Sombra inquietante

Parece que Huelva era una de las provincias en que los etarras detenidos tenían previsto hacer su campaña de verano. No era, pues, una casualidad irrelevante la interceptación de aquel comando en Ayamonte, o no lo parece, al menos. Con la frontera portuguesa al lado no debe de resultar fácil controlar el acceso a nuestra tierra de esos delincuentes, y menos aún controlarlos en plena aglomeración veraniega, lo que no quita para que haya que suponer que el Gobierno haya tomado las medidas de seguridad adecuadas, que es lo que hay que esperar razonablemente. El peligro está ahí, en cualquier caso, y no hay noticias de que las fuerzas de seguridad hayan sido reforzadas como ellas mismas vienen demandando hace tiempo. Huelva se ha convertido en un  territorio difícil en el que sería conveniente desalentar a los malhechores mostrándoles la guardia alta.

Todo tiene precio

La audiencia del Rey, esto es del Jefe del Estado, al presidente de Venezuela ha agitado, como era de esperar, el cotarro político, que este verano no tendrá que recurrir a descubrir serpientes marinas ni a perseguir ovnis inverosímiles. Es natural si se tiene en cuenta la intensidad de la polémica suscitada por el famoso corte del primero al segundo, pero también en función de la larga e insidiosa campaña de insultos y desplantes que el coronel golpista ha dedicado a la dirigencia española y, en concreto al propio don Juan Carlos (al que él apea confianzudamente el don, por cierto), a quienes no se ha tentado la ropa a la hora de descalificarlos políticamente con las más estudiadas insidias. Hay ‘medios’ que han hablado ante esa foto insólita de “razón de Estado”, mientras otros, como este mismo diario, han visto en ella un signo de “realpolitik” y un éxito –un tanto barato, eso sí– de la diplomacia nacional, que habría conseguido normalizar las relaciones con un régimen dictatorial pero que posee grandes reservas de petróleo y, en consecuencia, una clave primordial de cara a la crisis que soportamos. Otros, en cambio, como quien esto escribe, pensamos que el interés económico, cuya importancia salta a la vista, no es el único que resulta imprescindible conservar en un Estado que se precie. La dignidad, fíjense qué cosa tan elemental, debería contar a la hora de echar cuentas sobre una operación como ésta en la que el chusco mandatario de los corridos y las rancheras tiene poco que perder, al contrario de quien, como el Rey de España, encarna a una institución que lo trasciende al representar a todo un pueblo. Es muy sencillo el negocio: se trata de decidir sobre si el petróleo barato compensa del ridículo que hace un Jefe de Estado al recibir con todos los honores a quien lo ha insultado hasta el escarnio. ¿Todo tiene un precio? Vale, pero atengámonos a las consecuencias, no sólo el monarca ofendido, sino el conjunto de una sociedad capaz de venderse por un bidón de crudo.

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Hemos pasado una legislatura de espaldas a los EEUU y de perfil respecto a la Europa que cuenta, en la que hemos descendido a ojos vista en términos de prestigio, y sin embargo, nos hemos desvivido por recuperar la relación con el sector más desprestigiado de un radicalismo cuyas consecuencias a medio e incluso corto plazo para Hispanoamérica es más que probable que haya que acabar lamentando. Y al final, hemos forzado a la máxima magistratura nacional a hacer de tripas corazón y representar el vodevil chusco de la reconciliación con el sátrapa. ¿Cómo se puede procesar a quienes queman en efigie al Rey y, al tiempo, humillar a éste forzándolo a recibir a un badulaque que ha amenazado a nuestras empresas inversoras, cubierto de injurias al anterior presidente del Gobierno y tratado a la Corona con el mayor desprecio? La diplomacia del Gobierno ha puesto de rebajas la dignidad del país al permitir que su representante máximo (esto lo podemos admitir sin dificultad hasta los republicanos más convencidos) se rebaje a compadrear con un demagogo al que no se toma en serio la inmensa mayoría de los países democráticos. La figura del Rey ha perdido en la audiencia del viernes buena parte de su lustre institucional y personal, al menos a los ojos de quienes sostenemos que, siendo muy importante la relación comercial, mantener intacta la dignidad resulta prioritario. Otra cosa supone admitir que todo tiene un precio, que se puede injuriar y retar al Jefe del Estado impunemente siempre que el agresor lleve en la alforja mercancías interesantes. ¿Alguien puede creer que algo semejante hubiera podido ocurrir en Francia, en Alemania o en Inglaterra? Nadie, incluido Chávez, por supuesto. La soberbia corte española se ha vuelto bizcochable. Del Estado, sencillamente, no interesan ya más que los Presupuestos.

Arte callejero

El Ayuntamiento de Córdoba, como antes otros tanto o más importantes, apoya a los “grafiteros”, huy, perdón, a los “artistas callejeros” que han hecho de la “pintada” callejera una lacra insufrible y creciente. Incluso ha instituido un premio para animarlos con el objeto, agárrense, de “recuperar la popularización de los mensajes callejeros que se produjo (en París) en Mayo del 68, mensajes populares anónimos que inundaban la ciudad”. Miren, les propongo otra prueba del 9: cuando vea que un alcalde/sa autoriza a esos “artistas” a embadurnarles su propia fachada, empezaré a creer en estas providencias descerebradas que convertidas las ciudades es auténticos esperpentos y desesperados a los vecinos. 25.000 euros se gastará Córdoba en sufragar esta exhibición titulada “Paredes hablan”. Si pudieran hablar los propietarios agraviados se iban a enterar estos mecenas de la basura.

