Nuestra salud

IU ha presentado en el Parlamento de Andalucía una proposición no de ley solicitando a la Junta que, a través de la consejería de Salud, realice un estudio epidemiológico “serio, riguroso y avalado seriamente” (sic) para aclarar, entre tantos informes como se llevan conocidos sobre los riesgos sanitarios de la capital y provincia, cual es la causa de que nuestra estadística arroje un índice de enfermedades y mortalidad mayor que en el resto de España. La iniciativa es lógica y no admite rechazo que no resulte temerario, porque los hechos son, en efecto, los denunciados y las causas siguen sin conocerse a pesar de los dictámenes, algo intolerable pero que no debe provocar alarma sino la debida respuesta de la autoridad sanitaria, hasta ahora parapetada en el puro negacionismo.

Las lenguas útiles

Según un reciente informe de ‘The Economist’ (14/06/08), el ministro de Educación de Hong Kong, Suen Ming-yeung ha decidido abolir la medida que obligaba a gran parte de la excolonia británica a enseñar en la “lengua madre”, o sea, el cantonés, para restaurar, a partir del próximo curso, la enseñanza del inglés –“la lengua del opresor colonial”, dice la revista—ante al evidencia del deterioro de la enseñanza y la lógica necesidad de entenderse adecuadamente en una plaza cosmopolita como es aquella roca y, sobre todo, forzado por la presión de las familias que han constatado la dificultad profesional que el monolingüismo ha acarreado a sus hijos. Comentando el hecho con un amigo bien viajado me recuerda el caso similar ocurrido en Madagascar cuando, a mediados de los años 70, el tirano Ratsiraka tuvo la ocurrencia de extirpar el francés de las escuelas para sustituirlo por el patriótico malgache, medida absurda que apenas en cuatro años debió dar marcha atrás ante su fracaso estrepitoso. Hay muchos ejemplos, por supuesto, con los que no vamos a cansarnos ahora, pero basten estos dos, tan elocuentes, como contramodelo que bien pudiera servirle a los mamelucos del monolingüismo forzado, respaldado ahora por el apoyo explícito del zapaterismo en su actual congreso, a pesar de la contundente sentencia del TSJC que obliga a respetar en Cataluña el mandato legal de impartir siquiera tres horitas de clase en español. No tiene precedentes este ataque al idioma de todos bendecido por el Gobierno, pero es más que probable que el disparate de la lengua vernácula única y obligatoria, de llegar a imponer su férula, acabe como los anteriores, retrocediendo al imprescindible bilingüismo y comprobando que el idioma histórico, como cuenta la leyenda de san Emmeran de Ratisbona, siguiera predicando aún después de deslenguado. En Hong Kong, por otra parte, incluso se está proponiendo imponer como segunda lengua, junto al inglés globalizador, no a ese cantonés regional, sino el mandarín que chamullan mil doscientos millones de chinos. La expectativa nacionalista es siempre de corto plazo. Su extravío histórico debe de ser la causa de su ceguera de cara al futuro.

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Que un partido de gobierno se posicione en contra de la lengua nacional que establece la Constitución posiblemente es un caso único. Nadie más crítico con el nacionalismo irlandés que un Joyce que hoy es venerado en su nación como un héroe nacional y al que en Dublín se le dedica un culto rayano en la beatería, aparte de que esos nacionalistas han luchado a muerte durante decenios contra Inglaterra pero sin dejar de hablar el mismo inglés que ahora ha facilitado a las nuevas generaciones su vertiginoso progreso económico. En España está creciendo esta temporada la enseñanza del chino, considerado por escuelas oficiales y privadas como un lenguaje de futuro, mientras desde el Poder se ampara y propicia la exclusión del español en la propia España como paso previo al proyecto de secesión que sus propios socios hace tiempo que no ocultan. Pero los organismos internacionales avisan de que la enseñanza vernácula está contribuyendo de modo significativo –en Cataluña, por ejemplo– al fracaso escolar y al bajo rendimiento cosa que a lo peor no inquieta a los fanáticos ante el ejemplo de un ‘president’ charnego que ha alcanzado su magistratura apenas con el bachiller. Tendremos que esperar unos años, pues, para ver si estos régulos de taifas deshacen el camino y acaban reclamando la gramática de Nebrija junto a la propia y flamante, tal como le ocurriera al sátrapa malgache y a los lugareños de Hong Kong. El narcisismo localista cuenta poco a la hora de comprobar la eficacia del idioma y se revela ridículo si de lo que se trata no es de establecer una lengua sino de excluir a otra. Montilla habla un catalán pésimo y no ocurre nada. Esa paradoja tendría que hacer reflexionar a los mujaidines del monolingüismo.

Menores inseguros

La policía ha localizado y detenido ya a tres de las conce menores que se fugaron días atrás del centro de internamiento “Arco Iris”, localizado en Hornachuelos, fuga que la consejera de Igualdad calificó de inquietantemente “normal”, especialmente si se consideran sus extrañas circunstancias, como que las fugadas interpusieran denuncia por malos tratos ante la Guardia Civil y que ésta recibiera la denuncia y las dejara marchar luego. Algo no huele bien en este enredo, obviamente, por más que la Junta ponga cara de póquer ante una situación que no es ninguna novedad sino que repite anteriores sucesos similares demostrativos de que la retención de menores sancionados no es ni de lejos segura. Otra vez cojea la política de menores de la Junta, una política siempre difícil por supuesto, pero que de nada sirve ocultar entre excusas y dilaciones, habida cuenta de la gravedad de la crónica de nuestra delincuencia juvenil.

