Arte callejero

El Ayuntamiento de Córdoba, como antes otros tanto o más importantes, apoya a los “grafiteros”, huy, perdón, a los “artistas callejeros” que han hecho de la “pintada” callejera una lacra insufrible y creciente. Incluso ha instituido un premio para animarlos con el objeto, agárrense, de “recuperar la popularización de los mensajes callejeros que se produjo (en París) en Mayo del 68, mensajes populares anónimos que inundaban la ciudad”. Miren, les propongo otra prueba del 9: cuando vea que un alcalde/sa autoriza a esos “artistas” a embadurnarles su propia fachada, empezaré a creer en estas providencias descerebradas que convertidas las ciudades es auténticos esperpentos y desesperados a los vecinos. 25.000 euros se gastará Córdoba en sufragar esta exhibición titulada “Paredes hablan”. Si pudieran hablar los propietarios agraviados se iban a enterar estos mecenas de la basura.

El SAS, al psiquiatra

Dicen que el SAS está prácticamente en bancarrota, que despide a los médicos, no rebnueva contratos o traslada a los que hay desde el interior a la costa (como los moros de Queipo) para no contratar nuevos facultativos, que hay hospitales (incluidos los de referencia) que tienen como consigna prioritaria ahorrar una cantidad millonaria durante el ejercicio, pero que se gastan medio kilo en festejar a la sustituta del Delegado provincial, como si el traslado de ese prócer no constituyera ya bastante festejo. Y en fin, cuentan que hay “usuaria” que ha debido recurrir –con éxito, faltaría más– a la recomendación  de la Casa Real para que el SAS la atienda tras 10 años de espera. Al SAS habría que pasarlo por sus propios psiquiatras a la vista de esa locura.

Tiempos modernos

Malos datos sobre el empleo o, mejor dicho, sobre el paro. Ya no hay quien esconda la realidad porque incluso desde las alturas más optimistas hasta ayer se anuncian hoy tres millones de parados para el año que viene. Por menos le decía la oposición a Suárez que este país no aguantaría, antes de refugiarse en el argumento de que el paro estadístico no era real y cuando todavía no imaginaba que tendría que acabar diciendo, como dijo, que perdiéramos toda esperanza porque el desempleo, en una sociedad moderna, era un “fenómeno estructural”, ¿recuerdan? Habrá que volver a leer a Steinbeck, a Dos Passos, mirarnos en el espejo chaplinesco de “Tiempos modernos”, en las instantáneas de los suicidas de Wall Street, en el cine mudo de los desarrapados hambrientos y los millonetis tronados. Mala cosa. Aparte de que ahora no se niega ya la mayor ni se culpa a la “economía sumergida” que tantos balones logró despejar fuera, sino que se admite como si de tratara de una plaga bíblica sólo que oriunda de esa Babilonia que son los EEUU, es decir, como si nosotros no tuviéramos nada que ver con la ‘burbuja’ famosa, tan parecida a la que provocó con su estallido la crisis del 29 en su psicología y en sus mecanismos financieros. ¿Podremos resistir ahora a pesar de ese medio millón de familias que se calcula que tiene a todos sus miembros en paro o volverá la ola de huelgas que se contuvo a fuerza de subsidios? ¿Y quién nos garantiza que del 12 por ciento sobrado que anuncia el Gobierno no pasemos a cotas mayores? Hagan cuentas y verán como estos datos son cuantitativamente, en términos relativos, peores que los registrados en aquella Gran Depresión que contó 13 millones en USA, 6 en Alemania o 4 en Gran Bretaña. Podríamos reconocernos, más o menos, en “Paralelo 42”, en el panorama previo a la catástrofe y el fantasma del miedo recorriendo el mundo, con la negrura de la crisis al fondo como una tormenta amenazante. Pero sin olvidar que aquel desastre fue la semilla de los fascismos europeos y su hijuela americana. Es mejor prevenir que curar.

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Y peor, lo peor de todo, meter la cabeza bajo el ala, como aquí se ha hecho, como quien espera que la inconsciencia nos depare el milagro, confundiendo la baza electoralista con la realidad, negando la verdad cruda a una muchedumbre sin cuyo concurso no sería posible detener la sangría, porque en esa tarea hay que implicar necesariamente a la sociedad en su conjunto. Se dice que las vacas flacas agravian siempre a los más débiles, pero se finge no ver que las gordas favorecen siempre a los fuertes. ¿Dónde están, en efecto, en esta hora de ajustes duros, los excedentes que inflaron la burbuja, acaso se ha evaporado el capitalazo hasta antier en circulación o estará a buen recaudo? La crisis es cuestión de todos pero la responsabilidad es del Gobierno, sobre todo si ese poder se ha empeñado en simular su ceguera voluntaria, de la misma manera que el sufrimiento –el real, el acuciante—es exclusivo de las víctimas. Aunque aquí –en Andalucía, por ejemplo—se haya llegado al extremo de culpar del paro a los propios parados, como si fuera cometido de los parados, y no de los gobernantes, aplicar las políticas correspondientes. Vamos a ver pronto a ‘Charlot’, si Dios no lo remedia, porque lo que es los responsables no parecen capaces de remediar gran cosa. El toque está en saber si esta sociedad narcotizada por la “new age” será capaz de soportar tres millones de ciudadanos sin trabajo o se revolverá contra ‘Don Tancredo’. Vamos a ver quién llevaba razón, si los defensores a ultranza de las irreversibles medidas de la ‘sensibilidad’ que acapararon la pasada legislatura, o Cervantes diciendo que “lo primero es el buen gobierno de las tripas”. La tabarra de la “modernización”· quería decir, por lo visto, volver a “Tiempos modernos”.

