Fin de trayecto

Se acabó. La Junta ha accedido, por fin, inscribir en la Junta de Compensación el Ensanche Sur de la ciudad, que venía negándole desde el año 2005. Vía libre, pues, para que el Ayuntamiento boicoteada de tan mala manera acometa ahora el mayor proyecto que verá la capital en el primer cuarto del siglo presente, un proyecto que, en muchos aspectos y por muchas razones, marcará un antes y un después en el urbanismo onubense. Si no fuera porque bien está lo que bien acaba, habría que preguntarle a Chaves y a su partido (sobre todo al local) que ha ganado perjudicando a Huelva al retrasarle la obra –como ya hiciera con el replanteamiento de Isla Chica—para, finalmente, tener que entregar la cuchara. Pero, en fin, se acabó. Guste o pese con esta decisiva transformación de la ciudad al proyecto municipal que presiden Pedro Rodríguez habrá que reservarle un lugar destacado en la crónica local.

El gran atasco

La huelga de transporte amenaza con paralizar la vida como un infarto masivo paraliza un cuerpo. Es la sombra de Jimmy Hoffa combatiendo a los Kennedy con sus camioneros, la de los conspiradores chilenos precipitando la caída de Allende. Sólo que ahora ya, en el ámbito de lo global, con Europa convertida en un único pañuelo a efectos económicos, los efectos pueden ser más graves y profundos. Asómense a ‘Fauchon’ parisino o al ‘Viktualienmarkt’ muniqués y verán de cerca la interrelación que supone la oferta global: melocotones de Chile, naranjas de Marruecos, fresas españolas, jengibre chino, nueces yanquis… La globalización implica y depende de un sistema rápido y garantizado de comunicaciones en un mundo mucho más rico pero también mucho más frágil. Un apagón paraliza Nueva York, un paro de pilotos tritura el planeta, la huelga de transportes hace encallar sin remedio a la ciudad alegre y confiada: es la famosa vulnerabilidad de la sociedad compleja, tan fuerte, pero basada en la interdependencia radical, en el requisito de la reciprocidad. Ahora bien, ¿se le puede pedir a un sector que trabaje en pérdidas? Pues no parece lógico, y la verdad es que el Gobierno ha tenido tiempo sobrado (y no hablemos de información privilegiada) para haber previsto la escalada imparable del precio del crudo que ha doblado el precio del gasoil, un precio, por otra parte, que no es simple, sino compuesto, y en el que la parte del león se la lleva el propio Gobierno con sus pingües impuestos. ¿Estaría ese gran exactor dispuesto a renunciar a su gabela para aliviar siquiera la suerte de esos huelguistas? No parece verosímil, en especial si se considera que los destemplados gastos derivados de las ocurrencias electoralistas han reducido ya a la mitad el superávit y vaciado la bolsa pública. La situación puede llegar a ser, en consecuencia, no poco dramática, empezando por el desabastecimiento, cuyos primeros efectos se prevén para mañana miércoles a pesar de la previsión del comercio. El telediario tiene, probablemente, tema para rato.

 

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 Otra gran lección, en definitiva, para demostrar los riesgos insostenibles de esta dependencia radical de las fuentes de energía que comportan las sociedades altamente desarrolladas cuya estabilidad parece garantizada en proporción inversa a su éxito social. Lo que no supone apostar por la sociedad primitiva, por la subsistencia agraria o la autosuficiencia primordial, sino avisar sobre el hecho incontrovertible que un modelo de vida globalizado requiere un grado de previsión adecuado a su complejidad. La imagen de un país atascado en su red de carreteras, con sus ciudades aisladas y sus tiendas vacías resulta difícilmente superable como ilustración de la anterior hipótesis, más allá de las racionalizaciones que desde cada orilla del conflicto quieran hacerse. El Estado no debe intervenir –lagarto, lagarto–, el Gobierno debe mantenerse hierático en lo posible, contemplando el laberinto sin alargar la mano, vale, pero ya me dirán qué hacer si la escasa inversión de las eléctricas condena estacionalmente a la precariedad a las zonas turísticas, si el personal aéreo decide plantear sus exigencias en fechas cruciales del calendario, si hay policías locales que se dan masivamente de baja por depresión o si los transportistas deciden, no solamente no abastecer los mercados, sino interrumpir el tráfico colectivo. Todo lo cual parece paradójico referido a un ejecutivo que se proclama ‘socialista’, por supuesto, pero incluso dejando a un lado esta paradoja elocuente, vamos a ver qué discurren nuestros adánicos gobernantes para resolver el gran atasco. De momento, anunciar medidas para mediados de la semana próxima sugiere que no tienen ni idea de qué hacer. Un Jimmy Hoffa no tendría para empezar con estas burocracias ocurrentes.

El modelo búlgaro

El PSOE andaluz no se conforma casi con la mayoría “a la búlgara” sino que busca y consigue la unanimidad en torno a Chaves, es decir, las ocho provincias rendidas ante el “aparato” aparcando sus diferencias y hasta sus cismas para mantener en el Congreso Federal, que es lo que importa, la supremacía que le da su propia magnitud. Una sola voz, un solo voto, porque “el jefe siempre lleva razón”, como decían otros, aunque respetando el lucido paripé del “intenso debate” y la integración final. Hablamos del 95, del 97 por ciento de los votos, como si eso fuera posible en la práctica, como si no fuera un secreto a voces que hay disensiones irreconciliables en varias provincias. Todo está atado y bien atado por el interés, y ése es un “mérito” que no puede discutírsele a Chaves y su pretorio que han logrado reducir al silencio y a la obediencia al partido regional. Donde hay mucho que repartir no suele haber problema. Si hiciera falta una prueba de eso, ahí la tienen.

