La vista de Chaves

La celebración de los consejos de Gobierno en las capitales de provincia –como el que hoy mismo se celebra en Huelva—no tienen otro sentido que el propagandístico. Sería lógico que en esos consejos itinerantes (que, ya puestos, no tendrían por qué limitarse a las capitales, por cierto) la Junta tratara de un temario local, que en Huelva bastaría con que versara sobre sus muchas promesas incumplidas, porque de otro modo ya me dirán qué interés puede tener para Huelva saberse sede de tan preclaro cónclave. Vamos a ver, de todas formas, si Chaves anuncia hoy algo específico para esta provincia, qué se yo, el Ave que nunca existió, el aeropuerto de la discordia, la negada Ciudad de la Justicia o cualquiera de esos temas pendientes. De no ser así, su visita carecería de todo sentido, fuera de la teatral cortesía que supone esa honra de convertirnos en sede por un día.

Retorno a la barbarie

Un bujarrón menorero ha reclamado en San Sebastián el derecho de los adultos a mantener relaciones sexuales con los menores. No con un mozo rayano en la mayoría de edad, sino con un “niño de ocho añitos” –dice el muy miserable—“al que la sociedad actual niega ese derecho”. Y lo curioso es que no he oído protestar a ninguna de esas exigentes cohortes que, hasta ahora al menos, rechazaban la pederastia como la aberración que es. Ni al Gobierno: la ministra Bibiana se retrata en “Zero”, como si le fuera la vida en la batalla homo, pero la autoridad encargada de los derechos del niño, que también existe, no dice ni mu, silencios que han de perjudicar, y mucho, ante la opinión pública, sus causas genuinas. La exigencia canalla del derecho a la pederastia es a veces presentada como un intento de restaurar el prestigioso modelo griego, seguramente por ignorancia de que esas prácticas primitivas, que tuvieron, sin excepción, un carácter iniciático de orígenes remotos, no son sino el emblema más elocuente de la sociedad machista que, en las culturas del Occidente antiguo, relegó a las mujeres, según Dumézil y otros autores, en la línea de la tradición indoeuropea, lo mismo que los ámbitos “salvajes”, desde los nambutis australianos hasta los masingara de Nueva Guinea. Hay una profunda contradicción en reivindicar la pederastia desde el marco libertario que promueve el respeto a la diferencia y la igualdad social, porque esa institución o costumbre no expresa más que otra visión homófoba, la del “club de hombres”, como decía H.-I. Marrou refiriéndose a la ciudad griega o a las confraternidades de índole militar, anteriores y posteriores. Bernard Sergent, autor de uno de los libros más sabios sobre el tema, pone el acento sobre el hecho de que en Grecia, a pesar de esa condición iniciática que hemos señalado antes, los autores se retraen a la hora de hablar del tema, desde el propio Homero cuando nos relata las aventuras del tándem Aquiles-Patroclo, hasta el propio Platón que, en “El Banquete”, se cuida muy mucho de no explicitar la índole, paladinamente homo, de la escena de “Sócrates rechazando los ‘regalos’ de Alcibíades”, por usar la fórmula célebre de Victor Cousin. Claro que a ver de qué puede servir irle con doctrinas a esa panda de degenerados. Los corralitos “de género”, en todo caso, no saben que están revitalizando prácticas viejas del mundo patriarcal.

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Ese pájaro menorero es un peligro, eso es todo lo que interesa resaltar, un peligro previsto, además, en las leyes penales y que, en consecuencia, debería ser conjurado por esta autoridad que parece plegada a cuantas novedades gusten proponerle ciertas minorías. Lejos de ello, sin embargo, no hemos asistido a la menor reacción de los poderes públicos –si exceptuamos una intervención de la Fiscalía prohibiendo la celebración del “Día del Orgullo Pedófilo”, menos mal—y hay que resaltar que tampoco hemos escuchado una sola voz de los colectivos gay, habitualmente distanciados de esos delincuentes. ¿También va a alegarse en este caso eso tan socorrido de que no hace falta endurecer la normativa penal de cara a la incesante legión de pedófilos pillados en Internet por las policías? Pues, miren, ahí los tienen ya reclamando su derecho a abusar –así lo llama todavía la Ley—de “un niño de ocho añitos”, ni que decir tiene que en defensa de los “derechos” del niño a ser abusado, no por imperativo de la vileza de estos “erastas” de pacotilla. Y una pregunta: ¿no es apología del delito esa reivindicación, cómo se consiente que se promueva una práctica que constituye delito? Personalmente creo que sujetos semejantes deberían ser apartados sin contemplaciones de una sociedad que empieza a confundir peligrosamente la libertad moderna con el orden bárbaro y primordial del que nos sacó la civilización.

Exigencia de razón

Se multiplican las voces pidiendo que el Estado intervenga en la crisis de Estepona, es decir, que el Gobierno disuelva el Ayuntamiento y devuelva la iniciativa a unos ciudadanos que han sido burlados de la pero manera, con el respaldo evidente de su partido y ante la inhibición de la Junta. Será mejor ahora que luego, es decir, antes de que se sepan tantas cosas que ya resulte imposible explicar cómo Chaves –la persona mejor informada de Andalucía, sobre el papel—ha estado detrás y al lado del alcalde que encabezaba la trama. ¿Financiación de partidos, reparto de botín, montajes escandalosos? Da lo mismo, aunque mientras antes se tire de la manta mejor será para la credibilidad de las instituciones, en este momento, qué duda cabe, por los suelos. Que no se repita la comedia de Marbella, caiga quien caiga. Porque si se repite no va a quedar títere con cabeza en el guiñolillo de la estima pública.

