Aquellos gorilas

El mandamás y amo de la mina de Riotinto no sube ya al pueblo ni rodeado de gorilas, como antiguamente. Anda ‘missing’, inencontrable, aunque deberá comparecer (¿o no?) el día de la Junta que el juez acabará fijando ya que él no lo hace. Ha estado a las maduras, ha vendido a la Junta, es decir, al IFA, (por un precio inconcebible, y pregúntense la razón) terrenos, y al mejor postor la maquinaria que nadie le impidió, ha toreado a los sindicatos y a los mineros para desaparecer al fin. Si tiene que hacer frente a la acción que interpondrán los trabajadores por delito societario, ya serán tres las presuntas cuentas pendientes con la Justicia, pero lo que no aparecerá nunca es la pasta. Éste hombre ha sido un protegido manifiesto del partido en el poder y de sus Administraciones. A los mineros no los ha protegido nadie desde el “año de los tiros”.

Familias peligrosas

El sistema penal norteamericano se ha negado a conceder la libertad condicional a Susan Atkins, la matriarca de la “familia Manson”, a pesar de padecer un tumor cerebral que hace prever un pronto desenlace. No ve motivos el sistema penal, como no lo ven las familias de las víctimas, para que aquella asesina diabólica –ella fue la que degolló a Sharon Tate en medio de la orgía—tenga ningún privilegio, ni siquiera tras cumplir cuarenta años de su cadena perpetua, estimando que una cosa es la discreta conmiseración que se le debe a todo penado y otra muy distinta la sensiblería. Aquí en España, la noticia coincide con las que nos llegan del País Vasco, donde la “familia De Juana” perpetra un claro alzamiento de bienes para burlar la indemnización que pesa sobre ese asesino en serie, y la “familia Aspiazu” repite la burla por el procedimiento de adquirir en subasta y a la baja la mitad del negocio embargado al criminal con el fin de deducir sus indemnizaciones. De Juana y Aspiazu vivirán, pues, junto a sus propias víctimas lo que, a mi juicio, constituye un alegato supino contra un sistema penal y penitenciario como el que padecemos, mientras los manguitos se deshacen en elegantes argumentaciones que conducen al absurdo a través del garantismo más imprevisor. En Francia o en Italia se pudren en la cárcel, a pesar de las vidriosas circunstancias judiciales en que se desarrollaron sus respectivos procesos, los asesinos de ‘Action Directe’ y los últimos alucinados de las ‘Brigadas Rojas’, sin que nadie preste oídos a las voces que, de vez en cuando, se levantan en su favor, en contra de una mayoría probada de la opinión pública. España es el paraíso del convicto siempre que éste no sea un infeliz.

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Situaciones como las aludidas han vuelto a reabrir el debate sobre la cadena perpetua y el cumplimiento íntegro de las penas impuestas por los tribunales, un debate que, en cualquier caso, de poco servirá ya para la legión de asesinos que campan por sus respetos sobre la sangre derramada al amparo de la propia Ley que violaron de manera tan brutal. Se dice y repite que a De Juana le ha salido por menos de un año cada vida arrebatada y se almidonan esos manguitos para manejar una interpretación ultraformal de la norma que resulta tan inobjetable desde la formalidad como insensata desde el sentido común. ¿Por qué la democracia española ha de derrapar por el lado libertario a las sólidas democracias occidentales, dando lugar a espectáculos tan esperpénticos como el que supone ver a esos atroces delincuentes manejar diestramente una Ley que hace años que debió reformarse? ¿Por qué los beneficios penitenciarios han de aplicarse al contumaz o al reincidente, qué extravagante pulsión nos empuja a mostrarnos buenos hasta la debilidad, permitiendo situaciones tan injustas como las que padecen las víctimas como consecuencia de tan exaltada lenidad? El debate, eso sí, será una pérdida de tiempo en tanto no se recurra a un método más expeditivo y democrático como podría ser, por ejemplo, un referéndum que descubriera el verdadero sentir de los españoles frente al establecimiento de fórmulas punitivas similares a las que rigen en casi todos los países sólidamente demócratas. Leo en la prensa americana que la firmeza mostrada por el sistema americano al mantener en prisión a la Atkins no es rigorismo sino coherencia, y pienso en cual sería la reacción de la inmensa mayoría de los españoles si se les anunciara un cambio legal por el cual esta insólita galería de malvados hubiera de permanecer a buen recaudo de por vida. Lo que no tiene sentido es que 3.000 años se queden en 17, que las familias burreen al Estado levantando impunemente los bienes del malhechor o que las víctimas hayan de cruzarse con él en la escalera. Esta democracia, implacable tantas veces con los débiles, ha resultado un coladero para estos malvados tratados con guante de seda.

