Cambios de marcha

Si la crisis está demostrando que la derecha no tiene nada claro el modelo en cuanto el viento deja de soplar de popa, hay que reconocer que no es menor, ni mucho menos, el despiste colosal de la izquierda. En París, el viejo Alain Krivine y Olivier Besancenot acaban de proponer –en “petit comité”, ésa es la verdad—la liquidación de la Liga Comunista Revolucionaria por sustituirla por un partido radical anticapitalista, todavía sin nombre, pero que se postula de entrada como el instrumento de “una izquierda de combate, anticapitalista, internacionalista, antirracista, ecologista, feminista y rebelde frente a todas las discriminaciones” habidas y por haber. En Cuba, por el contrario,  Raúl Castro, el hermanísimo, parece como caído del guindo predicando ahora, así, de golpe y porrazo, que el “socialismo significa igualdad de derechos pero no igualdad de ingresos”, razón por la cual se propone darle a la moviola y devolver a los campesinos la tierra arrebatada con la condición de que produzcan, aparte de otras medidas entre las que destaca una curiosa jubilación “de género” que regala a las mujeres cinco años de anticipación. Aquí en España, ZP predica el consumo como receta máxima, es decir, claudica ante la lógica de un mercado cuyas leyes se demuestran, una y otra vez, por encima de los sueños, y habla del gasto social como si fuera una panacea no sujeta a la contabilidad implacable sino un simple efecto de la voluntad. Un lío. Por no hablar de las dudas de la “tercera vía” británica o la paradoja china de un comunismo capitalista que hace crecer la economía por encima del 10 por ciento al tiempo que mantiene muchedumbres hambrientas y tolera talleres clandestinos dedicados al cambalache con el mundo capitalista clásico, que ya no es el único verdadero, como pueden ver. Por un lado, pues, ya ven el desconcierto de un conservatismo que da mil explicaciones pero ninguna solución a la debacle que se nos ha echado encima. Por otro, ya ven que nadie sabe en qué coños consiste esa “ izquierda del siglo XXI” con la que a todos se les llena la boca para acabar escupiendo alguna majadería. Puede que lo que esté en crisis sea la propia idea de la competición democrática. Lo que no sé es si nos dará tiempo a comprobarlo.

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Un guasista recuerda en Internet la antigua broma de que el socialismo es el camino más largo y tortuoso para arribar de nuevo al capitalismo de partida. Y tristemente no le falta razón para la broma, a poco que nos preguntemos para qué ha servido el inmenso sacrificio cubano, pero es igualmente cierto que podríamos poner aquí, uno tras otro, cuarenta aforismos más o menos similares para descalificar a una alternativa capitalista que no sabe por donde tirar, atrapada (la expresión es de “uno de los suyos”, no mía) entre el hielo de la crisis y el fuego de la inflación. Manuel Lagares nos ha contado en las “Charlas” onubenses que hay chiringuitos financieros yanquis que poseen fortunas que rondan los cinco billones de dólares, es decir, más o menos cuatro veces el presupuesto español, preguntándose y preguntándonos qué ocurrirá si alguno de tales gigantes quiebra por sus pies de barro. En España, mismamente, la izquierda –verde, rosa, violeta y demás—es ahora ampliación del aborto, asistencia al suicidio, lenguaje ‘de género’ y todo eso, es decir, todo menos lo que la izquierda es por definición, incluso si en Cuba, el último baluarte para algunos, se vuelve la mirada al viejo modelo de la meritocracia y la eficiencia productivista. Lo del aleteo de la mariposa no sé si será cierto, pero la cascada de fracasos que recorre el mundo, como el antiguo fantasma, frente al despiste supino de los reformismos, parece sugerirnos que la condición imprevisible de la realidad convierte la ideología en un juego inútil. ZP se entiende divinamente con Botín pero los Greenspan y compañía no saben qué hacer con la debacle financiera que nos trae arrastrando el ala. No les digo más.

El ruido del silencio

Muchas cábalas sobre el silencio glacial con que cuentan que fue acogido en el congreso del PSOE el ofrecimiento de Chaves de volverse a presentar en las elecciones del 2012. Quizá los jóvenes se impacientan ante la evidencia de que, tras y bajo el cambio generacional, en Andalucía, todas y cada una de las grandes responsabilidades siguen estando en manos de los viejos, vamos, de los que llevan cuando menos un cuarto de siglo partiendo y repartiendo. ¿O será acaso que también a Chaves le ha llegado ya su hora, como a los demás barones sin excepción, y ZP anda ya moviéndole la silla pesando en su relevo? Al fin y al cabo, Chaves fue quien organizó la trinchera contra ZP cuando fue elegido en el partido. De momento, no lo sabemos, aunque ese silencio estruendoso resulte más elocuente que cualquier ruido.

Huelva va menos que regular

El informe de Unicaja es contundente: Huelva es la provincia andaluza que menos ha crecido durante el primer trimestre, pasando de una tasa del 4’3 por ciento del año pasado a un 2’1 por ciento, que nos deja a dos décimas de la zona de recesión. Es también una de las tres primeras en paro con un 15’4 por ciento en lugar del 14 del año anterior. Sólo el turismo registra una subida de viajeros esperanzadora, pero más evidente es que Huelva no va bien ni regular sino más bien mal, al margen del triunfalismo oficialista y de los cambalaches de cifras. Y lo malo es bajar cuando ya se está en posiciones bajas, que es nuestro caso, en contraste con las potencialidades que todo el mundo está de acuerdo en conceder a la provincia. No cabe duda de que alguien está jugando mal sus cartas. Lo malo es que son las nuestras.