6 años

¿Dónde están quienes no daban un duro por El Mundo-Huelva Noticias hace seis años? Un periódico nunca es fácil de hacer, un periódico crítico, menos, uno independiente, una proeza y un calvario, pero aquí tienen ustedes un caso en que, en solitario, contra viento y marea, un grupo excepcionalmente joven ha realizado u n trabajo periodístico de primera calidad, capaz de convertir a un diario nuevo en un referente obligado de la provincia. No hay que desmerecer a nadie para decir que El Mundo-Huelva Noticias ha mantenido el pulso en la provincia, alertando de muchas verdades ocultas, informando al ciudadano de lo que otros tapan y encubren. En el periódico, en las “Charlas”, forzando el nivel, indiferente a los ataques y a la discriminación, atentos sólo a una idea y objetivo fijos: que Huelva tiene necesidad de al menos un medio de comunicación fidedigno. Creemos que hemos cumplido con ese objetivo y la mejor prueba es la respuesta que se nos ha dado. Lo único que podemos prometer ahora es seguir fieles a nosotros mismos.

‘Taedium vitae’

La gente se aburre mucho en esta vida, sobre todo los que no han de ganársela a pulso, duramente, un día tras otro. Siempre fue así, en cierto modo, y de ahí procede el gusto por las llamadas “emociones fuertes” que, tradicionalmente, respondían a modelos en que el observador era el impresionado por el riesgo ajeno. El infeliz en las garras del león o el gladiador nubio aguardando la señal del César para degollar a su rival vencido, tienen mucho en común con el descerebrado que hace “puenting” arrojándose al vacío o con los apostadores que juegan a la ruleta rusa. La Humanidad se aburre, sobre todo después de comer y beber, una vez agotados los beneficios comunes, y recurre a estos inconcebibles expedientes que revolucionan el organismo haciéndole experimentar sensaciones artificiales provocadas por el desorden inducido de sus propias hormonas pero que el sujeto experimenta con placer. ¡”Vivere pericolosamente!”, ya saben, el cuento y la leyenda de la adrenalina. Un grupo de actores ha montado en Barcelona una atracción consistente en ofrecer a los ansiosos de emociones un secuestro fingido, un rapto real pero lúdico, en el que, a cambio de un precio razonable, los falsos secuestradores se comprometen, bajo contrato exculpatorio, a hacer disfrutar a la víctima voluntaria de todos los efectos de un secuestro real, desde la captura por sorpresa y su reducción violenta hasta el cautiverio, las sevicias y amenazas habituales, experiencia que, al parecer, han vivido ya lo menos doce personas. Ahora que está de moda hablar de simios, se me viene a la cabeza aquella ocurrencia de Goethe de que si los monos supieran aburrirse tendrían abierto el atajo para convertirse en hombres.

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La novedad del caso estriba en que, por una vez, la emoción fuerte es reclamada por el propio consumidor, lo que, a mi modo de ver, implica un grado de hastío realmente inusitado. El romano gozaba, según parece, con el padecimiento ajeno tal como el taurino se crece con el valor del otro y el espectador de boxeo se complace a la vista del dolor del púgil, por no hablar de la experiencia sádica en general, pero esta experiencia de índole masoca requieren un grado muy superior de “ennui” que el que resulta habitual en nuestras sociedades. Por supuesto que semejante vivencia tendría otros remedios en línea con la vieja observación de que el aburrimiento es una enfermedad que tiene en el trabajo en remedio bien fácil, pero ¿quién habla de trabajar en nuestro ámbito hedonista? Jules Renard, que las clavaba sin clavo, anotó ya maduro en su impagable diario que el aburrimiento contribuye decisivamente a prolongar una vida que es, queramos o no, demasiado corta y decía algo así como que no hay vida tan corta en la que el “spleen” no consiga hacerse un hueco, lo que nos pondría en la pista de esta búsqueda de la sorpresa como antídoto y esta sobrevaloración patológica de la utilidad del riesgo.Tipos como Lawrence, que se creía por encima de sus emociones, o como Wilde, que las tomaba por un debilidad, anuncian lejanamente a esta caterva de parásitos peligrosos que no son sino productos de una sociedad opulenta con el termostato axiológico averiado. Un portavoz de la policía ha dicho con indignación que no habría mejor remedio para estos esparcimientos que la experiencia real, es decir, que los demandadores de secuestros fingidos sufrieran alguno real, sin contratos ni condiciones por medio, con su carga de riesgo auténtico y no ficticio. Y lleva razón, porque sólo la idea de ese jueguecito supone un escarnio para quienes de verdad han sufrido esa vivencia atroz, y su presencia en nuestra sociedad pone al descubierto una falla profunda cercanamente emparentada con la injusticia característica de la sociedad desigual. Se merecían un susto en condiciones esos héroes aburridos, pero un  susto sin trampa ni cartón. Un susto de muerte.

La UGT, ansiolítica

El secretario general de la UGT, Manuel Pastrana, ah asegurado muy serio que hablar de una previsible subida del paro “es pura ficción” puesto que nadie está condiciones de saber cuánto empleo va a perderse este año. Ignoro cual será la capacitación teórica del síndico, pero parece demasiado transparente su intención desdramatizadota –en línea con el papel que tiene asignado en el pacto de concertación–, sobre toso si se piensa que el desplome del trabajo es una realidad que pinta fatal según  la inmensa mayoría de los observadores. Ojalá todos estén equivocados y acierte Pastrana; hoy por hoy, sin embargo, esa opinión no deja de ser extravagante a la vista de cuántos datos económicos se van conociendo día tras día. Es razonable que el sindicato contribuya a la serenidad. No lo es que se preste a hacer de coartada de unos gobiernos atenazados e inmóviles ante la crisis, por muy amigos que sean.