El opio del pueblo

Acosado por el maximalismo podemita que amenaza con devorarlo al tiempo que Ciudadanos devora al PP, cuentan que el líder del PSOE ha apostado por el fin de la enseñanza religiosa en escuelas y colegios, esa vieja aspiración que anima desde siempre al radicalismo tragacuras fiel a “El Motín” de José Nakens. Enseguida le ha salido al paso la presidenta andaluza dejando clara su posición contraria, por completo coherente con su peculiar populismo en la “tierra de María Santísima”, pues a ver con qué cara iba ella a presidir, junto a Rivera Ordóñez, en caso contrario la salida de la Esperanza de Triana o el salto de la reja de la Blanca Paloma rociera. En política las cosas suelen ser así, blanquinegras cuando no ambiguas, que es lo mejor para contentar, si no a todos, al menos a una inmensa mayoría, pero no somos pocos los que pensamos, en el caso del laicismo forzoso de la enseñanza, que esa decisión trata más bien de encubrir discretamente la crisis ideológica y la falta de claridad en los objetivos que campea en la autollamada izquierda actual. ¿O es que ignoran que la Constitución garantiza a los padres el derecho a la educación religiosa de sus hijos, y que el vigente Acuerdo Iglesia-Estado –no el Concordato, que no existe hace años—impone la obligatoriedad de esa enseñanza en todos los centros docentes? ¿Por qué no se descaran en los medios y denuncian directamente ese Acuerdo como ya propuso en su Congreso el desaparecido Rubalcaba? Me da que este personal confunde el concepto constitucional de Estado laico con el de Estado aconfesional.

Insisto, este brindis no pretende tanto liquidar ese pleito tan antiguo como de agarrarse a él para esconder la evidencia del vacío mental que aflige a nuestra Izquierda, abducida en lo económico por la exigencia neoliberal y, en consecuencia, sólo distinguible de su rival por las más antiguas consignas emocionales. La religión es el opio del pueblo, dijo Marx, antes de comprobar que la anfeta del materialismo dialéctico acabaría arruinado a medio mundo y encerrando al otro medio en un gulag. Y no saben, por lo demás, que acaso no exista mejor remedio para desarraigar la religión de la enseñanza que dejar hacer su trabajo a una catequesis convertida en asignatura obligatoria. Si Sánchez tuviera ideas graves en la cabeza y no se viera entrillado por ambos costados, fijo que no se metería en un pleito tan impopular tal como hace –mucho más lista que él– la antigua catequista Susana Díaz.

Los ERE se van por el sumidero

Algo debe de haber olido en la sentina de los ERE cuando ese personaje sin duda singularísimo que es el ex –director de Empleo, Francisco Javier Guerrero—entra y sale del juzgado de la nueva jueza Núñez Bolaños con cara de fiesta y contándole al público, en tono festivo, que “las cosas se están poniendo en su sitio”, de paso que acusa sin ambages a la Intervención General y a la ex-consejera de Griñán, Carmen Martínez Aguayo, actualmente entretenida, según parece, en su consulta médica del sevillano centro de salud del Patrocinio. Aunque la verdad es que oler, lo que se dice oler, en ese Juzgado, lo huele ya hasta el más ingenuo. Todo indica que el plan del fiscal-consejero Llera va por el mejor de los caminos.

Una infamia

Un día lejano, andando yo por le treintena, se me presentó a examen en la Complutense –¿a que parece Berlanga?– una chica, alegre y abierta, que no tenía brazos sino unos muñones semejantes a los que lucía por piernas. Recuerdo el desconcierto generalizado que su presencia causó en el aula pero, sobre todo, no se me quitó nunca de la cabeza el contraste que hacía este explicable embarazo con la jovialidad de aquella víctima que parecía arrancada a alguna barraca de feria. Cuando propuse los temas a desarrollar, la chica mutilada me hizo señas para que me acercara y me preguntó si podría examinarse oral ya que ni siquiera la pequeña mano en que terminaba uno de sus muñones le permitía coger la pluma. Y aceptada su propuesta, se sentó junto a mi mesa y, como entreteniendo su mirada en el lejano Guadarrama que se vislumbraba por la ventana en el horizonte, y recitó como una autómata las respuestas que le pedí. “¿Y qué quieres (entonces ya imperaba el tuteo docente) –me preguntó irónica– si no puedo hacer otra cosa que leer”. Nunca he olvidado esos ojos ni esa voz conmovedora más por su cálida positividad que por su dramática circunstancia, pero sí he olvidado durante años –mea culpa—la infamia de la talidomida, aquel fármaco alemán que desgració a tres millares de españoles deformados en su paraíso amniótico por el veneno con el que otros se enriquecían. Bien, el Tribunal Supremo, confirmando la sentencia de la Audiencia madrileña, acaba de rechazar la demanda de indemnización de esos desgraciados (20.000 en España) al estimar prescrita la responsabilidad que, en cualquier caso, pudiera recaer sobre el laboratorio alemán.

