Innecesaria mala baba

Burda por completo la opinión dada por el bachiller Jiménez contra Carlos Navarrete, es decir, su odiosa comparación entre su mentor Barrero y el que fuera auténtico fundador de este gran chiringuito. Porque decir que Barrero ha sido el mejor secretario general que ha habido en Huelva, habiendo habido sólo dos, resulta de lo más inelegante incluso en boca de un personaje sin mayor relieve personal. Claro que si se compara, como he visto comparados a Barrero y Tierno, lo más discreto sería apagar e irnos, a no ser porque, con toda seguridad ni Jiménez conoció más que de lejos a Navarrete ni el comparador de Barrero con Tierno conoció ni por el forro a aquel brillante trueno que nos explicaba la dialéctica antes de que todo degenerara en pragmatismo y adulación.

La última carga

La Iglesia Anglicana está al borde del cisma. Con él amenaza la mayoría conservadora, casi toda ella africana, frente a la minoría episcopaliana y progresista que acaba de decidir por amplia mayoría la ordenación episcopal de las mujeres. Desde Moscú lamenta el Patriarcado ruso este “desgarro de la tradición” y desde Roma se habla de un “nuevo obstáculo” para el ecumenismo que trata de reunir a todas las iglesias cristianas en una sola, la única verdadera. Ya hace años, el papa Wojtila montó en cólera ante la ordenación sacerdotal de siete mujeres en Austria, Alemania y USA y ahora acaba de repetir la jugada el papa Ratzinger al enterarse de que una pretendida “obispa”, como diría la ministra Bibiana, ha ordenado por su cuenta y riesgo a otras dos mujeres en Saint Louis, a las que ha excomulgado de un decretazo. No tragan ni posiblemente tragarán en mucho tiempo los machos de las tribus tradicionales, a pesar de las crecientes pruebas –arqueológicas, según algunos—del papel desempeñado por la mujer en los primeros tiempos y, al menos, hasta el siglo VI, bien como diaconesa, ya como sacerdotisa, y no hablo de manera caprichosa porque, respecto a las primeras, tengo presente la mención de Febe por el Apóstol en Romanos (I, 16), y en cuanto a las segundas, el propio Plinio se refería a ellas como “ministrae”, es decir, en femenino, del mismo modo que otros textos nombraban a aquellas –entre las que hay que recordar a la tía Sabina de Juan Crisóstomo y a su amiga Olimpia– con el masculino “diakonos” pero, significativamente, precedido del artículo femenino. Se ha escrito mucho sobre si también puede hablarse de sacerdotisas en sentido propio, o más concretamente de “presbíteras”, y no necesariamente en el ámbito priscilianista oriental, pero la verdad parece ser que no hay rastro serio de semejantes oficios y órdenes a partir de la consagración romana de la Iglesia. Quedan pocos bobos que sigan creyendo, a estas alturas, en la pintoresca leyenda de Juan de Mailly sobre la papisa Juana.

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No cabe duda de que esta batalla por la equiparación religiosa entre los sexos constituye un pulso mucho más difícil que el que ha debido librarse para conseguir la igualdad de derechos laborales o políticos, pero también un debate de consecuencias tal vez incluso mayores, al menos en el nivel simbólico, entre otras razones porque el éxito en este nuevo desafío no cuenta con el respaldo activo de la mayoría social. Quizá a la larga, en todo caso, nada podrá acabar escapando a la referida equiparación, pero es poco probable, a juzgar por la inmensa mayoría de los indicios, que a corto plazo vaya a ceder ni la cohesionada mentalidad masculina de las jerarquías ni las propias bases de unas iglesias fuertemente ancladas en la tradición, como tal vez no podría ser de otra manera, para las cuales ese cambio supone una revolución inimaginable. Que ello suponga mantener el descrédito histórico de la hembra humana es cuestión aparte y que en poco afecta a la realidad, como lo demuestran esos millones de fieles y el millar largo de obispos y sacerdotes que amenazan con separarse del cuerpo anglicano tras la ordenación de esas obispos. Ni Roma ni Moscú son San Francisco, ni el Vaticano es el barrio de Chueca, evidentemente, al margen de que la rigidez mostrada por las jerarquías pueda constituir una dificultad añadida a las actuales tensiones ante o contra la religión que, acaso en España son hoy mayores que en ninguna parte, pero que no son exclusivas de ella. Todo se andará, no digo yo que no, y puede que acabemos viendo mujeres tonsuradas o luciendo mitras, pero nada indica que ese tiempo esté próximo, fuera de excepciones que confirman la regla, ni aquí ni en ninguna parte. La leyenda de Juana no tiene un final truculento, aparte de melodramático, por casualidad, sino por razones de lógica histórica. De una Historia que llega hasta hoy, por supuesto.

La misa de Estepona

Estepona, su Ayuntamiento, vamos, bien vale una misa y lo que se tercie. Incluso forzar un gobierno municipal con los propios concejales que el PSOE no ha tenido otro remedio que expulsar pero con los que negocia para reciclarlos y seguir gobernando. Se repite, detalles aparte, el caso de Gibraleón, donde el PSOE expulsó a todos los ediles del transfugazo que arrebató la alcaldía al PP para rehabilitarlos a renglón seguido confirmados en su lista electoral. ¿De qué tiene miedo Chaves, de que ojos impertinentes descubran secretos comprometedores, o tal vez, de algo peor? Porque el riesgo que supone gobernar con esos imputados no puede escapársele a quien lleva toda la vida en la política y ha vivido ya muchos tropiezos y enredos judiciales de los que no siempre salió ileso el partido. Entonces, ¿qué puede explicar su empecinamiento, en especial después del escándalo de Marbella? Esa misa bien puede salirle a Chaves por todo un quinario.

