Tras el Congreso

Huelva, digan lo que digan, ha salido del Congreso del PSOE-A, igual que entró en él, ni mejor, ni pero, ni todo lo contrario. Las cuotas han funcionado, eso es todo. Y han distinguido a la organización provincial con la Presidencia del partido, órgano por tradición pasivo di no decorativo, al que Petronila Guerrero dice que tratará de encontrarle un contenido político, el que no tuvo con ninguno de sus predecesores en el cargo. Prueba del 9: a ver cuántos Presidentes del PSOE anteriores recuerda el lector, incluyendo a los considerados en algún momento pesos pesados del partido. Un presidente en el PSOE ha sido siempre un florón y, en el mejor de los casos, un jarrón chino. Vacío se sobreentiende. Lleno se llama Secretario General.

La edad de la loba

Los mitos funcionan a veces como las muñecas rusas, esto es, encerrando en su interior otros mitos que, a su vez, albergan a otros menores. El de la creación de Roma, con la leyenda de los sacrílegos amores de Rea y Marte, el nacimiento de Rómulo y Remo, su condena mosaica a ser abandonados a las aguas, la loba providente que los amamantó y el pastor caritativo, es uno de los más hermosos y reconocidos con independencia de que cada uno de esos mitemas etiológicos – la paternidad heroica, el episodio del abandono, la actuación de la loba y hasta la intervención caritativa del pastor—hayan debido bregar a lo largo de la historia con no pocas  teorías rivales. En los últimos tiempos se ha venido denunciando la inverosimilitud del origen etrusco de la estatuilla, datada por unos en el siglo V a.C. y por otros nada menos que en el VIII, de la misma manera que no ha faltado quien emparente el mito mismo de esos fundadores con el de Moisés y aún con el de Edipo. En cuanto a benéfica la loba, ya Livio proponía considerarla una digna metáfora de cierta prostituta (‘lupa’ en latín, de donde ‘lupanar’) de carne y hueso que se habría apiadado de las criaturas, hipótesis reproducida luego, con visible complacencia, por varios Padres de la Iglesia. Pero ahora, y tras varios intentos críticos que fracasaron bajo el peso de la leyenda, arqueólogos de la universidad de Salento han probado, basados en pruebas de radiocarbono y termoluminiscencia, que la estatua en cuestión ni es etrusca ni antigua, sino pieza medieval fundida en Orvieto con técnicas características medievales, como la de “cera perdida”, desconocidas por completo en los tiempos remotos en lo que hasta ahora se pensaba. Ni que decir tiene que el Ayuntamiento romano ha escondido bajo siete llaves el dictamen, incluso después de que en la universidad romana de la Sapienza –como revelan ahora ‘La Repubblica’ y otras fuentes–  alguna voz experta denunciara con vehemencia la realidad de la falsificación. La leyenda es más fuerte que la Historia, ‘Mithos’ cuenta frente a ‘Logos’ con la consabida novelería del ser humano.

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Y lo que te rondaré, morena, porque no hay duda de que los avances espectaculares de la tecnología acabarán proporcionando a la Historia un instrumento debelador de primera magnitud, que habrá de echar abajo muchos de esos inmemoriales lugares comunes reduciendo el pasado a una dimensión, seguramente no completa ni mucho menos, pero sí bastante objetiva. No sin resistencias, por descontado. Ahí tienen la inacabable polémica de la Sábana Santa, capaz de encontrar una nueva explicación a cada revés que la leyenda recibe de la ciencia y de averiar el prestigioso recurso de la falsación con propuestas cada vez más ingeniosas, pero incluso negocios tan acreditados terminarán por recibir en su día la puntilla fatal de la evidencia científica: es cuestión de tiempo. ¡Historia y novela! En alguna parte dice Duhamel que así como el novelista es el historiador del presente, el historiador no es más que el novelista del pasado, el memorioso al que le está permitido el recurso de mentir, como admitía el rigurosísimo Renán, pues se trataría, para el talento del cronista, de conseguir una historia verdadera con datos que no lo son más que a medias. O que no lo son en absoluto, claro está. A ver quién nos iba a decir que la loba famosa era un fraude elaborado sobre una leyenda que hizo que ya Augusto se desviviera por ella y que nos hemos tragado como cierta, entera y plena, qué sé yo cuántas generaciones. En eso precisamente consiste la maravilla del mito, lo admirable de su poder sobre una mente que, como bien sabemos, funciona asistida en un hemisferio por la racionalidad y en el otro por la fantasía. Igual se nos venía abajo el tinglado si renunciáramos de pleno algún día a rechazar esa cera blanda de las imaginaciones para quedarnos sólo con la dura certeza de las verdades del barquero.

El cien por cien

Nada de “búlgaro” ni de “soviético”. El Congreso de Chaves pasa de esos ensayos de abrumadora mayoría para apuntarse a la unanimidad. No respetan ya ni el sentido común, que hacía que, en las Cortes franquistas y en aras de la verosimilitud, se adjudicara a unos cuantos ‘procuradores’ el ingrato papel de la abstención o el voto en contra. A nadie se le ocurre decir, en serio, que en un partido tan grande, aunque se trate de un congreso de compromisarios “colocados” sin excepción, no hay un solo voto discrepante y menos tras el significativo silencio con que el día anterior acogieron esos mismos votantes el ofrecimiento continuista de Chaves. Se han ‘pasao’, ciertamente. Estas cosas suelen pasar cuando la confianza se desborda confrontada, sin embargo, al sentido común.