Bobadas y profecías

“La gente se ha quedado esperando a que se desarrollen medidas y no ha hecho nada”, José Antonio Griñán, vicepresidente segundo de la Junta de Andalucía y coinsejero de Economía y Hacienda. “Se puede llegar a la destrucción de empleo, aunque actualmente no ocurre”, Cándido Méndez, secretario general de la UGT. “El Gobierno está protagonizando una acción muy fuerte y sus frutos se verán a medio plazo”, Francisco Villén, secretario de Empleo del PSOE-A. (La crisis se debe a la fuerte especulación) pero “en un tiempo el sector empezará a mejorar y los precios se ajustarán a las necesidades”, Francisco Vallejo, consejero de Innovación. (La crisis de la construcción y el final de la campaña agrícola) “han motivado el incremento del paro”, Antonio Fernández, consejero de Empleo. “Chaves está mirando para otro lado”, Diego Valderas.

El fantasma del paro

Mejoró el empleo en Huelva, dicho al revés, descendió el paro, en el segundo trimestre, en un 2’02 por ciento, buena nueva relativa si se tiene en cuenta que en Andalucía, a la cabeza de España, subió hasta un alarmante 16’27 por ciento de cara a un futuro que, sin duda, será peor aún. En Huelva hay ahora, según el propio Ministerio de Trabajo, casi 34.000 desempleados, un 14’64 por ciento de su población activa y, a pesar de haber mejorado, como decimos, sale mal parada en la relación interanual, es decir, que hoy tiene 9.100 parados más que el año pasado por estas fechas. Escuchar que desde las Administraciones se está haciendo mucho y en todos los sectores no hace sino acreditar que aquellas siguen en su designio de cerrar los ojos e ignorar la catástrofe.

La muralla china

La preparación de la sociedad china de cara a la avalancha que ha de suponer la celebración de los Juegos Olímpicos está siendo ardua y concienzuda. Obsesión máxima es la seguridad, concretamente la prevención de la amenaza terrorista, que ya ha dado tímidas señales de vida, por cierto, pero también otros muchos aspectos, en especial el sanitario. Se teme en China un contacto masivo que puede comportar determinados contagios en las costumbres mayoritariamente tradicionales de ese pueblo en expansión fulgurante. Cosa que no extrañará a quien recuerde que el vigente Estatuto del PC chino  impone a sus millones de afiliados el deber de promover los “hábitos socialistas”, el de mantener “la concepción social del honor y del deshonor” propios y, en resumen, el “fomento de la moralidad comunista”, así como suena. Una institución curiosa del nuevo Estado (en fin, ustedes me dirán como llamarle si no) es la del cuerpo llamado de “oficiales de etiqueta y protocolo”, creado hace ya tres años, para ir preparando a la población peatonal a convivir sin riesgos con el foráneo y, de paso, a cuidar las formas de una hospitalidad que pretende no quedarse corta ni pasarse. En concreto, esos “oficiales” han elaborado una relación de actos y dichos prohibidos por inconvenientes, en la cual figura la de entablar con el turista cualquier tipo de charleta que verse sobre política, religión, vida amorosa o sueldo de los visitantes, o en versión de ‘The Guardian’, que reproduce un póster publicitario expuesto en Dongcheng, cualquier palique que roce siquiera cuestiones como el salario (propio o ajeno), la edad, la salud o las creencias personales, temas considerados impropios, impertinente y, en definitiva, peligrosos. Nunca se abre del todo la muralla china. La reserva frente al extranjero no ha variado sustancialmente desde Marco Polo.

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Por supuesto que una cosa es la previsión  y otra el efecto real que el contacto entre culturas acabe produciendo. En la China más opulenta de hoy, la occidentalización es una realidad avasalladora a pesar de las prevenciones adoptadas por los poderes públicos, en especial en el ámbito de las costumbres, donde el mimetismo con la vida europea y americana es clamoroso. En uno de esos enclaves, en Zhejiang, verdadero emporio de la nueva clase, hace años que funcionan playas nudistas a pesar de la resistencia activa opuesta por amplios sectores afectos a la moralidad tradicional, aunque también es cierto que los vigilantes morales han  pensado en importar de Indonesia el cinturón de castidad que protegería a las masajistas de la lujuria masculina en los lugares más relajados. Un país que crece a esas tasas inconcebibles, que atesora al ritmo que lo hace China y que envía miriadas de exploradores más allá de su muralla imaginaria, no podrá permanecer indemne a la temida influencia exterior si no es limitando con rigidez su propio expansionismo. También en España se temió el contagio de los primeros turistas, que acabó contribuyendo como pocos factores al cambio social profundo que dejó irreconocible al viejo país, y también aquí se prohibieron los bikinis y se vigilaron inútilmente los hoteles tratando de conciliar la modernización con un concepto rancio de la vida del todo incompatible con ella. El poder chino prohibirá durante los Juegos la publicidad “obscena, sexual o supersticiosa”, no lo dudo, pero no es arriesgado profetizarle un fracaso estruendoso o silente una vez que las temidas masas salten la muralla de la convivencia y el mercado, en todos sus frentes, se encargue de hacer el resto. La identidad radical sólo se garantiza desde el aislamiento que la vieja muralla simboliza mejor que nada. Goethe sostuvo que los chinos “piensan y sienten como nosotros”. La vamos a comprobar enseguida, a pesar de oficiales y etiquetas.