Un derroche sin control

La Cámara de Cuentas, esa avispa sin aguijón, ha descubierto en Canal Sur –¡vaya sorpresa!—graves irregularidades contables y el hecho alarmante de que deba a corto plazo el equivalente al 70 por ciento de sus ingresos, hablando con claridad de “maquillaje financiero”, como si ésa no constituyera una imputación gravísima que en cualquier situación política medianamente democrática habría de tener consecuencias también graves además de inmediatas. Peor lo más gracioso es la petición de aclaraciones que,  como consecuencia, ha hecho el PP, prolongando una comedia que arruina las arcas de la autonomía mientras sostiene al “régimen” de Chaves, que es su auténtico cometido. El video comunitario más caro del mundo, sin duda, y el más implacable comisariado no van a entretenerse en sumar y restar con esmero, sino que bastante tienen con atender a diario las teleconsignas de la Presidencia. ¿No sería más decoroso que la Cámara disimulara y cerrara la boca?

Compañero Luciano

El sindicato UGT se ha liado la manta a la cabeza y, com o más vale una vez colorado que ciento amarillo, ha hecho pública una ardiente defensa del proyecto del Grupo Gallardo, el “amigo político” del “partido hermano”, al que bendice como el conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno, mientras en un manifiesto extremeño aparecen la firma de de multitud de personajes tan próximos al PSOE como el ,poeta Gamoneda o Rosa Regás, Juan Echanove o Eduardo Sotillos. Solo contra todos, el sindicato defiende un proyecto quizá catastrófico para el medio ambiente y cuyas ventajas para Huelva, más que enunciadas de manera genérica, sería bueno que evaluara cuantitativamente. El compañero Luciano se ha portado como se esperaba de él. Cualquier día lo vemos, como a tantos antecesores suyos, en un alto despacho con secretaria y coche oficial.

Bandidos anacrónicos

La última de ‘El Solitario’ ha sido declararse anarquista y reclamar el estatus de ‘bandido generoso’, doble gesto seguramente ingenuo, pero que encaja en la mitología rebelde que tradicionalmente ha sombreado el perfil de nuestros legendarios “out-siders”. Pretende ese tipo estrambótico que sus fechorías como brutal atracador sean contempladas a la luz velada del mito bandolero que convirtió al delincuente en rebelde en el marco floclórico de la vieja comunidad campesina, sin renunciar a las dos ideas clave de la ideología del bandido, a saber, el argumento de que actuaba sin salirse de su cultura de la ‘honra’, y el reconocido sofisma de que sus expolios no tenían otro fin que “la rebaja de caudales”, esto es, la corrección por la fuerza de las injusticias que desnivelan la vida, en beneficio de los estamentos inferiores de la sociedad. Casi al mismo tiempo era detenido en Alcaudete un ingenuo misántropo que, atenido al modelo del bandido troglodita, vivía refugiado en sus escondidas cuevas para robar de noche en las cortijadas, al amparo de las sombras, víveres  con que sobrevivir en soledad y alguna tele alimentada con baterías para redondear la paradoja y contemplar de lejos el mundo rechazado. Los mitos populares no desaparecen nunca del todo, sino que mantienen su esencia encapsulada en el subconsciente colectivo para escapar a la menor ocasión y renovar una leyenda que han conocido prácticamente todas las comunidades humanas desde que hay memoria. Tienen, sin embargo, su ‘tempo’, su clima histórico, fuera del cual se marchitan o, simplemente, quedan reducidos a su propia caricatura, ominosa como en el primero de nuestros ejemplos, triste, casi enternecedora, en el segundo de ellos, pero en ambos, anacrónica y, en consecuencia, inútil. No hay quien atraque el AVE en Sierra Morena ni quien deposite su esperanza en un malhechor de mayor o menor cuantía. Yo mismo estudié alguna vez cómo el bandolerismo romántico degenera hasta disolverse en al ácido irresistible de la modernidad.

