El fantasma del paro

Mejoró el empleo en Huelva, dicho al revés, descendió el paro, en el segundo trimestre, en un 2’02 por ciento, buena nueva relativa si se tiene en cuenta que en Andalucía, a la cabeza de España, subió hasta un alarmante 16’27 por ciento de cara a un futuro que, sin duda, será peor aún. En Huelva hay ahora, según el propio Ministerio de Trabajo, casi 34.000 desempleados, un 14’64 por ciento de su población activa y, a pesar de haber mejorado, como decimos, sale mal parada en la relación interanual, es decir, que hoy tiene 9.100 parados más que el año pasado por estas fechas. Escuchar que desde las Administraciones se está haciendo mucho y en todos los sectores no hace sino acreditar que aquellas siguen en su designio de cerrar los ojos e ignorar la catástrofe.

La muralla china

La preparación de la sociedad china de cara a la avalancha que ha de suponer la celebración de los Juegos Olímpicos está siendo ardua y concienzuda. Obsesión máxima es la seguridad, concretamente la prevención de la amenaza terrorista, que ya ha dado tímidas señales de vida, por cierto, pero también otros muchos aspectos, en especial el sanitario. Se teme en China un contacto masivo que puede comportar determinados contagios en las costumbres mayoritariamente tradicionales de ese pueblo en expansión fulgurante. Cosa que no extrañará a quien recuerde que el vigente Estatuto del PC chino  impone a sus millones de afiliados el deber de promover los “hábitos socialistas”, el de mantener “la concepción social del honor y del deshonor” propios y, en resumen, el “fomento de la moralidad comunista”, así como suena. Una institución curiosa del nuevo Estado (en fin, ustedes me dirán como llamarle si no) es la del cuerpo llamado de “oficiales de etiqueta y protocolo”, creado hace ya tres años, para ir preparando a la población peatonal a convivir sin riesgos con el foráneo y, de paso, a cuidar las formas de una hospitalidad que pretende no quedarse corta ni pasarse. En concreto, esos “oficiales” han elaborado una relación de actos y dichos prohibidos por inconvenientes, en la cual figura la de entablar con el turista cualquier tipo de charleta que verse sobre política, religión, vida amorosa o sueldo de los visitantes, o en versión de ‘The Guardian’, que reproduce un póster publicitario expuesto en Dongcheng, cualquier palique que roce siquiera cuestiones como el salario (propio o ajeno), la edad, la salud o las creencias personales, temas considerados impropios, impertinente y, en definitiva, peligrosos. Nunca se abre del todo la muralla china. La reserva frente al extranjero no ha variado sustancialmente desde Marco Polo.

                                                               xxxxx

Por supuesto que una cosa es la previsión  y otra el efecto real que el contacto entre culturas acabe produciendo. En la China más opulenta de hoy, la occidentalización es una realidad avasalladora a pesar de las prevenciones adoptadas por los poderes públicos, en especial en el ámbito de las costumbres, donde el mimetismo con la vida europea y americana es clamoroso. En uno de esos enclaves, en Zhejiang, verdadero emporio de la nueva clase, hace años que funcionan playas nudistas a pesar de la resistencia activa opuesta por amplios sectores afectos a la moralidad tradicional, aunque también es cierto que los vigilantes morales han  pensado en importar de Indonesia el cinturón de castidad que protegería a las masajistas de la lujuria masculina en los lugares más relajados. Un país que crece a esas tasas inconcebibles, que atesora al ritmo que lo hace China y que envía miriadas de exploradores más allá de su muralla imaginaria, no podrá permanecer indemne a la temida influencia exterior si no es limitando con rigidez su propio expansionismo. También en España se temió el contagio de los primeros turistas, que acabó contribuyendo como pocos factores al cambio social profundo que dejó irreconocible al viejo país, y también aquí se prohibieron los bikinis y se vigilaron inútilmente los hoteles tratando de conciliar la modernización con un concepto rancio de la vida del todo incompatible con ella. El poder chino prohibirá durante los Juegos la publicidad “obscena, sexual o supersticiosa”, no lo dudo, pero no es arriesgado profetizarle un fracaso estruendoso o silente una vez que las temidas masas salten la muralla de la convivencia y el mercado, en todos sus frentes, se encargue de hacer el resto. La identidad radical sólo se garantiza desde el aislamiento que la vieja muralla simboliza mejor que nada. Goethe sostuvo que los chinos “piensan y sienten como nosotros”. La vamos a comprobar enseguida, a pesar de oficiales y etiquetas.

La manta

Asombra el nivel que va alcanzado el “caso Malaya”, el laberinto de granujerías y complicidades, la presunta implicación de la propia Justicia en el embrollo, la enormidad del latrocinio. Pero nada tan desmoralizador como escuchar al “cerebro” del lío amenazar en sede judicial con “tirar de la manta” y observar la intranquilidad que semejante rentoy ha provocado en muchos sectores. Ya Gil demostró al juez que la Junta había aceptado ilegalmente sus millones por una recalificación y fue seguramente su anuncio de que tenía mucho más guardado lo que aconsejó a las Administraciones mantenerse a una prudente y silenciosa distancia del ‘Ostentóreo’. Lo de Roca, en cambio, a estas alturas, es probable que no pase de alarde, aunque la sola formulación de la amenaza da una idea del mundo en que nos movemos. Verán como bajo la manta no hay gran cosa. Si lo hubo, desde luego, ha tenido tiempo de sobra para ponerse a buen recaudo.