El SAS, al psiquiatra

Dicen que el SAS está prácticamente en bancarrota, que despide a los médicos, no rebnueva contratos o traslada a los que hay desde el interior a la costa (como los moros de Queipo) para no contratar nuevos facultativos, que hay hospitales (incluidos los de referencia) que tienen como consigna prioritaria ahorrar una cantidad millonaria durante el ejercicio, pero que se gastan medio kilo en festejar a la sustituta del Delegado provincial, como si el traslado de ese prócer no constituyera ya bastante festejo. Y en fin, cuentan que hay “usuaria” que ha debido recurrir –con éxito, faltaría más– a la recomendación  de la Casa Real para que el SAS la atienda tras 10 años de espera. Al SAS habría que pasarlo por sus propios psiquiatras a la vista de esa locura.

Tiempos modernos

Malos datos sobre el empleo o, mejor dicho, sobre el paro. Ya no hay quien esconda la realidad porque incluso desde las alturas más optimistas hasta ayer se anuncian hoy tres millones de parados para el año que viene. Por menos le decía la oposición a Suárez que este país no aguantaría, antes de refugiarse en el argumento de que el paro estadístico no era real y cuando todavía no imaginaba que tendría que acabar diciendo, como dijo, que perdiéramos toda esperanza porque el desempleo, en una sociedad moderna, era un “fenómeno estructural”, ¿recuerdan? Habrá que volver a leer a Steinbeck, a Dos Passos, mirarnos en el espejo chaplinesco de “Tiempos modernos”, en las instantáneas de los suicidas de Wall Street, en el cine mudo de los desarrapados hambrientos y los millonetis tronados. Mala cosa. Aparte de que ahora no se niega ya la mayor ni se culpa a la “economía sumergida” que tantos balones logró despejar fuera, sino que se admite como si de tratara de una plaga bíblica sólo que oriunda de esa Babilonia que son los EEUU, es decir, como si nosotros no tuviéramos nada que ver con la ‘burbuja’ famosa, tan parecida a la que provocó con su estallido la crisis del 29 en su psicología y en sus mecanismos financieros. ¿Podremos resistir ahora a pesar de ese medio millón de familias que se calcula que tiene a todos sus miembros en paro o volverá la ola de huelgas que se contuvo a fuerza de subsidios? ¿Y quién nos garantiza que del 12 por ciento sobrado que anuncia el Gobierno no pasemos a cotas mayores? Hagan cuentas y verán como estos datos son cuantitativamente, en términos relativos, peores que los registrados en aquella Gran Depresión que contó 13 millones en USA, 6 en Alemania o 4 en Gran Bretaña. Podríamos reconocernos, más o menos, en “Paralelo 42”, en el panorama previo a la catástrofe y el fantasma del miedo recorriendo el mundo, con la negrura de la crisis al fondo como una tormenta amenazante. Pero sin olvidar que aquel desastre fue la semilla de los fascismos europeos y su hijuela americana. Es mejor prevenir que curar.

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Y peor, lo peor de todo, meter la cabeza bajo el ala, como aquí se ha hecho, como quien espera que la inconsciencia nos depare el milagro, confundiendo la baza electoralista con la realidad, negando la verdad cruda a una muchedumbre sin cuyo concurso no sería posible detener la sangría, porque en esa tarea hay que implicar necesariamente a la sociedad en su conjunto. Se dice que las vacas flacas agravian siempre a los más débiles, pero se finge no ver que las gordas favorecen siempre a los fuertes. ¿Dónde están, en efecto, en esta hora de ajustes duros, los excedentes que inflaron la burbuja, acaso se ha evaporado el capitalazo hasta antier en circulación o estará a buen recaudo? La crisis es cuestión de todos pero la responsabilidad es del Gobierno, sobre todo si ese poder se ha empeñado en simular su ceguera voluntaria, de la misma manera que el sufrimiento –el real, el acuciante—es exclusivo de las víctimas. Aunque aquí –en Andalucía, por ejemplo—se haya llegado al extremo de culpar del paro a los propios parados, como si fuera cometido de los parados, y no de los gobernantes, aplicar las políticas correspondientes. Vamos a ver pronto a ‘Charlot’, si Dios no lo remedia, porque lo que es los responsables no parecen capaces de remediar gran cosa. El toque está en saber si esta sociedad narcotizada por la “new age” será capaz de soportar tres millones de ciudadanos sin trabajo o se revolverá contra ‘Don Tancredo’. Vamos a ver quién llevaba razón, si los defensores a ultranza de las irreversibles medidas de la ‘sensibilidad’ que acapararon la pasada legislatura, o Cervantes diciendo que “lo primero es el buen gobierno de las tripas”. La tabarra de la “modernización”· quería decir, por lo visto, volver a “Tiempos modernos”.

Bobadas y profecías

“La gente se ha quedado esperando a que se desarrollen medidas y no ha hecho nada”, José Antonio Griñán, vicepresidente segundo de la Junta de Andalucía y coinsejero de Economía y Hacienda. “Se puede llegar a la destrucción de empleo, aunque actualmente no ocurre”, Cándido Méndez, secretario general de la UGT. “El Gobierno está protagonizando una acción muy fuerte y sus frutos se verán a medio plazo”, Francisco Villén, secretario de Empleo del PSOE-A. (La crisis se debe a la fuerte especulación) pero “en un tiempo el sector empezará a mejorar y los precios se ajustarán a las necesidades”, Francisco Vallejo, consejero de Innovación. (La crisis de la construcción y el final de la campaña agrícola) “han motivado el incremento del paro”, Antonio Fernández, consejero de Empleo. “Chaves está mirando para otro lado”, Diego Valderas.