Duros a peseta

Un aluvión de preguntas gravita sobre la opinión pública. ¿Es posible arreglar en quince minutos una avería como la denunciada por el piloto del último siniestro aéreo? ¿Por qué se permitió despegar a un avión bajo sospecha que, en efecto,  no debería estar muy bien cuando se estrelló minutos más tarde? La foto del presidente del SAS susurrándole secretos al oído al director de la compañía responsable es definitiva y la promesa de ZP de averiguar hasta el fondo la cuestión, simplemente risible. Quizá no deban ir los tiros por esos rumbos sino por otros más lógicos. Por ejemplo, ¿es posible volar a Londres por 40 euros? ¿Lo es que te lleven a Milán desde Barcelona por quince? He mirado siempre como sumo recelo tanto el “low cost” como el “middel cost”, las gangas de Internet, y especialmente los chollos de “último minuto”, a veces colosales pero, por eso mismo, difíciles de tragar. La legión de nuevos turistas, la avalancha de aventureros que han descubierto esa piedra filosofal del viaje ‘tirado’,  no parece haberse detenido a pensar que los duros a peseta no existen más que en la imaginación o en la propaganda y menos aún es un ámbito tradicionalmente abusivo como es el de la aviación civil. ¿Por qué son tan baratos los vuelos baratos? Pues porque lo son, es decir porque a las compañías les salen por cuatro perras una vez recortados gastos en todos y cada uno de los capítulos, por lo que se ve, incluso en el de seguridad del pasaje. A las denuncias en este sentido de SEPLA, Spanair, la compañía siniestrada, ni se había dignado contestar, a ver para qué, si nadie vigila la huerta. ¿Temerario, criminal? El léxico de los negocios sólo incluye posible e imposible.

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Pero está, además, la connivencia, en fin, el cambalache si prefieren la suavidad, entre las operadoras prestigiosas y estos chiringuitos. Tú contratas con Iberia (yo lo hice hace unos días) y te meten con Air Nostrum, ellos contrataron el desgraciado vuelo con Lufthansa nada menos y se vieron traídos y llevados por un aparato de Spanair, supongo que por esa práctica invasora que es la fusión de vuelos, el truco de meter al cliente caro en un vuelo ajeno, incluso “low cost”. No hay duros a peseta, he ahí la única clave, y en el medio turístico, menos si cabe. Y se cuenta, además, con dos factores: la escasa accidentalidad de la aviación y la más que probable inverificabilidad de los restos siniestrados. No sabremos nada, ya lo verán, a no ser que tomemos las hipótesis por síntesis, y en todo caso, no tendremos conclusiones firmes antes de que hayamos olvidado (me refiero al grueso de la opinión) el accidente y sus circunstancias. Ahora resulta, sin ir más lejos, que el avión que cayó en Barajas iba a ser retirado del servicio dentro de un mes, lo que quiere decir que esa compañía que hace tiempo que navega al pairo haciendo lo posible y lo imposible por sobrevivir, ha exprimido hasta la última gota ese limón rentable. Y claro está, ahora resulta que todo el mundo conocía el dudoso estado de los materiales, la crítica situación del personal, el desastre financiero que subyace a todo cuanto ha originado eso que los expertos llaman –¡ahora!—el “caos operativo”. Antier no había problema, nadie sabía lo que sabe hoy, pero lo que más me inquieta es si será posible que el Ministerio, es decir, el Gobierno, fuera el único que no se había enterado de esa explosiva situación. ¿Cómo podríamos esperar que fuera ese mismo Ministerio el que, en su caso, descubra su propia responsabilidad?  No hay duros a peseta, hay que convencerse, lo que quiere decir que habrá que revisar el plan del “nuevo turismo” –masivo, modesto, poco exigente—o asumir los riesgos descomunales que, cuando menos lo pensemos, pueden desembocar en catástrofes como la de el otro día. El negocio no respeta límites… si lo dejan. ¡Y lo dejan, vaya si lo dejan! ZP hubiera hecho bien en desaconsejar esos vuelos imposibles en lugar de prometer lo que no puede.

‘Marbellitis’

Jesús Gil era un paradigma no un ejemplar único. Por la senda abierta de Gil han transitado cientos de alcaldes y concejales, el enriquecimiento escandaloso o discreto de muchos de los cuales no ha bastado para que la política enfrentara la gangrena del urbanismo exactor. ¿Y cómo iba a enfrentarla si era ella la que lo promovía? Marbella, Estepona, ahora Chiclana demuestran que no tendrá fin esta crónica negra en tanto el Poder no penda del hilo ético –como en los países seriamente democráticos–, lo cual es sencillamente impensable. Observen el silencio de la Junta y sus ‘medios amigos’, la parsimonia de la Justicia, la indiferencia de una opinión pública que no cree ya ni en sí misma. Habría que abrir una “causa general” al negocio ladrillero, empezando las diligencias por los más altos despachos de las Administraciones y de los partidos. Como eso no va a hacerse nunca, seguiremos padeciendo la “marbellitis” en Marbella, en Estepona, en Chiclana y donde se tercie.

El fraude escolar

La ‘delega’ de Educación debe aclarar sin tardanza si es cierto eso que dicen algunos padres sobre el presunto fraude cometido por otros para obtener plaza escolar en beneficio de sus hijos, a base de falsificar cierta documentación, concretamente la que acredita el domicilio. Porque si no lo hace o, en caso de fraude, se inhibe y no sanciona a los responsables, quedaría bastante claro que en este asunto de las adjudicaciones hay busilis y que, más que probablemente, se echa una mano y un capote a los “amigos políticos” o simplemente particulares. Entre otras cosas, porque sería de lo más lamentable que esos presuntos fraudes y connivencias acabaran en el Juzgado. Era lo que le faltaba a nuestro sistema educativo.

