradación indumentaria que estamos viviendo. Cierto que no dan abasto los alquileres de chaqués, tan frecuentes ya en los bodorrios, incluso en los de medio pelo. Lo mismo en la audiencia real que en la sesión parlamentaria, la competición por el adefesio resulta incontenible, lo que, en cierto modo, acaso no sea más que un “revival” sesentayochista. En una comisaría sevillana de las de entonces un policía identificaba a una activista universitaria peligrosa con un trazo realmente virtual: “Sí, hombre, –decía el agente a sus colegas–, es esa niña pija que hace poco se vistió de pobre…”. De pobre se visten hoy la adolescente y el diputado, el estudiante o el barbero, oficiando entre todos una confusa ceremonia cuyo alto valor simbólico puede que ignoren.

¿Cuántas de esas adolescentes (y hasta maduras) que pasean por ahí luciendo los rotos y remiendos de sus pantalones tendrá alguna conciencia de que con su gesto replican ingenuamente lo mismo al peregrino medieval cuando cambiaba su atuendo por la veste sagrada, que al adepto de la Gnosis que obedecía el precepto escolar consciente de que en la ropa reconocía y expresaba su verdadero yo? El genio de Carlyle ya nos avisó de que si los vestidos nos habían hecho hombres en el origen, no por eso dejaban de amenazarnos con convertirnos en maniquíes. En definitiva, si algo nos enseña la historia del vestido es que utilizarlo supone integrarse (donde sea) mientras que despojarse de él no es sino el signo inequívoco de la renuncia al grupo y, en consecuencia, la exaltada reivindicación de la individualidad.

Pero ¿a qué renuncian hoy –¡de nuevo!– nuestros harapientos, qué pretenden desgarrando sus “jeans”, claveteando con remaches metálicos sus bolsillos o pespunteando sus costuras? Puede que, sin saberlo, anden ilustrando la vieja intuición semiótica que veía en los harapos las heridas y cicatrices del alma, o puede que, simplemente, obedezcan ciegos al vehemente estímulo de la publicidad, ingenuos ignorantes de que lo único que pasa de moda en este mundo es la moda. Y sin embargo, uno suele ver en la boga del desaliño un efecto secundario de la abundancia, la hipnótica tentación de originalidad con que seduce a los pardillos la sociedad opulenta. Como las fantasías capilares, como la bárbara obsesión por el tatuaje, el viejo harapo reproduce, en plena postmodernidad, la broma de Diógenes, empeñado en probar la circularidad del tiempo, en demostrar la broma inaudita del eterno retorno.

La granada podrida

Sin cuestionar en absoluto la intención de la juez sustituta de Mercedes Alaya, es más que posible que muchos ciudadanos vean en su paciente deconstrucción de la investigación inicial (de los ERE, de los fondos de educación, de Invercaria o de los avales…) una estrategia patentemente desdramatizadora y, en consecuencia, simpática para los acusados del presunto saqueo. Es como si a la antigua granada se le fueran arrancando uno a uno los granos más sospechosos. Quizá por eso la Audiencia no ha dudado en reprocharle de nuevo a la instructora, a petición de la Fiscalía, un “tempo lento” que aplauden a dos manos los respectivos acusados, y ordenarle que haga lo que se negaba a hacer. En resumen, un tejemaneje demasiado complejo para los legos pero también demasiado dudoso para los propios jueces.

Otra yenka

Otra vez el paso atrás tras el paso adelante. La Junta exige ahora al Gobierno que paralice el inquietante proyecto de acercar el gas al Parque Nacional de Doñana que en su día apoyó con firmeza contra todos. ¿Por qué? Bueno, la política, ya saben: en aquel tiempo el ex-presidente González mandaba mucho en la marisma y no disimulaba su simpatía por el proyecto en cuestión. Hasta la dimisión de un Premio Príncipe de Asturias costó este pulso que ahora –invocando las razones de seguridad que antaño se ignoraban– se reactiva para abrir otro frente al Gobierno de la nación, que es de lo que se trata. La política, ya digo y los juegos de intereses. Hay quien opina que si aquel valedor supremo anduviera todavía por esos palacios, tal vez la Junta no bailaría esta yenka. ¡Cualquiera sabe!

¡Pobres funcionarios!

¡Otro baranda que se apunta al tiro al funcionario! Como ya hiciera la ex-consejera de Hacienda, Aguado, su colega de Empleo, Fernández, se escuda en que él no era “especialista” sino lego y, a pesar de ser licenciado en ellas, no entendía de leyes. Para soportar el peso de la responsabilidad ahí estaban los pobres funcionarios, ya que en las alturas –“de mi nivel para arriba”, declara— nadie conocía (sic) el contenido de esos informes que autorizaban el presunto saqueo. Él firmaba en barbecho, por lo visto, “los paquetones” (sic) que le entregaba su secretario general y no los leía “por innecesariedad” (el palabro es suyo, claro). No sé a qué esperan esos trabajadores públicos para levantar la voz ante este linchamiento, ni me explico por qué elegirán los políticos tanto lego para ocupar tan altos cargos.

Sol y sombras

El sol sale para todos, dice (aproximadamente) el evangelista, y lo recordábamos el Domingo de Ramos cuando se fue la lluvia y el pueblo en paz se echó a la calle actualizando una vez más sus tradiciones. Contrastaba esa imagen andaluza con los nubarrones catalanes y el espectáculo del acoso narco a la fuerza pública en La Línea, que forzó a los agentes incluso a disparar al aire.Y contrastaba también, sin duda, la función cordial de la paz civil con el rumor inútil de la pelea política, unos contra otros y todos contra uno. Habrá que estirar todo lo posible el día radiante con la esperanza de que, sobre el conflicto ruidoso, fragüe el consenso que se respira en la calle. No hay espectáculo como el del sol tras la borrasca. Y menos en el paisaje de la vida.

El trimestre breve

Tras la Pascua vendrá el trimestre breve. Poco tiempo esos tres meses para tantos problemas. Los dos grandes partidos rotos en crisis interna, el acuerdo de financiación autonómica pendiente, el juicio de los ERE en sesión continua, la batalla contra los narcos en plena ebullición, la calle revuelta por el clamor de los pensionistas y las protestas de los usuarios frente a la sanidad pública o el abuso de la fiscalidad regional…, son demasiadas cuerdas para un solo violín. Buena coyuntura para políticos con talento e imaginación, mala para los mediocres y cuestionados. Después vendrá el verano, la vacación y la diáspora masivas, y quién sabe si el roneo de las “primarias” y la convocatoria de elecciones. Hará falta exprimir el tiempo breve frente a tantos problemas pendientes. Dejar el barco al pairo, ¡una vez más!, no tendría perdón.