Gatopardo onubense

Es preciso que todo cambie para que todo siga igual, decía el vizconde de Lampedusa, o sea, el “Gatopardo”, mentor desconocido pero eficaz de tantos políticos. El relevo de Barrero por el bachiller Jiménez es otra de esas comedias programadas para escapar de las apariencias, por más que el que se va insista en que se va de verdad, y por más que el que llega crea o finja creerlo. Con aquel tras el telón y doña Petronila a pie de obra, el PSOE de Huelva estás en manos de los mismos que no cumplen ya el cuarto de siglo en el poder y este relevo no es más que un número que, por lo demás, ni aporta ni deja de aportar a la degradada realidad política onubense. No hay mejor continuismo que el relevo ficticio, lo que no quiere decir que siempre esté garantizado. Ya puede tensar las riendas Barrero, si no quiere que le cualquier día le hagan a él lo mismo que él le hizo a sus predecesores.

Comer por el ojo

En los tiempos en que trabajé en el ministerio de Agricultura, un amigo subdirector de la cosa y conocedor de mi juvenil afición a la comida americana, entró un día en mi despacho y puso sobre mi mesa un pequeño dossier. “Anda, tío, léete esto y luego haz lo que quieras”, me dijo enigmáticamente antes de cerrar la puerta tras de sí. Era una normativa o reglamento sobre la composición de la hamburguesa (mínimos y máximos permitidos, se entiende) que leí, en efecto, atentamente con un resultado rotundo: no volví jamás a un ‘burger’. Estos mismos días nos enteramos por los periódicos europeos (‘La Repubblica’, sobre todo) que unas cuarenta empresas productoras de lácteos –inglesas, alemanas, austriacas e italianas— han comercializado nada menos que 11.000 toneladas de queso podrido o caducado que, a continuación, ha sido “reciclado” en otros productos tras un proceso de mezcla y mejora con otros frescos que ha reportado a los defraudadores  una auténtica fortuna. Es escalofriante el informe sin concesiones que ha sido publicado y en el que se precisa que los quesos en cuestión estaban podridos además de contener gusanos, heces de roedores, plásticos y hasta pequeños trozos de metal antes de ser rehabilitados en productos legales y devueltos al estante del súper, repugnante negocio cuyo beneficio calcula el periódico mencionado en cientos de millones de euros. En Gran Bretaña, por su parte, la Corte Suprema ha propiciado que las famosas “pringles’ que entusiasman a la ‘basca’ se vean libres del impuesto del IVA al dictaminar que, contra toda apariencia y propaganda, en realidad, esas delicias no son, como aparentan, patatas fritas, sino una estudiada mezcla industrial de harinas de trigo, maíz y patata, junto a féculas diversas, grasas, emulsionantes y sazonadores varios. De poco ha servido, como se ve, el reglamento de la UE que el año pasado trató de plantarse frente al fraude que supone esa publicidad engañosa que anuncia, por ejemplo, las imaginarias virtudes de los bífidos en los yogures o las leches con Omega 3. Hay algo más crédulo que el hambre y es la novelería.

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La influencia ejercida sobre la opinión en una sociedad mediática funciona igualmente en el terreno político que en esas parameras del consumo donde el espejismo propagandístico tiene casi garantizado el éxito. Masas enteras consumen lo que les es propuesto sin que la sociedad de masas haya sido capaz de disponer unos controles medianamente eficaces contra un fraude que ni siquiera se disimula y que, ni en ocasiones como ésta del fraude de los lácteos, es capaz de reaccionar hasta que el estropicio ya se ha perpetrado y repartido los dividendos. Porque si bien ha denunciado la prensa los detalles de la asquerosa operación, no hemos oído hablar de sanciones severas que, ante casos y situaciones como la descrita, a mi modo de ver, deberían ser no sólo ejemplares sino confiscatorias. Cada vez hay más indicios de que el fraude alimentario resultará progresivamente inevitable, como cada vez está más a la vista que sus productos serán destinados a los sectores de consumidores menos protegidos. Me aseguran que es ya un hecho generalizado entre nuestros inmigrantes y entre los propios indígenas menos favorecidos, el consumo de alimentos rebajados a causa de su caducidad que se ofrecen sin tapujos, a la vista de todo, en infinidad de comercios irresponsables y, lo que es incomparablemente peor, impunes. El gigantismo de nuestras sociedades no evoluciona acompasado a los imprescindibles instrumentos de control lo que, en el fondo, supone una confortable excusa para las Administraciones cuya es la responsabilidad política. No ocurre nada, o casi nada, por colocarle al consumidor inocente queso podrido reciclado hábilmente. No debía de ser del todo incierto el brutal adagio español de que “lo que no mata, engorda”.

Ya escampará

Vamos a irnos de vacaciones con la crisis campando por sus respetos –los datos que van llegando son perores cada día—y sin adoptar una sola medida seria para hacerle frente, en buena media porque Chaves parece decidido a ir a remolque del Gobierno y hacer del mimetismo su única estrategia. El paro puede ser tremendo cuando, tras la campaña de verano, llegue el bajó otoñal y los ciudadanos deban volver a la vida cotidiana que el verano interrumpe, pero la Junta no ve necesario hacer nada aparte de esperar a que amaine y pase por fin una crisis con todas las de la ley a la que hay expertos que auguran una duración que alcanza hasta los cinco años. Sin ideas, con un gobiernillo de “suplentes” y mano sobre mano, es probable que la autonomía vaya a vivir estos tres meses su periodo más crítico.