El canto llano

Otra vez, más o menos diez años después, el gregoriano, el canto atribuido a Gregorio Magno, triunfa en los programas de actualidad musical de este mundo secularizado. El canto llano, unísono arrasa en los “top” como hace un decenio ocurriera con las voces claustrales de Silos. Se trata ahora de los monjes de Stift Heiligenkreuz, una abadía cisterciense perdida en la Selva Negra, cuyas voces han arrasado este verano hasta constituirse en el “buzz” musical “desde Londres a Pretoria”, pasando por encima de Madonna, Bashung o Renan Luce con sus cuadradas y virgas, neumas y epicemas, notas fundidas con el texto de modo inextricable y en su conjunto opuestas al desconcierto contemporáneo que triunfa en los escenarios. Quien canta, ora dos veces, decía Agustín, y eso es lo raro porque esta vez los oyentes desconocen en absoluto el texto sagrado, indiscernible de la partitura, y sin embargo se pirran por él como ya ocurriera cuando entre los ‘yuppies’ de Wall Street se pusieron de moda a un tiempo el canto llano y el padre Gracián. Desde el día en que una mano colgó en ‘You Tube’ la primera antífona de esos monjes, se han registrado cientos de miles de visitas, lo que apunta a un éxito similar al de los monjes de Silos que llegaron a vender seis millones de copias, pirateo aparte. Puede que, en fin de cuentas, no sea tan peregrina la profecía de Malraux sobre la religiosidad del siglo XXI, o que tengan su parte de razón los objetores de la secularización que apuestan a que fenemonólogos o estructuralistas debieron de dejar fuera algún factor decisivo al profetizar la desacralización plena e irreversible del mundo y de la vida. ¿Por qué, si no, compran esos discos y se complacen en sus monodias tantas y tan diversas gentes?

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Lo curioso es que la prioridad del mensaje, decisiva en el gregoriano  original, incluida la proeza melódica de sus ‘melismas’ polisónicos, no cuenta ya en un mercado que, entre otras cosas, nada sabe del latín y que poco aprecia esos enigmas cantables. ¿Qué es lo que busca el nuevo oyente en el canto llano, acaso la relajante hipnosis frente a la disonancia y al estruendo habituales, quizá el enigma melancólico repetido como un mantra desde las más absoluta ignorancia de su significado? No hay en las melodías ritmo ni cadencias, sino palabras decoradas por notas purísimas, dicen que algo esencialmente distinto a todo lo habitual en la batería del siglo y extrañamente parecido a nuestra propia respiración, al ‘pneuma’ primitivo que nos mantiene en vilo frente a la Nada y nos acarrea el extraño privilegio de la conciencia. Ha habido estos años no pocos intentos fallidos de imitar el milagro de Silos (a cargo de monjas, lamas, fundamentalistas congoleños o sectarios americanos), pero ni uno solo de ellos ha logrado encaramarse al ‘hit parade’ y menos todavía permanecer firme en él durante tanto tiempo. Dicen los expertos que es posible que la oreja contemporánea esté ansiosa de estas armonizaciones templadas, quién sabe si por rechazo o saturación de una música que ha hecho del estruendo un santo y seña, reduciendo al oyente a una entidad minúscula abducida por la ilusión de ser un elemento activo, gestualmente imprescindible del correspondiente des/concierto. Trasladado del coro al mercadillo, un ‘Gloria’ no es una oración, supongo, tanto como un ansiolítico y, por qué no, como un miorelajante, en el puede que el comprador se busque a sí mismo o incluso que no busque nada sino precisamente ese vacío confortable, esa óptima simbiosis del latín no significante disuelto en la secuencia hipnótica de la armonía. Yo creo que dice mucho sobre nuestro tiempo esta moda fenomenal. Bastante más, seguramente, de lo que pueda creer el ‘disk jockey’ o el mismísimo comprador.

Confiar en el sudoku

El presidente de la autonomía andaluza, Manuel Chaves, respalda el plan del “Gobierno amigo” para resolver el “sudoku killer” de la financiación de las comunidades. Dice que esos tres meses pedidos/concedidos por ZP a Cataluña son suficientes para cuadrar todas las cuentas y, ni qué decir tiene, salir todos ganando. Dice también que es lógico que Cataluña quiera mejorar pero que debe compatibilizar esa legítima ambición con la solidaridad (¿pero no habían demostrado las balanzas fiscales, según él, que Cataluña era solidaria ya de por sí?) con lo parece que la temida  tormenta cabría sobrada en un vaso de agua. Tranquilos, en todo caso, porque ya dijo Chaves también, en plan ‘General Motors’, que lo que es bueno para Cataluña es bueno para Andalucía. ¡Quién dijo miedo! En la Andalucía imparable hemos conseguido, por lo visto, que dos más sean siete.

El paro marinero

La delegada de Agricultura y Pesca, Esperanza Cortés, anunció ayer en Huelva que la Junta tiene previsto abrir una línea de ayudas a los pescadores que puedan resultar afectados por la decisión comunitaria europea de suspender el vigente acuerdo pesquero con Mauritania como consecuencia del reciente golpe de Estado. Algo mucho más concreto que eso que se había dicho de que la Junta solicitaría a la UE subvenciones para el sector y, en todo caso, más que justificado por las circunstancias. Ese sector lleva mucha leña aguantada como para que ahora le cierren otra puerta más en sus caladeros tradicionales, y es lógico que las Administraciones atiendan a la situación que va a crearse en muchas de sus familias si, como parece verosímil, lo de Mauritania no se arregla pronto y bien.