El honor político

A Mario Jiménez, el todoterreno autodidacta del PSOE onubense, le han dicho de todo los dirigentes bollulleros, desde ‘don nadie’ a ‘pequeño politicucho’, insistiendo todos en su sucinto currículo. Hombre, hay que reconocer que no les falta razón en esto último, pero tampoco es que el resto de la “clase política” onubense sea Oxford ni Cambridge. Tenemos lo que tenemos, y una buena cosa sería dignificar la vida pública excluyendo de ella improperios como los dedicados por Jiménez a estos respondones a los que llamo ‘piratas’, ‘pandilla’ y ‘mamporreros’, provocando que estos le repliquen que mejor es eso que tener que hablar de ‘ladrones’ como en Beas o Estepona. Ejemplar política, digno lenguaje, que deja el honor de los personajes públicos a la altura del betún. Este parlamentillo se ha convertido en una corrala de lo más vil y lo malo que costaría decidir a quien asiste el derecho a tirar la primera piedra.

El Dios redondo

En el museo de la Catedral Católica Romana de Viena va a estar abierta desde ahora hasta septiembre una exposición titulada “Héroes, Santos y Goleadores celestiales” con la que se pretende contribuir al entendimiento del fútbol como un fenómeno superior que ha trascendido sobradamente el nivel lúdico para constituirse en un auténtico fenómeno espiritual. La muestra incluye centenar y medio de objetos pertenecientes a jugadores famosos — “héroes”—tales como el chándal de Kaká que rezaba “Pertenezco a Jesús” como el emblema del Rapid consistente en tres cruces y la leyenda “Sé inmortal, pasando por el repertorio de la ‘Iglesia Maradoniana’, que celebra la Navidad el 30 de Noviembre y tiene por lema “difundir por todo el mundo los milagros” de su titular. Hay una bufanda del Milan que lleva grabada una expresión de sugestión bíblica: “Dios creo el fútbol un domingo y se lo dio al Milan diciéndole ‘Ve por el mundo y enséñalo’ ”. La ‘afición’ es trasmutada de este modo en ‘fe’, una fe sustitutoria –al decir de la comisaria encargada del evento— de valores perdidos en este mundo desacralizado, como el hogar y la familia, nada menos, y que viene a hacer de la hinchada la parroquia secular y moderna que ha sustituido a la religiosa y tradicional. ¡La caraba! Hasta ha habido un párroco que ha dicho que aunque tampoco sea cosa de tomar al fútbol por una “religión  suplente” (noten la coherencia jergal), sí que es “una de las pocas expresiones de fidelidad que quedan” en este perro mundo, y eso, como comprenderán, bien merece un campeonato. Medio mundo ha extraviado la olla, como pueden comprobar, y el otro medio está en ello.

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Un estudioso francés, a quien he citado otras veces, Patrick Mignon, sostuvo hace tiempo (“La passion du football”, 1998) que el fútbol tiene por efecto, y quién sabe si por misión, resolver a su modo las tensiones propias de las sociedades modernas democratizadas, es decir las suscitadas por el conflicto entre igualdad de derechos y desigualdad de hecho. En otras palabras, un poco lo que las religiones en general y el cristianismo europeo en particular han venido aportando al proceso civilizatorio a través de los últimos veinte siglos, sin contar con lo que la pasión competitiva ha supuesto como sucedáneo incruento de la guerra y otras violencias no regladas. Para nosotros los españoles, en todo  caso, este tipo de extrapolaciones audaces no constituyen una novedad completa, pues estamos hechos a la imagen de esos “héroes” y “goleadores celestiales” ofreciendo sus trofeos a la patrona celeste, sea ésta la Pilarica o la Virgen de los Reyes, la Almudena o la Moreneta. Y si ése es el efecto religioso que produce la euforia balompédica, ya ven la que la misma ha provocado en el patriotismo hispano, al conseguir en tres partidos victoriosos buena parte del terreno perdido por la debilidad cómplice del Estado en el pleito secesionista. Una tanda de penaltis une más a una nación que una crisis económica, hay que reconocerlo, y un tanto en el último segundo de la prórroga incomparablemente más que un Estatuto y seguro que también más que una Constitución. Maradona es Dios, en el peor de los casos un profeta, para un país como el suyo, desmoralizado bajo la férula eterna del peronismo, la garra de la dictadura, la derrota de las Malvinas y las ducas negras del corralito, pero la realidad es que el sentimiento futbolero arrasa un poco por todas partes, más acaso en los países de mayor tradición cultural y en no pocas ocasiones expresado en manifestaciones difícilmente discernibles de la espiritualidad. Hubo un bético que llevaba cada domingo al campo la urna con las cenizas de su padre. Si me permiten la paráfrasis física, yo diría que la espiritualidad no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Estos días lo estamos comprobando hasta la saciedad.