Clases de víctimas

Tengo entendido que en la agenda de Ingrid Betancourt figuran doscientas peticiones de entrevista. Todo el planeta quiere saber los detalles de su cautiverio, conocer de primera mano el dolor de la secuestrada, tal vez sin descartar el morbo de ese eventual divorcio de su segundo marido que se insinúa en algunos medios. Lo comprendo. Yo también, como cualquier lector, seguro, he llevado sobre mi conciencia la odisea lamentable de esta mujer sin duda fuerte, a juzgar por la imagen contundente con la que salido de sus prisiones en la selva, tan distinta –todo hay que decirlo—de aquella otra, tan difundida, en que se la veía más acorde con la anunciada enfermedad grave que los médicos no encuentran ahora por ninguna parte. En todo caso, sospecho que empieza a cundir un cierto hartazgo ante la omnipresente figura de la liberada y el mimo con que es tratada por la inmensa mayoría, sobre todo si se compara con la efímera actualidad que esa misma mayoría le concede a otras víctimas, qué se yo, a las rescatadas antier de la “patera de los bebés”, a esos muertos de frío y de hambre, a esos nueve niños arrojados al mar por sus propias madres. Hay víctimas y víctimas, eso no cabe discutirlo, y el ‘consumidor’ –el de las noticias es un mercado como otro cualquiera—establece sus preferencias sin consultar más que a su instinto y quizá a su arbitrio, de manera que, ya podemos decir misa los críticos y sensibles, sus preferencias establecen el valor de la víctima-mercancía y a otra cosa. Se vende incomparablemente más Ingrid Betancourt que la madre sin nombre que aparece en las portadas con el chupete de su hijo perdido todavía en la mano, como rebelde ante la evidencia de su tragedia, y ni que decir tiene, infinitamente más que los desaparecidos sin dejar siquiera rastro en el cementerio marino, porque, en Occidente, lo que no es visualizable –lo decía Heisenberg, ojo–  no se comprende ni hay modo de que nos entre en la cabeza, cuando más que permanezca. De verdad, empiezo a estar un poco hasta la coronilla del show de la desgraciada pero glamourosa dama de la selva.

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No me entiendan mal. Ingrid Betancourt –igual que sus compañeros, a los que ni se menciona—son víctimas con todas las de la ley que merecen, en consecuencia, nuestra conmiseración y nuestro mayor respeto. No me estoy refiriendo tanto tanto, como  a los medios y al público, a este entramado mediático que es la naturaleza última de nuestras sociedades contemporáneas, y que ha de adaptarse a las leyes del consumo de noticias lo mismo que al de cebollas, es decir, obedeciendo a la demanda que, a su vez, encuentra en su subjetividad la única legitimación necesaria. ¡No vamos a estar hablando días y días de una madre desesperada con un chupete entre los dedos de la nostalgia, como comprenderán, teniendo a mano a una alta dama pasada por la leyenda, elegante, políglota y que se sabe al dedillo el papel que de ella se espera! O sea, quiero decir, que me parece que lo lógico sería que una tragedia tan inconmensurable como la que ha acontecido frente a la costa de Almería se superpusiera en la crónica sentimental de la Humanidad a la imagen, también trágica pero con final feliz, de esa víctima convertida en estrella a la que ya incluso se ha comparado (físicamente, se entiende) con Carla Bruni… No es que haya tragedia peores y mejores, a ver si me explico, sino que las hay mediáticas y no mediáticas, vendibles por su atractivo singular y no vendibles por su carácter desgraciadamente genérico. Y la industria, como la opinión, funcionan a bajas temperaturas cordiales, porque vayan ustedes a saber qué sería de ellas en caso contrario. Lo de Ingrid Betancourt ha sido para montar el pollo, conformes. De lo que algunos empezamos a estar hartos es de la pepitoria que están haciendo en él.

Antología prevacacional

“Javier Arenas es un matón de discoteca”, Luis Pizarro, secretario de Organización del PSOE-A. “¡Qué poca vergüenza”! (tiene Arenas), Manuel Gracia, portavoz del PSOE. “Se teme (en Estepona) el acuerdo del PSOE con los ediles imputados y expulsados temporalmente para conseguir un nuevo alcalde a cambio de prebendas”, Joaquín  Ramírez, presidente del PP de Málaga. “Canal Sur han  convertido los informativos en el NO-Do de Manuel Chaves”, José Luis Rodríguez, portavoz del PP. “Blas Infante es una de las referencias del partido más andalucista de Andalucía”, fuentes del congreso regional del PSOE. “En el Parlamento Europeo andan cortitos de vergüenza”, José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz. “Ningún paciente supera hoy los plazos de operaciones, consultas y pruebas”, María Jesús Montero, consejera de Salud. “No vamos a hacer en la autocomplacencia para no morir de éxito”, Luis Pizarro, secretario Organización del PSOE-A.

Ni 3, ni2, ni 1

Nada de los puentes. Corre el 2008 y no es que se le haya metido mano a los tres puentes sobre el Odiel que Chaves prometió de boquilla en campaña, sino que la consejera del ramo asegura, a estas alturas, no tener ni idea del tema porque los papeles están en Madrid. Ni puentes, ni AVE, ni Estación, ni aeropuerto, ni Ciudad de la Justicia ni cristo que lo fundó: una cosa es lo que se dice en campaña y otra la realidad de la verdad de la vida. Tampoco sabe Castillo gran cosa sobre el oleoducto, que dadas las circunstancias, parece obra con riesgo más próximo, ni parece que tenga respuesta a la denuncia reiterada sobre al especial mortalidad onubense que los expertos atribuyen al medio ambiente. Lo que sí hay son atascos. De esos puede tener noticia la consejera cualquier fin de semana en cualquier acceso a nuestra costa.