Cultura en Huelva

El éxito del Festival de Niebla no radica sólo en su atractiva programación de cada año, sino en su supervivencia, en haber logrado que Huelva –toda la vida marginada por el teatro, en régimen de “bolos” todo lo más—tenga ahora, al menos, la posibilidad de conocer cada año los montajes nuevos y exitosos. Y tres cuartos de lo mismo podría decirse de la actividad del Gran Teatro, ni limitada al arte sino abierta a otras manifestaciones de la cultura. Algo se mueve en Huelva aunque haya que decir que queda aún mucho trabajo que hacer para que nuestra provincia se incorpore de hecho a la Cultura, a ser posible, no con programas de desecho sino con planes auténticos. Porque no es pensable ninguna “modernidad” mientras  se mantenga de hecho la inveterada marginación.

Cambios de marcha

Si la crisis está demostrando que la derecha no tiene nada claro el modelo en cuanto el viento deja de soplar de popa, hay que reconocer que no es menor, ni mucho menos, el despiste colosal de la izquierda. En París, el viejo Alain Krivine y Olivier Besancenot acaban de proponer –en “petit comité”, ésa es la verdad—la liquidación de la Liga Comunista Revolucionaria por sustituirla por un partido radical anticapitalista, todavía sin nombre, pero que se postula de entrada como el instrumento de “una izquierda de combate, anticapitalista, internacionalista, antirracista, ecologista, feminista y rebelde frente a todas las discriminaciones” habidas y por haber. En Cuba, por el contrario,  Raúl Castro, el hermanísimo, parece como caído del guindo predicando ahora, así, de golpe y porrazo, que el “socialismo significa igualdad de derechos pero no igualdad de ingresos”, razón por la cual se propone darle a la moviola y devolver a los campesinos la tierra arrebatada con la condición de que produzcan, aparte de otras medidas entre las que destaca una curiosa jubilación “de género” que regala a las mujeres cinco años de anticipación. Aquí en España, ZP predica el consumo como receta máxima, es decir, claudica ante la lógica de un mercado cuyas leyes se demuestran, una y otra vez, por encima de los sueños, y habla del gasto social como si fuera una panacea no sujeta a la contabilidad implacable sino un simple efecto de la voluntad. Un lío. Por no hablar de las dudas de la “tercera vía” británica o la paradoja china de un comunismo capitalista que hace crecer la economía por encima del 10 por ciento al tiempo que mantiene muchedumbres hambrientas y tolera talleres clandestinos dedicados al cambalache con el mundo capitalista clásico, que ya no es el único verdadero, como pueden ver. Por un lado, pues, ya ven el desconcierto de un conservatismo que da mil explicaciones pero ninguna solución a la debacle que se nos ha echado encima. Por otro, ya ven que nadie sabe en qué coños consiste esa “ izquierda del siglo XXI” con la que a todos se les llena la boca para acabar escupiendo alguna majadería. Puede que lo que esté en crisis sea la propia idea de la competición democrática. Lo que no sé es si nos dará tiempo a comprobarlo.

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Un guasista recuerda en Internet la antigua broma de que el socialismo es el camino más largo y tortuoso para arribar de nuevo al capitalismo de partida. Y tristemente no le falta razón para la broma, a poco que nos preguntemos para qué ha servido el inmenso sacrificio cubano, pero es igualmente cierto que podríamos poner aquí, uno tras otro, cuarenta aforismos más o menos similares para descalificar a una alternativa capitalista que no sabe por donde tirar, atrapada (la expresión es de “uno de los suyos”, no mía) entre el hielo de la crisis y el fuego de la inflación. Manuel Lagares nos ha contado en las “Charlas” onubenses que hay chiringuitos financieros yanquis que poseen fortunas que rondan los cinco billones de dólares, es decir, más o menos cuatro veces el presupuesto español, preguntándose y preguntándonos qué ocurrirá si alguno de tales gigantes quiebra por sus pies de barro. En España, mismamente, la izquierda –verde, rosa, violeta y demás—es ahora ampliación del aborto, asistencia al suicidio, lenguaje ‘de género’ y todo eso, es decir, todo menos lo que la izquierda es por definición, incluso si en Cuba, el último baluarte para algunos, se vuelve la mirada al viejo modelo de la meritocracia y la eficiencia productivista. Lo del aleteo de la mariposa no sé si será cierto, pero la cascada de fracasos que recorre el mundo, como el antiguo fantasma, frente al despiste supino de los reformismos, parece sugerirnos que la condición imprevisible de la realidad convierte la ideología en un juego inútil. ZP se entiende divinamente con Botín pero los Greenspan y compañía no saben qué hacer con la debacle financiera que nos trae arrastrando el ala. No les digo más.

El ruido del silencio

Muchas cábalas sobre el silencio glacial con que cuentan que fue acogido en el congreso del PSOE el ofrecimiento de Chaves de volverse a presentar en las elecciones del 2012. Quizá los jóvenes se impacientan ante la evidencia de que, tras y bajo el cambio generacional, en Andalucía, todas y cada una de las grandes responsabilidades siguen estando en manos de los viejos, vamos, de los que llevan cuando menos un cuarto de siglo partiendo y repartiendo. ¿O será acaso que también a Chaves le ha llegado ya su hora, como a los demás barones sin excepción, y ZP anda ya moviéndole la silla pesando en su relevo? Al fin y al cabo, Chaves fue quien organizó la trinchera contra ZP cuando fue elegido en el partido. De momento, no lo sabemos, aunque ese silencio estruendoso resulte más elocuente que cualquier ruido.