El banquete oficial

La ocurrencia del portavoz del PSOE en el Parlamento andaluz, Manuel Gracia, de

poner en duda los manifiestos abusos en el gasto suntuario de los consejeros del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) es impropia hasta del que asó la manteca aunque sólo sea porque ese abuso –bien que en términos paradójicos—ha sido reconocido por sus protagonistas, que lo consideran normal, y sus facturas se han publicado (¡por una vez!) hasta en la prensa gratuita. Tampoco tienen sentido, a mi entender, los tiquismiquis del PP e IU frente a esa crisis absurda, porque lo que de verdad deberían exigir la oposición es que se amortice ese órgano comisarial, empezando por renunciar a sus propios enchufes en el mismo. Un CAA elegido por el Parlamento será sin remedio un censor ocasional en manos de la Junta. Si encima nos sale por un riñón en comilonas y carrozas, lo único lógico sería cerrarlo y a otra cosa.

Sin novedad en Bollullos

Normalito lo de Bollullos, fuera de un poquito de ruido de ambos bandos, que era lo normal, porque otra cosa hubiera resultado inaceptable. Al PSOE de Barrero le han dado esta vez a tragar su misma medicina, la que empleó en Gibraleón apoyándose en una tránsfuga vergonzante, la que utilizó en Aljaraque para arrebatar la alcaldía a un PP que se había quedado a unas decenas de voto de la mayoría absoluta. Donde las dan las toman, que es lo suyo y lo democrático, aparte de que –tanto para el PSOE como para los demás—una cosa es un golpe bajo y transfuguista, como tantos que llevamos vistos, y otra un pacto entre dos fuerzas. Queda por ver si se cumple la temeraria amenaza desde el barrerismo de ahogar al pueblo como represalia o se impone el buen juicio. Que es lo lógico, porque en caso contrario, ésta que llaman los perdedores de la partida suelen llamar “pinza” iba a convertirse en una tenaza electoral. El  calor vino bien ayer al contribuir a la normalidad. Menos mal.