Un mal ambiente

Tremendas las estadísticas de la Guardia Civil sobre los delitos perpetrados en 2007. Grave aumento de los delitos contra la libertad sexual, preocupante disparo de los de violencia doméstica o malos tratos en el ámbito familiar, grave incremento de los relativos al tráfico de drogas. Como informaba ayer El Mundo Huelva Noticias, “fue un año negro” para Huelva y su provincia, en el que proliferaron homicidios y asesinatos, hurtos y robos con violencia e intimidación, delitos contra el patrimonio. Algo falla, pues, en la convivencia, algo no va tan bien como quiere el optimismo oficialista y, en todo, caso, falla gravemente la prevención de la delincuencia en base, sobre todo, a la falta de medios humanos y materiales. El Gobierno y sus delegatas deben una explicación pero resulta evidente que , más que nada, deben una solución.

Un viernes negro

El viernes pasado ha sido, según el alarmismo mediático, un “viernes negro”. Un simple dato –el aumento del paro en Estados Unidos– ha desatado la tormenta tal como Edward Lorenz, repitiendo al pie de la letra el proverbio oriental, imaginó el huracán provocado por el aleteo de la mariposa lejana. Sube el paro en los EEUU y rebota en las Bolsas de todo el planeta haciendo caer un 3 por ciento a Wall Street y dándole un buen palo al Ibex hasta arrastrarlo bajo los 13.000 puntos fatídicos. Sin solución de continuidad, el precio de las hipotecas, el Euríbor famoso,  ha alcanzado un máximo histórico situando en los 700 euros anuales el aumento de la hipoteca española media. La metáfora urgente de las “turbulencias pasajeras” le han salido a Solbes por la culata por no hablar de las profecías gubernamentales que anunciaban para estas fechas, más o menos, el enderezamiento de una “desaceleración moderada” en cuyo marco la inflación debería haber tocado ya techo. Pero hubo más. El dólar se humilló de nuevo ante el euro y esa humillación, al forzar a la baja el precio de las materias primas, hizo automáticamente subir la demanda de crudo, con lo que el barril de Brent alcanzó otro máximo en los 38 dólares, es decir, subiendo once dólares en unas sola jornada, lo que envalentonó al nuevo presidente ruso para culpar de la crisis a los EEUU y denunciar la falta de correspondencia entre el papel jugado por esa potencia en el mundo y su capacidad real, al paso que nombraba temerariamente la bicha al evocar la Gran Depresión. Ya tenemos al viejo fantasma paseándose por la Red, incluyendo la imagen del arruinado cayendo a plomo desde el ventanal de su despacho o la del millonario reciclado como taxista. Un “viernes negro” da para mucho, como ven, aunque la discreción siga aconsejando no perder los nervios a pesar de la huelga de transportes y el anunciado desabastecimiento de los mercados. No debe de ser para tanto cuando, antier mismo, el secretario de UGT se entretenía en echar leña al fuego en el fogón polémico de la “Educación para la Ciudadanía”. Vamos, digo yo.

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Lo del “efecto mariposa” –entrevisto por la ciencia-ficción antes que por nadie—es cada día más verosímil, al menos si no se saca la hipótesis del ámbito de la caología, que es el suyo genuino, para trivializarla como metáfora periodística, o lo que es lo mismo, si no tomamos por una ocurrencia lo que, al menos desde Edward Lorenz, no es sino una consecuencia lógica del funcionamiento de los ‘sistemas complejos’, aparte de que tan cierto es que la realidad es algo demasiado serio para dejarlo en manos mediáticas como que la economía es algo demasiado complejo para encomendarlo al inevitable simplismo de los economistas y de los políticos. Miren atrás desde este “viernes negro” y verán a nuestra plana mayor vaticinando, en plan ansiolítico, la brevedad de la mala coyuntura, y al propio responsable máximo –haciendo buena la máxima  del doctor Jonhson sobre el patriotismo—negándole ese honor y derecho a los críticos, así como a los ministros poner fecha tope a la inflación. Pero miren adelante y advertirán el nerviosismo que agranda las colas de amas de casa en los supermercados, el torbellino de hipotecados en los patios de los bancos, el baile de malditos de los pequeños accionistas y la expresión desesperada de los arrastrados por el tifón que van a movilizar la mariposa gigante metiendo no sé cuántos miles de camiones en las calles de Madrid a ver si su aleteo llega cuando menos a La Moncloa. Para nosotros, en cualquier caso, el “viernes negro” ha servido más para descubrir el cinismo de la política que la índole lógico-matemática de esa concatenación de causas sólo explicable desde la teoría del caos. Tranquilos, de todas formas, que peor estarán los otros europeos. A los españoles nos pilla por lo menos con los 400 euros al alcance de la uña.

Cargos, no debates

Paradigmático el desarrollo del congreso del PA, significativo su desconcierto, manifiesta la “ausencia del padre” (múltiple, si quieren), de lo más ilustrativa la actitud de los contendientes en su pulso por el reparto de puestos en la futura ejecutiva y su desdén por el imprescindible debate, mejor o peor propuesto. ¡Nada de debates, cargos, que es lo que importa! Y eso en un partido que no ha sido capaz de cuajar ideológicamente en tantos años y que, en su actual desbandada, está proclamando la necesidad de definirse seriamente, establecer su identidad y concretar sus objetivos. Ojalá todo vaya bien y pronto estén de vuelta en la política autonómica los defenestrados andalucistas, pero es de temer que estas actitudes no ayuden a ese deseable propósito sino todo lo contrario.