Agua de borrajas

“Yo desgranaré uno a uno los granos de esta Granada”, cuentan que dijo Isabel la Católica cuando alguien le insistió en la complejidad de aquella conquista. En el “caso ERE” da la impresión de que su nueva gestora judicial va desgranando también uno a uno los asuntos laboriosamente engarzados por su antecesora, la juez Alaya, lo que con muchas posibilidades puede conducir a lo que el gentío temía: que todo ese mangazo del siglo se quede, al final, en agua de borrajas. El último carpetazo ha sido el que concierne al “número 2” del PSOE de Griñán que dimitió por la vía rápida –¿por qué, pues?– cuando se conoció el negocio subvencional de la empresa cordobesa de su señora, sin que nadie en su partido dijera ni pío. Es más fácil devanar una madeja que liarla. A la vista está.

El INI del “Régimen”

No digo que no tuviera sentido en su día revisar, limitándolo, el sector público que utilizó el franquismo, el INI. Lo que no entiendo es por qué el “régimen” andaluz ha creado de nueva planta el suyo, esta vez encarnado en esas 133 “entidades instrumentales” –¡y tan “instrumentales”!— en que “coloca” a casi 35.000 “clientes” o gente de confianza, para entendernos, por un coste de 3.450 millones de euros anuales, y el próximo año 140 millones más. ¡Ni una sola autonomía española tiene tantos! Y ahora vemos, además, cómo la gigantesca oferta de plazas en la Administración son una engañifa electoralista, pues no serán sino el truco para consolidar de por vida a esos “no funcionarios” leales. Un “régimen” no es nada sin su “clientela”. El nuestro no iba a ser una excepción.

La España más pobre

De nuevo el Informe de Pobreza y Exclusión Social nos echa abajo los palos del sombrajo que sostiene el optimismo juntero. Andalucía es la comunidad española más pobre, percibe una renta por habitante escandalosamente inferior a las de otras autonomías, parece haberse habituado a una tasa de paro máxima en Europa, y extrema la desigualdad entre andaluces y respecto a los demás españoles. Está bien, por eso, que la Junta predique firmeza ante las circunstancias para evitar que, a fin de solventar el conflicto separatista, se desequilibre aún más el actual reparto. Pero, ojo, porque la financiación no es la única variable en esta ecuación: con el actual (e injusto) reparto de fondos hay otros que han progresado, no se olvide. Sin ceder en su propósito, la Junta debe explicar por qué.

Las hojas muertas

Raro otoño el que vivimos. Perdura el calor, el cobre de las hojas forcejea con el verde, se agostan aún más los regajos. España entera navega en la perplejidad, ofendida, medio quebrada –al parecer, sin remedio– pero atestada de turistas, eso sí, y con sus playas a rebosar. ¡El mundo al revés! Los sediciosos se pasean impunes ante el desconcierto de los contribuyentes, progresa la opinión de que el cisma catalán va para largo mientras el pleito de los EREs –hábilmente procesado entre bambalinas— se difumina sin prisa ni pausa, Andalucía se aferra a la cola de Europa y medio país se consume en llama viva. No es verdad que “cualquiera tiempo pasado/ fue mejor”, pero, sin duda, lo ha de parecer mientras las hojas muertas aplacen su imprescindible caída.

La marcha atrás

Que no funciona la autonomía –el “régimen”, claro— no admite discusión. Lean el duro pero brillante informe que hacía ayer aquí mismo A. R. Vega, escuchen junto a ello las opiniones del profesor Ferraro: seguimos en la cola de Europa, la renta ha retrocedido hasta el nivel de hace 15 años, nuestro paro es escandalosamente grave…, mientras hay otras comunidades españolas que han progresado bastante. ¿Por qué, que ha hecho y que ha dejado de hacer ese “régimen” que dura ya casi tanto como duró la Dictadura? Seguimos manga por hombro, sin un plan de desarrollo definido, manteniendo las viejas estructuras y cerrados a la innovación. Números cantan. Pero es hora de preguntarse por la razón de que Andalucía tenga que viajar impotente en el pelotón de los torpes.

La más alta censura

Son innumerables las anécdotas de la Censura ejercida por la pasada dictadura. Como filtraciones las hubo siempre, hasta en aquella dictadura ocurría que el papel tachado por el censor llegaba a manos de los afligidos autores. Pero hubo también casos memorables como el que paso a relatarles. Cuando en 1971 se cumplió el primer medio siglo del llamado “desastre de Annual”, me encargó la revista “Triunfo” uno de mis reportajes históricos sobre el terrible suceso –quizá más de 10.000 soldados españoles caídos, la inmensa mayoría campesinos pobres pillados a lazo– pero mi esfuerzo resultó vano tras ser prohibido por la autoridad. Dos años después, en el 73, décimo aniversario de la muerte de Abd-el-Krim, el director Ezcurra me pidió que repitiera mi intento, centrado esta vez en la figura memorable del genial estratega rifeño al que acabarían admirando, entre otros, como Ho-Chi-Minh o el Ché Guevara.

Haro Tecglen, que había servido en el Alto Comisariado y dirigido la radio oficial española (en la que él nos contaba que tuvo a sus órdenes a un hermano de nuestro personaje), y más tarde “La España de Tánger”– me advirtió enseguida que ése era un tema tabú dada la rencorosa obstinación de Franco contra aquel otro caudillo que en Annual había hecho morder el polvo a nuestras tropas, siendo él ya comandante de la I Bandera de la Legión bajo el mando del insensato general Silvestre. Y pronto lo comprobamos, pues a la tímida consulta de Ezcurra al ministro Sánchez Bella, éste respondió con la consiguiente amenaza de cierre del semanario, y ni siquiera la mediación de Villar Palasí –ministro de Educación y cuñado de Ezcurra– logró ablandar su censura. Abd-el-Krim era innombrable, por lo visto, y seguiría siéndolo mientras alentará el caudillo africanista que nos gobernaba.

Acaso no nos percatábamos de que de aquel “desastre” no nos separaba más que medio siglo mal contado y ése es, por lo visto, poco tiempo para que cicatrice una herida tan atroz. Habíamos leído”Imán”, la novela juvenil de Sender, en la que reconstruía el episodio recordando no sólo la crueldad inconcebible de los cabileños sino también el uso ominoso de gases vesicantes y neurotóxicos empleados por los colonizadores. Abd-el-Krim, el antaño “moro amigo”, el traductor que escribía en árabe en “El telegrama del Rif”, el que fundó aquella República del Rif casi tan efímera como la Puigdemont, y del que se dice que incluso intentó tardíamente pactar con Franco, no estaba tan lejos como creíamos los jóvenes, sino que seguía siendo, quién lo habría imaginado, una de las grandes obsesiones de nuestro Dictador.