Contra la capital

Cualquier cosa vale contra el progreso visible de la Capital, cualquier obstáculo será bueno mientras los onubenses mantengan en la alcaldía a Pedro Rodríguez, intratable hasta ahora en las urnas. El PSOE se equivoca, quizá, al seguir esa política de obstrucción que va desde el retraso deliberado (en cualquier caso, injustificable) de las infraestructuras prometidas e imprescindibles, hasta el desplazamiento del Parque Científico-Tecnológico a Aljaraque con tal de no dejarlo en Huelva. ¿Se hubieran atrevido a quitarle a Sevilla o a Málaga los suyos para llevarlos a localidades de las respectivas provincias? Pues seguramente no, y por eso digo que tal vez se equivoquen, ya que no sería descartable que los votantes tomaran buena nota de la jugada. Confundir la competencia (o la guerra, según como se mire) con el alcalde con el boicot a Huelva es una barbaridad además de una injusticia.

Quién manda aquí

La sentencia del Tribunal de Estrasburgo estableciendo que el juez Liaño fue condenado por un tribunal, el TS, que no era “ni independiente ni imparcial” ha reproducido en este país demediado la polémica que en su día se saldó con aquella decisión, pero ha venido de demostrar con claridad meridiana la tesis de quienes defendimos entonces y lo hacemos ahora sobre la ventaja de los poderosos a la hora de medirse ante la Justicia. Para empezar hay que recordar que no es sólo el Supremo la instancia que queda severamente censurada, sino el Constitucional que avaló sus tesis dando por bueno el procedimiento, doble sanción que remece con violencia el montaje judicial español, víctima de la estrategia partidista hasta extremos ya intolerables. He oído a este propósito, por supuesto a algún detractor del juez Liaño, que nadie manda más en España que un juez, postulado que el propio caso que ahora se zanja desmiente de modo rotundo dejando en evidencia que la Justicia tiene poco que hacer en España cuando tropieza con poderosos bien ubicados en la órbita del poder político. El triste safari organizado contra el juez Gómez de Liaño, al que se llegó a insultar incluso en la persona de mujer, trata de reabrirse ahora nuevamente, con la diferencia de que ya no es posible dudar de que quien llevaba la razón procesal era él, como no lo es repararle el daño infligido. Un juez de la Audiencia Nacional condenado por prevaricación es una noticia grave, sin la menor duda, pero una sentencia superior declarando a los dos tribunales supremos de la nación parciales y dependientes constituye, sencillamente, una deslegitimación irreparable del todo el sistema que precisará de todas las reservas de filisteísmo habidas y por haber para salvar la situación. Eso sin contar con que ya no sabemos quién manda de verdad en España, no sólo porque el Tribunal Supremo ya no lo es, sino porque resulta patente que los poderosos fácticos (Polanco, González, los Albertos, Prado y tantos otros) pueden hacerse un sayo de la capa de esta mediatizada Justicia.

                                                                 xxxxx

Ayer mismo se ha planteado en la cumbre de la Moncloa la renovación de los órganos judiciales decisivos como si se tratara una cuestión política, un pulso entre los dos grandes partidos, gesto que confirma la firme decisión de ambos de mantener el actual juego de mediatizaciones que está en la base de esa “dependencia” y de esa “parcialidad” que denuncian los jueces europeos en nuestras más altas instancias jurisdiccionales. Y ese designio va a consagrar un sistema en situación crítica no sólo porque cuente con dotaciones ridículas sino porque, nada menos que en lo más alto de su estructura bicípite, la política ha penetrado hasta privarlo de sus condiciones morales básicas. Tiene problemas difíciles, no cabe duda, un sistema que acaba de soltar a un inocente tras trece años de prisión, que, de manera escandalosa, ni siquiera le reclama el producto de una estafa a dos magnates que lograron enredar hasta que su delito prescribió o que hace posible, al no ejecutar una vieja sentencia, que un pervertido incontrolado rapte y asesine a una niña. Lo de Estrasburgo, sin embargo, es harina de otro costal, porque a quien inhabilita ética y moralmente no es a un juzgador aislado sino a la representación mayúscula del poder judicial. Mientras los jueces sigan siendo del PSOE o del PP y actuando como tales, la crisis de funcionamiento de la que tanto se habla es lo de menos. Lo grave es, lógicamente, que las instancias superiores se superpongan o que ambas sean descalificadas como lo han sido, desde la instancia supranacional. Los partidos han podrido la Justicia hasta reproducir, bajo un equívoco pluralismo relativo, la ominosa sombra del tinglado que sostuvo a la dictadura. El drama del juez Liaño, con toda su dolorosa carga, no deja de ser un accidente privado. La sentencia que le ha devuelto su honor y su razón es, por el contrario, una cuestión nacional.

El SAS, arruinado

No es novedad la deuda del Servicio Andaluz de Salud (SAS), antigua como el propio organismo, pero sí es lamentable que, tras casi 30 años de rodaje, el sistema público de salud esté tan arruinado que sus profesionales hablan abiertamente de quiebra técnica. Y eso conlleva mal servicio, a veces intolerable, como el siempre desmentido pero evidente, de las listas de espera maquilladas o el mucho más lacerante de las Urgencias colapsadas. El Defensor del Pueblo acaba de darle fuerte y flojo nada menos que al hospital de referencia, el ‘Virgen del Rocío’ sevillano, al que plantea como exigencia doblar las plantillas de médicos de puerta, mejorar las lamentables condiciones físicas del espacio de atención, renunciar a los contratos basura (por meses y aún por días) y acabar con el “espectáculo lamentable” de los enfermos aparcados en los pasillos. No son cosas que la consejera pueda liquidar con uno de sus habituales exabruptos, ciertamente. Son más bien un cargo grave contra la rutina de una autonomía que suele tener dinero para todo menos para lo más urgente.