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El bandidismo lo que se dice bandidismo no funciona hoy a caballo, perdido en el laberinto protector de las brañas serranas, ni sus héroes gastan trabuco y catite. La especie postmoderna del atraco funciona entre el blanqueo de dinero, la quiebra fraudulenta y el agio sistemático, es decir, dentro del Estado cuando no con su complicidad y entre los pliegues innúmeros de una ley que lleva incorporada la trampa. Ese ‘Solitario’ es un pringao y el pobre bandidito cordobés es un alma cándida, sin duda, si los comparamos con los escualos que cotizan buceando en la pecera de la Bolsa y, en lugar de socorrer viudas, sepultan miles de familias bajo sus enormes ruinas de papel mojado, o con los propios facinerosos que cabalgan sobre sus opas cuando no se acogen a sagrado bajo el propio Poder. Hoy el bandido viste en ‘prêt-à-porter’, cabalga de notaría en notaría y luce deudas, muy superiores a sus activos, inimaginables para aquellos artesanos del asalto o para estos majaretas, malvados o inofensivos, que tratan de revivir la imagen fósil del rebelde primitivo, como le llamaba Hosbawn. Por lo demás, nadie sabe dónde está el botín de Marbella, ni el de Estepona, ni el de Martinsa ni, por supuesto, el de Filesa, como no sabremos, probablemente, en qué paraísos se ocultan los que esta crisis acabará descubriendo bruscamente entre las enaguas de la banca y los miriñaques de la política. El anacronismo es un mal terminal, y el pegote del ‘Pocero’ compitiendo con el Rey de yate a yate, en nada se parece al ‘rumbo’ con que los míticos bandidos deslumbraban a los pardales irrumpiendo en sus bautizos y apadrinando sus zagales. Hoy el bandido no es generoso sino rapaz y no vivaquea en la sierra sino en los clubs financieros. Cuestión de modelos. Todos sabemos que las madres españolas querían en los buenos tiempos que sus hijos se parecieran lo más posible a Mario Conde.

Dos tazas

“¿No quieren caldo? ¡Dos tazas!”. La Junta, en concreto la consejería de Educación y su nueva titular, Teresa Jiménez, parecen aplicarle a la comunidad docente ese viejo refrán castizo a propósito de la oferta de dinero a cambio de buenas notas, que los profes califican de “soborno” y, desde luego, si no lo fuera, se parece mucho a eso. La sucesora de doña Cándida se propone superar a aquella plaga, pro lo visto, de manera que va a modificar la polémica norma para “rebajar” los criterios todavía más, a ver si de una vez nos quitamos ese sambenito de ser la peor autonomía en materia educativa. Un disparate, por supuesto, pero la Junta sabe bien que, aunque desmoralizador e injusto, esa medida “flexibilizadora” contará con muchas insensatas simpatías familiares y juveniles. El voto es el voto y la imagen, la imagen, a ver qué quieren. Que la ‘basca’ vaya de mal en peor bien vale un apoyo que en las próximas elecciones puede que haga más falta que nunca.