Las rebajas, flojas

Los comerciantes de Huelva sí que notan la crisis. Nada de ‘desaceleración’ ni cuentos chinos, sino retracción pura y dura del consumo que les está dejando en el almacén demasiadas mercancías, y hasta solicitan abrir los fines de semana, para ver si durante el tiempo libre se animan los compradores. UGT, por su parte, reclama que se compense a la provincia proporcionalmente a su aportación y no por debajo de ella y, en general, la conciencia de crisis avanza, como es natural, al tiempo que se comprueban sus efectos. Mal indicio, que hasta en las rebajas se perciba el impacto de una coyuntura adversa que el Gobierno absurdamente se niega a aceptar como una realidad que nadie soporta antes que los propios ciudadanos. Vamos a ver si se arbitran medidas contra la mala situación aunque, probablemente, sus efectos no alcanzarán ya a las rebajas de este año. Mejor evidencia, imposible.

La obra y el ojo

Continúo el asunto de la descatalogación posible de algunas famosas obras de Goya, al que me referí el otro día, con la noticia de que un retrato, el “Perfil nupcial de joven dama”, considerado anónimo por los peritos del XIX y adquirido recientemente por un afortunado coleccionista en diez millones de dólares, acaba de ser filiado, con el concurso de los rayos láser, como un trabajo de la mano de Leonardo. Una vez más el valor de la obra de arte se ve multiplicado por la firma, o lo que es lo mismo, el mercado demuestra su superioridad funcional sobre el criterio, convirtiendo al admirador en rehén de esa legalidad suya cifrada en el nominalismo radical: una obra vale lo que cotiza su autor. El caso es interesante porque demuestra que la pericia, esa función y oficio tan subjetivo, lo va a tener crudo compitiendo en la nueva era con la acuidad penetrante de las técnicas radioscópicas y analíticas cuya pretensión de objetividad es absoluta. Pero también porque prueba que esa nominalismo beato –pura devoción fetichista, en el fondo—no sólo se da en el cuestionado arte no figurativo sino en cualquier valoración que de la obra de arte se haga en el ámbito determinado o influido por el mercado. Es más fácil que se produzca, no obstante, en el primero porque realmente la entidad estética de muchas vanguardias oscila entre el elitismo y el camelo de la manera más desconcertante para el espectador de a pie. Un caso reciente: una investigadora valenciana que hace su tesis sobre el cubismo de Picasso y Braque, Cecilia García, ha descubierto en una exposición enviada por el Museo Reina Sofía al Nacional de Picasso en Paris, que uno de sus cuadros, concretamente, ‘El Violinista’, ha permanecido expuesto durante meses a la mirada pública colgado del revés, sin que haya noticia de que nadie haya advertido el disparate. El ojo espectador es sumiso y la fe de los públicos (incluidos los expertos) capaz de mover montañas.

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No me ha sorprendido esa broma porque ya una vez tuve ocasión de verla perpetrada en una exposición de fotografía artística celebrada en Río, pero sí que recordado la anécdota del comandante Inestrilla, luego asesinado por ETA, cuando colgó del revés en su casa el “Gernika”, evidentemente movido por la intención de poner boca abajo una estimativa que, con razón, consideraba opuesta a sus principios aquel integrista sin fisuras. La rebelión del arte ha escondido mucho fraude, por supuesto, pero no cabe duda de que constituyó un progreso radical y superador respecto a una estética agotada, sobre todo a partir de la discutible constatación de que el mimetismo realista no podría competir con el progreso de la fotografía. Lo malo es que ese proceso redujo drásticamente el destino del arte al someter la obra a una suerte de pontificado hermenéutico, sin precedentes en la larga evolución histórica del arte, que acabaría reduciendo el público a unas elites favorables a la aristocratización de la mirada. Es compatible, a mi entender, el fervor por el arte contemporáneo con el sentido por la representación convencional, sin dejar de ser cierto que la sustitución de la contemplación por la exégesis y del espectador por el experto plantean la cuestión del valor objetivo y fuerzan a replantear el papel del mercado. Yo creo que es elocuente el hecho de que una obra colgada del revés no haya alertado a un solo contemplador durante meses y tengo por cierto que lo mismo ocurriría si se repitiera el experimento con más de un cuadro famoso porque, en definitiva, parece que la autoría, real o supuesta, le dará la vuelta sin problemas en la lonja artística. Ha habido mucho descontento, por lo demás, cuando la restauración nos ha ofrecido el aspecto genuino de los frescos de la Sixtina, de la hoy legendaria ‘Cena’ de Da Vinci o del ‘Caballero de la mano en el pecho”.  A pesar de todo, pues, al mercado le queda tarea larga si quiere acabar con el fuero del ojo.

Ciudad sin ley

Un poco exagerado el título, sin duda, pero, en el fondo, expresivo de lo que está viviendo Estepona, o mejor, su Ayuntamiento, segunda edición del ‘marbellazo’ e igualmente afrontada por la Junta de Andalucía con una parsimonia que evidencia su temor a salir empitonada del lance. El desastre de Marbella no parece haber escarmentado a Chaves que pretende, como hiciera allí, dejar que el tiempo se encargue de devolver las aguas a su cauce haciendo olvidar los desmanes sin aclarar cada día más inquietantes. No es sólo sospechoso, sino elocuente, el emperre en mantener ese consistorio herido de muerte, porque si algo significa es que Chaves, por la razón  que sea, no quiere que se alumbre esa sentina. Si al final han de terminar interviniendo ese ayuntamiento fantasma y poniendo a su frente una Gestora, las viejas sospechas de Marbella volverán a surgir, sólo que con más fundamento.