Huelva va mal

La noticia no es sólo que la Audiencia reclame un Juzgado de lo Mercantil, hasta ahora innecesario en la capital dado el número de asunto tramitados pero en este momento necesidad acuciante en función del ritmo disparado que llevan las suspensiones de pago que se han multiplicado por cinco en lo que va de año. Cae el empleo en términos alarmantes (el 14 por ciento en el primer trimestre) y los datos facilitados por le EPA, es decir, por el propio ministerio de Trabajo, no son más optimistas ni mucho menos. Y lo malo es que no se conoce la menor reacción : ni del Gobierno, ni de la Junta, ni de la Diputación. ¿Antipatriota? Lo que es antipatriotismo es negar la catástrofe que se nos ha venido encima o no hacer nada para enfrentarnos a ella.

Las buenas palabras

Es un secreto a voces en la prensa económica y en la política que el Gobierno argentino maquilla la estadística para reducir la inflación. La realmente existente va disparada, al parecer, superando las previsiones que la situaban sobre el 20 por ciento para hablarse ya de un 30, y subiendo. Los argentinos están hechos a esa vaina, por supuesto, y tienen experiencias como la que llamaron la “hiperinflación” de finales de los años 80, cuando los taxis llevaban sus tarifas actualizadas cada día y hasta debían consultar por teléfono a la central el cambio del dólar antes de cobrarte la carrera, y el país estaba prácticamente en almoneda para deleite de turistas y desesperación de nativos. Esta vez, sin embargo, quizá por el soponcio mayúsculo que supuso el “corralito”, hay una novedad y es que del tema no se habla, o mejor dicho, rige la prohibición rigurosa de no mentar la bicha. Los argentinos tienen esas manías –no pronuncian jamás la palabra culo, por ejemplo, desde hace una temporada larga—pero, en esta ocasión, son los propios funcionarios quienes tienen expresamente prohibido hablar de “inflación”, debiendo en todo caso sustituir la evidencia de sus efectos por el eufemismo “reacomodamiento de precios”. ¿Les recuerda algo la situación? Pues aunque así sea, hay que reconocer que aquí, al menos, la mentira gubernamental es sólo formal, puesto que, al menos de momento, los datos para calcular los índices efectivos se siguen ofreciendo más o menos intactos desde los organismos oficiales, mientras que en Argentina nadie se toma en serio los que facilita el INDEC, siempre muy inferiores a los que llegan desde el FMI y demás observatorios neutrales. Negar la realidad, camuflarla para que no se vea, es recurso universal que la vida pública aprendió tal vez de la privada, pero que ni un caso ni en el otro sirve para gran cosa. En aquellos lejanos años que cité se veían en los escaparates de los bancos ofertas de réditos del 1.000 por cien anual y mayores aún. Ahora la cosa no llega a tanto pero no sé si todo se andará porque ya se pagan los plazos fijos al 17 por ciento en pesos y manteniendo congelado el dólar. No escarmientan. En ese país pasan una y otra vez, sin solución de continuidad, de la ingeniería financiera a traumatología.

                                                                   xxxxx

Lo de “reacomodación de precios” viene a ser allá lo que la “desaceleración” ha significado aquí, lo mismo que supuso llamar “cesión temporal de agua” o “transferencia” al trasvase puro y duro del caudal del Ebro a Cataluña, igual que ahora se habla asépticamente de “interrupción voluntaria del embarazo” en lugar de decir aborto provocado, “daños colaterales” en vez de víctimas civiles o “limpieza étnica” por genocidio. Vivimos el apogeo del eufemismo, la gran boga del camuflaje verbal, en que se asienta cómodamente la mentira política abullonada sobre otros muchos camelos que desnaturalizan la realidad, cada cual con su cuenta y razón. Cuando España era aún una nación de subsistencia agraria se ocultaba la frecuentísima y letal tuberculosis diciendo vagamente que la víctima estaba “enferma” o se negaba la invasión del piojo verde con la triste metáfora de que el invadido tenía “miseria”. Por eso digo que puede que el eufemismo sea, en realidad, un recurso privado del que el Poder ha sabido beneficiarse aprovechando que el hombre es un primate convencional gravemente preocupado, por lo común, en ocultar sus lacras o emperifollarlas con el aderezo que le brinda un idioma tan dócil como versátil. Lo que no impide que la realidad acabe imponiendo su fuero y más tarde o más temprano haya que pasar de sugerir la “desaceleración” a reconocer que padecemos “la crisis más compleja que hayamos vivido nunca”. Podemos hablar de “desempleados”, pero en la cola del INEM, por desgracia, cada vez habrá más “parados” de carne y hueso. Eso lo saben hasta en Argentina.

www.jagm.net

La verdad prohibida

Al nuevo alcalde de Estepona –el mismo que había denunciado los hechos al propio PSOE y a la autoridad, el mismo que también se doblegó luego a la disciplina de Chaves—lo maltratan ahora sus compañeros de partido considerándolo un chivato. No un denunciador de corruptos, que es lo que cree ser y los jueces avalan, sino un francotirador imprudente que ha echado a rodar una bola que ya veremos a quien acaba atropellando en su carrera. Los partidos no quieren transparencia, vale, pero en este caso el PSOE de Chaves no la quiere no antes ni después de que la Justicia haya entrado en su Ayuntamiento como caballo en cacharrería, descalabrando a unos presuntos corruptos que tal vez no actuaban solos ni por su cuenta. De otro modo no se explica que a los denunciadores del saqueo les hayan puesto la proa en lugar de condecorarlos.