Pedir la voz

Es una pena pero también una necesidad: hay que suscribir el Manifiesto lanzado por Savater, Carmen Iglesias y un grupo de intelectuales (ésta vez sí lo son) en defensa de los derechos de los hablantes del español… en España. También es algo inconcebible en cualquier país, por supuesto, pero los manifestantes han tenido buen cuidado de dejar claro que no se trata de “defender” a una lengua amenazada, puesto que el español es hoy un idioma pujante y en claro crecimiento, sino de defender unos derechos elementales que se ha llevado por delante la miseria localista. Hace poco se sumaba a la protesta de las múltiples plataformas existentes en la nación, la propia Universidad Autónoma de Barcelona, consciente de que sujetar la elección del profesorado al conocimiento de la lengua regional acarrearía sin remedio un grave perjuicio a la calidad de la enseñanza y al prestigio de la institución. Es verdad que el español, como tal lengua hablada, no sólo está sufriendo en esta mala coyuntura, y hasta extremos ridículos, el ataque del fanatismo regionalista, porque a ese incordio hay que añadir el estropicio que un uso exponencialmente reforzado en la sociedad medial está acarreando, en demasiadas ocasiones contando con la permisividad de la propia Real Academia, cuyo criterio abierto a la recepción de voces y expresiones nuevas ha rayado, más de una vez, en lo extravagante. Tenemos una lengua rampante fuera del país, en consecuencia, pero amenazada dentro de nuestras fronteras en ese doble frente, pero sobre todo tenemos un problema que afecta a los derechos humanos de quienes se ven discriminados por razón de su uso y es ahí, claramente, a donde apunta la protesta y reclamación de los firmantes de ese inobjetable manifiesto. En pocos aspectos se ha manifestado de modo tan nítido el fracaso social de los grandes partidos nacionales como en este ambiguo tira y afloja electoralista que ha hecho necesario manifestarse dentro de nuestra nación para que nos dejen hablar nuestro idioma.

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Insisto en que, como han subrayado sus autores y firmantes, no se trata tanto de una acción de autodefensa como de una reclamación de justicia en nombre, especialmente, de los elementos más débiles de la sociedad, y por ello lo que se pide no es una simple corrección de los actuales criterios estatutarios, sino una intervención del Parlamento que logre promover los cambios indispensables para garantizar esos derechos, modificando la Constitución y los Estatutos regionales, de manera que el Estado de Derecho sea una realidad basada en las personas y no una entelequia encapsulada en una carta regional. Las regiones bilingües que de hecho existen en España han de blindarse normativamente de manera que sean las dos lenguas las que resulten protegidas al tiempo que todos los ciudadanos, sin excepción, puedan ejercer el elemental derecho de hablar la que les plazca tanto en la vida privada como en la pública. Lo contrario es un atropello que ilustra irónicamente el chapurreo ‘galego’ de Fraga o el catalán charnego del ‘president’ Montilla, pero que perjudica gravemente a la población carente de medios para elegir. Se insiste ahora una vez más en que son los ciudadanos y no los pueblos quienes poseen derechos y en que ese Estado justo que nos hemos dado a nosotros mismos tiene por base a las personas concretas y no a los territorios o a las etnias más o menos imaginarias. Habrá que adherirse sin demora a ese documento (modestamente, uno ya lo ha hecho) no en plan defensivo, insisto, sino con la arrogante firmeza de quienes saben estar defendiendo un derecho fundamental. Por lo demás, ¿se imaginan algo similar en Francia, en Alemania, en Inglaterra? Tocqueville decía que el hombre está prácticamente entero en su lengua natal. Hombre, sin pasarse, a poco que se piense, se le ve la punta a esa buena razón.

Hechos y pruebas

Si al “caso Estepona” el faltaba algún perejil por parte de la Junta y su partido, el secretario de Organización de éste –hombre de criterio más bien estólido—ha justificado en público el hecho de que Chaves apoyara al alcalde encarcelado a pesar de haberlo denunciado (según él) muchas decenas de veces, con el argumento de que “el PSOE-A no tenía ‘constancia documental’ de las denuncias” que sus propios compañeros habían interpuesto contra Barrientos. Pues probablemente, porque resulta impensable que esas denuncias de ‘compañeros’ se hicieran por escrito, pero es evidente que Chaves las conocía puesto que parece que los osados denunciantes hasta fueron llamados a capítulo en Sevilla. El PSOE y Chaves no han querido enterarse de lo que se cocía en Estepona como antes no quisieron saber nada de lo que ocurría en Marbella, donde hay que recordar que Gil demostró que el partido había cobrado sus cohechos con un par de talones pagados. Quizá a Pizarro y a su jefe tampoco le conste este dato a pesar de que esos cientos de millones fueron (está probado) ingresados en la cuenta del partido.