En otros países se ha hecho justicia –es un decir—se ha compensado económicamente a las víctimas, pero en España se les ha negado el pan y la sal por un quítame allá esas pajas procesales, como si las víctimas fueran responsables de la morosidad de la Justicia y de la astucia dilatoria de los abogados. Yo a mi estudiante no la he vuelto a ver desde que la despedí en la puerta del aula, tras el examen: “Has hecho el mejor examen del curso”, le dije todavía perplejo por su discurso. “Bueno, pues ya sabes, cuando quieras me invitas a bailar…”, remachó entre irónica y sarcástica. Extendiendo su brazo atrófico me dio un beso (también era la costumbre entonces) y se fue sobre su silla de ruedas. Nunca me he recuperado del todo de aquel brete conmovedor.

Ciudadanos blinda a la Presidenta

Suelen decir los políticos que las comisiones de investigación no sirven para nada. Y llevan buena parte de razón, aunque lo que no dicen es que esa inutilidad la propician ellos mismos con sus trucos y retrucos. Antier mismo –cuando todavía resonaba el palizón que Albert Rivera le dio a Podemos—C’s de Andalucía decidió con sus votos que la presidenta Díaz, como proponía el PSOE, no comparezca en la comisión abierta en el Parlamento hasta después de las elecciones, de manera que hasta entonces esa comisión se limitará a hacer el papel revolviendo documentos relativos al saqueo de los fondos de Formación. Desde IU dijeron que es la propia Susana Díaz quien manda en la comisión. Y eso tiene su lógica, pero ¿dónde me dejan la lógica de Ciudadanos?

El bañador de Fraga

El secretario de Estado Kerry ha venido a España para resolver de una puñetera vez el problema de la contaminación atómica de Palomares. Medio siglo mal contado ha hecho falta para que el Imperio se digne reparar los daños causados en su día por el accidente que provocó la caída de varias bombas atómicas en Palomares, es decir, la imprescindible limpieza del área gravemente contaminada. No ha vivido Fraga para verlo, aquel Fraga que se bañó junto al embajador yanqui cubierto –él, Fraga—con aquel bañador “king size” para engañarnos –a la vista está—con el camelo de que el accidente no comportaba riesgo alguno de contaminación, y no sé si Paco el de la Bomba, el pescador que la sacó enredada en su arte, andará aún por ahí, pero lo que es evidente es que contaminación había y la hay, dado que los dos Gobiernos se han puesto de acuerdo para proceder, al fin, a neutralizarla. Al viejo NO-DO que tanto bombo le dio al rescate y tanto exhibió las carnes de Fraga habría que añadirle estas nuevas secuencias que, como quien no quiere la cosa, demuestran la mendacidad política tanto del franquismo como de la democracia americana, el Imperio que al fin se digna arremangarse y bajarse a la provincia donde sus legiones, al pasar, causaron involuntariamente daños. ¿Qué daños? Ah, ésa es otra incógnita, porque no sabemos cuál habrá sido el efecto que, desde el año 66 acá, puede haber causado la radioactividad sobre el vecindario de la zona y su comarca. Fraga chapoteando en la playa frente a una nube de fotógrafos es ahora la viva imagen del embaucador. ¡Como para fiarse de los políticos!

Y encima a los malpensados y, por supuesto, a la legión antiamericana, no será fácil convencerla de que el gesto de los EEUU no es enteramente generoso sino que tal vez con él nos esté ofreciendo esa baratija porque ahora que España tiene voz y voto en Europa y puede influir lo suyo en el Tratado de Libre Comercio, el famoso TTIP que andan abucheando por medio mundo quienes creen –con gran parte de razón—que ese acuerdo no es más que un privilegio de los países ricos que costará caro al mundo pobre, que ha de quedar más aislado si cabe, tras su posible firme, que hasta ahora. Fraga, Paco el pescador, la voz de Matías Prat, todo aquel mundo de hace medio siglo, resurgen brumosamente de un NO-DO en blanco y negro que mintió cuanto fue menester para contener una inquietud que ahora sabemos que estaba justificada.

Cosecha de otoño

“Qué están haciendo ustedes con nuestro dinero” (el juez de Invercaria a un imputado); “¿Y le dio usted un millón y medio de euros a una productora domiciliada en un gimnasio?” (el mismo); “La pobreza que afecta a más del 40 por ciento de los andaluces es una realidad inasumible”, (Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos); “No puede ser que se paguen antes las dietas de los diputados que el salario social o la ayuda a la dependencia” (la misma); “La honestidad es revolucionaria”, (José M. González “Kichi”, alcalde de Cádiz); “Frenar iniciativas de Oposición es la práctica más caciquil y fullera”, (Luis Carlos Rejón, ex–coordinador de IU-CA); “La mayoría de los expedientes, antes de 2011, fueron tramitados por el personal no funcionario de la Faffe que no seguía el más mínimo procedimiento administrativo”; (David Delgado, delegado provincial del Sindicato Andaluz de Funcionarios (SAF) en Málaga).