Pura lógica

El nuevo secretario del PSOE, el autodidacta Jiménez, se ha descolgado con un peligroso concepto del éxito partidista. Dice, en efecto, que “el éxito del proyecto socialista en esta provincia radica en que hemos sabido anticiparnos a las preocupaciones de los ciudadanos y trasladar un mensaje de confianza hacia el futuro”, lo que, ‘sensu contrario’, equivale a decir que, en la capital, en Lepe, en La Palma, en Moguer y en tantos otros pueblos, el PSOE de Barrero y él mismo no habría sido capaz de “anticiparse a las preocupaciones de los ciudadanos ni de trasmitir un mensaje de confianza hacia el futuro”. Pura lógica. Conviene que pararse un momento antes de largar esos topicazos que rebotan sobre el que los larga, a poco que se descuide uno, como un auténtico ‘boomerang’.

La autoridad perdida

Una de las obsesiones generacionales de la Transición fue liquidar las instituciones y figuras jurídicas en que se había apoyado para ejercer su dominio la larga Dictadura. Las jurisdicciones especiales, por ejemplo, le parecían al progresismo, con toda razón, claros abusos e instrumentos represores del Poder, con independencia de que los mismos que lograron en buenahora su liquidación idearan enseguida otras distintas pero basadas en el mismo principio. También obsesionaba mucho por entonces el desacato como figura política que se prestaba a reforzar casi ilimitadamente el arbitrio de los tribunales que, hay que decirlo todo, se mostraban exigentes al máximo a la hora de aplicarlo. Por eso se decidió eliminar del Código ese delito abriendo la puerta a un creciente desmadre que ni los magistrados más enérgicos y de personalidad más acusada son ya capaces de contener. En los últimos tiempos, el telediario ha venido dejándonos atónitos ante esos etarras (Txapote, Bilbao, De Juana y demás) que, desde su celda acristalada injuriaban a los jueces desafiándolos en términos insoportables al tiempo que increpándolos con las injurias más escogidas. ¿Recuerdan al primero de esos delincuentes asegurándole al juez que acertaría en su cabeza con un balazo o llamándole enano borracho, fascista de mierda y cabrón al juez Guevara? Amenazar a un juez en plena audiencia con “pegarle siete tiros” no será ya ninguna novedad en este territorio sin ley en que se han convertido, las salas de Justicia, como no lo será escuchar a un asesino implacable como el ‘Solitario’ rechiflarse del tribunal soltándole, en su alegato final, una presunta soflama en árabe. En una Audiencia sevillana un villano de menor cuantía respondió a la discreta reconvención del juez, invitándole a practicarle una felación, y ustedes disculpen el eufemismo, barbaridad ante la que el invitado no pudo hacer otra cosa que denunciar la agresión ante el compañero de guardia. Son las consecuencias de clasificar los delitos, como cualquier otra realidad social, en función  de sus supuestas naturalezas políticas olvidando que las instituciones no son más que lo que los hombres deciden que sean.

                                                                   xxxxx

Tengo entendido que el Consejo General del Poder Judicial anda pensando en solicitar al Gobierno que restaure aquella figura abducida en el vórtice emocional que supuso el paso desde la autarquía  a la democracia, de forma que el desacato vuelva a ser lo que era desde los romanos, a saber, la imprescindible defensa de los órganos judiciales frente a la violencia de los justiciables, hoy a los pies de los caballos. Aunque, claro está, esa cuerda providencia llega tarde, a mi entender, en la medida en que el desacato a la Justicia no es hoy más que un caso particular del generalizado desprecio a la autoridad de todo tipo que progresa en este modelo de vida desde el seno de la familia a las Administraciones pasando por la escuela. Bien miradas las cosas, la verdad es que sería una rareza que un delincuente ‘educado’ desde la infancia en la anomia más absoluta respetara a un juez en un momento dado, habituado tal vez a agredir a su maestro o incluso a maltratar a sus padres, como es ya desgraciadamente frecuente en nuestro país. Daremos, pues, en el mejor de los casos, marcha atrás, simplemente para volver donde estábamos, pero me parece bastante inverosímil que un artículo reciclado en el Código Penal sirva para gran cosa en una sociedad en la que la “auctoritas” ha desaparecido en la práctica hasta en las instancias más elevadas. Hace poco se ha decidido, al fin, conferir la consideración de ‘funcionario’ a los sanitarios y docentes agredidos (uno de cada tres, según parece) con el fin de considerar como delito de atentado las frecuentes vejaciones a que se ven sometidos. La próxima vez, aquella invitación a la ‘felatio’ no le saldrá al malevo deslenguado enteramente gratis. Algo es algo.

La guerra incivil

Esa máquina de insultar que es Luis Pizarro, vicesecretario del PSOE-A y manijero de confianza de Chaves, se ha superado a sí misma sugiriendo, en la línea más botarate del otro “revisionismo” de la Guerra Civil, que el asesinato de Blas Infante concierne al actual Partido Popular. Una insensatez despreciable, no solamente porque carecen absolutamente de sentido atribuciones de esa naturaleza, sino porque podría acarrear que rebotaran como un boomerang para dar en la propia cabeza de la actual izquierda democrática, muchos de cuyos padres y abuelos participaron de aquella locura. Chaves debería evitar esos abusos locos, no sea que empiece a circular la documentación acreditativa que iba a dejar a más de uno con el trasero familiar al aire. Personajes como Pizarro no caben en un sistema de libertades si no es por contaminación demagógica. Colocarlos al frente del cotarro no es culpa suya, ciertamente, sino del colocador.